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Full text of "Poesías"

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poesías 



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DON ALBERTO LIS'^A. 



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A/ P í, 



poesías 



DON ALBERTO LISTA. 



ZDUIOK AJUSTADA A LA I>£ HADRID DE ü 
T HnUHIADA CON tniA CDHTOSICIDIC 
DU HUNO ISTOa. 




PARiJ, •■/■■; 

DE LOS SS. D. Vl'oíÁiz.'SkLV.i £ UHV;. 



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Me qut>que dicunt 
Vatem pastores ; sed non ego credalos illis ; 
lifam ñeque adhuc Varo Tideor, neo dicere Cinna 
Digna ; sed argutos ínter «trepere anser olores. 

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IMPRENTA DE HEIOIAN , 

'cAUE DE siH womsio , N* S80. 



k 



A ALBINO* 

La ilusión dulce de mi edad primera ^ 
Del crudo desengaño la amargura ^ 
La sagrada amistad , la virtud pura 
Canté con voz ya blanda , ya severa. 

No de Helicón la rama lisonjera 
Mi humilde genio conquistar procura: 
Memorias de mi mal y mi venjura 
Robar al triste olvido solo é^p^j:^. 

A nadie sino á ti ^ querido Albino , 
Debe mi tierno pecho y amoroso 
De sus afectos consagrar la historia. 

Tú á sentir me ensdlaste ; tú el divino 
Canto y el pensamiento generoso : 
Tuyos mis versos son^ y esa es mi gloria • 



M 



poesías sagradas. 



I. 



LA UUERTE D£ JESÚS. 



¿Y eres tú el que yelandio 
la escelsa majestad en nube ardiente, 
fulminaste en Siná? y el impio band«, 
que eleva contra ti la osada frente, 
¿ es el que oyó medroso 
de tu rayo el estruendo fragoroso? 

Mas hora abandonado, 
ay! pendes sobre el Gólgota, y al cielo 
alzas gimiendo el rostro lastimado : 
cubre tus bellos ojos mortal velo, 
y su luz estinguida, 
en amargo suspiro das la ^ida. 

Asi el amor lo ordena, 
amor, roas poderoso que la muerte: 
por él de la maldad sufre la pena 
e\ Dios de las virtudes ; y león frierte, 
se ofrece al golpe fiero 
bajo el YcUon de candido cordero. 

(O victima preciosa, 
ante siglos de siglos degollada ! 
Aun no ahuyentó la noche pavorosa 




8 PO£SÍAS 

poB vez primera el alba nacarada, 

y hostia del amor tierno 

moríate en los decretos del Eterno. 

Ay! ¡quién podrá mirarte, 
ó pas, ó gloría del culpado mundo! 
¿ Qué pecho empedernido no se parte 
al golpe acerbo del dolor profundo, 
Tiendo que en la delicia 
del gran Jehová descarga su justicia? 

¿Quién abríó los raudales 
de esas sangrientas llagas, amor roio? 
¿quién cubríó tus mejillas celestiales 
de horror y palidez? ¿cuál brazo impío 
á tu frente divina 
cla¿ corona de punzante espina ? 
^. Cesad, cesad, crueles : 
al santo perdonad, muera el malvado : 
si sois de un justQ Dios ministros fieles, 
caiga la dura pena en el culpado : 
8Í la impiedad os guia 
y en la sangre os cebáis, verted la mia. 

Mas, ay ! que eres tú solo 
la víctima de paz, que el hombre espera. 
Si del oríente al escondido polo 
un mar de sangre críminal corríera, 
ante Dios irrítado 
no espiacion, fuera ^na del pecado. 

Que no, cuando del cielo 




SAGRADAS. 9 

stt cólera en diluvios descendía, 

y á la maldad que dominaba el suelo, 

y á las malvadas gentes envolvía,. 

de la diestra potente 

depuso Sabaot su espada ardiente. 

Venció la escelsa cumbre 
de los montes el agna vengadora : 
el sol, amortecida la alba lumbre, 
que el firmamento rápido colora, 
por la esfera sombría 
cual pálido cadáver discurría. 

Y no el ceño indignado 
de su semblante descogió el Eterno. 
Mas ya. Dios de venganzas, tu hijo amado, 
domador de la muerte y del averno, 
tu cólera infinita 
estinguir en su sangre solicita. 

¿Oyes^ oyes cuál clama : 
padre de amor^ por fuá me ébandonasUf 
Señor, estingue la funesto llama, 
que en tu furor al mundo derramaste : 
de la acerba venganza 
que áüfre el justo, nazca la esperanza. 

¿No veis cómo se apaga 
el rayo entre las manos del Potente? 
Ya de la muerte la tiniebla vaga 
por el semblante de Jesús doliente : 
y su triste gemido 

i. 



j 



40 POESÍAS 

oye el Dios de las iras complacido. 

Ven, ángel de hi muerte : 
esgrime, esgrime la falmínea espada, 
y el último suspiro del Dios faerle, 
que la humana maldad deja espiada, 
suba al solio sagrado, 
do vuelva en padre tierno al indignado. 

Rasga tu seno, d tierra : 
rompe, ó templo, tu velo. Moribundo 
yace el Criador; mas la maldad aterra, 
y un grito de furor lanza el profundo : 
muere.... Gemid, humanos: 
todos en él pusisteis vuestras manos. 



n. 



LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR. 

De tu triunfo es el dia, 
ó santo de Israel. La niebla oscura, 
que la maldad impura 
al orbe difundía, 

con celeste vigor rompe á deshora 
inesperada aurora. 

Aquella noche horrenda, 
que ciñó el mundo de enlutado velo^ 
robó la luz al cielo 
y al sol la ardiente rienda, 



k 



SAGRADAS. 41 

y amenazó á la esfera diamaotiaa 
su postrimer ruina : 

Y aquel pavor, que el scao 
estremeció de la confusa tMcra, 
mezclando en dura guerra 

los aires con el trueno, 

cuando vagó el cadáver animado, 

del túmulo lanzado : 

Y el silencio omíaeso, « 
que al pavor sucedió de la natura, 

y el luto y la tristura 

del suelo temeroso, 

disipa, inmenso Dios de la victoria, 

un rayo de tu gloria. 

Tú del sepulcro lielado 
no esperaste A forzar la piedra dura : 
que apenas en la altara 
del Aries sonrosado ^ 

señaló de tu triunfo el sol brillante 
el decretado instante ; 

Con poder silencioso 
á k muerte su víctima robaste « 
y la tierra agitaste 
en pasmo delicioso ; 
y la prole, ya siglos sepultada, 
restituyó admirada. 

Entonces vio rompida 
el tirano su bárbara cadena^ 




42 POESÍAS 

y la maosicm de pena 

de santa luí herida : 

brama y humilla á su Señor la frente 

la vencida serpiente. 

Que en sa sangre bañado 
entró una vez al santuario eterno, 
y lanzó en el averno 
la muerte y el pecado, 
y convocó á sus blancos pabellones 
ya libres las naciones* 

Mas tú, pueblo inhumano, 
estirpe de Jacob aborrecida, 
tiembla : mira erigida 
la vengadora mano. 
Huye, pérfida turba, la sagrada 
de Sion dulce morada. 

Jerusalen divina, 
ensalza, ensalza tu cerviz gloriosa: 
ya prole numerosa 
el cielo te destina, 
por ti no concebida, que á la gente 
tu inmortal gloria cuente. 

£1 fuego soberiano 
^ spera ya, que en abrasado aliento 
inflamará el acento 
del niño y del anci^uno; 
y su visión, las vírgenes turbadaa 
antaráu inspiradas. 



k 



SAGRADAS. 43 

lU. 

LA ASCENSIÓN D£ NUESTRO SSiOR. 

Himiios de honor las puertas etemales 
resoenan : el empíreo « gloria • elama : 
« gloría» el inmenso espacio reverbera. 
Los giros celestiales 
deja, luciente sol : más pura llama 
que la que crece en tu inmortal hoguera, * 
los cielos dora : el Redentor glorioso 
asciende vencedor esclarecido : 
su nombre aplaude el pueblo redimido 
en cántico gozoso. 

« Elevad », canta, « príncipes celestes, 
las puertas elevad : los atrios de oro 
abrid á vuestro rey : al rey triunfante 
abrid, aladas huestes. » 
Y « ¿quién es nuestro rey? » el santo coro 
entona en las almenas de diamante. 
« El fuerte, el grande, el Dios de la victoria : 
abre, ó cíelo, tu alcázar refulgente, 
de las virtudes el señor pptente 
es el rey de la gloria. » 

Ya, ya la puerta del empíreo gira 
sobre el áureo quicial, y del Inmenso 
descubro la mansión. ¿Voces mortales 




i|4 POESÍAS 

la diráa? tú me inspira, 
querub, y cantaré. Fulgor intenso 
circula por las gradas eternale 
ol padre Dios U inaccesible cima, 
velado de su ser, augusto mora : 
brota á sus pies la llama engendradora 
que cielo y tierra anima. 

El bijo de María entra gloriom, 
de angélicas escuadras aclamado , 
formándole su grey noble corona ; 
y el bombre venturoso, 
en la mansión celeste ya heredado, 
el himno alegre de victoria entona. 
«¿Quién sube del Eterno al solio santo? o — 
(I El varón de inocencia, el justo, el fuerte : 
e\ que bajó, triunfando de la moerte^ 
al reino del quebranto. » • 

Enamora los cielos su mirada , 
y cual la luz de la naciente aurora 
vence el sol del eenit, su frente brilla 
de triunfo coronada. 
Postrado el ángel su beldad adora, 
y el abrasado serafín se humilla : 
del Eterno á la gloria merecida 
sobre ciclos de cielos se levanta, 
y el trono huella con sublime planta 
del padre de la vida. 

« Padre, » dice (y los orbes enmudecen 



SAGRADAS. 45 

para escuchar su voz ) « vencí : la tierra 
liberté ya de su enemigo eterno. 
No en ella se enfierecen 
ya los querubes pérfidos, que encierra, 
ligados por mi diestra, el hondo averno. 
En los torrentes de mi sangre yace 
su maldad estinguida y tu venganza : 
y el mortal abatido á la esperanza 
y á la virtud renace. » 

« Libres vienen , mi triunfo acompañando, 
los siervos de la antigua tiranía. 
Tu imudable decreto ya he cumplido : 
Hora el supremo mando, 
la gloria, el esplendor, la gloria mia, 
la que me diste ante los tiempos, pido. 
Yo te ensalzé en la tierra : la criatura 
por mí tu augusto nombre allí bendice. »> 
Habló el Hijo ctemal ; y así le dice 
d Padre de la altura : 

« Ven, hijo de mi ser, triunfa y domina : 
yo vi tu humillación, tu triunfa ahora 
cielo y tierra verán. El monstruo impío 
de tu planta divina 
será vil escabel. Pide, y la aurora 
y el ocaso serán tu señorío. » 
Dijo : de nuevo el cielo se alboroza 
en himnos; y en su seno reclinado 
el gran Jehová recibe al hijo amado , 
y eterno en él se goza. 



46 POESÍAS 

IV. 

▲L SAJCTTÍSIMO SACRAMENTO. 

La gloria de Dios viro 
en la morada de los hombres brilla : 
mortales, humillaos : suba el incienso 
en ondeante nube 
y el ruego humilde al trono del Inmenso. 

Mas, ó Dios de la .altura, 
¿tú hfliído, tú mortal? ¿qué blanco velo, 
cuál lienzo mortuorio, 
cubre la majestad que adora el cielo ? 

Amor omnipotente, 
que te entregó á la cruz, cuyo mandato 
consumaste al morir esclavo suyo, 
renovando en el ara 
aquel de caridad dulce misterio, 
conserva las señales de su imperio. 
No ya con voz de trueno 
y rayos funerales 
aterra á los mortales 
el Dios de Sinaí : 

Que dulce y amoroso 
del cielo se desprende^, 
y victima desciende, 
que inmolará Leyí. 



k. 



SAGRADAS. 41 

Y sobre el ara santa 
repetirá propicio 
el grande sacrificio 
que consnmó por mí; 

Gastemos, mortales, 
del pan de la vida; 
del Tino sabroso, 
qae vírgenes cría. 

La eterna sabiduría 
mora en el hnmano pecho^ 
y el amor de la criatura 
es su delicia y recreo. 

Gustemos, mortales y etc.. 
En este manjar suave, 
que oculta candido velo, 
tus dones, rey de la gloria, 
por tu poder se midieron. 

GvsteiMS, mortales f etc.. 
Tu misericordia eterna 
recibimos en tu templo, 
y los términos del orbe 
la salud del mundo vieron. 

Gustemos, mortales, 
del pan de la vida, 
del vino sabroso, 
que vírgenes cria. 



'4 



48 POESÍAS 



V. 



LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA. 

« 

Guando amanece al angustiado mundo 
la sacrosanta Virgen, 
de la mancha primera presenrada, 
detiene absorta la celeste esfera / 
su raudo movimiento, 
y retieqibla de gozo el firmamento. 

Júbilo nuevo en las etéreas cumbres 
el angélico bando 
siente añadirse á sa placer eterno : 
Jehová depone el rayo vengativo ; 
y la inocencia amada 
brilla otra vez del hombre en la morada. 

Entonces Uriel, á quien ftié dado 
el gobierno del dia, 
y en el ardiente lol fijó su trono, 
esparciendo su voz por cnanto ahimbra 
el flamígero vuelo, 
asi cantó el placer de tierra y cielo : 

*« ¿Cuál es esta, que sube vencedora 
del seno de la nada 
á ilustrar las mansiones de la vida? 
La plateada luna no es mas bella 
entre el core estrellado, 



L 



SAGBADÁ5. 49 

ni el sol mas puro en el cénit rosado'. » 

« ; Cómo nuevo verdor y vida puev^ 
recobran las montañas, 
do á serddicia de la tierra nace ! 
Júbilo, Nazaret : salud, Carmelo : 
de Jericó la rosa 
ya florece en tu suelo mas hermosa. » 

« ¡ Cuánto pavor infunde su semblante , 
del ángel dulce encanto , 
á la hueste infernal de las tinieblas ! 
¿ Oís, oís cuál brama enfurecido 
el orgulloso bando / 
¿cuál sus puertas se cierran rastrallando? • 

« No mas terrible intrépida falange 
al débil enemigo 

marcha ^para el combate y la victoria. 
Triunfa , hermosa muger : el Dios potente 
su rayo te confía , 
y su terror ante tu faz envía. » 

«¿Quién cémo tú, granDios? Angeles puro^, 
altas inteligencias , 

bendecid su piedad. ¿No veis cuál mira 
la triste tierra cen benignos ojos ? 
¿ no veis ya disipado 
el ceño, que ocultó su rostro airado ? » 

<i Himno de triunfo al Verbo, al Amor santo 
bendición sempiterna . 
Mortales, respirad, que ya fenece 



20 POESÍAS 

el largo cautiverio : el sol divino 

ya seguiré ¿ la aurora / 

cuyo esplendor vuestras mantioiies dora, t 

« Angeles ensaliádla. Del IHos sumo 
hija madre y esposa , ' 
y reina vuestra es. ¡ Dichoso el dia 
que nace para el bien de los mortales I 
¿ su belleía y gloría 
kimnos de amor cantad y de victoria. » 

Dijo Uriel, y con el cetro de oro 
señala en la alta esfera 
el instante feliz. Cánticos nuevos 
las empíreas regiones enamoran ; 
y á su hermosa criatura 
ledo sonríe el Padre de la altura. 

. VI. 

LA CONCEPCIÓN DE N17ESTRA SEÑORA. 

Nuncjacía en salus^ 
Apogáí. 

¿Cuál desusado eanto, lira mia, 
se agita entre tus cuerdas? ¿Vago acaso 
de Helicón fabuloso en las praderas, I 

ó el fuego inspirador al pecho envía 
la deidad del Parnaso? ' ¡ 

Ah ! no el falaz ruido 



SAGRADAS. 21 

oigo ya de las ondas lisonjeras : 
no ya el laurel mentido, 
que del Permeso halaga la corriente, 
al sacro Yate ceñirá la frente. 

Tú diya madre^ que en cekstS trono 
de eterno rosicler brillas gloriosa, 
aurora del empíreo, tú me inflama : . 
tú del averno el enemigo encona 
domaste victoriosa t 
el triunfo esclarecido 
concédeme cantar. La pura llama ,. 
' que al alumno querido 
se desprendió de Pátmos en la arena ^ 
bañe mi labio en abundante vena. 

Cantaré, é diva ; y el alegre canto 
alegre oirá Sion : las trenzas de oro 
sus bellas hijas ornarán de rosas f 
y ya olvidadas del cautivo llanto, 
tu nombre en dulce coro 
ensalzarán al ciclo : 
el himno en sus cavernas sonorosas 
repetirá el Carmelo ; 
y despedido de su cima umbría , 
volará al golfo donde muere el día. 

Libre del hierro infame alza la frente 
el hijo de Abrahan, y ve rompido 
el yugo del pesado cautiverio. 
La soberbia señora de occidente , 

2. 




22 PO£SÍAS 

que á sus plantas rendido 

\ió el orbe silencioso , 

ya á roas saaTC y («lestial imperio 

dobla el caello orgulloso : 

ya oaee la salud : cantad , mortales : 

cayó el antiguo solio de los males. 

Y si tal jet de mi enlutada lira 
voló lúgubre el son , cuando al kamano 
de Edén perdida lamenté ka gloria 
y el juato ardor de la divina ira ; 
hora de su tirano 
cantaré saWo al hombre : 
ciñe florea, y enaalxa la yictoria , 
lira , y el saero nombre , 
que redohia el bramido y llora eterno 
al rencoroso rey del hondo averno. 

Al rey, que en medio el lago tenebroso 
ya en cadenas de fuego gime atado 
al trono adusto, que erigió el delito : 
deshecha la corona , el cetro odioso 
yace aparte arrojado: 
los ásperos clamores 
feroz repite el eacnadron precito : 
ah ! en vano : sus furores 
oprime un mar de fuego denegrido , 
y envuelve entre la llama el ronco aullido. 

Su reina en tanto en el sagrado muro 
coriona el ángel , y al humilde suelo 




SAGRADAS. 25 

desciende el himno dulce de ale(jria : 

enajenado mira el rostro puro , 

placer de tierra y cielo ,. 

el serafin amante : 

y canta en arpa de oro el bello dia , 

que el temido semblante, 

en ira y ceño desde Edén velado , 

mostró Jehová á los hombrías aplacado. 

¡ Cántico eterno de virtud y gloria ! 
la gran naturaleza conmovida 
señora de ambos orbes la apellide : 
Jehová se goia en la inmortal victoria 
de su esposa ol^ffí^lk^ 
el rostro soberano ^ , 
blanda sonrisa entre el fulgor despide ; 
y de la augusta mano , 
que siembra en las estrellas lumbre ardiente, 
nace el dorado sol mas refulgente. 

¿A quién la inmensa fuersa , que atesora 
tu brazo y revelaste? Esclava muere 
de Adán la prole misera y culpada : 
culpada si; mas tu clemencia impbra. 
Su humilde niego hiere 
los ejes diamantinos : 
el rayo apartas de la diestra airada ; 
y los ojos divinos, 

do en regalada luz la piedad mana , 
vuelves benigno á \á mansión humaoa. ^ 




24 POESÍAS 

Miras del hondo averno nube impura 
ceñirla en torno : el humo ennegrecido, 
que de tu solio la inaccesa lumbre 
ya presumió eclipsar, tizna tu hechura : 
el querub foragido 
desploma sobre el hombre 
de tu eternal furor la pesadumbre; 
y en tu sagrado nombre, 
que del labio mortal el crimen lansa, 
si en ti no puede , ejerce su yengania. 

De Til metal cabe encendida pira 
se erige ídolo vil ; y el padre impío, 
dando sus hijos á la llaq||fardiente , 
dios lo adora. Ministiy de tu ira^ 
el tirano sombrío 
se ceba en sangre y lloro , 
y lo aplaude su dios la insana gente : 
brinda en copa de oro 
el impuro placer funesta llam«, 
y la torpe Gitera dios lo aclama. 

Tú, prole de Jacob, sola tú lloras 
la esclayitud común : flores engasa 
á su dura cadena el mundo ciego : 
feroz Luzbel las sienes vencedoras 
del triste lauro enlaza , 
que le ofrece el humano. 
Lo mira el Dios esceko : en vivo fuego 
arde centra el tirano • 



k. 



SAGRADAS. 25 

él rostro de Jehová : su toz tonante 
estremece los muros de diamante. 

« ¿Y qué, » dice, « la gente aborrecida 
al mundo imperará? Del' reino umbrío , 
que destinó mi diestra vengadora 
á ser de pena y de maldad guarida , 
bástele el señorío. 
¿ Quién fijó al mar berriente 
de arena el valladar? ¿ Quién á la aurora 
la senda refulgente, 
cuando al nacer la luz del bello dia, 
el empíreo aclamó la gloria mía?» 

« Arroje el cetro injusto : allá abatido 
reine el querub, do en lumbre tenebrosa 
cercado siempre el denegrido trono 
le fué y el triste imperio concedido. 
Cual sierpe voienosa, . 
allí ponzoña fiera 
exbale libre su inmortal encono : 
otro señor espera 

del hombre la mansión : tú, alma alegría , 
tú al orbe tomarás : nazca María. « 

Dijo, y nace María : cual cercana 
al claro sol la vespertina estrella , 
brilla apacible entre su luz radiante^ 
tal parece del ángel soberana 
la inocente doncella ; 
y por las gradas de oro. 




26 POESÍAS 

al seno de Jehová volando amante, 
la ye el alado coro 
inundar, en sus brazos reclinada, 
de grato ardor la celestial moradft. 

Y « ¿quién es esta? » cantan : « semejante 
no 86 vio en el empíreo : su hermosura 
lo^ relucientes cielos enamora : 
alba ]punpúrea, mas que el sqI brillante, 
mas que la luna pura. 
¿ Cuál , gloriosa guerrera , 
alza feliz la frente triunfadora ? 
Tence, ó diva. • La esfera 
«triunfa, Tence,» resuena alborozada: 
« gloria, honor á Jebová : triunfo á su amada ! » 

a Triunfa, sí : .» dice el Padre soberano, 
con la Yoz grata que los orbes muere: 
« humana, mas no esclava , la corona 
de cielo y mundo te ciñó mi mano. 
Ye, y al monstruo conmueve 
de la usurpada silla : 
no temas del veneno, que inficiona 
la tierra, vil mancilla. 
Triunfa, ó pura, del hórrido enemigo : 
el poder de mi diestra va contigo. » 

Habló Dios, y del gremio sacrosanto 
vuela la Virgen por el cielo abierto. 
La luz divina, que en sus ojos mora, 
rayos lanza al monarca del quebranto. 



/ SAGRADAS. ' 27 

Asi del corvo puerto 

rompe nave guerrera 

de los salados mares domadora j 

y cortando velera 

el vasto golfo en argentada raya, 

lleva el terror á la enemiga playa. 

De celestiales huestes rodeada 
desciende del empíreo, y la ancha esfera 
con espléndido albor risueña dora : 
^el radiante cénit la cumbre alzada 
riega por su carrera 
encendidos rubíes ; 
y vertiendo el palacio de la aurora 
sus rosas y alelíes, 
desde el Gao á la helada Cinosura 
vuelan aromas de éternal dulzura , 

Se aparta el sol de su encendido cielo , 
y orlando á la alma Virgen, ledo brilla 
en rededor tus luces derramadas. 
Plega la luna el argentado velo, 
y á sus plantas humilla 
las pálidas centellas, 
y del sereno polo desgajad^ 
las lumhrosas estrellas , 
tejen sobre el cabello reluciente 
áurea corona á la nevada frente. 

Toca ya el leve viento , y dilatado 
bajo la hermoM planta se enardece. 



28 POESÍAS 

Gomo tal vez en noche tempestosa , 

si noto de la Libia desatado 

los astros oscurece , 

por entre el negro Telo 

rompe súbito el alba : ríe gozosa 

la faz del mustio suelo ; 

y el euro matinal, regando albores, 

pinta los campos de argentadas flores : 

€alla el silboso viento, herida vaga 
del puro rayo la tiniebla fria , 
y do la Sirte entre las ondas sube, 
busca deshecha la nativa plaga : 
asi al brillar Maria, 
después de Edén al mundo 
primer risa halagó. La impura nube 
que le ciñó el profundo, 
brama, en cárdena luz su seno anega, 
y sobre el patrio averno se replega. 

Ve el querub de su imperio el fin cercano, 
y mayor ira exhala: el aire embiste 
con grito horrendo la tartárea gente. 
Ay de la tierra ! asciende su tirano : 
y con gemido triste 
retiembla pavorosa : 
ay de la mar ! sobre su faz ardiente 
se agita estrepitosa 
la tempestad ; y horrísona rugiendo, 
responde ronca al averual estruendo. 



k 



SAGRADAS. 29 

Ya la funesta puerta se estremece, 
y estalla fragorosa : entre humo y trueno 
dragón sañudo, por la dura escama 
vertiendo sangre y roja luz, parece: 
preñados de veneno 
siete cuellos enhiesta : 
arde ceñida de insaciable llama 
cada ominosa cresta ; 
y do diez negras hastas coronado, 
aterra al hombre atónito y postrado. 

Rompe del negro lago : contra el cielo 
vibra el monstruo feroz la cola ardiente- 
y en pos teñidas de horrorosa lumbre 
estoellas mil y mil arroja al suelo. 
Así rugiendo herviente 
incendio proceloso, 

rompe del Etna la abrasada cumbre; 

y entre el humo nubloso 

globos de fuego pálido desgaja, 

y de ardido alquitrán los mares cuaja. 
Ya por los vientos sublimado anhela, 

entreabiertas las fauces devorantes, 

buscando presa y lid : cual ominoso 

cometa rojo en el espacio vuela. 

Con ojos llameantes 

la pura Virgen mira : 

y contra el bello rosti'o, que amoroso 

placer celeste inspira, 



50 , POESÍAS 

vierte negro raudal, clamando guerra, 
de la posEoña que infestó la tierra. 

Mas oh ! primero nube congelada 
bajo el cerco lunar la faz radiante 
manchara al sol, ó en pos la noche fría 
corriera de la aurora nacarada, 
que el virginal semblante, 
dulce esplendor del cielo , 
sintiese de Luzbel la nota impía : 
cae sin fuerza al suelo 
la laya infausta, y por abierta cueva 
al orco patrio su veneno lleva. 

Miguel en tanto armado resplandece 
contra el monstruo, cual súbho en el viento 
()e ennegrecida nube brota el rayo. 
« Hijps de Dios, » esclama, (y se estremeise 
el tartáreo cimiento ) 
fl guerra y triunfo : el querube 
ya fué de nuestras iras triste ensayo : 
hora atrevido sube 
y lid al cielo mueve : lid le demos : 
los triunfos del empíreo renovemos. » 
JDijo, y no así del bronce desatada 
densa nube de balas, ruina y muerte 
lleva al muro enemigo, cual clamando 
victoria al gran Jehová, la hueste alada 
sigue al caudillo fuerte. 
Sus furiosas legiones 



SAGRADAS. 3 1 

mueve el orco, eii«u8 peñas tremolaado 
los negros pabellones. 
Corre los aires jMiTorosa llama : 
giíAe alterado el mar y el polo brama. 

Vibra Miguel la fulgurante lanza, 
y grita en toz de trueno : « siente, impío, 
siente mi brazo domador : su rayo 
le confió Jeliová, Dios de venganza. » 
Hiere; y cual vuela umbrío 
ante aquilón silboso 
el nublado polar, en vil desmayo, 
rugiendo silencioso 

huye el monstruo á exbalar laltcerba pena 
del mar remoto en la desierta arena. 

« Salud, felicidad , » clama natura 
en uno y otro mar. £1 bóreas frío, 
al deseeuder de la invernal montana, 
que en hielo eterno riega Cinosura, 
tallado el soplo impío 
canta blandos amores : 
« amor » resuena la feliz campana, 
donde en lecho de flores 
nace candida el alba, v ante el dia 
las dulces auras de su seno envía. 

Todo es placer : entre rosada lumbre 
alegre primavera vierte al mundo 
el Aries rojo del cénit dorado ; 
V de Arafat la blanquecida cumbre 



■é. 



52 POESÍAS 

y el Eufrates profundo 

haye el nubloso enero : 

no ya asuela los campos encrespado 

el istro ó yolga fiero ; 

mas tranquilas sus ondas lisonjeras 

besan blando k» pláádas riberas. 

Himnos de honor y cantos de Tictoría 
entona el almo coro : « fué arrojado 
el antiguo dragón ; triunfo á María 
cantemos, y á Jehová la eterna gloria. . 
¡ Cuál fuiste despeñado, 
astro de la mañana , 
del orbe juzgador ! Tu fuerza impía 
voló cual niebla vana : 
ya es reino nuestro e( usurpada mundo : 
arda en ira y furores el profundo, ir 

« Quién como tú, Jehoyá? tu nombre augusta 
¿qué nombre igualará? Dijo el querube : 
en alas de aquüon al escandido 
solio me ensáliari, do reina injusto. 
Venid : la oscura nube, 
que lo oculta, rompamos : 
y apar de Dios con mando divididú 
el empíreo rijamos. 
Tú, Sabaot, hablaste, y no parecen, 
y al tártaro lanzados enmudecen. » 

« £1 impío ! los coros celestiales 
rebeló : de la tierra fraudulento 



SAGRADAS. 55 

«destronó la iaoceiicia.; S« arojaron 

al mundo entonces los aTcruos nuiles. 

Hora el bando sangriento 

devorar preparaban 

la esposa de Jehoyá. Se disiparen ; 

no parece do estaban : 

júbilo y gozo al ángel : paz al suelo : 

confesión de salud al rey del ciel9.» 

Así en alegres cánticos resuena 
el coro celestial. : babla María : 
pendiente el ángel de su voz suave , 
calla y la mira. £1 firmamento enfrena 
su escondida armonía . 
£1 curso presuroso , 
en el viento librada , para el ave : 
y al mundo ya dicboso 
en su amable beldad, noble y sencilla 
la inocencia de£den mas pura brilla. 

Y dice : « buyo el tiran9 : alzad la frente, 
hijos de bendición : prole escogida, 
el largo lloro enjuga : á ti glorioso 
el rey vendrá de la futura gente. 
Por cuanto el sol despida 
lo» rayos voladores , 
dominará con cetro poderoso. 
Los últimos furores 

no temáis del querub. Dios ha vencido í 
preparad los caminos á su Ungido. *» 

5. 




o4 poesías 

« Descenderá de la inaccesa cumbre, 
do con glorioso pie huella la esfera 
el que del mundo las maldades lava. 
Nace, esperado sol : ya de tu lumbre 
brilla el alba primera : 
al Todopoderoso 

plugo elevar á tanto honor su esclava : 
yo del amo( hermoso 
madre elegida soy : cantad, vivientes : 
el de mi seno nacerá á las gentes. » 

u El nombre del cordero sin mancilla, 
naciones, celebrad. Manso cordero, 
tú, de las huestes pérfidas estrago, 
eres león de Israel : tú lo acaudilla. 
Fulmina : el monstruo fiero 
á tus plantas rendido, 
la opresa grey desatarás d^ Iftgo; 
y en tu sangre teñido, 
sangre, que sella el testamento eterno, 
romperás los candados del averno » . 

Dice; y cual corren encendidas lumbres , 
que exhaló al aire el sosegado cielo , 
y en los montes se pierden á deshora, 
vuela á ocultarse en las desiertas cumbres, 
que tu florido suelo , 
Palestina, rodean : 

do al Dios inmenso, que Salen adora, 
mil víctimas humean ; 



k. 



SAGRADAS. 55 

y olor de suavidad en densa nube 
de puro incienso ante su trono sube. 

VIL 

Áh NAGIMUSNTO DE NUESTRO SEHOR. 

Huyó del polo el aquilen sombrío ; 
y el cielo, ya sereno, 
piadoso vierte el candido rocío, 
que ocultaba en su seno. 

En tus entrañas, tierra, agradiKida 
recibe el don fecundo, 
y la salud prodúcele y la vida 
al angustiado mundo. 

Florece, ó Terebinto, y de tus flores 
brille la pompa ufana 
at desatar sus claros esplendores 
la plácida mañana ; 

Y de ellas el aurora refulgente 
orne sus manos puras^ 
cuando hoy annncie ¿ la oprimida gente 
el sol de las alturas. 

Corre alegre, ó Jordán, y ^ tus riberas; 
de Jericó las rosas 
enbalsamen del aura lisonjera ■ 
las alas vagarosas. 

El cedro inmenso la cerviz erguida 



36: POESÍAS 

levante al alto cielo ; 

y 8u aroma dulcísimo despida» 

la cumbre del Carmelo. 

Pasó la nieye del invierno triste ^ ' 
y del Hermon la falda 
depone el hielo rígido, y se viste* 
de carmin y esmeralda. 

Albricias, Israel : ya compadece 
el cielo tu gemido : 

Tuelve al benigne^ sol, que te amanece^ 
el semblante afligido. 

Mira el libertador, que de tu mano 
y del cuello doliente 
romperá las cadenas j y al tirano 
quebrentará la frente. 

Alza del poWo : ya empezó tu Santo* 
la lid y la victoria : 
y cíñete, ó Sion, el regio manto 
de tu esplendor y gloria ; 

Y convertida en gozo la amargura^ 
con festivas canciones 
' convoca el universo, y su ventura, 
anuncia á las naciones. 



k. 



«ACRÁDIS. S7 

VHI. 
LA CONVERSIÓN DE LOS GODOS 

EN £L REINADO DE REGAREDO. 

Cantemos al Señor. Desde la cumbre 
del alzado Pirene 

iiasta el remoto mar, donde la lumbre 
del claro sol á sepultarse YÍene, ' 

al hijo sacrosanto • 
se exbala ya de adoración el canto. 

Pueblo feliz ! anuncia á las naciones , 
que en el sagrado leño 
reina el Dios del amor : los corazones 
ya reconocen su triunfante dueño ; 
y el pérfido arriano 
ia antoixsha funeral agita en vano. 

Que asaz gimió la Iberia esclavizada 
bajo su yugo impío : 
ta blasfemia^ en el solio coronada, 
ambiciosa de infando señorío, 
émula del averno, 
presumió destronar al Yerbo eterno ; 

Y el nombre divinal, salud del mundo, 
de los labios mortales 

^r siempre desterrar : bramó el profundo : 
Jaazáronse las huestes infernales : 




TfS POCSÍAS 

{rimió el orbe admirado 

de verse en el error encadenado. 

Cuánta sangre vertió ! \ cuántas crueldades 
en el hispano suelo 
su oprobio irán diciendo á las edades ! 
Tú, víctima real, del jus lo cielo 
impetraste ferviente 
la libertad de la española gente. 

Habló el Inmenso, y cual la ardiente llama 
eon ímpetu devora 
la seca arista y la marchita rama, 
que el agosto sediento descolora, 
el súbito castigo 
así desciende al bárbaro enemigo. 

La ^anta fe coloca Recaredo 
sobre el augusto solio ; 
y alegre mira la imperial Toledo 
enlazarse por siempre al Capitolio / 

su iglesia venerada, 
con sangre de mil mártires regada. 

Entre el cántico dulce de alegría 
el inspirado acento 
alzó Leandro, de los fieles guia : 
el que domó con celestial aliento 
ni tirano sañudo^ 
siendo, divina fe, tu firme escudo. 

Y dice : « para siempre ! el monstruo impío ^ 
ó venturosa España^ 



k. 



SAGRADAS. 51) 

ya para siempre huyó. Del bóreas frío 
los tristes golfos probarán su saña, 
y el pueblo del oriente, 
con su necio saber vano y demente. » 

« Si, impura Grecia, si : tus pabellones 
para el vicio adornaste : 
en sutiles y f][árrulas cuestiones f 

la ley sencilla del Señor trocaste : 
la esclavitud mas fea 
y gárrula impiedad tu suerte sea. d 

« Mas tú, español, la religión sagrada 
conserrarás, que boy brilla 
á este suelo feliz. Si miro alzada 
sobre tu cuello incógnita cuchilla, 
confesarás muriendo 
la ley, que defendiste combatiendo. » 

« Cuántos siglos de lid! Mas ¡cuan brillante 
te aguarda la victoria ! 
A tu cetro y tu fe la mas distante 
nación Tendrá , llamada de tu gloria : 
tu inmensa lyionarquia 
el círculo verá de todo el día. » 

« Será un tiempo, que lleve el fuerte hispano 
los lindes de las tierras 
á las playas del último Océano ; 
y fije en nuevas y encumbradas sierras, 
sepulcro de la aurora, 
del hombre Dios la insigigJa vencedora. •) 



40 POESÍA» 

« Este es el premio, que á tu fe constante 
reserva el justo cielo. » 
Dijo Iieandro : el l'ajo ondisonante, 
al resbalar por el florido suelo, 
suspendió blandamente 
de sus doradas aguas la corriente. 

IX. 

EL SACRIFICIO DE LA ESPOSA. 

En la solemne profesión religiosa ele la 
madre sor Marta Fernanda de la Trinidad 
Blanco y Crespo^ en el monasterio de santa 
María de los reyes de Sevilla, 

« 

Nuetti>o lecho florido , 

de cueTas de leones enlazado y 

en púrpura teñido. 

Sáh Juah de la Cauz. 

A el ara sacra del amor divino 
un nuevo corazón de nueva esposa 
vuela feliz : ¿qué lumbre deliciosa 
rompe del cielo el muro diamantino ? 
Pura llama, desciende : 
desciende, ó llama del amor triunfante. 
¿No veis, no veis cuál prende 
en la victima el fuego devorantt? 



SATURADAS. 4| 

¿ No veis, ya consumida, 

cuál renace en el gremio de la vida ? 

Se aceptó la oblación. Del alto cie!o 
mira Jehoyá con divinal agrado 
la esposa, que siguiendo al hijo amado, 
toda fe, toda amor, se roba al suelo. 
¡ Oh, cuál brilla en su frente 
la corona nupcial ! ¡ cuál en sus manos 
el anillo luciente ! 

Lejos, lejos de aquí, viles profanos: 
Dios, Dios... de su presencia 
llena está la mansión de la inocencia. 

¡ Mansión de dulce paz, donde domina 
virtud sencilla en puros corazones, 
y desplega sus blancos' pabellones, 
reina del bien, la caridad divina ! 
Aqui entre abrojos crece 
la rosa virginal : lirio fecundo 
de casto olor florece ; 
y al ver manando en crímenes el mundo, 
gemidos sin consuelo 
la penitencia exhala al justo cielo. • 

O bien la esposa conmovida entiende 
la voz suave del Esposo santo, 
y de gozo y loor el dulce canto 
de sus amantes labios se desprende ; 
y en la mortal criatura 
al ver su amor angélico emulado, 

4 



-12 PO]ESÍAS 

de la celeste altura 

Ja escucha el serafín arrebatado ; 

y á su gemido tierno 

une los himnos del hosana eterno. 

Entra ya, dnlce esposa. £1 muodo impro^. 
que ignora la virtud, gime al perderte y 
y las falaces lágrimas, que vierte, 
«pone astuto á tu injencible brío. 
¿Adonde, clama, adonde 
la juvenil beldad, que me ilustraba, 
eclipsada se esconde? 
y si ardor de virtudes la abrasaba, 
¿por qué el puro modelo 
robar pretende al corrompido suelo ? 

Aduladora voz ! ¡ clamor aleve, 
con que el rey del orgullo delirante 
aterrar piensa el ánimo constante 
que á hollar su pompa y vanidad se atreve ! 
¿Di tú, joven esposa, 
si á esconder vas los dones celestiales 
bajo olvidada losa ; 
y si inútil á ti y á los mortales, 
estéril inoeenda 
en brazos gozarás de la indolencia ? 

Ah ! en el sagrado y solitario huerto 
miro entre humildes flores erigido 
el tronco augusto, en que de amor herido 
d Dios de los amores pende yerto. 



Aquí la paz del mundo, 

y la salud y \ida de las tierras, 

y el terror del profundo 

entre tus brazos venturosos cierras ; 

y el raudal sacrosanto 

eolora en sangre tu virgíneo manto. 

Sangre de redención ! que vio vertida 
de Palestina el monte portentoso, 
y que hora al sacrificio generoso 
de tu ser precie da de eterna vida. 
Para el hombre culpable 
logra del cielo la piedad propicia 
tu holocausto aceptable ; 
y entre el delito puesta y la joslicta, 
sobre la insana gente 
que descargue sus iras no consiente. 

Te ofreces, sí. Mas ay ! ¿qué niebla escora, 
de horror, de pena y de aflicoion cargada, 
en denegridas luces inundada, 
amenaza feros tu frente para? 
Yo escucho del averno 
las serpientes silbar : ya la tristeza 
clava el puñal interno : 
el sol boyó : la oscuridad, que empieza, 
y la imagen del crimen 
tu desolado corazón oprimen. 

El rostro de inocencia lastimado 
'Yuelves buscando en tu dolor consuelo ; 




44 POESÍAS 

y ves la cruz, y en ella al rey del eielo 
á la inmensa justicia abandonado. 
Bebió el vaso inGnito, 
do rebosaron las divinas iras, 
por ajeno delito. 

O tú, que al nombre de su esposa aspiras^ 
por tu culpa y la ajena 
debes gemir: tti dignidad lo ordesa. 
Lloras? llanto feliz! ¡tierno rocío, 
que de aflicción las flores fecundando, 
produce de clemencia el fruto blando, 
logrado en tu penar al mundo impío ! 
Padeces? ay! padece: 
por tu tormento en la angustiada tierra 
la paz y el bien florece : 
desparece, 6 maldad : huye, impia guerra f 
y al reino del espanto 
víctimas robe tu encendido Iknto. 

Que tal poder el soberano Esposo 
diáde la esposa, que suspira, al ruego. 
Tiende al mundo los ojos. ¿Ves el fuego 
de la maldad quemarlo? ¿ves ansioso 
la cuchilla el hermano 
sobre el hermano alzar? ¿al pié no miras 
del pálido tirano « 

yacer el hombre ? ¿ el humo no respiras^ 
humo de sangre y muerte, 
que la discordia enfurecida vierte? 



SAGRAD jiS. 4^ 

Jehováy el justo Jehová desde la cumbre 
de su gloria eternal tambiea lo mira. 
Yela su rostro el ceño de la ira ; 
y en vez de blanda y regalada lumbre 
furor y ardores lanza : 
ya, ya en su mano súbito se enciende 
el fuego de venganza ; 
y ya rugiendo aselador desciende 
sobre el mundo enemigo 
el rápido ministro del castigo. 

Mas oh ! si de terror y espanto llena 
cubre los orbes nube denegrida, 
y el rayo ardiente, que bramando anida> 
ya en el culpado corazón resuena, 
las manos virginales 
y el rostro ardido en caridad levantas f 
en bien de los mortales 
birota tu corazoa lágrimas santa», , 
y en el pecho doliente 
nace el suspiro de piedad ferviente. 

Salud, ó mundo! Por tu bien suspira^ 
. y de amor é inocencia coronada, 
ya contra tus maldades fulminada , 
sobre sí llama la celeste ira. 
Del Dios, que tú has herido, 
¿no ves como á la cruz los brazos ciñe? 
¿ no ves como el vestido 
en los torrentes de su sangre tiñe, 

4. 




46 POESÍAS 

y su rucQO inocente 

de Jesús une ai ruego omnipotente 7 

Venza al del crimen tu clamor, ó esposa! 
venza, y al pié del tronco ensangrentado 
gime, donde el Cordero no manchado 
victima eterna del amor reposa : 
ruega; que acepto 8ul>e 
tu ruego y sacrificio al santo cielo. 
Ya la funesta nube 
despareció : respira, ó triste suele ! 
la vengadora espada 
Jehová depone de la diestra airada. 

X. 

£L CANTO DEL ESFOSO : £N WA PfLOF£SH>If 

RELIGIOSA. 

Pues ya, si en el ejido 
de hoy mas do fuere vista ni bailada , 
diréis que me he perdido. 

S. JuÁH Dfe I.A Chuz. 

El Amante sagrado, 
que de la cruz pendiente nos convida 
al seno regalado, 
á la preciosa herida, 
del mísero mortal asilo y vida : 

Cual suele tierna el ave 
su consorte arrullar desde la rama, 
con dulce voz suave, 



k 



SAGRADAS. 47 

q«e caridad derrama, 

}« nueva esposa á sus verjeles llama. 

Oye, feliz esposa, 
oye su vox : que el céfiro eallado 
ai juega con la rosa, 
ni vaga en el eoUado, 
por no turbar su aeente eftalnorado. 

« Ven ay ! e^sa mía , » 
dice herido de amor : «ven .- ¿floreciente 
no ves la cumbre fría 
del líbano eminente^ 
que de alto hielo coroné su irente?» 

« Has ya corre sonoro 
á f^undar las plácidas praderas, 
volcando arenas de oro 
ya alfombra sus laderas 
de guirnaldas de ílores placenteras. » 

«Huyó el sañudo invierno : 
fauyó'del prado la tiniebla umbría, 
y ya el favonio tierno 
al valle su alaría, 
y su luz clara restituye al dia. * 

« Ya verdes resplandecen 
las viñas de Engadí : del fruto amado 
sus vides se enriquecen : 
ya en el bosque ha sonado 
de la tórtola el canto lastimado. » 

« Ven, ay 1 dulce amor mió : i 




48 i>t)i:sÍA& 

de las Tertientes del Hermon oetosas 

baja el blando rocío : 

sus florestas bermosas 

Jerícó esmalta de purpúreas rosas. » 

(r No es ya la noche dura, 
cuando cubierto de escarchado hielo 
entre la niebla oscura, 
amante y sin consuelo 
me vio á tu umbral entristecido el cielo. » 

. « En el silencio vieras 
patar del monte con feroz rugado 
las despiadada» fieras r 
y mi pecho afligido 
buscar en ti consuelo á su quejido. » 

« Y la naciente aui^ora, 
al derramar sobre el sediento prado 
Ibs lágrimas que llora, 
me oyó, de amor llagado, 
dulce quejarme de tu pecho, helado. » 

« Mas ya sereno el dia^. 
en que mi amor triunfase, resplandece : 
\en, pues, esposa mia : 
ya mi huerto florece, 
y sus frutos dulcísimos te ofrece. » 

« El tronco de la vida, 
entre olorosas flores levantado, 
da sombra apetecida : 
pende el fruto sagrado, 



/ 



k 



SAGRADAS. 49 

de sencillas esposas deseado. » 

« Y yo seré, amor mío, 
de mirra para ti manojo tieroo^ 
que no ajará el estío 
ni lo helará el invierno^ 
y que arderá por ti de amor eterno. » 

« De los demás pastores 
desoye el canto y deja la guarida : 
sepulta tus amores 
en mi huerta escandida : 
muerte dulce es mi amor y dulce vida.» 

« Aquí yo las manzanas 
de suave olor arrojaré en tu seno : 
y cuando á la» mañanas 
brindare el »)1 sereno, 
lirios ie cogeré del prado ameno:»' 

ff Del prado, que mil fuentes, 
del altísimo monte despeñadas, 
riegan : de relucientes 
azucenas preciadas 
haremos nuestras candidas moradas.»^ 

n Aquí apacible sueño 
en mi divino gremio recogida , 
mientras vuela risueño 
el aura de la vida, 
gozarás entre flores adormida.» 

« Y á las vírgenes tiernas 
pediré de Sion^ mientras fogoso 




52 POESÍAS 

Del crimen antiguo la víctima ser. 

Y libre y contento Israel ya no debe 
Ni mano enemiga , ni espada temer : 
Adore á su Dios , y observe obediente 
La ley promulgada al santo Moisés : 

Y goze en eterno serenos los días 
Que yan á nacerle de gloria y placer. 
Candor y justicia la plebe coronen ; 

Que el Dios de sus padres desciende á Salen. 

Y tú , feliz niño , profeta llamado 
Serás del Señor; porqué irás ante él^ 
Abriéndole paso por rudos desiertos , 

Y de áridas peñas brotando la miel. 
Ahuyenta la culpa del pecho malvado, / 

Y siembra en las almas divino saber : 
Prepara los frutos al Sol de jusfticia : 
Salud é indulgencia será en Israel. 

O dulce clemencia ! ó entrañas de padre ! 
O Dios bondadoso ! El hombre ¿ quién es , 
Que asi de la altura naciendo benigno 
Sus tristes mansiones ilustran tus pies ? 

La luz nace al mundo y que en densas tinieblas 

Y en sombras de muerte lanzado se ve. 
Mortales; seguidla, pues ella nos muestra 
La senda dichosa de paz y de bien. 



k 



SAGRADAS. 55 

XH. 

A STLVIO : £If LA MUERTE DE SU HIJA. 

¿ Y quién podrá , mi Silvio , el lloro triste 
A tu lloro negar? Ya de mi pecho . 
Ronco se exhala el canto del gemido ; 
Y en tomo yuelaá mi enlutada lira 
El genio del dolor. Ay! ¡tu alegría 
Se sepultó en las sombras de la tumba ! 
No darán ya tus paternales labios 

El ósculo de amor Las dulces gracias , 

Recien sembradas en el roistro hermoso 
Por la inocencia candida , Tolaron 
Ante el helado soplo de la muerte. 
Asi tal vez la rosa que mecieron 
Los céfiros de abril , destronca impío 
El noto silbador, cuando á deshora 
De la espuionosa Sirte se desata. / 
Oh Doríla! oh beldad ! oh tierno padre ! 
¡ Oh nombre de dolor, que en otro tiempo 
Tu corazón y mi SiKio, enajenaba 
En gozo celestial! Del seno herido 
¿ Quién te podrá arrancar la aguda flecha? 

Guando del Bétis á la amena orilla 
Veniste á ser de la injuriada Témis 
Serero vengador , con triste acento 

5 



54 - POESÍAS 

Te ananció lucha eteroa contra el crimen 
La voz de la amistad . El brazo armado 
Cantó del malhechor , la espada impía 
Contra el amigo pecho enherbolada, 

Y la calumnia atroz, que sobre el justo 
Tiende de la maldad el negro velo. 
Mas ay! que no anunció tan erada pena 
Su profética voz. La Parca esquiva 

Tu placer acechaba desde el Bétis. 
¿ Como despareciste, lumbre clara, 
De los paternos ojos, con tn ausencia 
A lágrimas sin fin ya condenados? 
¿ Qué nubes te eclipsaron, tierna aurora, 
En tu primer albor? Brillaste pura. 
Como el astro sereno de la tarde 
Se mece entre los plácidos reflejos 
Del sol occidental. Ay! luce apenas, 

Y á las mansiones lóbregas de ocaso 
Baja en curso veloz. \ Súbita huíste, 

Y en la noche del túmulo te ocultfts I 

No hay mas amor, ó Silvio. Aqoí encerrado» 
Yacen los tuyos so la losa fría, 

Y eternos yacerán Gemidos, lloro; 

Lloro desolador hé aquí tu suerte! 

No halagará ya el aura del consuelo 

Tu frente dolorida : no en tus labios 

Hallará la amistad blanda sonrisa. 

Porqué «¿ dó está mi bien, mi dulce encanto? 



k. 



SAGRADAS. 55 

¿ Dó está, dé huye? » AI acento lastimero 

Las hórridas mansiones de la muerte 

«Dó está, dó huyó?! te vuelven despiadadas. 

Dó está ? Mortal, si á la morada oscura 
Te conduce el dolor, donde dominan 
Los lúgubres horrores, y la Parca 
Alza sobre cadáveres su trono, 
Desciende, el llanto calma, y oye atento 
La ensoñadora voz de los sepulcros. 
Descendamos, mi Silvio, y íos sollozos 
Oprime, que no es dado á humano afecto 
Su centro penetrar* Pavor sombrío 
Mi cabellera eriza : destemplada 
De mi trémula mano cae la lira. 

Región de soledad ! A tus umbrales 
Muere el dolor y el gozo ; y en tu seno 
La inmoble eternidad augusta manda. 
Contempla, Silvio, esos despojos fríos, 
Reliquias de tu bien, y busea en ellos, 
Si puedes, «y! el rostro de belleza 
Que al tuyo sonrió. ¿ Dó están los brazos 
Que en rededor el cuello te halagaban > 
Con ternura infantil? ¿ Dó fué el asiento 
De aquellos dulces ojos, que al mirarte . 
Cual claros astros del amor brillaban ? 
Muñeron y no son. ¿ Y qué, los cubre 
Noche eterna en su velo tenebroso, 
O al seno revolaron de la nada ? 



á 



56 POESÍAS 

Mi Silvio, ¿ oyes la voz, vox de consaelo, 
Voz de gozo, que nace cual la aurora v 
De entre las nieblas de la noche oscura? 

a Mansión de eterna vida mora el justo 
Que muere en el Señor. »> Vive, mi amigo ; 

Y vive para ti. Será que un dia 
Restituya el sepulcro devorante 

^Los despojos del mundo ; y animado 
Ese aterido polvo, en lazo eterno 
Al celestial espíritu se anude : 

Y tú padre serás. Esta esperanza 
Repose entre ks penas de tu pecho, 
Gomo entre espinas la purpúrea rosa. 
Salve, santa esperanza : tú en los brazos 
Del divinal amor serás cumplida. 
Guando el padre, el amigo, el tierno esposo 
Las dulces prendas, que perdió, recobre, 

A nunca mas perderlas. Si, mi Silvio : 
El augusto silencio de la tumba 
« Vida sin fin al virtuoso » clama. 

Qué es el placer humano? La aura leve, 
Guando derrama en las nacientes flores 
La lluvia matinal, no mas lijera 
Vuela fugaz sobre el sediento prado. 
Qué es la edad? qué es la vida? Gual arroyo* 
Que por los verdes campos serpentea, 
Gomplacido en regarlos, va á perderse, 
A pesar suyo, en el remoto golfo ^ 




SAGRADAS. h7 

Asi el tiempo arrebata en su carrera 
Al hombre y sus afectos ^ y en su seno 
La eternidad terrible los abisma. 
¡ Desgraciado el mortal, que su ventura 
Al caduco deleite necio fíe ! 
Santa virtud, que vivirás gloriosa 
Bespnes que todo muera, tú eres sola 
El bien de los mortales : tu hermosura 
No deslustran las nieblas de la muerte. 
Ella, mi Silvio, á la mansión de dicha 
Condujo tu Dorila. ¡ Venturosa, 
Que el hermoso candor de la edad tierna 
Llevó consigo al plácido sepulcro ! 

Y nosotros lloramos? Blandas flores. 
No funesto ciprés ni mustio helécho, 
Debemos derramar, mi dulce amigo, 
En la tumba felii de la inocencia. 
Aquí su pura y amorosa sombra 
Sentiremos vagar. La pena aguda 
Alanzarás del dolorido pecho ; 

Y ya tranquilo esperarás el dia 
Que vueles en las alas de la muerte 
Al dulce bien, que te robó sañuda. 



5. 




58 POESÍAS 

XIII. 

LA PBOVIDSNGIA. 

De la miseria en el profondo seao 
el infeliz decía : 

« no hay Dios : en ?aao su esplendor sereno 
el padre de la ios al orbe envía. » 

« En vano sometida á ley constante 
gira la inmensa esfera, 
y en enrso igual el Orion radiante 
sobre el mar del ocaso reverbera. » 

« ¿Qué es el laso eternal, coa que aa^ra 
los seres encadena, 
si un Dios injnsto su mejor hechura 
á delinquir y á padecer condena? » 

« Yo vi, yo vi á las nubes sublimad» 
y triunfante al impío ^ 
y de placer y gloria circundado 
por la tierra estender su señorío. » 

« Y mientras goia,el inocente gime 
en la prisión oscura; 
.y al son de la cadena que le oprime, 
llora infeliz su indigna desventura. » 

« £1 pan de la aflicción es su alimento^. 
y el lloro su bebida ; 
y ansiando por el último momento j 




SAGRADAS. 59 

arrastra el peso de su amarga vida. » 

« No bay Dios donde hay maldad : la espada 
es el Dios del humano : [impía 

su trono, la lañada tiranía, 
y la triste TÍrtod un nombre yano. » 

Dijo; y del cielo al muro diamantino 
lanza gemido ardiente ; 
y el poder blasfemando del Destino, 
cubre entre el pobo vil la faz disiente. 

Mas la verdad sus rayos brilladores 
desde el empíreo envía ; 
y el velo disipó de los errores, 
que la ofuscada mente oscurecía. 

Yió entonces derrocarse en el averno 
el solio del malvado; 
y eterna maldición y llanto eterno 
exhalar deju pecho atormentado: 

Y al justo en las mansiones de la vida 
unido al Dios, que implora, 
bendecir la inocencia perseguida , 
de las pruebas del hado triunfadora. 

Mortal, necio mortal, que un solo instante 
para morir animas, 
¿presjEimes tú dar leyes al Tonante 
que hace temblar las celestiales cimas ? 

Deja que á la virtud hermosa y pura 
la adversidad persiga, 
y que al malvado la fortuna impura 




60 poesías g 

de rosa y de laurel corone amiga. 

Deja al desórdeo que domine el mundo '. 
vendrá el terrible día, 
que arranque á la maldad el cetro inmundo 
y grite d cielo r • la vraganxa es mía. • 

El alma es inmortal : puede una bora 
labrar tu eterna suerte : 
ejerce la virtud... á Dios adora... 
y lo demás te enseñari la muerte. 



líricas profanas. 



I. 



A LA RESTAURACIÓN DE BUENOS -AIRES 

EN 4806. 

¿Quién roba de mi cítara suave 
las rosas , qué a1g[UQ dia 
Venus , Cupido y Febo le ciñeron? 
¿Cuál numen soberano me presenta 
el lauro refulgente, 
en vez del mirto que adornó mi frente ? 

Dulce cantar, del corazón delicia y 
himnos, que di engañado 
un tiempo á la beldad perecedera , 
huid con su ilusión : que ya sublime 
con generoso anhelo 
al arduo templo de la gloria vuelo. 

¿Qué nuevo grito de victoria escucho 
girar por su alta cumbre ? 
¿Es el scita feroz , de quien el trace 
ya acobardado y fugitivo tiembla? 
¿Es el galo animoso, 




62 LÍRICJkS 

del Vístala y del Albis victorioso? 

Mas , oh ! que desde el margen apartado 
del Paraguay iamenso 
vuela sobre los golfos de occidente : 
vict&ria, clama, á la indomable España ; 
y el eco repetido 
la playa aterra de Albion vencido. 

¿Dó está la fueria y el orgullo osado, 
que el piélago espumoso 
abrumó con mil naves? Si soberbio 
al dilatado mar impone leyes , 
ya entre sus turbias olas 
huye de las banderas españolad 

Tú en tus murallas dominar los viste,, 
metrópoli opulenta » 
reina del Paraguay; cual prontp brilla 
relámpago veloz , y luce apenas, 
cuando á la parda nube, 
á sepultarse entre sus sombras , sube. 

De la traición , no del valor vencida , 
su yugo padeciste : 
allí cantaron himnos de victoria 
los fieros de Albion : de tus tesoros 
su codicia saciaron , 
y el cetro de la América empuñaron. ^ 

Empero ¿cuál cohorte valerosa 
á tas muros se acerca ? 
Llega, combate, aterra : el orgulloso,. 



PROFANAS. . 65 

que nuevos irionfos de aminoíon soñaba , 

bumilde gime ahora, 

y la piedad do] vencedor implora. 

Ilustres vencedores, ya respira 
la América angustiada : 
ya el tirano del húmido tridente 
huye al seno del mar; y un solo dia , 
una sola victoria 
os snhliraa al akázar de la gloria. 

Mas ay 1 velad : no el sueño del descanso 
funesto os sorpreenda 
á la* sombra falaz de los laureles. ^ 

¿ No veis cruzar por el cerúleo estrecho 
las naves empinadas , 
de muerte y de furores recargadas ? 

Ay ! que ya de guerreros nuevo enjambre , 
en ira y rabia ardiendo, 
la tierra infesta «penas libertada. 
¿No ois^tronar el bronce, hervir el golfo? 
¿No veis al golpe duro 
cuál se desploma el tresdoblado muro? 

Ta la mal defensible fortaleza 
cayó que os guareala , 
tristes pueblos : doblad , doblad la frente 
al fiero vencedor. El yugo impío, 
que os imponga orgulloso, 
haga la sumisión menos gravoso. 

Si 3 que ya marcha ea eseoadron cerrado 



64 LíaicAs 

de innumerable gente , 

no á lidiar, á rendir : viene en su furia 

imágenes sombrías meditando 

de robo y de matanza , 

á saciar su rencor en la venganza. 

Volvieron , sí : mas en la lucha fiera 
otra vez encontraron 
hijos de España. El rayo de Mavorte 
brilla en sus diestras : las guerreras frentes, 
coronadas de gloria , 
ciñe el sacro laurel de la victoria. 

£1 pueblo, sus hogar^ defendiendo, 
al soldado se iguala» 

y el soldado á los héroes : truena ardiente 
el cañón , y en mil ecos alternado 
su horrísono estallido , 
dilata hasta los Andes el sonido. 

En sus armas y número confía 
el escuadrón britano^ 
y ardiendo en saña el animoso ibero ,^ 
en su constancia y su valor. La patria 
ve espuesta al trance fuerte, 
y arrostra por su amor la ^uda muerte. 

Cayó el tirano en fin : victoria á España I 
¡ á los ilustres hijos 
del Ebro y Tajo inmarcesible gloria ! 
¿acaso siempre triunfará el impío? 
El hispano ardimiento 



k. 



PROFANAS. 



65 



I cederá al genio de Albion sangriento? 

Ah ! no : aquellos Valientes en un día 
las yictorías yengaron* 
qne el envidioso mar robó á la España . . 
De Trafalgar los manes insepultos 
las playas recorrieron , 
y en la lid sus espadas dirigieron. 

Pueblo español ! tres siglos de infortunio , 
de esclaritu 1 horrenda , 
á mancillar tu gloria no han bastado : 
el valor, la constancia es tu divisa ; 
y esclayo ó soberano , 
la suerte tuya fijará tu mano* 

Lasiiguilas del Tiber, los enjambres 
del báltico nevoso , 
y el árabe feroz y mil tiranos 
pasaron; mas tú augusto, entre ruinas' 
de un trono y otro hundido , 
sobrenadas al tiempo y al olvido. 

Cuál tu suerte será? Si tu cadena 
alguna vez rompieses , 
y esa constancia indómita animase 
la santa libertad , ay ! aquel día 
en sempiterno abismo 
se hundirá el insolente despotismo. 

Sobrevivió, del galo á los furores : 
el taciturno isleño 
al mar lo desterró ; yiciosa Italia 

6 



\ 




66 LÍRICAS 

sobre el altar que le erigió, lo mofa : 

mas so postrer mina 

al denodado ibero se destina. 

II. 

LA VICTORIA D£ BAILEN. 

Tronó la alzada cumbre de Pirene, 
y sobre el suelo bispano 
lanzó borrorosa nube de asesinos ; 
y las madres de Iberia al triste pecbo 
los bijos estrecharon, 
y piedad y venganza reclamaron. 

Pasa el dorado Tajo y las vertientes 
del Mariano monte 
la caterva sin ley. Nuevas matanzas 
viene y nuevos destrozos meditando j 
y en su furor sañoso 
dijo entonces el bárbaro orgulloso : 

« Venid, y en la florida Andalucía 
de oro y sangre saciemos 
nuestros sedientos pecbos. Sus, varones 
¿ no sois los invencibles que llevaron 
muerte, luto y ruina 
del Rin á la remoia Palestina? jt 

« Mirad vu^tros laureles. Reieñidos 
están de sangre humana^ 



k. 



PROFANJLS. 67 

y ^e inocente lloro Mipicados. 

Teñidlos mas y mas : ^ne gima el kon^é : 

la Bética asolada 

nuevos triunfos reserva á^ nuestra espada. >( 

a Y ¿ qué, la España adaman y Fernando 
esa misera gfente? 

¿El yugo esquivan que se digna darles 
el gran Napoleón? Necios ! perezcan ; 
y allá en la tnmba fría 
los laureles recnerden de Pavía. » 

Así dijo aquel fíero^ que tendiera 
sobre el Arno florido 
los silenciosos velos de la muerte. 
No olvidarás, Arezo, sn barbarie, 
ni tú, playa tirrena, 
de cnerpos mnertoa de tos hijos llena. 

Y marcha, y sobre el Bétis centelle» 
el águila ominosa 

y en los muros de Córdoba asolada : 
el campo hermoso , que la estéril nieve 
burló de enero yerto, 
el hórrido cañón vnelve en desierto. 

Mas oh ! ¿cuáles banderas so desplegan, 
contra el águila altiva ? 
Forjóse el rayo en el ardiente seno 
de HÉipalis la leal : ya despedido, 
venganza amenazando, 
ios aires que atraviesa, va quemando. 




68 ü&iCAS 

Huyes, ñero? ya tiemblas? ¿Nuevo enjambre 
de bárbaros no miras 
que sangre y oro enfurecidos claman? 
¿ Huyes, y el anclío Bétis bterpuesto ^ 
y la sierra fragosa 
aun no aseguran tu crueldad medrosa ? 

Española, volad : hijos de Marte, 
que el Giuges y el ocaso 
hicisteis resonar con vuestro nombre^ 
volad ; arrebatad á esos perjuros 
sus laureles odiosos, 
á la misera Europa tan costosos. 

Castaños inmortal, nombre de triunfa^ 
dulce alumno de Palas , 
y querido de Marte, á ti encomienda 
su justa cansa España ; la' victoria 
tus estandartes guia, 
y su temido rayo te confía. 

A la gloria conduce y la pelea 
la juventud ardiente, 
que el sol occidental benigno mira. 
Esgrima, esgrima el paternal acero, 
que de sangre agarena 
tíñó mil veces la española arena. 

Marchas, guerrero; y lentitud prudente 
los ímpetus enfrena 

de ese escuadrón de héroes ; al soberbio,, 
que en su terror afecta despreúarie, 




PROFANiiS. 69 

tus fuerzas ocaltaado 

la inevitable tumba vas labrando. 

Así vuela tal vez candida nube y 
cuyos bordes colora 
el sol naciente de risueña grana, 
cuando la tempestad horrible lleva 
contra el cielo sereno, 
y el rayo asolador ruge en su seno : 

O cual águila augusta , que divisa 
la garza descuidada 
en la otra parte del tendido cielo , 
sube tranquila á la región suprema , 
donde el viento enmudece , 
y en el alto ceñit audaz se mece^ 

Ve y se complace en la segura presa , 
y mas veloz que el rayo 
rápida por los aires se desprende» 
el redoblar de sus batientes alas 
á lo lejos resuena , 
y de áriste pavor las aves llena. 

Asi glorioso con torcida marcha , 
que el mismo Marte guia, 
el enemigo bando acometiste ; 
y avaro asi de la española sangre , 
el laurel de tu gloria 
no manchará los fastos de la historia. 

Quién^ube por el Bétis? ¿quién terrible 
el defendido paso 

6. 



.70 Lífticjift 

rompe ya de Mengíbar? ¿Quiéo aseiemle 
á las altaras de Bailen y al campo , 
do harnea todaTk 
del sarraceno infiel la sangre ímpia? 

Y ¿qué, Dopont, Taeilas? La aHa sierrai 
te niega ans gargantas , 
por sus audaces hijos defendidas. 
Mísero 1 dónde irás? Tienes delante- 
eabe el Bétis ondoso 
al fuerte ibero de tu sangre ansioso. 

Huye , iofdíice , huye i negra noche y 
escudo de maWados, 
cubre en ta horror su vergonzosa fuga : 
mas ay I que en tu camino se interpone 
nuevo escuadrón valiente 
que rendirte 6 morir solo consiente. 

Truena el canon : del monte despedido* 
el harrisoDo estruendo 
las campiñas del Bétis vas llenando; 
y entre el rumor del parche estrepitoso 
desolación y guerra 
anuncia atroz á la afligida tierra. 

Mas oh ! cede el impío : la fiereza* 
y el orgullo altanero 
postra al valor del inmortal CaatáAos : 
yace ábatidii el águila repaote ^ 
terror de {as naciones ,^ * 

al pié de nuestros fuertes escuadrono». 



k. 



¡ A Castaños victoria y á la patria f 
[ A los hijos yalienf es 
del almo Bétis gloría inmarceseible ! 
¿De España acaso tríanfará el impío? 
£1 ibero ardimiento 
¿sabrá humillarse al opresor violento? 

Ah I no. Allá tríunfe sobre el Rin nevado^ 
ó cual tigre rabioso 
en las selvas del Wístula domine , 
ó al otomano estúpido , que el yugo 
trueca ledo y tranquib , 
fácil sojuzgue en el remoto Nilo. 

Guerreros valerosos , en un dia 
vengasteis los baldones , 
con que el tirano envileció la España r 
del mayo infando las llorosas sombras- 
en la tumba se alzaron , 
y al vengador ilustre saludaron. 

No , no es inútil la vertida sangre , 
ni el valor desgraciado , 
que la fortuna injusta no corona. 
La sangre de Leónidas fué á los persas 
la señal de ruina , 
y los lauros regó dé Salamina. 

Vive , glorioso vengador : tu nombre 
tiembla el gdb vencido , 
y venera la Europa belicosa : 
Vandalia , madre antigua de guerreros ,. 




72 LÍRICAS 

SU claro honor te llama, 

y España libre tu valor aclama. 

España , España ! amada patria mía ! 
patria de los Talientes 
qae el largo oprobio de tu faz borraron !. 
Guando tu afecto de mi pecho salga , 
mi cantar abatido 
sepúltese en el polvo del olvida .* 

Ni en las umbrosa» faldas de Helicona 
honor tenga mi lira, 
y mustio de mi frente envilecida 
caiga el laurel sagrado de los vales, 
cuando á tu. escelsa gloria 
el cántico no entone de victoria. 

O patria! p nombre amado, que aloirlo 
las almas enajena I 

¿ Quién no se goza ea tus gloriosos triunfos ? 
¿Cuál es el corazón de duro bronce, 
' que tus males no llora , 
ni al bienhechor que te defiende, adora? 

Hijos de España ! i pueda el c^nto mia 
vuestras heroicas almas 
enardecer ! Al campo de la muerte 
volad ; y los fortisimos aceros , 
de la patria esperanza , 
esgrimid por su gloria y su venganza. 



FROFAN AS . 75 



III. 



A LAS RUINAS D£ SAGUNTO. 

Salve , ó alcázar de Edetaoia firme , 
ejemplo al mundo de constancia ibera , 
«en tus roinas grandios.^ siempre , 
noble Saguuto. 

No bastó al bado que triunfante el peno 
sobre tus altos muros tremolase 
ia invicta enseña , que tendió en el Tiber 
sombra de muerte, 
Cuando el Pirene altivo y las riberas j 
Ródano , tuyas , y el abierto Alpe 
rugir le vieron , de la niarcia gente 
rayo temido. 

El raudo Trebia , turbio el Trasimcno 
digan y Gapua su furor : Aufido 
aun vuelca tintos de latina sangre 
petos y grebas. 

Digno castigo del negado ausilio 
al fuerte ibero : que en tu orilla , ó Turia , 
pudo el romano sepultar de Aníbal 
nombre y memoria. 

Pasan los siglos, y la edad malvada 
y el fiero tiempo con hambriento hierro 




74 LÍRICJIS 

grasta , y la llama de la (guerra impía . 
muros y tronos ; 

Mas no la gloría muere de Sagunto r 
que sus ruinas del fatal olvido 
yacen seguras , mas que tus soberbias , 
Rómulo , torres. 

Genio ignorado su ceniza eterna 
próvido asiste : que infeliz , vencida 
más gloria alcanza , que el sangriento triunfo 
da á su enemigo. 

Resiste entera tu furor , ó peno : 
para arruinada tu furor , ó galo : 
lucha y sucumbe , de valor constante 
digno modelo. 

A la forthna coronar no pingo 
9U santo esfuerzo ; mas la antigua injuria 
sangrienta Zama , Berezina helado^ 
venga la nueva. 



IV. 



£N LOOR D£ DRUSO. 



Traducción de Horaci». 

Como el ave , del rayo devorante 
ministf adora fiel , á quien benigno 
el Dios mayor de las Olimpias sede$ 
sobre los aires y la grey volante 



PROFANAS. 75 

le concedió el imperio , (premtí^ digfno 
al robo del porpúreo Ganimédes ) 
joven ya , mas de empresas ignorante , 
huye el risco natío 
á do la impele el heredado brio ; 

Y al ahuyentar las bromas heladoras 
el vernal viento , que florece el año , 
del no usado volar la da enseñansa , 
meciéndola én las alas tembladoras j 
ora enemiga al tímido rebano 
sobre el redil con ímpeta se lanza , 
ora contra serpientes luchadoras 
ardiente la espolea 
el amor de la presa y la pelea : 

O bien eual eaa. los prados florecientes 
al sabroso pacer la cabra atenta 
del pecho de la roja madre mira 
separado al león probar sos dientes , 
oye el rugido , y misera se cuenia' 
primera presa á su inesperta ira ; 
así I Bruso, del Alpe en las vertientes 
guerrear victorioso 
te vio el grison y el bávaro selvoso. ^ 

£1 bávaro feros, la diestra artnada, 
cual amazona , de segur luciente : 
quién en sus selvas la esgrimió el primero, 
Musa roas docta lo 4irá ; ni es dado 
investigarlo todo á humana mente. 



7G LÍBICIS 

Vencedor largo tiempo el pueUo fien» 
las márgenes corrn> del Rin nerado ; 
mas ya gime yencido ' 
á los pies del mancebo esclarecido. 

Y prueba cuánto en nobles corazones 
puede la ilustre condición, criada^ 
bajo faustos auspicios ; cuánto inspira 
su valor en los jóvenes Nerones 
de Augusto el alma paternal. Copiada 
el fuerte su virtud gozoso mira 
en hijo fuerte : heredan los bridones 
y el novillo animoso 
de sus padres el ímpetu fogoso. 

Débil paloma el águila atrevida 
jamas engendrará ; mas )a enseñanza 
los generosos pechos robustece , 
y la innata virtud , que allí se anida , 
del futuro valor alta esperanza , 
brota á su sabia voz. Do quier fallece 
la santa norma de incnlpable vida ^ 
maldad corrompedora 
las bien nacidas índoles desdora. 

Cuánto debes , ó Roma , á los Nerones , 
diga vencido Asdrúbal y el Metauro, 
y aquel sereno y delicioso día , 
. gloria de los latinos campeones, 
que primero brilló con noble lauro ^ 
desde que el hijo de Cartago impía 



k. 



PHOFAK4S. 77 

voló por los aiuonioB torreones , 

cual llama por las t«as 

6 el euro por las ondas ciclópeas. 

De entonces prosperaron vencedores 
los jóvenes romanos, y en las aris, 
qae la impía guerra devastó , se alzaron 
para siempre los dioses protectores. 
Clamó Anibal : • ¡ oh , nunca td lidisras , 
peno infelic, cual ciervos, que insnilaroa 
para su mal los lobos agresores ; 
cuando triunfo seria 
evitar con ardides su osadía ! • 

( Esa nación valiente, que agitada 
desde la teucra playa á la latina , 
robó á la lioguera de Ilion famosa 
bijos , padrea j dioses , rodeada 
de njuerle ; de peligros , cual la encina 
en la cumbre del Álgido sombrosa 
por tenazas segures desmochada , 
faena y valor adquiere . 
del enemigo acero que la hieren ■ 

■ No mas feroz contra el cansado Alcfdea 
la hidra lernea recreció corlada , 
ni mayor monstroó di/> la íofanda Tébas. 
Arde , y madre de fuertes adalides 
nace mas bella. Véncela , y osada 
aterra «1 vencedor : con fuerzas nuevas 
batallará gloriosa nuevas lides, - 

7 



T8 LÍRICAS 

qae aplaudan las romanas 

y lloren las esposas raaaritanns. » 

« No ya , Gartago , de la espada mía 
nuevos triunfos oirás : pueblo africano , 
tu esperanza y fortuna ya fenece , 
y fué el de Asdrúbal tu funéreo día. n 
A un 'Claudio ¿ qué hay difícil? del romano 
Júpiter protector , los favorece ; 
y el consejo y la ingénita osadía 
sus empresas corona 
en los sañudos trances de Belona . 

V. 

A BACO. 

Traducción de Iloracía. 

Yi á Baco , si , ( generación futura , 
tú lo creerás.) que en áspera3 guaridas 
cánticos á las ninfas enseñaba : 
por la densa espesara * 
sas orejas erguidas 
el caprípede sátiro mostraba. 

Evah I aun tiemblo del pavor reciente ^ 
mas temblando palpita complaeido 
mi corazón , que el Dios ha subyugado, 
piedad,, B«c(^ potente^ 



k 



frofanjis. 79. 

piedad : ya estoy rendido^ 

temible , ó iú , de) grave tirso armado. 

AL I puedo ya las tiadas salazes 
cantar, del vino la escondida fueute^ 
la dulce leche en abundosos ríos , 
y las mieles fugazes , 
que el tronco refulgente 
destiló de sus cóncavos vacíos. 

Cantaré de tu esposa afortunada 
la corona nupcial , que lucir yeo , 
gloria añadida á la mansión divina ; 
y á tu vos asolada 
la casa de Penteo , 
y del tracio Licurgo la ruina . 

Tú el golfo , tú las bárbaras riberas 
domaste : tú beodo «n apartadas 
cumbres de las bistónides sañudas 
las densas cabelleras , 
al hombra^4lerraroadas , 
eon inocentes víboras anudas. 

Tú , cuando par montañas eminentes 
el bando de terrigenas impío 
el Olimpo escalóy de garra armado « 

y de leoninos dientes , 
en el Cocíto umbrío 
á Reco el fiero derribaste osado. 

Aunque no de guerrero esclarecido 
renombre bubieses , Dios de los placeres , 



y 




80 LÍRICAS 

de la festiva danza y los solazgs , 

no en combates temido : 

mas tú , glorioso eres 

arbitro de la guerra y de las pazes. 

De áurea punta la frente coronando 
te vio el Cerbero en la tartárea roca : 
muere el ladrido en su feroz garganta ^ 
y manso coleando 
con la^ trilingüe boca 
bálago, al irte, tu divina planta. 

VI. 

VIAJE DE VIRGILIO. ' 

Traducdon de Hornero^ 

Así la amable diosa , 
que reina en Chipre , así su luz serena 
te den , nave preciosa , 
los dos hermanos de la bella Helena f 
y desatando el aura deliciosa , 
el padre de los vientos soberano 
enfrene á los demás el vucílo insano. 
Ay r mi Virgilio , prenda á ti cedida , 
y que debes volver , entrega sano 
á la cecropia arena , 
y en él la mitad guarda de nú vida. 




PKOFAffrAS. 

De diamante formado 
el pecho tuvo y de robusto acero 
quien al piélago airado 
un leño frágil entregó primero. 
!Ni temió- el austro altiyo desatado 
contra el fiero aquilón, ni las lluviosas 
Híadas , ni las furias procelosas 
del noto, que en el Adria siempre manda, 
bien encrespe sus olas espumosas, 
ó bien manso y lijero 
restituya á la mar su quietud blanda. 

Al mortal atrevido 
¿ qué riesgo espantará , cuando serena ' 
vio el golfo embravecido 
de escollos y nadantes fieras lleno f 
£n vano Jove el mundo. diyidido 
ciñó con océano dilatado , 
que apartase los hombres, y alterada 
enfrenase su intrépida osadía» 
si á su pesar del piélago negado 
el mas remoto ^no 
atraviesa veloz la nave impía. 

Be sosiego impaciento 
y ansiosa de su mal , feroz y osada 
la sacrilega gente ' 
se precipita á la maldad vedadal 
£1 hijo de Japeto el rayo ardiente 
robó del sol : su fraude pernicioso 

7. 



S% 



^ 




8ft líaigas 

siguió de luales escuadrón sañoso , 
que la tierra oprimió con rabia fiera , 
y la muerte , que en paso perososo 
la ley nunca evitada, 
cumplió primero, abrevia su carrera. 

Surcó Dédalo el viento 
con alas al mortal no concedidas : 
el Orco macilento,, 
mansiones por las furias defendidas , 
Hércules penetró, con- firme aliento. 
Nada es difícil al orgullo humano : 
ya desde el Osa con furor insano 
al mismo cida so atrevió primero : 
ni permite que Jove soberano 
las iras merecidas 
deponga , ni su rayo justiciero. 

Vil. 

A LA LIRA. 

Traduociofi de Horacio. 

Si alguna ves de afanes olvidado , 
las selvas , ó mi lira encantadora , 
halagué dulce con tu vos sonora 
al importuno vulgo retirado ; 
yo te ruego que ahora 




I 



PaOFANAS. 83 

wersos entones, que á la edad presente 
\ivan, y aplauda la futura gente. 

Oh tú , del alto cielo concedida 
por vez primera al lesbio ciudadano ^ 
y bieii entre el furor de Marte insano 
la hostil falange en vergonzosa huida 
sintió su fuerte mano , 
ó bien libro>del piélago sañoso , 
logró cansada el puerto jrentureso': 

Siempre en himnos gozosos ensalzaba 
ó Baco, y á las Blusas^ y á Cupido , 
y á Vénu»^ cuyo nombre repetido 
con el del Niño ciego celebraba.; 
y á su joven querido , 
hermoso por lo negro del cabello , 
y por saa negros ojos duke y bello. 

Salve, alegre consuele de mis males y 
del abatido corazón reposo , 
de Febo honor , de Jove poderoso 
hechizo en los banquetes celestiales ; 
salve : mi labio ansioso 
con solemne oración do quier te ipvoca , 
y pide el fuego que á cantar provoca. 



/ 




84 LÍRIGÜS 

VIH. 

A LAS MUSAS. 

Doetas Pimpleas , que las verdes faldas' 
moráis alegres del feliz Parnaso, 
dónde Castalia so inspirante onda 
vierte suave ; 
Sed á mi canto fáciles , el dia , 
que vuestros dones celebrando grato , 
del padre Bétis el laurel frondoso 
ciño á mi lira. 
¿Y cuál primera mi atrevido acento 
dirá á Vandalia , de canoros cisnes 
madre fecunda , del divino Herrera 
madre gloriosa? 
Tú , Melpomene, del puñal infausto 
la diestra armada , que al feroz guerrera 
luciente aterra , cuando cae del hado 
víctima tristf ; 
O bien , Urania , de tu voz 4Peleste 
arrebatado , la mansión etérea' 
diré de Jove , y el poder que temen 
hombres y dioses : 
Que si fulmina su indignada diestra , 
sobre los polos del escelso Olimpo 
tiembla el palacio , la cabana humilde 
tiembla de Báucis. 



PROFANAS. 85 

Ya de Polimnia los festivos coros 
seguiré alegre , cantaré las selvas 
tuyas, ó Euterpe ; ó la que al vicio azota 
Musa maligna. ** 

Tú, dulce Erato, de mi amante pecho 
nunca olvidada : que si bien los años 
con triste hielo mi rugosa frente 

ciñen y enfrian , ' 

En otro tiempo me cediste el arpa, 
donde resuenan tiernos los amores ; 
y el blando canto las hermosas ninfas 
gratas oyeron. 
Debí á tus dones en mi edad primera 
gozos amables : rápidos volaron; 
mas su memoria plácida tristeza 
vierte á mi seno. 
Tú^ Musa augusta, que con santo plectro 
muestras al hombre la virtud hermosa, 
á ti mi lira, mi postrer, aliento 
rindo y dedico. 
Por ti los muros de la antigua T^bas 
levantó osada la anfionia Kra ; 
por ti siguieron al ismario Orfeo 
montes y fieras : 
Por ti Delille, tierno y delicado, 
gloria es del Sena : Pope mas severo 
fot ti en la cumbre de Helicón sagrada 
goza renombre. 



A 



S6 LÍRICAS 

Tú, dulce Clic«, mi ferviente ruego 
oye benigna : deflusad^ eanlo 
y audaí emprendo , que del sacro Bctis 
pare las ondas. 

IX. 

A LA JUV£HTVD ESTUDIOSA DE GADIZ. 

Del almo Pindó la mansión gozaba 
El coro virginal, amor de Apolo , 
En no turbada paz : sus dulces selvas 
Con primavera eterna florecían. 
Titán subiendo del rosado oriente 
A dispensar su luz al oníversOj 
Con mas sereno ardor, mas pura lumbre 
Bordó su cima y y á las caras hijas 
Mas balagúeño c<Jor6 el semblante . 

Allí en augusta, tropa los. sombríos 
dosqnes y las lauríferas orillas 
Los coronados vates paseaban. 
Bajo frondosa vid la cana frente 
De pámpano ceñide, los amores 
Entonaba y de Baco el don suave 
El tierno Anacreon : en torno ledas 
Le escuchaban las gracias bulliciosas. 
Aquí el tebano Píndaro rodea 



/ 



PROFANAS. 87 

Dttl saero hitfo las dichosas bienes 

Al yeocedor olinipico : sanada 

De Homero mas allá saena la trompa , 

Y el fiero Harte canta y los combates. 
Mas súbito de nieblas coronado 

Tronó el setentríon : el ronco estruendo 

Oyó el mar de la Sirte , y «gnerra y muerte, » 

Clamó el godo feroz, clamó el lombardo. 

Roma tiembla : las madres paToiY>sas 

Al seno estrechan la mócente prole. 

Densa nnbe de bárbaros se arroja 

De las playas del báltico nevado 

Sobre las dos Hesperias. Gre<úa gime. 

Nada en sangre, sepúltase en ruinas 

£1 esplendor de sus divinas artes. 

Tímido el coro de las dnlces Musas 

Al padre Apolo lo9 llorosos ojos 

VOeWe pidiendo en su aflicción consuelo. 

De las tréinnlas manos cae la lira 

Al lesbio y al latino : Anacreonte 

Huye dejando sobre el yermo suelo 

La pampínea guirnalda. Sus gemidos 

Oprime el son de la homicida trompa. 

Febo entonces el velo tenebroso 

Rompió á la edad futura, y á sus hijas 

Reveló así su gloria venidera : 

« Si el puñal del odíese fanatismo 

Y la segur d« h cruel barbario 



á 



88 LÍRÍCi^ ' 

Hoy dominan el mundo , seré un tiempo 
Que estienda la razón su cetro de oro, 

Y iruestro solio, que lloráis sumido 
En la densa tiniebla, al triste caos 
De la edad del furor sobrenadando, 
§e asentará sobre la culta Europa. 
Oh I ¡ cuántas aras erigirse v^ 

A Tuestro augusto nombre ! Sobre el Tiber, 
Sobre el mudable Sena ya se cania 
El triunfo del saber. Ta la poesía 
Las márgenes del Wistola embellece, 

Y la lira de Safo y la de Alceo 
Resuena en la nevosa Petersburgo. 

La vista empero á la mansión de Alcides 
Consoladas volved ; que á vuestra gloria . 
La juventud de Cádiz se consagra. 
Amable juventud ! la voz del genio 

Y el fuego activo de mi santa lira , 
Templada en el Olimpo , sus centellas - 
Derramará en tu seno ; y por las playas 
Do se dilata el Océano inmenso 

Y por do Bétis rinde su tributo 
Al piélago apacible de occidente , 
Llevará el eco los sublimes cantos 
Que oyó Grecia ; y al Tíber y al Iliso 
No envidiarán las ondas eritreas. 
Allí cuando en los reiaos de Anfitríte 
El carro ardiente bañe, luz templada , 



PROFANAS. 89 

De blando verso y de saber fecunda , 
Les enviaré de mi encendida frente. 
Al templo de la gloria , dulces hijos , 
Audaces caminad : el santo lauro 
Y las rosas dte Venus os esperan . 
Vosotras en la orilla del Permeso 
Preparadles guinaldas ; y sus nombres 
Grabad en los alisos de Helicona.» 
Dijo ; y las Musas sus divinos ojos 
Al mar de Alcídes plácidas volvieron , 
T á los caros alumnos sonrieron. 



X. 



EN LOOR D£ DON JUAN MELENDEZ VALDES, 
RESTAURADOR DE LA POESÍA ESPAÑOLA EN 
EL SIGLO XVIII. 

Cual la selvosa cumbre de Apenino 
de brumas cuaja el erizado invierno 
las campiñas de Italia amedrentando ; 
808 sendas pisa mustio el peregrino , 
viendo el arbusto tierno, ~ 
y el haya y olmo añoso 
con la acopada nieve blanqueando ; 
y en el otero herboso , 
do el sol del mayo derramó luz pura , 
triste el pastor y muerta la natura : 

8 




90 MaicAs 

O cual b dolee Uama de la aarora , 
cuando despunta en el rosado oriente , 
de las australes Sirtes abortada 
horrible tempestad cubre á deshora ; 
brama el cierzo inclemente; 
de la encendida nube 
rápido Yuela el rayo ; y desatada 
del mar bravoso sube 
enlutando los orbes noche umbría, 
que á los mortales ojos roba el dia : 

Asi enyohió caliginosa niebla 
la primer gloria del Parnaso ibero : 
tendió el error su cetro despiadado ; 
y la densa y mortífera tiniebla 
oprime en sueño fiero 
el. genio independiente. 
Desde Pirene al Bétis, desmayado 
muere su fuego ardiente ; 
y do sonaran cánticos suaves , 
solo se escuchan grazn^doras aves. 

Yace, entre el. polvo vil despedazada 
la cítara sublime ,- donde Herrera 
de Austria cantó las armas victoriosas : 
la lira de Villegas delicada , 
y la que ma3 severa 
ensalzara hasta el cielo 
á Argensola y Rioja, de viciosas 
malezas cubre el suelo ; 



k 



PROFANAS. O i 

do el estrago y tus hierros contemplando , 
sombra del gran León , vagpas llorando. 

Febo empero al lamento doloroso 
de las fugases Musas compasivo , 
vuela en su carro al ultimo occidente. 
Airado mira al escuadrón sañoso 
hollar lauro y olivo, 
y el arpa y laúd sonoro 
que fué su gloria. £1 arco omnipotente 

vibra la flecha de oro ; 

«¿Y qué,» dice» tserá que el monstruo impío 

domine el fértil clima que fué mió? » 
« ¿ Por qué; donde sonaron mis loores 

mas dulces que en la eumbveí del Parnaso , 

sus pabellones la barbarie ondea? 

¿ Por qué los campos y que sembró de^ amores 

la voz de Gardiláso-, 

triste silencio oprime? 

Natura, oye mi voz. El genio sea 

que su gracia sublime 

restituya á la Ifasa castellana : 

nazca ya el padre de la lira hispana. » 
Dijo , y Meléndez fué. La tierna mente 

el mismo Apolo informa , y de las ciencias 

los arcanos recónditos le inspira : 

cu sus labios destila miel luciente , 

perfumada dé esencias. 

La delicia del mundc» , 



92 LÍRICAS 

dulce amor en su seno ya suspira ; 
y del carcax fecundo 
le da la flecha , que atrevida y Uanda 
las almas postra y los sentidos manda. 

Cual del neVado seno de la aurora 
animoso se lanza el sol ardiente 
é la roja mansión del mediodía ; 
alegres ven la tierra y mar sonora 
la vida y luz presente : 
la natura adormida 
despierta en brazos del hermoso' dia ; 
y de su rayo herida 
la noche con su escuadra rutilante 
se sumerge en los piélagos de Atlante : 

Así el joven gallardo en el regazo 
de las sensibles Musas resplandece : 
sus primeros acentos destruyeron 
de la antigua barbarie el ciego lazo. 
Pulsa la lira, y crece 
desusada alegría. 

Canta : los fieros monstruos ya cayeron ; 
y al son de su armonía ^ 

retoña el lauro , cuya sombra amada 
cubrió del docto ibero la morada. 

£1 plectro de oro la sublime Clio 
aplica en tanto á la divina lira : 
su giro enfrena el espacioso cíelo : 
el agua pende en el callado rió. 



k. 



PROFANAS. 

Bel mar la herviente ira 

el austro regalado 

templa á deshora ; y al hispano suelo , 

do el eco alborozado 

la dulce yoz mil veces reverbera , 

anuncia asi su gloria venidera : 

« Tejed, ninfas de Iberia, la guirnalda 
de yerde mirto y encendida rosa 
al genio celestial^ que os amanece. 
Cogadlas en la plácida esmeralda, 
que el margen deliciosa 
del sacro Tórmes> llena : 
allí el Zurguen , do Filis resplandece ,. 
y la floresta amena , 
y las gracias del zéfiro inconstante , 
y canta amores tiernos tierno amante. » 

« O bien de fresco pámpano ceñidle 
la pura frente y lira , enajenado 
^del néctar , que en los vasos centellea. 
En las castalias ondas desleidle 
el vino mas preciado , 
cuando á gozar provoca 
las ninfas y pastores del Otea : 
que en su risueña boca 
dulce beso imprimió Baco y Citéres ,. 
y es padre de las danzas y placeres. » 

« Mas cuando ya los años juveniles 

caigan como la flor de primavera 

8. 




94 LÍBICAS 

ante la edad niadara deshojados , 
no la sañuda cólera de Aquílés 
dirá» , ni el asta fiera 
de Marte armipotente : 
que Yéntis á tus labios delicados 
solo entonar consiente 
del amador los plácidos solazas , 
las breves guerras y las blánd^ís pa¿es. » 
« O ya si mi deidad' á ti desciende , 
de pompa, majestad y gloria líenU , ^ 
y en soberano ardor tu pecho tierdo 
, roaa animosa y atrevida encrende , 
la magnifica escena 
de las artes hermosas 
y el triunfo cantarás , ó eñ d dverno 
las huestes orguirbsns' 
aprisionadas, ^ue á1 querub siguiefah 
y al trono inaccesible se ¿trevíeraW. » 

« Mas ¿ quién podrá ií los caVnpoii y á las flúores 
robarte? A ti te ofrece lá' tiatüíra * 
de su beldad la pompa várí^ídá. 
Tá festivo entre risas y (ítííre amores , 
ya de la rosa pura , 
ya del clavel triunfante 
celebrarás lá gracia delicada ^ 
ó al hondo mar de Attanie 
lanzarse ApóTo entre ciirmin y graiia , 
cediendo el ciéto á ía argentada hermana.» 



PROFANAS. 95 

(I O bien la dulce y pastoril avena 
robando al tierno Gésner , enlazado 
diráa á amor con la virtud seneilla , ^ 

la piedad filial , yde la ameiia 
campiña el don preciado , 
y la linda pastora, 

qae entre el pndor y la inocencia brilla 
mas pura que la anrora , 
y Cándida beldad y fe constante 
ofrece en premio al venturoso amante. » 

« Has ya vuela el otofio de la vida 
sobre tu edad ; y entonce» mas suave , 
mas apacible sonará t« canto. 
Entonces de ta citara subida 
cada suspiro grave 
un bimiM) á la natura , 
Y al Haoedor de la natura santo 
será y á la ternura ; 
dando con tus acentos celestiales 
lecciones de virtud á los mortales. 

« Aunque, oh mengua! ob baldón I del 

f patrio suelo, 
que con tu dnlce vos ennobleciste , 
lamentas alejado k ira impla , 
y los gemidme tu amargó duelo 
Carona escucha triste. 
El Ródano insolente 
suspende , complacido en tu armonía , 



Á 



96 LÍRICAS 

SU rápida corriente, 

y se florece al canto desusado 

la etérea cumbre del Pirene helado. » 

« Qué furor , ó crueles ! la alma lira 
que en sus clemencias os concede Apolo, 
asi echáis á regiones apartadas? 
Asi el varón ilustre , ¿ por quien gira , 
mas rico que el Pactólo 
y envidia de naciones , 
el breve Tórmes? ¿Cuándo renovadas 
oiréis ya las canciones 
que el zéfíro á sus vegas repetía? ^ 
¿quién el fuego os dará que genios cría?» 

« Mas triunfa tú desde el estraño clima , 
viendo los hijos de tu noble aliento. 
£1 orgulloso Tajo , el Dauro , el Bétis 
tu gloria aclaman ya. Tú el Dios que anima 
el español acento ; j 

y en cuanto embravecido 
fa Iberia ciña el piélago de Tétis , 
serás , Itbrtf de olvido , 
arbitro de la lira soberano , 
y nuevo Apolo del Parnaso hispano. » 

Cantó, y la verde cumbre de Helicona 
al destino aplaudió del genio ibero : 
la alegre frente Anacrcon desnuda 
del pámpano , y el vaso y la corona 
le alarga placentero. 



PROFilNAS. 97 

Horacio ve envidioso 

al Pindaro español, y le salada 

con ceño respetoso ; 

y Virgilio , en sus brazos sollozando y 

tierna sublimidad le va inspirando. 

XI. 

A LA MUERTE DE DON JUAN MELErfDEZ VALDES. 

f 
Et dulces morieiu reminiscitur Argos. 

VXEG. 

No maere el genio , no. Podo la tumba 
encerrar las cenisas 
del inmprtal Batilo ; mas el fuego, 
qne su divino espíritu animaba , 
sobre los siglos vuela , 
y á la sublime eternidad anhela. 

Y vivirá , mientras al mar de ocaso 
los españoles ríos 

vuelquen las ondas, que halagó sulacento, 
y ¿ la beldad y á su cantor enlazen 
refulgente corona 
las soberanas ninfas de Helicona. 

Del amor en el seno y en los brazos ^) 

(^) Su esposa, doña María Andrea de Coca^y su 
sobrino, don Gristoval Meléndez Yaldes y fieles 



á 



98 LÍRICAS 

/ 

de la amistad llorosa , 

ay ! exbalaste el último suspiro : 

la dolce imagen de la patria amada , 

que ennobleeió tu lira , 

ante tus ojos moribundos gira. 

Los cierras á la luz. Con tardas ondas 
breve raudal mezquino, (*) 
del sacro Tajo y Bétis envidiado , 
ignora , cuando riega de tu tumba 
las marchitadas flores , 
que allí yacen de Iberia los amores. 

£n tanto mas perene monumento , 
que los de Roma y Carír, 
un rey piadoso á tu memoria eleva, f^*) 
£1 bronce muere y se deriíace el mármol ; 
mas el canto divino 
no se rinde al imperio del destino. 

Tu .JBombra agradecida se eonmaeve , 
y en el sepulcro helado 
circula un rayo de tu hermoso' genio'; 

compñaeros de sus infortunios, fueron su único 
consuelo en la larga y penosa enfermedad , que 
precedió á sa muerte. . , . 

(*) El Herault. 

(^*) La edición de sus poesías , hecha de orden 
de S> M. en la imprenta real, será en los siglos 
futuros uno de los primeros títulos de la nabíon 
española á la gloria poética. | 




PROFANAS. 99 

que por cantar al {)¡eaheehor augusto , 

hoy de la. Parea fiera 

ia inexorable ley romper quisiera. 

]>e8cansa , sombra ilustre : cuantos vates 
son hijos de tu aliento 
desde el.E^ro é la playa gaditana , 
cumplirán tu deber;. y el sacro nombre 
del Pindó en jos yejrjeles 
coronarán las Musas de laureles. 

Y tú , tierra hospital , que sus cenizas 
benigna ocultas , sahe; 
eterno y dulc^ abril 4® flores ciña 
Y enbalsame con aura deliciosa 
la humilde tninba, donde 
al Tibulo español la Perca ^pnde . 

En ella yace á un lado el plectro de oro 
qqfB f n ien|iira sublime 
la^ sonorosiif cuerdas enc»endia , . 
y el pámpano y el mirto citereo , 
que suplirá a^dornaba, 
y del Tenda4o dios rojta la aljaba. 

Salve, bella Occilania » 6 tú, querida 
mansión de las Pierias : 
su primer llama á trobadores tiernos 
tú viste difundir, cuando sañuda 
en fieros torreones 
la barbarie arbolaba sus pendones. 

Desde el Alpe at selvoso Pirineo 



ák 



400 LÍAICAS 

no hay monte , valle ó rio , 

que no acaerd% la gloria de las Masas ; 

á Florían el dulce y Tirtooso 

el Gard arrebatado 

oyó» de madreselva coronado. 

Mas allá la Nereida enternecida 
aun hoy llora la muerte 
del malogrado Garcilaso ; el Sorga , 
resbalando entre límpidas guijuelas, 
cuando halaga las flores, 
susurra de Petrarca los amores. 

Aquí el margen del rápido Carona 
oye los dulces cantos , 
que á la sensible Isaura {*) se consagran . 
allí la ninfa del Adur vencido 
quiere aplacar con ruegos 
la inexorable sombra de Gienfuégos. f^'*) 

Oh tierra sacra á Febo ! Ya el destino 
á tanto nombre ilustre 
unió el del padre del Parnaso ibero. 
Salve mil veces ; y en tu gremio goi en 
amado y quieto asilo t 

los manes del dulcísimo Batilo. 



{*) Fundadora de los juegos florales de Toloaa. 
(**) Yace on Orthez , donde murió a&o de 1809* 




PROFANAS. 401 



XII. 



ELOGIO 0£ FILENO. 



Dame , dulce Talia , 
tu Ura ya templada : 
cíñela de las rosas, qae colora 
con blanda laz el alba nacarada , 
trayendo en su regazo al nuevo día , 
y del ramo , que adora 
el sacro Apolo en el Anfriso ameno , 
corona á mi Fileno. 

Mientras que yo le canto , 
triunfando del oWido , 
del bético Parnaso escelsa gloria : 
él acalló el horrísono graznido 
de infaustos buhos ^ y el acerbo llanto , 
que la antigua yictoria 
causara del error al coro hermoso , 
él enjugó piadoso. 

Que apenas la ribera 
del Bétis cristalino 

4 

halagó vencedor su dulce acanto/ 
cae desplomado el trono diamantino , 
que la barbarie pérGda erigiera ; 
y ya repite el viento , 
vago de flor en flor y de hoja en hoja , 

9 




402 LÍRICAS 

los cantoflde Rioja. 

Salve mil y mil veces, 
¡ ó tú , del Dios dé Délo 
grata, delicia , alariino el mas amado, 
que vio en su selva el helTcoáio suelo I 
¡ ó tú , que entre los genios resplandeces 
del Bétis celebrado, 

cual sobre el coro de la noche umbrosa 
brilla la luna hermosa! 

Contra el bando enemigo 
no el vengativo rayo 
del clarío Dios ya implorarás ferviente, 
oh tú, cisne del Bétis : ff ¡o desmayo 
le oprime y el silencio os su castigo. 
Si el margen floreciente, 
el mas amado de las Musas santas, 
ajó con viles plantas', 
Hora abatido yace : 
canta el vandalio rio, 
ó mi Fileno, el triunfo soberano : 
la bella ninfa de sú cauce frió 
en las dulces canciones se complace, 
que entregada á tu mano 
renueva ya en su plácida ribera 
la citara de Herrera. 

Y la blanda terneza 
del cantor de Heliodora 
y el digno acento de sublime lira 



PROFANAS. 403 

Febo nos vuéWe con ta yoz sonora ; 
por la amistad ta pecho y la belleza 
iaoeente subirá ; 
y son de la virtud sacros loores 
tas cánticos de amores. 
T luego desdeñaimo 
la trompa horrisonante^ 
que la guerrera ninfa te ofrecía , 
pasas de Edén los muros de diamante, 
y de Milton rival cantas llorando 
la mansipn de alegría , 
y el arpa de Sion lúgubre y triste, 
con sabia mano.herisite. 

Has ay ! ¿ por qué la lira , 
cantor divino, arrojas, 
y de Grocio y de Locke el genio «uslero 
súbito invocas? ¿Las amables hojas 
desciñes del laurel? Qué Dios te inspira ? 
¿ Hirióte el dardo fiero 
de ambición , y á los pueblos y á los reyes 
dictar presumes leyes? 

No : que oyó el grito horrendo 
del ciego fanatismo ; 
vio de la humanidad el lloro ardiente, 
y va á librarla del abierto abismo. 
Vedle ya la justicia defendiendo : 
ved el pecho inocente, 
ya , ya del fiero golpe casi herido^ 



404 LÍRICAS 

por so voz defendido. 

La saña, y el encono, 
y el interés sombrío * 

sojuzga su elocuencia vencedora f 
de la verdad afirma el poderío, 
y erige á ta clemencia escelso trono t 
así la encantadora 

voz del tracio en las ísmaras riberas 
calmó las ondas fieras. 

Triunfo al hijo de Apolo ! 
i triunfo al varan divino , 
del Pindó honor, de la inocencia esoudo> 
de la amistad modelo peregrino ! 
No basta á mi Fileno un lauro solo : 
cuantos la gloria pudo 
plantar ciñcndo su inmortal morada^ 
cogió con mano osada. 

Ya el abril refulgente 
los valles de Helicoua 
ledo guarnece de floridas galas : 
ya mas vistosa y nítida corona 
tejen las ninfas para orlar tu frente : 
ya las tendidas alas 
bate alegre en la cima del Parnaso 
el candido Pegaso. * 

En ella abierto mira 
para ti el templo sacro 
de la inmortalidad. ¿El ara ardiente 




/ 



^PR0FA14AS. AO^ 

no ves, do ante el celeste simalacro 
sabe el indenso en abrasada pira ? 
Junto al solio eminente 
del misdáo Apolo entre su lumbre clara 
tu solio se prepara. 

Allí de esplendor puro 
la Iberia enriqueciendo 
glorioso triunfarás : bimnos «onoros 
se entonarán , tu nombre engrandeciendo ^ 
do Bétis baña el bisptlense muroi 
y á sus yates canoros 
la docta frente ceñirá tu mano 
del lauro soberano. 

XIII. 

A DALMIRO :- EL GENIQ DE SU AMIGO AHFRISO 
NO ES PARA LA POESÍA SUBLIME. 

Fileno cantará , Dalmiro mió, 
con.Yoz, que emule la del sacro JIomero, 
del primer bombre el ciego desvario 
y el castigo severo : 

CómO' perdida su feliz morada 
el delito á sus bijos dejó en suerte ; 
y del furor de Dios ministra airada 
al mundo entró la muerte. 

Mas 00 tu caro Anfriso el flaco aliento 

9. 




408 LÍRICAS 

Febo se mira del sereno río , 

y su imagen, que^ activa reverbera ^^ 

tiembla en el cristal frió : 

O bien cuál el arroyo sonoroso 
entre lucientes guijas libre salta , 
y las flores del margen delicioso 
de aljófares esmalta. 

¿Pues qué, si la amistad, gloria del hom* 
dulce Dakmi^o , canto en la pradera , 
y aprende de mi voz tu amado nombre 
la Tándlila ribera?* 

Salve , santa amistad , sola consuelo , 
alivio-sola tú de mis pesares ; 
salve ; y atiende desde el alto cielo 
benigna mis cantares : 

Que ya de un corazón atormentado, 
único gozo y esperanza eres. 
En ti busco mi paz , escarmentado^ 
de pérfidos placares. 

XIV: 

A DALMIRO : IMITACIÓN DE HORACIO» 

Tú, querido Dalmiro, tú conmigo 
del i4pe fiero la nevada cumbre 
y los carpacios riscos vencerías : 
iú de la Hercinia al intrincado abrigo^, 




PROFANAS. 409 

^ue jamas conoció del sol la lumbre , 

y al golfo del lapon me seguirías ; 

ó al piélago inclemente , 

que ciñe al libio ardiente , 

ó á do el Indo del alba los corales 

recibe en sus raudales. 

Mas ¡ ojalá que^el término sereno 
de mi vejez consiga en el florido 
campo , que baña él Bétis sosegado ! 
Mi triste pecbo, de amargura lleno, 
olvidará las penas que ba sufrido , 
y logrará el reposo suspirado. 
No sed del oro insana , 
no la ambición tirana, 
no del amor el venenoso fu^o 
turbará mi sosiego. 

Allí de un infeliz el fértil suelo 
dulce mansión será , donde el aliso 
compite al del frondoso Guadiana , 
ni 68 envidiado el refulgente cielo , 
que retrata en sus ondas el Anfriso . 
d(mde se eleva de Híspalis ufana 
el muro generoso , 
y el cerro do lloroso 
de Itálica lamenta el peregrino 
e\ mísero destino. 

De la pálida Parca el hierro fiero 
allí termine mi enojosa vida , 




440 LÍRlCiAS . 

blandamente mis mienibeos d«MiaBdo : 

tú , amigo , á mi suspiro postrímera 

en ta seno darás dulce acogida ; 

y el no elevado túmulo regando 

de helécho y mustias flores , 

te verán los pastores 

mis cenizas honrar, bañado en llanto, 

con el funéreo canto. 

XV. 

A AaiSTO : LA TRANQUILIDAD DE LOS MXM1M9 
DE LAS MUSAS : IMITACIÓN DE HOaAGIO. 

Las Musas , caro Aristo, dulcemente 
al nacer me halagaron, 
y de mirto y de lauro refulgente 
mi cuna entrelasaron ; 

Y cuando en la apacible primavera 
de mi edad ? agüé solo , 
jtinto al Bétis su lira. placentera 
me dio templada Apolo. 

Halló mi juventud abaodonatfa 
en su clemencia asilo ; 
y csento de pesares , mi morada 
fué el Helicón tranquilo. . 

Guando entre mil cuidados enojosoft 
se afligen los mortales , 



k. 



PBOFANAS. 4lf' 

doy al mar y á los vientos tcmpestosos 
la tristeza y los males. 

Seguro vivo, si tu antorcha brilla , 
alma paz , á la tierra , 
y ee^ro, si esgrime su cuchilla 
la enfurecida guerra. 

¿ Qué á mí , si sobre el Istro caudaloso 
Napoleón fulmina , 
ó el anglo , con mil naves orgulloso , 
los piélagos domina ? 

Tú , que en las puras aguas te complaces 
y en abundosas fuentes , 
dulce dio , te pido que me enlazes 
las flores refulgentes , 

Flores cogidas en el fresco abrigo 
de tus sehas umbrosas ; 
y teje de ellas á mi caro amigo 
guirnaldas olorosas. 

Que sin ti nada pueden mis canciones ^ * 
y el nombre de mi Aristo 
llevar quisiera en inmortales sones 
de la aurora á Galisto. 

Cántalo , Musa , tú. La amistad tierna 
es digna de tu lira , 

y un alma dulce , que el amor gobierna 
y la virtud íofspira. 




442 lÍRIGAS 



XVI. 



A EUTIMIO : QUE DISIPE IX>8 PESARES CON EL 

VINO. 

* Inútacioii de Horacio* 

Alaben otros de la sabia Atenas 
el antiguo esplendor, ya sepultado 
en míseras ruinas ; 
ó ya del Ande las avaras minas , 
ó de oro y plata el Méjico abastado ; 
ó el fértil campo y márgenes amenas , 
que esclavizan al Ródano insolente ; 
é la ciudad del Soma floreciente , 
sobre cenizas pérfidas fundada ; 
ó la que entre las ondas levantada , 
del Adria domadora , 
libre se juzga y el placer adora. 

Cuál de Bizancio el elevado muro 
ensalzará , que el Bosforo domina, . 
y cuál el rico puerto 
de Ulisipo , ó al orbe entero abierto 
el Támesis nubloso , ó la marina , 
do pierdo su raudal el Elba puro , 
de soberbias murallas coronado. 
Otros del Rin el valle dilatado 



PROFANAS. 445 

celebrarán y del Danubio errante ; 
y otros del Sena la ciudad trionfante , 
de mudables señores , 
aplaudirán con líricos loores. 

A mí ni el málrgen bello deLPo frío , 
ni del soberbio Tíber las riberas 
me son tan^deliciosas, 
como las puras aguas sonorosas 
del lento Guadairá , y las praderas 
de la bumilde Alcalá , y el bosque umbrío , 
donde de Baco y del amor preciado 
«1 mirto con la vid crece enlasadó ; 
y aquellas arboledas florecientes , 
bumedecidas de perenes fuentes , 

cuyos mansos raudales 

el sabio moro dividió en canales. 
Bien me detenga en su feliz orílla 

el Carona estrangero , ó ya los sotos 

del Nervion florido , 

aquel suelo será por mi aplaudido 

y objeto dulce de mis tiernos yoIm. 

Allí á la sombra de la vid sencilla 

su licor blando la amargura ahuyenta , 

cual súbito disipa la tormenta 

el puro noto , que la mar envía : 

ó cual trayendo el sonrosado día 

la aurora refulgente , 

lanía la nocbe al lóbrego occidente. 

40 




144 I.Í&1CA8 

Olvida / olrida eon el dotc« viao 
tus penas , caro Eutimio , ya te quejas 
de un amor malhadado, 
del Tenturoso Tajo desterrado, 
ó ya los montes de Aqnitania dejes , 
donde te liga el pérfido destino. 
De bárbara discordia el grito horrendo 
y las civiles armas Pen huyendo , 
si páramo desierto ó selva umbría 
contra la tempestad le defendía , 
del viento y la mar brava 
con el henchido vaso se burlaba. 

Y á los tristes amigos les decía : 
« estamos ya en los brazos de la suerte, 
ó amados compafieros ; 
no tan crael será , como los fieros 
que , proclamando libertad , dan muerte. 
Dejemos para nempre la isla impía , 
do su trono ha sentado el fanatismo ; 
y las corrientes del cerúleo abismo 
y el aquilón impávidos sigamos ; 
y un inocente pueblo establezcamos 
en vastas soledades , 
que de la Europa ignoren las maldades.» 

« De mí fiad : bajo seguras leyes 
iguales viviremos y ordenados. 
O amigos valerosos , 
de la antigua Albton restos preciosos , 



PROFANAS. 44$K 

que visteis vuestros campos abrasados , 

teñido en sangre el sdio de los reyes y 

y al execrable nsui^ador infando 

en nombre de la patria degollando, 

¿son mas que aquellos los presentes males?' 

fioy las tristes memorias funerales 

con el vino borremos : ' 

mañana al mar inmenso volveremos. » 

XVII. 

LA SEGURIDAD. 

Traduccioo de Leoaard. 

Si las tranquilas ondas do occidente 
halaga el blando viento, * 

y jugando en las velas mansamente 
las lleva por el húmedo elemento , 

Siguen mis ojos á la nave alada, 
y envidio su ventura ; 
y vierto, ausente de mi patria amada , 
lágrimas de pesar y de ternura. 

De gozo salta el corasen , si suena 
sobre el golfo batiendo 
torcido el remo , y las riberas llena 
de los grumetes el festivo estruendo. 

Quiero dejar las florecientes cimas y 
que circundan mi prado, 



446 LÍRICAS 

y llevar á otrof mares y á otros clima? 
el bien y ei mal de mi inconstante hado. 

Mas caando en alas de aquilón silboso 
la tempestad desciende, 
y laniándoso el rayo tortuoso 
lol encrespados piélagos enciende ; 

Me Tuelyo entonces al 6tü\U> abrigo 
de mi homilde cabana» 
que entre las ramas del laurel amigo 
burla del rayo y de aqnüon la saña ; 

Y esclamo : « venturoso eL que dormido» 
al son del arroyueto , 
ni oyó del mar el áspero bramido 
ni vió su espalda amenaiar al cielo. » 

¿ xvm, 

Ah SUEIfO. 
£& aiMNO DEL DESGRACtADO. 

£1 grande y el pequeño 

Iguales ion lo <p^e les dura el sue&o«. 

Desciende á mi, consolador Morfeo , 
único Dios que imploro , 
antes que muera el esplendor febeo 
sobre las playas del adusto moro ; * ** 

Y en tu regazo el importuna di» 
me encuentre aletargada , 



rttOFÁWAS. 117 

caando trítonCiiite de la niebla umbría 
ascienda al tnmo del oenit dorado. 

Pierda en la nocbe y pierda en la mañana 
ta calma silenciosa 

aqael feliz, qne en lecho de oro y grai^a 
estrecha al seno la adorada esposa. * 

Y d que halagado con los dulces d<mes 
de Pluto y de Citares , 
las qoe á la tarde fueron ilnsienes , 
á la aurora yerá ciertos placeres. 

Ne halle jamas la matutina estrdl» 
en tus brazos rendido 
al que bebió en los labios de su bella 
el suspiro de amor correspondido. 

Ah! déjalos que gozen. Tu presencia « 
no turbe su contento : % 

que es perpetua delicia su existencia , 
y un siglo desplacer cada momento. 

Para ellos nace el orbe colorando 
la sonrosada aurora , 
y el ave sus amores va cantando, 
y la copia de abril derrama Flora. 

Para dios tiende su brillante vele 
la noche sosegada , 
y de trémula luz esmalta el cielo, 
y dft^l amor la sombra deseada. 

Si el tiempo del placer para el dichoso 
huye en veloz carrera , 

40. 



418 LÍfUCAS 

une con breve y plácido reposo 

las dichas ^pie lia goiado á las qae espera. 

Mas a}! é an alma , del dolor guarida, 
desciende ya propicio : 
cuanto me quites de la odiosa vida , 
me quitarás de mi inmortal suplicio. 

4 De qué me sirve el súbito alboroxo, 
que á la aurora resuena , 
si al despertar el mundo para el goto , 
solo despierto yo para la pena? 

¿ De qué el ave canora , 6 la verdura 
*del prado , que florece , 
si mis OJOS no miran^u hermosura , 
y el universo para mí enmudece? 

$1 ámbar de la vega , el blando ruido , 
con que si raudal se lanta , 
¿qué son , ay ! para el triste, que ha perdido,, 
último bien del hombre , la esperansa ? 

Girará tn vano , cuando el sol se ausente , 
la esfera luminosa : 
en vano, de almas tiernas confidente, 
los campos bañará la luna hermosa. 

Esa blanda tristeía , que derrama 
á un pecho enamorado, 
si su tranquila amortiguada llama 
resbala por las faldas del collado , ^ 

No es para un coraxon; de quien ha buido 
la ilusión lisonjera , 




PAOFANAS. 149 

cttando pidió, ^el daacngtBO h^ridoi 
su triste antorcha á la raioa severa. 

Corto el hilo á vaa ao^ba defi?eatar« , 
é tú, sueño piadoso ; 

que aquella^ horas , que tu imperio duía, 
se iguala el infelii con éi diohoso. 

Ignorada de sí yazga mi mente , 
y muerto mi sentido : 
empapa el ramo, para herir mi frente, 
en las tranquilas aguas del ohido. 

De la tamba me iguale tu beleño 
á la ceniza yerta : 

80I0 , ay de mil que. del e torno sueño, 
mas felice que yo, nunca despierto. 

Ni aTiyen mi existoncia interrumpida 
fantasmas yoladores , 
ni los sucesos de mi amarga vida 
con tus pinceles lánguidos colores. 

No me acuerdes cruel de mi tormento 
la triste imagen fiera : 
bástele su malicia al pensamiento , 
sin darle tú el puñal para que hiera. 

Ni me halagues con j^rfidos placeres , 
que volarán contigo ^ 
y el dglor de perderlos cuando huyeres» 
de atreverme á gozar será el castigo. - 

Deslízate callado y encadena 
mi ardiente f antosia ^ 




410 LÍBIClf 

qoe asar libre será para la pena , 
caando me entregues á la laz del di». 

Ven, termÍDa la misera querella 
de un pecho acongojado. 
Imagen de la muerte! después de ella ^ 
eres el bien mayor del desgraciado. 

XIX. 

£L MEDIODÍA. 

¡ Cuan sereno esptendor el sol hermoso 
derrama po| la esfera 
ya cercano al cénit I venció su rayo 
la niebla oscura de la noche fría ; 
venció al euro inclemente , 
arbitro de los piélagos de oriente. 

Y triunfador á la celeste cumbre^ 
cual monarca glorioso , 
asciende al trono de su vasto imperio^ 
Allí su hoguera inestinguible vierte 
en inmensos raudales 
lux y vida á los orbes celestiales. 

Siente el calor enel recinto umbrío 
de la amena enramada 
el rebaño, que trisca alborozado : 
y el pastor, recostado en el lindero 
entre las blandas flores | 
canta con dulce avena sus amores.. 



PROFANAS. ^2\ 

Se esparce por los yalles la vacada : 
en el sereno río 

jogueton salta el libre pezezueb , 
mientras al son de la segur tardía 
de so amorosa pena 
el rudo leñador los montes llena. 

SaWe, benigna luz : celeste llama , 
que el hombre animas, salve : 
¡ coán deliciosa suavidad serpea 
por mis lánguidos miembros ! ¡cuan tranquilo 
en la verde floresta 
me asiilta el sueño de la dulce siesta 1 

Del rayo caluroso van huyendo 
por el soto sombrío 
la mansa oveja y el pastor cansado ; 
y el perro, que espantaba vigilante 
con áspero ladrido, 
bajo el fresco arrayan yace tendido. 

Ven , sueño recreador : ya de sus fuego» 
el sol ardiente inunda 
la dorada mamien del medicMlia. 
Ven : te invoca la sombra del aliso, 
que agita el viento blando, 
y el plácido arroyuelo susurrando. 

Las aves suspendieron los amores : 
solo su tierno arrullo 
la tórtola tal vez del bosque envia. 
Ven , dulce sueño, ven : que recostad* ' 




122 uaiGás 

•obre la verde grama , 

un pecho libre de ambición te llama. 

XX. 

LA VEGETAGIOir. 

Ven , suspirado mayo : ya en las urnas 
De los últimos piélagos de ocaso 
Las Pléyadas Uaviosas se escondieron : 
El hijo silbador del alto pc^o 
Encadenado gime en las Tertientes 
Del Dofre estéril : so la algosa Sirte 
El ábrego inyemal yace oprimido, 
T descendiendo del oelesteToro 
Eliéfíro fecundo, entre las flores 
Rey de la prim^yera se corona. 
A su presencia^el germen escondido, 
Que en su seno abrigó la madre tierra 
Bajo el hielo sutil, robusto brota 
T la llama del ser esparce al mundo. 
Siente el Tiyas impulso el alto cedro, 
Que en las bases del monte palestino 
Afirma sus raises ; y lo siente 
La humilde tricolor, que la yerduri] 
Con su matis recamará del prado. * 
I Qué océano de yida se derrama 




PROFANAS. 425 

Sobre el sediento campo ! el pardo Telo 

Ta desparece, y de brillantes hoja9 

El desnudo frutal su copa viste. 

Fecundidad sonríe, y de sus dones 

El mas pelado risco se engalana , 

Y basta ^ la ardiente arena del desierto 

Súbitas islas de verdura brotan. 

¿Dé está la escarcha, que elevó el diciembre 

En pirámides mil? ya desatada , 

Serpeante arroyuelo, plata y perlas 

Derrama en los arbustos de su margen. 

¡ Cuál vuelan en las alas del favonio 

Las semillas de vida , que otros prados 

Esmaltarán de floreciente gala ! 

{Cuál recibe en su seno la flor tierna 

El polen procreador I Unas alegres 

AI viento y á la luz abren el cáliz , 

Lecho de su placer : otras mas cautas 

Entre el matiz de las cerradas hojas 

Al universo ocultan sus amores. 

Creced , ó hermosas é inocentea flores ! 
Sed del alba delicia y de la tierra 
El mas dulce cuidado : sed del hombre 
El placer, el consuelo y la esperanza. 
El delicado olor de vuestro seno 
Al alto cielo suba, cual tributo 
Del mundo agradecido : la hermosura , 
Sencilla é inocente cual vosotras , 



A 



424 LÍRICAS 

Para adorno del pecho ó de la frente 
A las perlas del Ganges os prefiera. 

Mas oh I ¿ quién debilita los matiz es , 
Que pintaban el prado? el sol impío 
¿Porqué á la rosa en su esplendor temprano 
El pétalo luciente descolora? 
¿Por qué, verdor hermoso, que cubrías 
Las abundantes mieses , Tas dejando 
£1 yástago gentil , y en ruda a^ena 
T en raspa adusta se trocó tu pompa? 
T tú , blando azahar, que de oro y nieve 
Los pensiles atlánticos ceñiste , 
Y á la amable deidad de las praderas 
Colmaste de tn aroma el lindo seno , 
¿Por qué marchito sin honor ni gloria 
Al pié del árbol hacinado yaces? 

Mas ay ! fuerza es ceder, flor desgraciada , 
Al hado inexorable. Sí te adorna 
Del pétalo pomposo la natura , 
No , no es por ti : los rayos fecundantes 
En él se quiebran de la luz : tu seno 
Con sus viyazes fuegos penetrando ^ 
El dulce fmto, que abrigaste, animan. 
Breye es tu edad , y víctima pereces 
Del crudo amor : como el placer humano , 
Asi blando y fugaz pasó tu brillo. 
Mas fué tu vida hermosa. £1 fresco ambiente 
Con tu fragancia saludable y pura 




PHOFANAg. 12S 

Templaste para el hombre : ai hora yaces , 
LagtiniaaB beldad , lánguida y mustia , 
Benéfica en tu muerte , el auave fruto, 
Memoria tuya y de tu amor, nos dejas. 

Hira enál vaga entre montones de ero 
Alegre el labrador, y recogiendo 
El sabroso alimento de los hombres, 
Arrostra e) sol ardiente del estío. 
Hira cnAl corta de la vid frondosa 
los purpúreos racimos : cuál derriba 
Del pistado verjel las dulces pomas. 

Salve , oaturaleía bienhechora , 
Qu« la esperania y el placer del hombre 
Y el adorne del mundo al pnro seno 
J>e las amables plantas confiaste. 
.Salve : jamas del labio agradecido , 
Jamas del pecho , que benigna inspiras, 
£1 himno faltará de tos loores. 



Á 



N 




poesías filosóficas. 



I. 



LA BEITKFlCENGlAk 



Nofltri pan óptima senios. 

Alma beneficencia , ya te canto : 
asaa sonaron en mi acorde lira 
del dios rendado la funesta ira 
y de su madre el Teaenoso encanto : 
asaz en la ribera 

del patrio Bétis aumenté su gloria ^ 
cuando en yoz placentera 
sus flechas celebrando y mi victoria, 
de Emilia los loores 
aplaudieron las ninfas y pastores. 

Dulce ilusión , aunque gozosa , vana , 
que lo mejor robaste de mi vida , 
liaye veloz^ conio la luna herida 
del triunfante esplendor de la mañana. 
¿Qué fuego desusado 




428 POESÍAS 

hierve en mi pecho? ¿qué eentella ardiente 

con brillo regalado 

penetra el seno á mi ofascada mente , 

y de sn horror oscuro 

brota de la yirtud el rayo puro? 

No mas hermoso entre la niebla fria 
del alterado piélago de oriente 
levanta el sol la enrojecida frente , 
padre y monarca del rosado dia ; 
no mas tierna la aarora 
sobre la flor del aterido prado 
su blando aljófar llora ; 
DO mas sereno el záfiro templado 
-dulce calor fecundo 
vierte en los seres del inmenso mundo. 

Salve, luz celestial : fuego escondido , . 
que en este yerto corazón dormías , 
salve : disipa con tus llamas pias 
la ciega oscuridad de mi sentido : 
mi espíritu enardece : 
purifica mis labios : pueda el canto « 
que ya en mi pecho crece , 
si la voz de un mortal alcanza á tanto , 
domar la envidia fiera ^ 
é igualar de los siglos la carrera. 

O mas bien , vuela tú ; y al triste humano 
comunica tu llama abrasadora 
en la fulgente cuna de la aurora» 



• ( 



k. 



FILOSÓFICAS. 429 

y donde hiela el áltimo Océano ; 

ta ardor hermoso sienta 

desde el feroz earihe, qae tranquilo 

de sangre se alimenta , 

baata el esclavo estúpido del Nilo, 

qae á la alzada cuchilla , 

cordero inerme, la cerviz hnrailla. 

Se verá entonces la anchurosa tierra 
en hermánales vincules unida , 
y huyendo de tos rayos pavorida 
su n^ro pabellón plegar la guerra : 
odio, rencor, venganza , 
ínteres , amhicion , copiosos males , 
que dio con la esperanza 
la caja de Pandora á los mortales, 
ya tan infaustos nombres 
solo en la historia aprenderán los hombrea. 

Pálido cae de vuestra impura frente 
el funesto laurel, que la adornaba ; 
y el orgullo infernal, que os animaba , 
postráis rendidos á la luz naciente. 
¿^INb veis la envidia horrenda , 
que el celeste esplendor bramando esquiva \ 
y por oculta senda 
Tertiendo fiera su ponzoña activa , 
huye con raudo vuelo 
é nunca maa turbar la luz del cielo ? 

¿No veis; no veis al ciego fanatismo, 




430 PO£SÍAS 

de su omioom aoUo dernwado « 

cuál gimiendo se lauca despechado 

á la negra mansioii del patrio abismo? 

£1 puñal de Megera 

Ted cuál se escapa de su ardiente mano : 

yeá de su cabellera 

las serpieotee dormir : el grito insano , 

precursor de destrosos , 

oprime ya con pérfidos sollosos. 

Pérfidos y si : que ardiendo en viva saña 
recuerda altivo sus funestas glorias , 
de Merindol y Albiga las victorias , 
y la estinguida hoguera de la España. 
£1 siglo infausto llora , 
que el alma devoró de los mortales 
su antorcha abrasadora, 
y erigió entre nublados celestiales , 
del crédulo esperania , 
el trono del orgullo y la venganxa. 

El libre pensamiento los impíos 
oprimiendo en escura servidumbre , 
consagraron á un Dios de mansedumbre 
de humana sangre caudalosos ríos : 
su bárbara cuadriga 
holló los cetros y el knrd triunfante 
y de la paz amiga 
k dulce rama : el fuego dQvwante ^ 
que sus ruedas abrasa , 



VIUMVFICAS. 151 

yerma el oampo infeliz jpor donde pasa. 

Mas ah ! que ya cesaron los horrares 
del tenebroso siglo de la ira , ^ 
y el abatido monstruo ya enspira 
devorado de inútiles furores. 
T tú , yerto egoísmo, 
que la frente á ios eielos ieraniáste , 
y un imperio en ti mismo 
del universo entero te formaste, 
¿cómo cayó espantoso 
de tu poder el herido coloso? 

Cual sube audaz en las hdadas cimas, 
que el aterido mar del norte bafia , 
de endurecida nieve alta montafia , 
muerte y terror de los pdares cKmu ; 
firme , inmoble y segura 
sufre el eterno sol del Cañero ardiente ; 
la inmensa mole y dura ^ 

opone al rayo de la luz clemente , 
y en su seno acogida 
niega por siempre al fuego 4a la vida : 

Asi en el corazón , que el monstruo fiero 
con su hielo infernal entorpeciere , 
jamas la triste humanidad espere 
restos hallar de su calor primero. 
I Ay de aquel desgraciado , 
que á su interés ó á su placer se atreva ! 
el hierro despiadado 




132 poesías 

ya amenaiaBdoettá. Sin qae le moeTa 

ni el reneor, ni la talla , 

tranquilo en sangro y lágrimas se bafta. 

Furias del Orco , huid : y tú. attor santo, 
padre de cuanto anima y cuanto crece » 
benigno á los mortales resplandece , 
y yier^e al orbe tu apacible encanto. 
La oscura venda deja, 
con que la infiel mudansa te cubría 
y la selosa queja : 

por ella el hombre te llamd algún dia , 
maldiciendo tu imperio , 
placer mentido y torpe cautiverio. 

Las dulces flechas, que te dio natura , 
para esparcir del ser la llama ardiente , 
templa, 6 amor, en la sagrada fuente 
de la ambtad inestinguible y pura ; 
y el amante enlazado 
á la gentil beldad , que lo enamora , 
en lágrimas bañado , 
exclame al despuntar de cada aurora : 
t ¡ destilio venturoso , 
el de hacerte felix , siendo dichoso 1 » 

Tú , divina amistad , del alto cielo 
al mundo, que te implora » ya desciende , 
y en sus heridas amorosa estiend* 
el bálsamo apacible del consudo. 
Gloria de los mojiptales , 



F1U>8ÚFICAS. 435 

salye : tú robas á la humana vida 
la mitad de loa males ; ^ 

y á la breve porción , tal yaz mentida , 
del bien , té sola eres 
quien renuevas los rápidos placeres. 

Contigo la piedad en lazo amado 
temple al hombre los ásperos enojos , 
y el tierno llanto de sus dulces ojos 
calme el llanto, infeliz del desgraciado : . 
asi el blando roció 
el euro entre sus alas atesora ; 
y cuando el soplo frío 
del aquilón los campos descolora , 
con su lluvia templada 
vuelve el ser á la rosa desmayada. 

Mas oh ! ¿ves la bondad , natura , 
que tus inmensos ámbitos domina , 
y entre los rayos de su luz divina 
ostenta pura su inmortal belleza? 
Yo escucho el grato acento , 
que inunda de placer los corazones : 
Yo miro al vago viento 
enarbolar los candidos pendones , 
y su numen sagrado 
el orbe todo venerar postrado. 

Ya , ya la mano al pálido indigente 
tiende benigno el procer : junto al lecho / 
del moribundo en lágrimas deshecha 
ya la piedad el poderoso siente : 




454 POESÍAS 

ya el oro fementido, 

por el que yíó otro tiempo la doncella 

sa limpio hiHMMr Tendido , 

es dote y premio á la modestia bella , 

y con hermosas flores 

enlaia la Tirtod y loe amores. 

Contempla el padre anciano enajenado 
de sus caducos años di oonsuelo , 
y sonríe al festiyo nietezuelo , 
que con gracia inñintil juega á su lado ; 
y en su yejez/diie , 
áltimo rayo de un sereno dia , 
al bienhechor bendice, 
que coronó sus canas de alegría , 
y plácido y tranquüo 
desciende de la tumba al quieto asilo. 

T t6 , jóren beldad, \ cuan dnloemenie 
en la mansión del infeliz suspiras I 
de la sañuda enfermedad las iras 
¡ cuál templa tu ternura diligente I 
] con qué rosas STiya 
las gracias de tu angélico semblante 
la bondad compasiTa ! 
Las ve el Amor ; adóralas tu amante ; 
.y fA premio entre sos brazos 
da á tu piedad oon regalados laios. 

Mas ¿Teis á aquellas almas celestiales, 
que en sus aras reunió beneficenda , 
el seno penetrar de la indigencia , 



FILOSÓFICAS. 455 

y arrancarlo el secretado sos males? • 

I cuál endolsMi piado80% 

de un triste coraion di triste ávéé i 

¡euál brillan generosos, 

de la maldad , que domina!» el síieto , 

enemigos osados , 

para el bien de la tierra ceníurádocl 

Santa conjuración I iodas las genlea 
seguirán tu bandera Tktenoaa : 
prepara ya, posteridad dichosa , 
laurel sagrado á las keroieas frente?. 
Triunfad : el mundo entere 
subyugue el entusiasmo que e» anima ; 
y irolando lijero 

de nación en naeion , de clima en cuma , 
por siempre cante el hombre 
de la yirtud el saeresante nombre. 

Salve , hermosa virtud. ¿Cómo, si dabas 
alma y vida á im ser, no te sentía t 
I cómo en mt sene sin vigor yacía 
la fuerza celestial , que le in^irabast 
Ta sé cual es la fuente 
de aqud vago llorar» que la ternura 
vertió á mi rostro ardiente : 
ya conoico de! bien la emoción pura , 
que el mísero gemido 
tal vez me sorprendió d^ desvafide. 

Renueva pues tus «cuerdas, duleo lira ; 



! 



456 POESÍAS 

y en desusado y Tictoríoso aeento 

aealla el ^to del reo<y>r saogríento 

y la Toi de la muerte y de la ira . 

Rompe el velo sombrío , 

que ocultó al hombre bajo el torpe imperio 

del egoismo impío , 

de su eiistencia el divinal misterio y 

y ensefia á los humanos 

á ser en dulce paz dulces hermanos. 

Que este impulso del bien, que. en su ele- 
á nuestras almas concedió natura , [mencia 
no puede, no , morir; la envidia impara 
él lanzó de la edad de la inocencia. 
El en la selva umbría 

el hombre al hombre unió , cuando entre bre- 
la sociedad nacía : [íias 

él postrando las hórridas enseñas 
del interés inmundo, 
los Gasas y los Pen produjo al mundo. 

Instinto natural , allá en el seno 
del hondo corazón yace escondido, 
do el orgullo y el vicio fementido 
lo aduermen con sn plácido veneno ; 
mas cuando el torpe encanto 
rompe una vez de la infernal. cautela, 
por donde el rojo manto 
fstiende Febo , generoso vuela , 
y estrecha blandamente 



k. 



FILOSÓFICAS. 457 

laxo bienhechor la humana ¿[ente. 
'Asi del claro sol destello paro, 
en tímida centella trasforraado , 
entre sos densas lámmas trabado 
encierra el pedernal inerte y daro; 
mas si actÍTo el acero 
faena á mostrarse la encubierta llama , 
con ímpetu lijero 
sobre el pábulo breve se derrama y 
y crece y es hoguera , 
y al Alpe y á Pirene consumiera. 



il. 



LA BOlfDAD £S NATURAL AL BOMBU. 

¿Quién fué, quién fué el primero , 
que á la crédula gente dijo impío : 
• despeñado por lúbrico sendero 
se precipita al mal westro albedrío , 
y hechuras de una imbécil ProTidencia, 
el crimen y el dolor son vuestra herencia? » 

Quién fué? ¿que en torpe olvido 

de la virtud sencilla é inocente 

el siglo sepultó? ¿ que asi atrevido 

del pecho humano blasfemó insolente, 

y calumnió con pérfida impostura 

igualmente al criador y á la criatura ? 

42 






m VOESÍAS 

El ayerao fiáhmáo 
lo abortó en toa forores sobre el suela 
para tender al eagaMado mondo 
del atroz fanatinno el eie^ v^ , 
ó porqué pueda saneioner impta 
sos crímenes la adusta tiranía. 

¿Male el bemWe, insensato? 
corrompido en su ser ? De la increada , 
de la eterna beldad TÍiño retrato , 
en quien el sacro origina se agrada , 
¿solo un monstruo será , que borrar lospira , 
prole de maldición , bijo de ira ? 

T ¿por qué en su semblante 
la dukura y bondad impresas lleva? 
¿ por qué la vista noble y radiante 
al alto Olimpo generoso eleva , 
como buseande annoeo é impaciente 
de su origen la euat refulgente? 

¿Quién á su peeho ba dado 
este instinto de amor, qued bombre Kga 
al bokibre en sociedad ? ¿ quién le ba easellade 
en las deüciaa de la pai aañga 
á dividir con los demás mortales 
la berencia de sus btcnes y sus males? 

¿De dónde el tierno ttanto, 
que , sí ve al infeKs , su rostro baffa ? 
De dónde de la patria el amor santo ? 
la piedad paternal ? ¿ la justa saffa , 



FIL09ÓS1CA5. 459^ 

«pie brota ea los air^idot coFaiones^ 
si el despotismo arbola sus peiuloiies? 

Bueno naco y hormoso 
el almo ser, iMBor de la natim ; 
y aun entre el llanta acerbo y dolonao , 
que en su aiSex le arranca la amargura , 
brilla en sus dokes labios pura y Usa 
de la bondad la angélica sonrisa. 

T luego jóTen siente 
la activa llama del amor saaT«, 
y eternizando su existencia ardiente, 
como de Arabia la insepidta ave^ 
BueYOs seres prodoce al dan> dia , 
antes que yaga sa ceniza fria. 

Y en regalados laios 
la dalo* prole sa cariño paga , 
á sn cuello estrechada y á sus braios : 
sustenta protector, plácido halaga ; 
y en perpc^o solav tranqsilo espera 
el fin fonoso á su f<dic carrera. 

Tal es el hombre, euando 
ni la opresión ni el fanatismo infpú> 
ibrma en las tierras ambicioso bando ; 
libres las almas del furor voft^ano, 
que á temblar y á matar las arrebata^ 
y tiembla el necio y el malvado mala- 
Tal es el que cantaste, 
dttlce Vii^o , tú , cuando tendtd 




440 tombías 

al pié de umbroM haya le tnirasti» 
en apacible» ocioa divertido , 
ensefiando á ]p8 ecos femidorec 
el nombre de sa betta y los amores. 

O bien mas yírtooso 
el qae y\ó en las helTéticas montañu 
Gésner snbKme de aquilón silboso , 
del hielo agudo despreciar las saias^ 
y en medio á la selvática natura 
aras aliar al dios de la ternura. 

Así del Enmanto 
vagó el hombre feliz por las riberasv 
sonando eterna pas en blando canto 
el eco de las.ménalas praderas , 
cuando olvidados bélicos furores , 
dio Arcadia el cetro á candidos pastores. 

Y aqndla edad dorada 
desconocida en la sangrienta historia , 
mas cuya grata imagen lastimada 
la humanidad conserva en su memoria , 
y que pintaron en el suelo ibero 
el tierno Feoelon y el sacro Homero. 

Las riberas del Bétis 
feliz la vieron en virtud sencilla ; . 
y el gaditano mar, ddnde de Tétis 
cayendo al gremio el sol, último brill», 
á la codicia , á la ambición armada 
I ay , breve tiempo f defendió la entradaw 



waxjááncÁS. 4%{ 

La infame sed del oro 
y el amor del poder eafurecido 
de saogre hamana y de inoceq^e lloro* . 
bañó el misero saelo entristeeido , 
y en los vestigios de la choza pía 
sus palacios alzó la tiranía. 

Y luego le?antando 

la adulación su fementido aoento , 
del cielo hizo bajar el regio mando , 
santificando al opresor violento ; 
y á un eiecrable y bárbaro asesino 
proclamó. imagen del poder divino. 

Gritó entonces arlara 
la vil superstición : « tristes humanos, 
sufrid y obedeced : si brilla fiera 
la dura espada en homicidas manos ,^ 
sufrid : nacisteis todos criminales : 
asi Jove castiga á los mortales. » ^ 

Y asi fué esclavo el hombre , 

y asi malviido fué. Su^genio ardiente 
buscó en la guerra el ínclito renombre : 
surcó los mares la perversa gente , 
y á sus reyes y dioses imitando , 
la triste humanidad fué destrozando. 

¿ Qué fuerza bienhechora 
Tolverá al hombre su bondad nativa? 
que del ardiente golfo de la aurora 
basta do hiela Cinosura fría 

42L 



142 rasiíi» 

el poder, la maldad y la impostora* 
8tt sagrado carácter desfigura. 

Vosotras j^onsagradas 
cimas á la YÚrtud , la hnraaiia méate- 
fbrmád piadosas : caigan las lasadas^ 
que el fanatismo le eifió inclemente ; 
y libre la feréis , noble y gloriosa 
lanzarse al bien , que conocer no osa^ 

T si yace oprimida 
de la verdad la tímida centella ,. 
cual suele entre la niebla denegrida , 
qne exhala éí mar , la vespertina estrel^ 
romped heroicos con potente roano 
el torpe hechizo al ^razon humano. 

¿ Dónde el alma sublime 
está , que el fuego sacrosanto inflama , 
y que del hombre el infortunio gime?' ' 
Nazca ya al mundo k encubierta llama ,. 
nazca ; y en mil incendios esparcida , 
siempre de la l^ondad la hermosa tidai. 



FILOSÓVIGAS. f4S 

m 

liA AMISTAD. 

¥b ángulo me JiasU entre mis lare^. 
un libro< y un amigo» 

£1 himno santo de amistad rebosa 
de mi inspirado. seno : 
ۇ., celestial yirtud , mi numen eres. 
Resuena audaz , ó lira ; un nueyo modo 
y desusado emprende : el fuego ardiente ^ 
que al pítico canfor dispensa Febo , 
y el sabio desvarío , 
que derrama en los yates Hipocrene> 
son hielo y niebla junto al fuego mió. 

Brote la yoz del corazón : resuene 
en tiernos corazones , 
asilos tuyos, ó amistad. — Respondan, 
cna( flébil eco €lli la repuesta gruta. 
Aquí tienes tus aras , aquí tienes , 
deidad oculta, víctimas y templo. 
Aquí la espada impía 
no alcanza , ni la astucia del inicuo , 
ni el furor de la a^ada tiranía. 

Lejos, profanos, id. Allá os aguardan 
ooB. la ambición sañuda 



144 POESÍAS 

la maldad y el cruel remordimiento». 
Paes lo qneréis, sed infelices. Niegut* 
á vuestro helado pecho sus ardores 
el sol de la amistad ; y en pos corriendo 
de pérfida esperanza , 
al fiero numen erigid del mando 
el altar de la envidia y la venganza. 

O al cenagoso piélago lanzados 
de sórdidos placeres , 
á Venus sin amor , sin dulce risa 
á Baeo invocaréis ; ó ya de Pluto 
el don aciago anhelaréis sedientos : 
todo lo gozaréis , menos la dicha ; 
la |licha , hermosa herencia , 
que á un tierno corazón el cielo guarda , - 
hasta entre el polvo vil de la indigencia. 

Para el amigo pecho reservaste , 
benéfica natura y 

tu inexhausta belleza. ¿ Qué es el canto 
de las pintadas aves , si mi Eutimio 
conmigo no lo oirá? ¿ qué e&la verdura 
del fresco valle, el nácar de la aurora , 
ni el austro enaiQorado , 
que halaga el blando fteno de las flores , 
si á gozarlos sin ti soy condenado ? 

Brilló hermosa la tierra ^ brilló el ciela 
al feliz hombre , cuando 
trasmitir pudo su emoción suave 




FILOSÓFICAS. 44$ 

«n otr« coraiou. La pura fuente , 
que por floridas márgenes resbala , 
la blanda luí de la argentada luna , 
los astros, que salieron 
bajo su imperio á embellecer la esfera , 
emblemas del amor entonces fuero». 

Y la mujer divina, cual descueUa- 
la rosa nacarada 
entre las bijas del abril florido , 
las tiernas gracias y el pudor mostrando , 
de la beldad se coronó por reina. 
Arde el hombre á su yista , y de su seno 
▼iya llama desprende : 
Uama fugas , que muere dando vida , 
7 que de nue?o la amistad enciende. 

¿Quién consuela, infelife moribundo, 
ttts últimos instantes? — 
£1 caro amigo, en cuyo seno espiras. 
¿ Quién el pecho ulcerado , que lamente 
la ingratitud y la perfidia , vueWe 
al amor de los hombres? — El amigo , 
que le guardó eonstaate 
su coraxon ; y ni el sañudo hierro , 
ni del tirano el cetro fulminante 

Aterró su lealtad : sube animoso : 
al fiero cadahalso , 
y con su muerte ilustre lo ennoblece: 
rompe muros, escuadru atrepella, 




146 toaUa 

•rroatra el gnih 7 mi indooiiUe furia, 

tBdax ae entrega á I» ungrieaU ufii 

del bárbir» enemigo, 

denodado acomete al minM averno , 

por dar la Wda i ni adondo «migo. 

1 Cuan grata de mi rápida eiistmcia 
duplica Im plaeerw 

el alma amante , que en m¡ bien te goii f 
i Cuál consuels mia lágrímu el llanto , 
conqoereapondeámiafliwáool ¡Cuálird» 
en mi pecho, ó virtud, tn «anta fuego, 
cuaodo tu aunlt miro , 
Eutimio amado, al iafelin aU«rta , 
y eu pena halagar eoa tn «Bipiro ! 

No e« tan dolca al cansado caminanla-, 
ti la e ■ * 



wnció ó el hielo de la awnbre alpina , 

complacida vagar por los penñiea 

del «aegado Po . como i tu Aníriro , 

del crimen fatígads y de loe hombree , 

hallar en ta abna para 

•I no violado é inocente aailo , 

do añídanla tíHmI y h ternura. 

Fulmina, « Jove; agote el inibrtnni» 
«onlramiinarigorea: 
persígame el poder : gravo mis día* 
korrenda {HVMrípdon : mégaeme esquiva 
•»s dona» d amor : derrame d fieb 



TILOSÓF1C4S. 4>fT 

^bre mi sus inceadioi devorantes ; 
fio verás á Iss Áf^e^ 
mi labio abrirse, ni al dolor mi peeho^ 
si un dulce amigo en la piedad me dejas. 

Hijos de la amistad , almas queridas , 
abrid los tiernos brazos 
y el blando seno al amoroso vale. 
Vosotros sois mi bien y mi tesoro : ^t 
I qué es sin vosotroa el vivir? si un diar 
perderos debe el desgraciado Anfriso , 
entonces , Parca impía y. 
su existencia , ya inútil y -enajosa , 
lanxa al aUamo de la tamba fha. 



IV. 



Ah MISMO ASUNTO. 

¿Dénde, santa amistad, tu pora Uama 
anima ¿ los mortales? ¿ qué dichoao 
clima ilustra ta rayo generoso, 
ó en €uál región tu fuego se derrama? 
¿ en qué pueblo el luciente 
Febo de cuantos dora 
de la remota aurora 
basta do muere el dia , 
oye aclamar tu nombre dulcemente 
en bimnos de alaria? . 




44S toesíás 

Tú del piadoso cielo fuifte dada 
al mando, y con to inflojo soberaiiO' 
en grata pai el Tentoroao humano 
goió loa años de la edad dorada. 
£1 odio enfurecido 
y el interés inmundo 
aun no el Orco profundo 
lansara sobre el suelo; 
y títíó el hombre con el hombre unida, 
digno de ti y del cielo. 

Mas oh ! cual leve sombra el inocente 
siglo pasó y el tiempo afortunado : 
la negra envidia el hierro'despiadado 
puso en la mano á lal^se&eilla gente : 
viendo brillar su filo 
eontra el inerme pecho , 
de tu altar , ya deshecho , 
elevas temerosa, 
el presto vuelo , y al celeste asüo 
te refugias llorosa. 

Hija de lar virtud esclarecida , 
oh! vuelve, vuelve al olvidado trono, 
que profanó el mortal, cuando el encono 
tifió en sangre su misera guarida : 
vuelve y la infanda guerra ' 
doma y la triste ii:a : 
tu suavidad inspira 
en tiernos corazones , 




FILOSÓFICAS. 449 

y adore ya feliz la innaensa tierra 
tus Cándidos peodones. 



V. 



LOS SENTIMIENTOS DE LA HUMANIDAD NO 
SON INCOMPATIBLES CON LA PROFESIÓN 
MILITAR. 

A den FranctscQ Ja»%er de Hore* 

Fietate insignis et armis. 
VniGiL. 

De la hervorosa Sirte se desata 
borrible tempestad : la luz serena 
oscurece del sol y enluta el orbe : 
el rayo brama en la encendida nube, 
y rasgándole el seno , 
su rápida carrera sigue el trueno. 

Las cavernas retumban : los peñascos 
estallan con fragor : vuelcan los rios 
embravecidas ondas : las arenas 
revuelve el mar sobre la adusta playa ^ 
y los tristes humanos 
alzan al cielo trémulas las manos. 

Ese terror universal que sienten 
hombres y fieras , el sañudo silbo 

13 



A 



430 MESÍAS ^ 

del noto asoladop, la densa UuTia 

que las campiñas cubre, ¿ anuncia al monda 

su destrucción postrera 

y de un airado Dios la saña fiera? 

No : ya el veneno de la peste actiyo , 
que en los calmados victos escondia 
el ot<¿o febril, consume d rayo : 
ya con sus fuegos cárdenos renueva 
el caluroso ambiente , 
y templa el alto sol del Sirio ardiente. 
Y esa incesante lluvia , que amenaza 
de la affigida Pirra el triste siglo , 
y aquel torrente , que el riscqpo margen 
vence soberbia y aciJmete el campo , 
é la estación florida 
preparan ya 'los gérmenes de vida. 
Sí, mi Javier : la próvida natura 
ligó alíoraoso mal el bien suave. 
Bajo él estéril bielo crece oculta 
la espiga del abril : al seco estío 
los pUcidos aromas 
' debe el frutal y las sabrosas pomas. 
De esas montañas áridas , reliquias 
volcánicas del glpbo , monumentos 
de destrucción y ruina, se despeña 
sembrando vida en la llanura el rio. 
I Quién , sino el mar sañudo , 
dar libre paso á otro hemisferio pudo ? 



k 



FILOSÓFICAS. 451 

Maldiga el de&cado ciudadano 
la adarga y hiisa del brayoso Marte : 
cargue de eieeracioB aquel primero , 
que en breyes tubos encerró la muerte , 
y con industria fiera 
el rayo abrasador robó á la esfera. 

¿ De qué fuerza sin él contra el impío 
la sociedad se armara? ¿ quién pudiera 
de la ajen^ ambición yirir seguro? 
I Qué no osara la iníanda tiranía , 
si su íufii tmáwñ 
no contuyiese espada vengadora? 

El tranquilo placer que goza el bombre » 
ya babiV^ fes palacios, donde brillan 
la púrpura y el oro, ó retirado 
al seno de Minerya , 6 bien le cubra 
techo do humilde paja ; 
debe al guarrero , que imprudente ultraja* 

T si cual suele el espumoso río , 
minado el dique, la enemiga hueste 
por Jas campiñas patrias se derrama , 
de su indiscreta compasión entonces 
el áspero castigo 
ye de la humanidad el necio amigo. 

T ¿no es humanidad* la duke yida 
por la patria entregar? ¿quién mas piadoso, 
que el que defiende de opresión injusta 
matronas , niños , jéyenes "y ancianos, 



•J52 POESÍAS 

y el incendio y la muerte 

contra, el inica<y osarpador conTierte? 

Hiere , sí ; mas trasquilo el caro hermano 
descansa en brazos de la dulce esposa : 
mata, y el suelo tiñe en roja sangre , 
y espiga de cadáveres las lindes ; 
mas de feroz violencia 
florece libre la paterna herencia. 

Y si tal vez el enemigo fiero 
las armas rinde á su valor , olvida 
que fué enemigo , y le socorre hermana # 
nunca hirió noble brazo al abatido , 
que su piedad reclama , 
sino al soberbio , que á la Hd le Dama. 

Así modelo á la futura gente 
de valor y piedad miró Sicilia 
al gran Timoleon , cuando á los maresr 
medroso huyendo, y derrotado el peno, 
su libertad amada 
gozó de Géres la feliz morada. 

Justa cuanto horrorosa fué la prueba , 
que á su austera virtud pidió el Destino ; 
que en sangre fraternal manchó su patria , 
jmas sangre de uil tirano. Agradecida 
la ciudad de dos mares 
al fuerte vengador erige altares. 

Dios del Corintio fué : mas ay 1 crinada 
de víboras la Euménide sañuda , 



FILOSÓFICAS. 4S5 

ante sus ojos gira r ye tenido 

de rojo hnmor el pro&nado techo ^ 

y huye á climas lejanos, 

ya endurecido á castigar tiranos. 

Ofrecióle la altiya Siracosa , 
Hbertada por él, cetro y diadema : 
diadema y cetro ademan la indignada 
del fiero hermano macilenta sombra ^ 
qne de tíI tiranía 
odiosa imagen le persigue impía. 

Y dice : « ¿por qué pues, yerto cadávev 
allí á mi acento Tengador caíste? 
¿por qué yace á las fieras desperdicio 
desde la infaifsta Escila al Lilibeo 
el bárbaro africano ,. 
si el yugo ha de oprimir alstriste. humano? »> 

« No : depongo el acero. Alzarlo manda, 
la humanidad sobre el feroz maWado , 
que pide la corona y grita al hombre : 
•esclavo sé. Deber tan doloroso 
ya dejé satisfecho , 
y destrozó» infeliz! mi tierno pecho. » 

« Brilló la libertad , basta la sangre : 
j eterna maldición al que leyanta 
sobre hacinadas míseras ruinas 
con hierro y llama en soledad horrenda 
su injusto poderío , 

y se atreve ¿ decir : él hfmhre es mió. » 

43. 




154 voesías 

« Doliente hiAnánidad ! la laiua agada 
yibraré solo en ta defensa. Amigos, 
so se dirá que al sanguinoso solio 
subió Timoleoa; ó que por tierra 
tanto muro postrado, 
tanto cuerpo de fuertes destrocado » 

« Sirtió solo á mi orgul}o. En este asila 
lamentaré la Tíetima , que el cielo 
é inmolar me obligó. Goze Trinacría 
la dulce libertad ; y si algún dia 
la amenata un tirano , 
pronta á vengarla encontraréis mi mano. ■ 

Dijo ; y el templo augusto de la fama 
le abrió las puertas de oro. Tá, que aspiras, 
al sagrado laurel ; tú , á quien ya yieroin. 
|vódigo de tu sangre las riberas 
del lento Guadiana , 
despojo á la ambición gala y britana ;- 

Y ansioso del peligro y la pelea 
de noble intrepidez modelo fuiste ; 
no pienses quo por la áspera carrera? 
del fiero Marte encontrarás la gloria , 
si su furor violento 
no templa la piedad con blando aliento. 

Valor y humanidad ! almas sublimes, 
que oprime , mas no abate el infortunio ,. 
almas nobles, defensa de la patria , 
cuando la patria en su deJTensa os Uame ,. 



viLttséncAS. 455;' 

mientras yaee «l?idada 

«Q ocio ingrato Viiestra ín?ieta espada ; 

Amad al hombre y sooorrédle. Un dia 
ménoil seyero os mirará el Destino ; 
y si tal vez á la espantada tierra 
lama Belontf el grito de la muerte , 
on eorazoii piadoso 
sabréis llevar al trance riguroso. 

¡ Con qué placer te miro , dulce amigo, 
levantar puro las augustas aras 
de la santa virtud para los hijos 
del implacable Marte! f cuan gozoso 
entre su grito horrendo^ 
la voz de la piedad estoy éyendo! 

Vuela , akna generosa... De furores 
fiicil es inundar la tierra , fácil 
verter de sangre caudalosos rios : 
la grande empresa, y ardua y solo digna 
de un corazón sublime , 
es consolar la humanidad , que gime. 

VI. 

LA MASÍílIÍA. 

Rompe la niebla el sonrosado dia 
del apacible oriente , 
y sobre el golfo de la aurora fria 
renace el sol ardiente. 




4 no* POESÍAS « 

Por los inmensos prbes se derrama :^ 
la natura adormida 

» 

siente el calor de su celeste llama , 
y ser recobra y YÍda. 

Que si robó la luz al triste suelo, 
la nocbe silenciosa , 
cuando mostró sobre el cénit del cielo 
su frente pavorosa : 

Hora lanzada al piélago de Atlante 
el reino de las boras 
te cede, astro del dia rutilante, 
que la tierra enamoras. 

Ya el pajarillo por la seka umbría, 
salta en lijero Yuelo : 
los grillos rompe de la nieve fría 
el tímido arroyuelo. 

Abren su cáliz las nacientes flores, 
y zefiríllo osado 

les roba en mil balsámicos olores 
el beso regalado. 

Todo es beldad : basta el breñal riscos» 
verdura y rosas mana : 
basta el pantano estéril de oloroso 
junquillo se engalana. 

Caro Melanio, y tú , de las pastora»^ 
dulce Aristo, cuidado, 
venid : gozad tan deliciosas bora» 
con vuestro Anfriso amado ■ 



FILOSÓFICAS. i57 

Qae así del cielo la piedad hdaga 
los míseros mortales, 
y con placeres fáciles les paga 
los no evitados maks. 

¿Por qué engañado en pos de sa1<Hmento 
anhela el hombre insano, 
cnando naturaleza á su contento 
brinda con larga mano? 

¿Quién recostado al pié de los lácrele»^ 
que agita el manso viento, 
envidia los magníficos doseles 
del pérsico aposento? 

¿Quién el templado ambiente respirando 
y el ámbar dfi la vega , . 
sueña en las glorias del funesto mando 
y á la ambición se entrega? 

Jamas en débil leño oyó el bramido 
dd piélago inclemente 
quien se adurmió una vez al blando ruido 
de la emboscada fuente. 

Otros se ciñan el laurel sangriento- 
del bárbaro Gradivo ; 
f bajo tecbo rústico el contento 
me halague á mi festivo. 

Abre^ natura , á un alma , que inspiraste , 
tus brazos bondadosos. 
Soy hombre : ít ser dichoso me formastej 
y á hacer á otros dichoso». 




"x 



158 POESÍAS 

VII. 

A ALGIlfO. 

initaeioD de HoraciOi 

Hayo la nieve fría r 
cobra d eaoipo su yerba , el emkiaiie 
árbol su copa umbría : 
ya menguado el torrente 
besa humilde la margen flereeieate. 

Hora que el verde manto 
tiende sobre los valles primavera, 
al son de dulce canto 
va la mnfa lijara 
bechizando con danza» la prad^a. 

Mas nadie, Alcino, fie 
del sol alegre y el templado viento ; 
si hora favonio rie, 
el estío sedÍMito 
le lanzará de su florido asienta 

Para morir, apenas 
vierta otoño pomífero sus dones 
en las selvas amenas ; 
y luego en los peñones 
rebramarán los crudos aquiloRes« 

En alas de las horai» 



FIliOSÓFIGAS. 49^ 

rapidísimo el año se desprende; 
mas de abril bis auroras 
toman , si Febo asciende 
al rojo Toro, y el eenit enciende. 

De enero las ruinas 
may» aliyia : nosotros, si pasamos 
las puertas diamantinas 
de Aqueronte, quedamos 
polvo y sombra, y al .ser jamas tomamos. 

Que no, Alcino, á mis braios 
te Yolyerán de allí la dnke lira , 
que entre pampineos lazos 
blando placer suspira , 
ni la santa piedad, que en ti respira. 

No de aquellas mansiones 
Gintia pudo librar su alumno amado ! 
las tartáreas prisiones 
de Pinteo osado 
romper á la amistad no lefué dado. 

Goza, goza la hora, 
que aunque fugaz , benigna se te ofrece : 
de la Parca traidora 
te burla , y fayorece 
al desvalido, que á tu umbral fallece. 

Cuanto plaeer gozares, 
cuantos bienes con mano generosa 
al pobre dispensares , 
lo aumentas á la herínosa 
yida , y lo libras de la tumba ansiosa. 




160 POESÍAS 

VIII. 

« 

A LA SABIDURÍA. 

Traducción libra de Kidikrdflon. 

Ya el ave d« la noche 
deja el oscuro albergue, 
donde esquÍTó del dia 
la lumbre refulgente ; 
y en tanto que las horas . 
beleño al mundo vierten , 
entre las densas nieblas 
sus negras alas tiende. 
Con apagado canto 
los Tientos ensordece : 
á meditar convida , 
] y el necio vil la teme ! 
De Palas atenea 
aDflor, salve mil veces : 

vo al aviso severo 

• 

de tu voz pbediente , 
del templo , do sus aras 
tu augusta diosa tiene , 
en la callada noche 
saludo los dinteles. 
Guando la hermosa luna 
3u blanda luz estiende; 



FILOSÓFICAS. 4 6^1 

y la ilusión mentida 
del mundo desparece ; 
ni la ignorancia osada 
fingir colores puede , 
que con doloso brillo 
el pensamiento cieguen ; 
entonces ¡ cuan benigna 
del q|i.e á implorarla llegue, 
el silencioso voto 
aceptará elemento! 
Minerva , ¡ ob tú, del hombre 
alivio dulce siempre ! 
¡ ob delicioso origen 
de Cándidos placeres t 
En tus divinas aras 
mi humilde ruego suene , 
que de ambición esento 
el corazón te ofrece j 
y de la luz guiado , 
que grato me concedes y 
á mas dignos objetos 
aspiro noblemente. 
)So el mando suspirado , 
no del Gfír los bienes, 
no la flor venenosa 
codicio de Gitéres ; 
del humano deseo 
ridículos juguetes, 

U 




t$2 poesías 

son para el necio dichas , 
y enTidias para el débil. 
A mita santa Ilamf 
benévola desprende, 
que la imnortal belleza 
de la TÍriad me mneslre : 
los menstmos estermine 
y la tiniebla ahuyente , ^ 
que del yiyir la senda 
infestan y oscurecen. 
De un pecho poro dame 
la alegría inocente, 
y que tu ley ^TÍna 
en mis afectos reine. 
Marchita edad tirana 
las rosas del deleite , 
y á ser polvo en la tuínlki 
aprenderán los reyes ; 
mas con verdor etenio 
prosperan tus laureles , 
ni del tirano olvido 
la odiosa mano sienten. 
Tú el corazón del sabio ^ 
benigna fortaleces 
para arrostrad del Tulgo 
las mofas insolentes } 
por ti al malvado Iraye , 
no empero le aborrece : 



FIU)SÓFIGAS. 463 

^6 la maldad se indigna, 
del vieio se Gondiidle. 
Salve : si tú lo aniíDas, 
veneer mi pedio paede 
del hombre la injosticia , 
las ira9 de la suerte. 

IX. 

A BERILO , ROGÁNDOLE QITE VUELVA AL BETIS 
A LOS BRAZOS DE ST7S AMIGOS. 

Asaz de nieve y hielo 
el monte su eerviz mostró cahierta : 
asaz del crudo cielo 
la campiña desierta 
sufrió el granizo destrozada y yerta. 

£1 noto proceloso - 
despoja á abril de su florida gala ; 
y 8Í0>ando horroroso , 
la mies naciente tala ^ 

f el fuerte roble coa la tiertra iguala. 

Al claro Bétis vimos 
ceñuda levantar la ovosa frente , 
y los troncos opimos 
en su rauda corriente 
llevar al dios del húmido tridente. 

Las miseras cabanas 



\ 



^ 



464 poesías 

del cierzo y de la lluvia heridas yacen; 

y al pié de las montanas 

malignas yerbas nacen , 

que los hambrientos corderillos pacen. 

€on dolorido llanto 
el pastor sns mejillas humedece : 
el tardo buey en, tant» 
bajo el yugo fallece, 
y el ganadillo trémulo fenece. 

¿ Cuál dios y ay desventura I 
invocarán los candidos pastores ? 
tú y Pan , de la espesura , 
que con tus ninfas mores, 
sal coronado de espadaña y flores : 

O tú , que del ganado 
defensa y de las rubias mieses eres , 
ayl sobre el yermo prado , 
benigna madre Géres , 
la abundancia derrama y los placeres. 

Mas tú á nuestros ejidos , 
dulce Berilo , ven : el cierzo fiero 
templará sus bramidos , 
y el mirto placentero 
florecerá en las faldas del otero : 

Que la amistad divina , 
de los pesares dulce encantadora %^ 
la tristeza termina , 
y halaga, cuando llora . 



FILOSÓFICAS. «163 

y disminuye el mal y el bien mejora. 

Al aherrojado Orésies 
esento de temor Pílades vino ; 
y ni aceradas huestes , 
ni el suplicio yecino , 
ni del tirano el pecho diamantino 

Su espíritu aterraron : 
desciende al calabozo, y dulcemente 
sos pechos se adunaron ; 
y templo refulgente 
fué de amistad la cárcel inclemente. 

Dejó en aquel momento 
libre á Oréstes la Erínis Ycngadora 
y el azote cruento : 
ni la Yoz gemidora 
resonó de la adúltera traidora. 

Al reino del espanto 
Alcides por su amigo descendiendo , 
el sempiterno llanto 
cesó y y el ronco estruendo 
y del trifauce Can el grito horrendo. 

X. 

LA VIDA HUMANA. 

¿No ves, Fileno, en la florida espalda 
De aquella umbrosa sierra y eminente y 

44. 




4C6 POESÍAS 

€omo un hilo ée plata eatre asmeralda^ 
ffyceT bullendo imperceptible fuente ? 

Y ¿cuál resbala por la heriiosa faMa 
Tan tenue y fugitiya su corriente y 
Que del aura sutil aun no es sentida f 
Así comienza nuestra frágil vida. 

Vela después, cuando segura pisa 
Del primer llano el floreciente sudb y 
Gon otras varias en alegre risa 
Ta convertida en plácido arroyudow 
Ora por lo» declives baja aprisa 
Buscando el valle coa risueño anhdo r 
Ora lenta , la selva circundando , 
Con las flores del uaárgen Vá jugando. 

O bien, ya mas audaz , por la cascada 
Se precipita á la profunda umbría , 
Donde entre densas nieblas asembradá ,. 
Al prado sale á ver la Ins ddb dia. 
Deslizase del susto ya olvidada , 
Siendo del campo hechixo y alegría , 
Sobre alfombras de nácar, oro y grana, 

Y es viva imagen de la infancia humana^ 
Mírala luego montaraz torrente , 

Su caudal con las" lluvias aumentando, 
ftue veloz, atrevido é itapacieñte 
Por pedregosos valles va sonando : 
Apenas sufre ni el marmóreo puente , 
Ni el margen; que acomete rebramando>. 




FILOSÓFICAS, t 467 

Ni el firme roUedal de su ribera , 
Ni el monteque se opone á sa carrera. 
¥a llega á la escarpada catarata , 

Y sin mirar sa riesgo, obedeciendo 
Al impeta , que ciego lo arrebata , 
Se lanza á los abismos con estruendo : 
Tace entre espumas de nevada plata 
Aprisionado su furor gimiendo ; 

Y las ondas, al viento abandonadas , 
Tifie el sol de colores variadas. 

Mas ya del hondo páramo se eleva 
Sobre el risco musgoso , que lo ataja ; 

Y á la campiña , que de pompa nueva 
Vistió el mayo gentil, airado baja : 
Redil y chozas por delante lleva , 

Y Ja encina firmísima desgaja ; 

Y templado Jamas y siempre altivo 
Es de la juventud retrato vivo. 

Allí aumentado á caudaloso rio , 
La estendida llanura dominando , 
Por los ribazos de su margen frío 
Con majestad tranquila va pasando : 
No le amedrenta ni el sediento estío , 
Ni el sol , que le amenaza fulminando ; 

Y sosegado en su feliz carrera , 
Mengua no teme y crecimiento espera. 

Mírale con qué orgullo desdeñoso 
Recibo los tiibatos ; qne á porfía 



468 POESÍAS 

Jje rinden, ya el torrente impetuoso , 
Ya el manso arroyo de la seWa umbría : 
La ribera, que el valle delicioso 
Con raudal apacible florecía , 
Pierde su nombre, y en sonoro estnmdo 
Por el cauce fatal entra gimiendo. 
Más adelante otro soberbio baila 
Tan audaz, tan y aliente y tan crecido 
Opuesto en su ¿amino. Undosa valla 
Alzan l^s aguas : dóblase el bramido : 
Disputan en acérrima batalla 
De quién todo el caudal irá regido : 
Vence, é hinchado la corriente eleva, 

Y esclavizado á su contrario lleva; 
Ingrato al bosque amigo , que acopado 

Le adornó con sus sombras placenteras^ 
Pérfido al muro, que besó humillado 
Cuando apenas llenaba sus riberas, 
Bate^ si crece, el torreón alzado , 
Los troncos vuelca, inunda las praderas : 
No hay ley, no hay freno, que su furia atajen, 

Y es, mortal, de tus vicios triste imagen. 
Mas ya su curso en pasos tortuosos 

Quiebra lánguido y débil : mil corrientes, 
Que van á herir los márgenes limosos , 
Parten su fuerza en pequeñuelas fuentes : • 
Aquel caudal, que muros generosos 
Combatiera y ciudades florecientes ,. 



FILOSÓFICAS. 469 

Es solo inerte masa y estendida » 
Al soplo de los Tientos sometida. 

Ya, aunque indigfnado, ye que lo reprimen 
Puentes soberbios , mneUes elevados : 
Que sus raudales retorcidos gimen 
Del espolón macizo quebrantados ; 
Que mil bajeles la cerviz le oprimen, 
De riquezas y crímenes cargados; 
Del mar vecino la amargura siente : 
Imagen tuya, ó senectud doliente. 

Ya la cerúlea espalda amedrentado 
Ye al ponto inmenso , que sorberle espera : 
Ya solicito escucha y aterrado 
£1 continuo rugir de la onda fiera : 
Ya á su pesar camina arrebatado 
Al tablazo estendido, donde muera ; 
Ya la mar le recibe dividida ; 
Y asi, Fileno, acaba nuestra vida« 

XI. 

4 

A TIRSI : EL TEMOR DE LO VENIDERO INirTIL. 

Desprendióse aquilón del polo umbrío : 
ya lento el arroyuelo 
corre apenas, cuajado el cauce frío 
en prisiones de hielo ; 

Y la flor , que de perlas salpicada» 




470 poesías 

á su orilla crecía » 

marchita y entre la nÍ6Te sepultada ^ 

#tt bdkza natía. 

Ya el labrador ea reja briUadora 
trueca el pértigo ardiente , 
y tras la tarda yunta de la aurora 
mira la loi naciente : 

Abre en tendido sulco el almo seno 
á la fecunda tierra ; 
y entre la mere, de esperanxas lleno, 
pródigo^l grano encierra ; 

Y espera el íruto á su industrioso anhek 
en miases abundosas j 
cuando mayo gentil al fértil suelo 
TÍerta encendidas rosas. 

Has antes, ay ! que en la yemal morada 
del Aries nasca el dia , 
tal vez su vida y su eqier^nM amada 
segará Parca impía. 

Ultimo invierno, Tirsi, el hado triste 
dará á tu vida acaso 

el que hora en tempestad saftodt Anbiste 
los piélagos de ocaso. 

Saber el fin , que decretó el Destino , 
nía es dado á los mortales : 
¿ qué vale, Tirsi, cún temor mezquina 
aumentar nuestros males? 

Reine en tu pecho el plácidb alborota , 



FaosóncAs. 471 

y el necio afán alanza ; 
ni pierdas, caro amigo, el cierto gwo 
por dudosa enrama. 

La edad cadaca por fatal sendero 
Tuela á la tumba oscura. 
Goza el tiempo , que es tuyo : el Teaidero 
¿ qméñ, TÍEsi, io asegura? 

xn. 

A DALMIRO : DZBEír ABJkMDONARSE UOS 
CUIDADOS. 

Imitackm de Horacio^ 

¿ Qué te importa , si el galo belicoso 
vence , Dalmiro mió , 
«1 Rin soberbio, ó en el A^ helado 
tremola sus pendones yietorioso? 
^¿ ó si el britano imp^ , 
^el orbe separado , 
los piélagos altera 
y llena *de terror la playa ibera? 

Ab ! I cuan pequeño afán á nuestra vida 
impuso el justo cielo , ^ 
cuando con blanda voz natnraleía 
é gozar de sos dones nos coimda ! 
Mo, pues, el vano anhelo 



172 »0£SÍAS 

de la iniaasta ríquesa , 
ni el inátil cuidado 

de hoy mas perturbe el pecho sosegado. 
Sí ; que la juventud cual leve viento 
huye precipitada , 
y la árida vejei con planta odiosa 
huella la flor mas tierna , de su aliento , 
de su albor despojada. 
No igual la luna hermosa 
muestra siempre el semblante , 
ni igual despide el sol su luz brillante. 
¿ Por qué pues con empresas, superiores 

á la flaqueza humana,) 

el ánimo caduco fatigamos? 

Ciñe , ó Dalmiro , de olorosas flores , 

ciñe la sien ufana ; 

y mientras que gozamos 

de nuestro abril florido , 

las penas enojosas da al olvido. 
Y riberas del Bétis delicioso 

alegres discurriendo , 

en grata unión á la amistad divina 

entonemos el himno sonoroso ; 

y luego el manso estruendo 

de' fuente cristalina , 

la noche y Filomena 

convidarán á la quietud serena. 




FILOSÓFICAS. 475 



xni. 



A ALBINO. : LA FELICIDAD /CONSISTE EN LA 
MODERACIÓN DE LOS DESEOS. 

Imitacien de Horacio. 

Descanso pide al cielo el nayegante , 
cuando entro niebla oscura 
se oculta Febe, ni su luz brillante . 
da cierta Cinosura. 

Descanso pide el galo belicoso , 
domador de naciones : 
descanso el anglo, cuando el mar undoso 
discurren sus pendones. 

Mas oh 1 no el triunfo de la guerra impía y 
dulce Albino, lo adquiere, 
ni cuantas perlas y oro Febo cria 
adonde nace y muero ; 

Sino el parco vivir , la sobria mesa , ' 
el pecho descuidado , 
que la ambición no aguija , ni embelesa 
el interos malvado ; 

T el dócil corazón , que blando cede 
á la Fortuna ciega , 
y entro el placer , que grata le concede , 
olvida el que le niega. 

45 



474 p<aftiAS 

¿ Por qué en deseos el mortal destruye 
la breve edad que alcaaxa , 
y en pos del bien mentido que nos buye , 
^lAela la esperanza? 

¿ Por qué otro sol buscando y oirás tierras 
inquieto, di, te agitas? 
Si de la amada patria te destierras, 
4 ti jamas te evitas. 

Goza el placer, que próvida natura 
4e ofrezca sin desrelo : 
templa con blanda risa la amargura , 
que te destine el cielo. 

Quién es feliz en todo? Sí al contento 
WB. la desgracia unida , 
halaga con el bien tu pensamiento , 
y el mal futuro olvida. 

Febo ib dio su lira numerosa ; 
la virtud un amigo : 
rompe la venda á la ilusión dañosa 
y vive ya contigo. 

XIV. 

INVOCACIÓN DEL POEMA DE LUCRECIO: 

De nerum natura. 

Madre de les romanos, alma Venus, 
Deleite de los hombres y .la» dioses. 



FIUOSÓFIGAS. I7& 

Que el navegable mar » la U^ra fértil , 

Producidora de los frutos , llenas 

Con tu nombre divino : tú , que el orbe , 

Que los astros girantes señoreas ; 

Tú , por quien se conmbenJos vivientes 

Y á la luz pora de les^cidos nacen; 
Tú el aquilón sañudo, tú la bruma 

Del escarchado invierno al polo ahuyentas ;. 
Que apenas apareces, la morada 
De Géres brota flores , te sonríe 
£1 estendldo ponto, y resplandece 
€k>n blanda llama el sosegado viento : 

Y cuando la rosada primavera 
Abre las puertas del fulgente dia* , 
'Y el amoroso Záfiro, rompiendo 

La prisión del ocaso, halaga el mundo ^ 
£1 coro volador d»>d»lces aves 
Anuncia tu llegada al tierno pecho 
Herido con tu arpón-: rebaños, fieras 
Por eitre alegres yerbas vaasaltando : 
Pasan Ujeras los vefboes ríos ; 

Y el atractivo dd placer siguiendo , 
Do quier las UHnas^obedientes vuelan. 

Tú el blando aoior esparces, ya en los campo% 
Que pinta el leée^bril ; ya en las montañas , 
Ya en los senes del piélago» rugiente. 
Be amor llenas la selva : « amor » resnenaa 
Iiasfrondcoas mansíonesde bs aves; 




176 POESÍAS 

Y así del ser la llama fagitiva^ 
Por tu dWino inflajo se propaga. 
Inspira tú nai acento, tú , que el mimdc^ 
T la natura mandas : nada amable , 
Nada alegre es sin ti : nada del dia 
Goza sin ti la refulgente lumbre. 

XY. 

PODER DE LA IHAGUf ACIÓN Elf EL SVEROv 

TradaccíoB de Delille* 

Así en continua acción la fantasía 
Discurre á su placer : pinta , engrandece 

Y produce fecunda. Guando al orbe 
Tiende la quieta nocbe el negro yelo, 

Y duermen Tientos , piélagos y seWas y 
¿Quién no siente su activo poderío? 
Cual resuena vibrante el duro bronce , 
Aun después de pulsado ; cual la barca ^ 
Impelida una vez de fuerte brazo , 

No olvida el remo y sobrf el agua vuela;: 
Asi aun en la quietud se agita el alma , 
A los impulsos, que sintió , obedece , 

Y la noche en sus cuadros copia el dia x 

Y eco los sueños son de las ideas. 

El pincel delirante á veqes unc! ,. .41 



FILOSÓFICAS. 477 

Separa á veces sin raion ni tino , 

Y muda y desconcierta los objetos : 
Como en el claro «spejo de las ondas 
Vemos pintarse el inclinado tronco 
Superior á sn copa, la alta nube 
Por el profondo abismo circulando. 
La tierra bajo el agua , loa corderos 
En la mansión del pes , y los arroyos 
Corriendo por la bóveda del mundo ; 
Has el alma del cuadro no varía. 

Soñando el orador divide en partea 
Su sermón y fastidia al auditorio ; 
Soñando el juez , por la chillante rueda 
De una elocuencia bárbara arrullado , 
Duerme en el tribunal : sueña el ministro , 

Y so desden y gravedad ensaya , 

Y estiende al memorial la corta mano : 
En sueños el actor sobre la escena 

So acción desplega y su mirada firme : 
En pos corre el autor del consonante 

Y de la liebre el cazador : descubre 
El avaro infeliz nuevos tesoros. 

Sueña el grande veneras ; y al mendigo, 
Benéfico Pentievre , el llanto enjugas. 
Del caro amigo , cuya ausencia Uora , 
El amigo en sus sueños ve la imagen : 
La hora recuerda , reconoce el sitio , 
En que la acerba y triste despedida 

45. 



f78 * lOESú» 

Con silencioso lloro prolongando , 

Inmóbiles sus ojos le siguieron . 

¿Describiré el ddirio de un amante*, 
T aquellos dulces sueños , que enriquece* 
€on ilusiones pláódas Hoileo? 
Palpitando el amor y h esperann 
En su anháanteyseno, to y escucha 
La celeste beldad , que lo enamora. 
Sobre el clayel purpúreo^ de sus labios 
Muere el desden , y nace blandamente 
La lánguida sonrisa^del cariño. . . 
Mira , oh felicidad ! mira sus brasos , 
Sus regalados brasos estendene , 
Y en amorosos nudos rodearle... 
Recibe el beso ardiente del deseo ... 
Tiembla bajo la mano encantadora , 
Que lo acaricia. . . El refulgente dia 
Envidiará al nacer, oh noche oscura , 
Tus prestigios : ¿qué mucho , si en el néctar 
Bel dulce amor empapas tus belelíos? 

XVI, I 

A ALBINO. 

Tú del sacro Helicón , mi dulce Albino , . ' 

ascendiste á la cumbre soberana , 
y fuiste en ella honor del almo coro ¡ ^ 



FIIiOSéFtGAS. 479$ 

para ti su divino 

mirto Venas u fana 

cuttíyó ^ntre los nácares y el oro ; 

y si imitas de ápolo el sacro acento , 

y de su noble atiento 

celebras la yictoria 

en desosada lira , 

el refulgente ramo de la« gloria y 

que adora el Bétis , por tus sienes giro% 

Has no por igual senda el dios'de Délo» 
á la inmortalidad próvido guia 
cuantos bebieron la GastaHa fuente : 
cuál el templado cielo 
canta y la selva umbría 
y del manso arroyoelo la corriente : 
cuál de celeste ardor arrebatado , 
levanta el vuelo osado, 
y el soberano asiento 
de Júpiter temido 

describe audaz , y el vasto firmamento 
á sa Toz poderosa estremecido. ^ 

€uál las revueltas baces y el borrendo» 
carreado Marte y la.bomicida guerra , 
y el asta de Belona .ensangrentada y 
y el pavoroso estruendo , 
con que al mortal aterra 
la trompa , por las madres detestada : 
QUál el dalce solaz de los pastores^ 



f8d POESÍAS 

ligándolo incleme&te 

eon daro laio á la perversa gente? 

Ah! no: Tierta en el mundo sn Tcneno^ 
la maldad orgatlesa: 
del yaron justo el no manchado seno • 
será de la TÍrtud mor^a hermosa ; 
y aquel sagrado abrigo 
no violarán ni el crimen , ni el oasligo^ 

XVIH. 

LA GLOBIi^DX U>S HOMBBOES BENfiTIGOS. f)-; 

Reina ya en nuestros climas : la ribera , 
Beneficencia santa i te convida 
del olivoso Bétis, do florida 
se complace la amable primavera : . 
aquí do reverkra 
cayendo en occidente 
la amortiguada 1u;í del sol hermoso , 
erige , erige d tvono venturoso , 
y triunfa eteraímente. 

Héroes de pac y bendición, la gloria, 
os ceñirá de plácidos laureles :. 
no con mimos aangrieatas y craeks 

C) Leida en junta general de la Sociedad p«tri6- 
tica de SeviHa, en 24 de noviembre de i80(k 



FILOSÓFICAS. 483 

ios rociará la bárbara victoria . 

ni mostrará la historia 

de innumerables hombres 

sobre el campo los restos hacinados ; 

ni de su sangre y Dnildioion cargados 

Tuestros augustos nombres. 

Difundís del sd)er la lumbre clara , 
de la yirtvd loseelestiales dones; 
y graba en los humanos córasones 
el dulce amor Tuestra memoria cara. 
Allí el cielo os prepara 
mas grato mraiumento , 
que cuantos solnre el campo devastado 
la m^no erige del feroz soldado 
al vencedor sangriento. 

A vuestra vos confuso desparece 
el ocio y el ervor : do es|wio rudo 
pobló las vegas, entre el hielo agudo 
ya la naciente espiga reverdece. 
Al labrador ofrece 
la selva engalanada 
entre colgantes flores fruto opimo : 
ya de la hojosa vid pende el racimo 
en la roca escarpada. 

Por vos el sabio á la mansión ardiente 
se eleva de la luz , madre del dia, 
y del celeste giro la armonía 




184 Mesías 

aadas revela á U admirada gentó^ 

£a el nítido oriente 

señala la áarea cana , 

do nace el sol tras la rosada aurora , 

y el desigual semblante, qae colora 

á la argentada lana. 

O cuando de aquilón la nave herida 
del mar desierto en la escollosa plaga , 
rotas Telas y antena, incierta yaga 
de las hinchadas olas combatida; 
la senda ya perdida 
al marinero yerto 

señala en el fanal , que el polo lace , 
y de la cara patria lo conduce 
al suspirado puerto. 

Por TOS el genio á la natura hermosa 
Tenccdor roba el misterioso arcano , 
y noble don del cielo soberano, 
no se adormece en lánguides ociosa. 
La juTontud fogosa 
busca en las sabias lides f ) 
el Terde lauro del pastor de Ánfriso : 
por TOS ido euTídía Bétis al lUso 
sus Hiparoos y Euclides. 

{*) La Sociedad propone premios anaales k los 
difdpulos mas sobresalientes de las tres clases do 
nwtemlticas^ que estlm k su eirtOii 




FILOSÓFICAS. 183 

Ah ! 8Í á la yedra de Helicón luciente , 
^ mi cítara humilde pompa altiva , 
minenra entrelazó la sacra oliva 
del ramo, que á Newton ciñó la frente , 
Tuestro es : el pecho ardiente 
en juvenil anhelo 
de escelsa gloria y de 'saber ardía; 
y con el premio, que los genios cría , 
me ensalzasteis al cielo. 

Y tú , amaUe niñez , dotee esperanza, 
dulce amor de tu patria, «oán piadoso 
de vuestro labio de carmin gracioso 
admite Dioi el himno de alabanza ! 
Dios de bondad , tú lanza 
al denegrido averno 
el vicio ; y en mil hierros oprimido, 
jamas de la inocencia el fementido ' 
empañe el lustre tierno. 

Mas veis? ¿ó bien encanto delicioso 
me engaña? Yo la miro : ledo brilla 
entre el amado coro, que acaudilla , 
mas que de humana su semblante hermoso* 
Hora del Pindó umbroso 
sobre la lira mia » 

blandas rosas, lloved : la virtud canto : 
resuene en Helicón su nombre santo 
con mas grata armonía. 

46 




486 poesías 

Eiisa f {*) salve j ó tú , de nuestro suelo, 
del Bétis dulce gloría. Salve, amada 
siempre y digna de amor : 16 fuiste dada 
á nueatra patria del benigno cielo. 
Por ti su justo celo 
anima el virtuoso; 

y al ver de la bondad la imagen pura , 
tiembla el erim^ audaz y en nocbe osenra 
se esconde tenebroso. 

Tú en la niñez de la virtud derramas 
el fuego que tu pecho ha consumido. 
Tal vez, amante esposo, complacido 
verás embellecer sus puras llamas 
á la beldad que amas ; 
y con blanda sonrisa 
dirás feliz : « la candida inocencia , 
la dulce paz , la celestial prudencia 
adoro en ti de Elisa. » 

Vive feliz , y si á la lira mía 
triunfar del tiempo edaz fué concedido, 
tu gloria vivirá libre de olvido 
desde la aurora hasta do muere el dia ; 

{*) La señora marquesa de Paradas se ba consa* 
grado k la educación de la niñez en una de las tres 
amigas gratuitas erigidas por la Sociedad. £s de 
esperar, que tan noble ejemplo^ seguido por otras 
señoras, contribuya poderosamente k mejorar la 
cdueacioQ del bello sexo. 



FIlXiSÓFlCÁS, iSI 

y mientras la fe pía, 

el ánimo elevado 

y la bondad no odiaren loa mortales ^ 

cual nuncio de favores celestiales 

será tu nombre amado. 

Hijos de Apolo, ¿ y la gallarda frente 
doblaréis mas ante el guerrero injusto? 
¿ Postraréis á sus píes el lauro augusto , 
que habéis cogido en la castalia fuente ? 
De Gradivo inclemente , 

olvídese la ira , 

oh virtud , por tus candidos pendones : 
abrase vuestros nobles corazones 
el fuego, que me inspira. 

Las trompas arrojad : de Pirro alabe 
otro y de Aquíles los funestos nombres : 
mi lira, bienhechores de los hombres , 
solo cantar vuestras hazañas sabe , 
y mientras Delio acabe 
su perpetua carrera 

del mar de Iberia en las espumas frías, 
vuestra gloria inmortal dirán los días 
á la edad venidera. 




XIX. 

LA FEUCmAD VUBLICJk. ^ 

Sobre las cuerdas de mi lira Tuel» 
EL cántico del bien , bora que tiende 
La dulce paz sus blancos pabellones , 
T de la adusta frente los guerreros 
£1 yelmo ensangrentado desenlatan. 
Héroes de maldición , el hierro impío 
T el tronante canon dej4d : la tierra , 
Ta saciada de sangre y de ruinas , 
A ser feliz sin vuestra espada anhela : 
T tú , felicidad , del alto cielo 
£1 mas precioso don , mi acento mueve : 
£nseña por mi voz á los mortales 
£1 arte de gozar ; y la hermosura 
De la santa virtud brille á sus ojos : 
Cual otro tiempo á candidos pastores 
En la dorada edad tú amanecías 
Con los primeros rayos de la aurora ; 
Y al derramar los sueños deliciosos 
La oscura noche , libres de cuidados 
En tu materno gremio reposaban. 
¿Por qué el hombre olvidó la ley suave, 
Que le dictaste entonces? el deseo 

(*) Leída en junta general de la Sociedad patrió- 
tica de Sevilla en 24 de noviembre de 1802. 



FILOSÓFICAS. i8^ 

Bel bien de hs demás ¿ por qué no anida 
En el humano corazón ? Mortales , 
Solo á este precio lograréis la dicba. 
\ Quién me diese exhalar del pecho mió 
El fuego bienhechor que lo consume , 
Y en los helados ánimos lansarlo ! 
Tú , ambición del poder; tú y del avemo', 
Pálida envidia , reina ; tú , vil odio , 
De insaciables serpientes deyorado ,* 
Vosotras , pestes del horrendo Erebo , 
Al patrio abismo huid : libre la tierra 
Be la ominosa hueste , en el humano 
£1 ya feliz humano se complazca. 

Labra , 6 natura , en tu escondido seno 
El hierro bienhechor : labra, no temas : 
Que no ya el hombre en homicida puntar 
O alfanje corvo trocará tus dones ; 
Ni sepultado en el amigo pecho 
El pérfido puñal , horrorizadas 
Gemirán tus entrañas maternales : 
Mas convertido el mineral precioso 
En reja aguda , de la hermosa tierra 
Penetrará los escondidos senos , 
Y hará brotar la fuente de abundancia. 
Desde las altas sierras desatados 
Derramarán el germen de la vida 
Sobre las vegas los fecundos rios : 
No ya enrojecerá^la sangre humana 

46v 



M 



190 K>£»ÍAS 

Su raudal puro, ni Eco en sus riberas 
Del bronce asolador el estallido 
Lanzará flébil al remoto golfo; 
Mas el sonido de la dulce avena 
Y el canto del amor sobre sus ondas 
Resbalará tranquilo : el euro leve 
Lo llevará, cuando la aurora nace, 
Desde los labios del pastor querido 
Al redil de su bien : dulce el favonio , 
Guando el sol muere , en sus purpúreas ala» 
La halagará , y á la canción suave 
Sonreirá amante la gentil pastora. 

Rodeará en tanto á la fecunda madre 
La prole de su amor : no de su gremio , 
Del gremio maternal el hijo insano 
Se arrojará tras el fantasma impío 
De gloria funeral , ni de la tropapa 
£1 ronco son aterrará sus lares. 
Cual la robusta encina , que vegeta 
Desde el antiguo siglo , no insultada 
Del huracán , verá los dulces hijos 
A su lado crecer. Firme y profonda 
La virtud en sus ánimos se asienta, 
Gomo el monte , que estriba sus raices 
En las bases del mundo. £1 padre amante 
Sobre la esteva del arado espera 
La risa matinal. Trabajo y premio 
Son su felicidad : el verde prado 



FILOSÓFICAS. 494 

Da á su rebaño pasto delicioso 
Eutre las bellas bijas de la aurora : 
Sobre su frente , del sudor cargada 

Y de la honrosa ancianidad , tranquilos 
Se multiplican del placer los dias. 
Mas ¿cuál prora \e\oE el ancbo golfo 
Rompe en snlco espumante? La alegría 

Y el bien lleva á las márgenes remotas , 

Y el bien traerá á los campos de su patria. 
Pacifico habitante de la cuna , 

Bo en los brazos del euro nace el dia , 
Goza tranquilo tan feliz morada. 
No , Ganges , tus riberas florecientes , 
Ni tu sacro raudal enrojecido 
Verán los dulces pueblos de la aurora. 

Y vosotras, mansiones del ocaso, 

Que veis templarse en los inmensos mares 
£1 carro abrasador, que dora el cielo , 
No temáis : no ya viene la alta nave , 
De muerte , luto y destrucción preñada , 
A espigar de cadáveres los campos , 

Y á trocar sangre y crímenes por oro. 
Solo viene pacífica á ofreceros 

Los dones , que derrama la natura 
En los praJos del Bétis» Las riquezas. 
Que el abismo del piélago espumoso 

Y el fiero noto separó del hombre , 
En busca suya vuelan á otros climas 



M 



^92 POESÍAS 

Bajo las alas de tranquila popa. 
Así el mortal , fundando su Tentura 
En la dicha «omun de sus hermanos^ 
Une en laso de paz entrambos orbes. 
Dulce ilusión ! Tosotros , ó felices , 
O gloriosos varones , de la patria 
A un tiempo la esperánsa y la delicia , 
A vosotros el cielo ha concedido 
Dar vida á mi ilusión. Rentan las alma? ^ 
Del bien común y de virtud sedientas , 
Brillar sobre las márgenes del Bétis 
Un nuevo sol de nueva edad de ore. 
Haced hUn, instruid: que agradecida 
De la posteridad la inmensa prole 
Esculpirá en el templo de la gloria 
Vuestro nombre y loor. « Aquel primero , »> 
Dirá , « sembró de refulgente lumbre 
La senda del deber, y las lecciones 
Del mutua amor dictaba á los mortales. 
Aquel de nuevos gérmenes poblaba 
Las patrias vegas , y el vigor natío 
Su genio agricultor enriquecía 
De la fecunda tierra. Sobre el Pindó 
Se sació aquel de la inspirante onda , 
Y cantó la virtud y los solazos. • 
Cuál la balanza , que equilibra el mundo ,. 
Enseñaba , y la fuerza , que arrebata 
Al sol ardiente el pálido Saturno , 



FILOSÓFICAS. <I9S 

Y entre argentadas lonas lo sostiene. 

Y cuál en fin eon sobrehumano acento 
A la admirada juyentud corría 

El velo del empíreo : Dios , mortales 
Un Dios de amor vuestro destino rige. 
El dulce amor es la virtud hermosa , 

Y eternidad de amor será su premio. » 
Así dirá ; y en el sepulcro frió 

Vuestros callados manes escuchando 
Las bendiciones de la edad futura , 
Gozarán otra yes del bien que hicieron. 

XX. 

£L TRIUNFO &E LA TOLERANCIA, f^^ 

Ay ! cuándo brillarás, felice dia, 
en que estreche el humano .. 
con el humano la amorosa diestra ? 
¿ cuándo será el momento , que destierre 
á la olvidada historia 
el grito funeral de guerra y. gloria ? 

Dulce beneficencia , tú del cielo 
el don mas delicioso , 
del mísero mortal desconocida , 
¿.á dónde , á donde fijarás tus aras , 

(*) Leída en una Sociedad de beneficenciaj Ola- 
yas reuniones se celebrai»an en el iocal de la es^ 
ünguida inquisición de Sevilla. 




-494 POESÍAS 

cuando en tu fuefjo ardiente 
se purifique la malvada gente ? 

Ah ! desciende : tu santo trono sean 
rendidos corazones , ^ 
y la virtud tu sacrificio : estiende 
el cetro bienhechor qne te confía 
el Hacedor del mundo , 
y llena el orbe de tu ardor fecundo. 

Oh I tantas veces tanto suspirada 
de las almas sensibles , 
y apenas á sus votos concedida ! 
Ven : contigo la paz , la tolerancia , 
y la amistad hermosa 
embellezcan la tierra ya dichosa : 

Que asaz de sangre retiñó su acero 
el fanatbmo impío , 

de la máscara hipócrita velado : | 

asaz quemó su antorcha asoladora , 
á la ambición prestada , 
del inocente la infeliz morada. 

Sí y yo los vi : los monstruos I de ira ardién* 
sedientos de venganzas» [do, 

invocaron á un Dios de mansedumbre : 
en su sangre de amor fieros mojaron / ' 

los agudos puñales , 
y á destrozar volaron los mortales. 

¡ O tristes campos de la antigua Albiga I 
ó cavernas del Alpe ! 



FILOSÓFICAS. 495 

¡ Ó noche infanda de delito y muerte , 
en que el furor sagrado), y la perfidia , 
y la ambición insana 
^ las Galias inundó di sangre humana I 

T tú , ó España , amada patria mia ! 
tú sobre el solio yiste , 
con tanta sangre y triunfos recobrado , 
alzar al monstruo la cerriz horrenda, 
y adorado de reyes , ' 
fiero esgrimir la espada de las leyes. 

Execrables hogueras ! allí arde 
nuestra primera gloria : 
la libertad común yace en cenizas 
80 el trono y so el altar. Allí se abate 
bajo el poder del cielo 
del libre pensamiento el libre vuelo. 

Dónde corréi^ , impíos ? ¿ qué inhumana , 
qué sed devoradora 
de sangre ry de suplicios os enciende? 
¿No yeis en esa yíctima sin crimen, 
que la impiedad condena , - 
de la patria la mísera cadena ? 

T qué ! grande Hacedor, ¿ en nombre tuyo 
siempre el mortal perverso 
degollará y oprimirá? Creando, 
cual es su corazón , un Dios de ira , 
¿volará á las matanzas 
invocando al Señor de las venganzas? 



A 



196 POESÍAS 

Mas ay I ¿ qué grito por la esfera umbría 
desde la helada orilla 
del caledonid golfo se desprende ? 
hombres, hermanos sois, vivid hermanos : 
y vuela al mediodía, 
y al piélago feliz do nace el dia. 

Sí , que una vei el Hacedor benigno 
¿lio: que la luz ua^ 
y fué la luz. Tronó sereno el cielo , 
y desde el Tajo basta el remoto Ganges 
desplómanse al abismo 
las aras del sangriento fanatismo. 

Salud, mundo infeliz : ya destruido 
ves el imperio horrendo , 
que levantó el errAr : ftCs^ oscurece 
al celestial aspecto de la lumbre 
la abominable hoguera , 
que un diluvio de sangre no estinguiera. 

Ay ! que ya del Océano saliendo 
la lumbre bienhechora , 
por los iberos campos se dilata. 
Ay I que ya las riberas inundando 
del levítieo Bétis , 
llega ¿ las playas últimas de Tétis. 

Mas oh I dónde se fija? ¡Oh santuario 
por siempre respetable , 
otro tiempo espelunca de furores I 
Si y santa luz : do tus reflejos miro, 



FILOSÓFICAS. 4^7 

allí con luz sombría ' 

de la superstición la antorcha ardía. 

Ardía , si ; y los hombres engañados , 
que deslumhró su fuego, 
allí mismo la muerte fulminaban , 
en tu nombre , ó Señor de las piedades : 
allí, allí los insanos 
degollar meditaban sus hermanos. 

Y la calumnia , como sierpe astuta , 
que sus vestigios borra , 
la Tíctima inocente sorprendía, 
y pérfida de Téteis la balwisa 
oprimió al acusado^ 
con el peso de un Dios de furia armado. 

Ese lumbroso aricnte, ese divino 
raudal inestiaguiUe 
de saber, de bondad y de demencia, 
fué trono de feroces ma^strados , 
cuya justicia impía . 
vengar de Dios la injuria presumía. 

¡ Olvido eterno á su crueldad ! y sea 
castigo ¿ tanto crimen 
el perdón, que las victimas conceden. 
Si es posible , tu velo , ó tolerancia , 
sepulte sus errores , 
y tú , prole futura, los ignores. 

Hijos gloriosos de ]a paz , el dia 

i7 




498 POESÍAS. 

del bien ba amanecido : 

cantad el faimno de amistad : qne presto 

lo Gsntará goioto y reverente 

el tártaro inhumano 

y el isleSo del úkimo Océano, 



poesías amorosas. 



I. 



LA PRIMAVERA. 



Huyó el sañudo invierL» , ' 
y en la templada esfera 
sobre las alas del favonio tierno 
brilla la primavera ; 

Y su guirnalda berroosa 
risueña deshojando , 
de blanco lirio y eftcendida rosa 
las vegfis va sembrando. 

No ya de nieve helada 
yace el prado cubierto , 
ni de amores la selva despojada , 
ni el monte triste y yerto : 

Que es delicia del cielo , 
cuando nace , la aurora , 
y ámbares vierte, y el fecundo suelo 
de blanda luz colora. 

Ya pulsa el arpa de oro 
la bella Giterea , 



200 POESÍAS 

y en tiernas danzas su festivo coro 
los oteros rodea. 

De mirto pues y flores 
la frente coronemos , 
ó Dalmiro , y al dios de los amores 
dulces himnos cantemos. 

La juventud convida , 
y entre clavel y rosa 
brinda la ilusión vana de la vida , 
aunque vana , gozosa : 

Que luego , edad tirana , 
las dichas desvaneces , 
y del mortal la plácida mafiana 
no brillará dos yezes. 

Ay I huye la^ alegría 
tu rostro macilento, 

y entre tus densas sombras , Parca impía , 
se pierde en un momento. 

De la fatal guadaña 
no hay abrigo seguro : 
que así hiere la mísera cabana 
como el soberbio muro. 

II. 

A ELISA. 

Guando á los campos sales , bella Elisa , 
se reverdece el prado : 



AMOROSAS. 201 

brota la selva amor y el cielo risa , 
y ledo trisca el juguetón ganado. 

Las márgenes del río á tu hermosura 
tributan amorosas , 
sobre lechos de plácida yerdura , 
Cándidos lirios y encendidas rosas. 

£1 ave te saluda dulcemente y 
cuando en la selva amiga 
contra el sol en los fresnos de la fuente, 
cual bajo manto maternal, se abriga. 

Y cuando á ocaso entre celajes de oro 
decline el rayo estivo , 

tejerán los zagales dulce coro ^ 
al son del arroyuelo fugitivo ; 

Y allí tu nombre el amoroso canto 
y tu desden gracioso 

celebrará , y la risa y el encanto ^ 
que enajena al pastor mas desdeñoso : 

Y luego en los alisos de la cumbre 
lo grabarán risueños ; 

y cuando siga á la vencida lumbre 
la noche oscura derramando sueños , 

Con fresca» y apacibles enramadas 
ornarán tus umbrales , 
y para ti de pomas sazonadas 
esquilmarán los fértiles frutales. 

Luego vendrá la sonrosada aurora, 
y en, tu serena frente, 

47. 



202 POESÍAS 

' que la inocencia plácida colora , 
nacerá un sol mas bello y refulgente. 

Así en gozoso círculo girando 
tu juventud florida . 
de la beldad los triunfos disfrutando , 
en continuo solaz gozas tu vida. 
Ama ) Elisa gentil : sereno el cielo 

. hora brilla y tranquilo : 
ae la edad teme el inminente Tuelo , 
y contra su furor busca un asilo. 

III. 

EL CONVITE DEL PESCADOR : TRADUGCIOIC 
DEL METASTASIO. 

Ven , ya baja la noche , amada mía ; 
y en la fresca ribera 
respirarás de la marina fría 
el aura placentera. 

Ven , dulce amor : su delicioso alienta 
gozemos en la arena ^ 
hora que el soplo del favonio lento 
crespa la mar serena. 

Deja , mi Elisa , la feliz cabana , 
que alberga tu hermosura , 
y descienda el placer de la montaña 
á la playa segura. 



AMOROSAS. 205 

Cuando esparce la noche el neg[ro velo, 
ma^ lacíentes y belfas 
verás el claro mar , émulo al cielo , 
retratar sus estrellas; 

Y en ascendiendo á la celeste cumbre 
la luna sosegada , 

rielar en largo surco su alba lumbre, 
por las ondas quebrada. 

T cuando nazca el sonrosado dia , 
al son de ruda avena 
te contaré , dulce zagala mía , 
mi enamorada pena : 

O si mas , bella Elisa , te recrea , 
entre las blandas flores 
de Glauco ó de la linda Galatea 
cantaré los amores. 

Tú con dorada caña y corvo anzuelo 
pescadora y zagala , 
las deidades del mar y las del suelo 
envidiarán tu gala. 

Ab I no ya el pez se salvará escondido 
tras el peñasco algoso : 
que vendrá alegre por el mar tendido 
al lazo venturoso ; 

Y las ninfas del piélago sereno , 
dejando los crbtales, 
festivas te ornarán el albo seno 
de lúcidos corales. 



204 poesías 

IV. 

DEBE GOZARSE DE LA JUVENTUD» 

Imitación de Horacio. 

¿ No ves cómo blanquea 
coronada de nieve la alta cumbre , 
y sus boj as desea 

la selva yerta y del abril la lumbre , 
y en prisiones de bielo 
se para encadenado el arroyuelo? 

Echa con larga mano 
en el fuego la encina destrozada : 
del aquilón insano 

burla la furia en la mansión cerrada , 
y la que el Létes cria, 
llene los vasos plácida ambrosía. 

Que las altas deidades 
sosegarán los vientos tempestosos : 
las dulces soledades 
del bosque , y los oteros deliciosos , 
y la gentil pradera 
gozarás en la alegre primavera. 

Mas no del tiempo fíes , 
qiie en alas de las horas va volandea. 
Hora bebes y ríes : 
este momento inesperado y blando ^ 
que concede la suerte , 




jímorosas. 205 

róbale astuto á la implacable muerte. 

Mientras tu frente hermosa 
no amenaze con rugas y con canas 
la senectud morosa , 
goza de abril las plácidas mañanas, 
y las danzas y amores , 
y con tu bella hablar entre las flores. 

Y su reirtrayieso, 
cuando artera se oculta en los rosales , 
castigue el dulce beso : 
mas dulce que de Himeto los panales 
al jóTen amoroso» 
y á la que lo resiste aun mas sobróse. 



V. 



LA LUNA. 

Mueve la luna el carro soñoliento 
en tardo giro, y tibio resplandece 
por la esfera sil rayo macilento , 
que los yecinos astros oscurece ; 
y mientras se adormece 
en blando sueño el mundo sosegado , 
las tinieblas disipa , y la campaña 
y el silencioso prado 
de sus reflejos plácidos se baña. 

Véncela cumbre del opuesto monte, 



206 poEsíis 

Y dominando la inferior ladera 

brilla elevada en todo el horizonte, 

y retrata su imagen placentera 

en la sesga ribera. 

En tanto el bello Arturo al mar sonoro 

baja en curso yeloz precipitado , 

y el cayado de oro 

esconde en el cristal del golfo belado; 

Y las medrosas horas , ocupando 
el ancho cielo , en toda su carrera 
los estendidos campos van sembrando 
de mustia adelfa y triste adormidera. 
Renueya lastimera 
Filomena su canto dolorido ; 
y al aire dando las nocturnas alas , 
con hórrido graznido 
los bosques llena el ave grata á Palas. 

En profundo letargo entorpecida 
yace la tierra : el aquilón rugiente 
cesa : la inmensa mar calla adormida ; 
mas ay ! vela el Amor : su roí potente 
la bella diosa siente ; 

y el carro abandonando en la alta esfera , 
al Latmo umbroso vuela , en cuya falda 
su Endiraion la espera 
sobre lechos de rosa y esmeralda. 

Oh crudo amor ! después que el vengativo 
brazo aplicaste al arco mas certero , 




AMOROSAS. 207 

y la flecha , teñida en fuego \i?o , 

traspasó de Diana el pecho fiero j 

no ya con pi<^ lijero 

correr le place tras fugaz venado 

del fértil Erimanto las riberas , 

ni el venablo acerado 

esgrimir en las ménalas praderas : 

Solo del Latmo la floresta oscura 
y la cima selvática le agrada. 
Allí el pudor divino y la hermosura 
cede á un mortal ; y amante mas que amada « 
rinde al amor el culto silencioso , 
que entre sus ninfas pérfida le niega ; 
y al joven venturoso 
las breves horas de su imperio entrega. 

Mas oh I ¡ cuan triste y pesarosa siente 
del nuevo dia el resplandor cercano ! 
Ta en las brillantes puertas del oriente 
Te la cuadriga del odioso hermano 
rayando el Océano : 
suspira y y maldiciendo el giro eterno , 
que de su dulce amante la desata ^ 
bañada ea llanto tierno ' 

vuelve á regir el pértigo de plata* 

Salve , ó benigna diosa , ó tú , del sueño , 
y del silencio tímido señora ; « 
salve : derrama al mundo tn beleño , 
de dichosos amantes protectora. 



208 POESÍAS 

Si el bien , que me enamora , 
á la plácida sombra de ta velo 
mi tierno pecho llena de alegría , 
oh ! nunca dore el snelo 
la clara luz del importuno día. 

VI. 

LA QUEJA : IMITANDO EL ESTILO VE 
CALDEROir. 

Si pudo el llanto mió 
triunfar , Elisa b^a , 
de mi infeliz estrella , 
de tu desden impío y 
y me permites hoy que bese afano 
la pura meye de tu hermosa mano; 

A tus plantas rendido 
humilde amante llego, 
y aceptado mi fuego , 
si no correspondido , 
un corazón en eada aliento deja , 
y un alma enamorada en cada ^ueja. 

Llorar fieros desdenes , 
idos , rígor^ mudanza , 
tan falsa la^peranza , 
tan rápidos los bienes , 
es la herencia coman , qoe han di? idido 



AuonosÁS, 209 

entre si los yasallos de Cupido. 

Has ¿quién de los fsTores , 
Elisa, se ha quejado? 
Sentir el que es amado , 
es locara en amores 

tan nueva , que tu esclavo hallar procura 
suspiros, que disculpen su locura. 

Guando el desden , bien mió, 
hirió mi pecho tierno , 
siendo mi llanto eterno 
^ eterno tu desvio ; 
esperé, que aprendiese maltratado 
el arte de olvidar lo que se ha amado. 

Más de una vez la pena 
viendo que me afligía, 
el mismo amor quería 
que huyese tu cadena , 
y cediese mi cárcel rigorosa 
á un alma mas paciente ó mas dichosa. 

Mas cuando ¿ mi ternura 
tu pecho es menos fiero, 
ni libertad espero, 
ni espero pas segura t 
que eres muy bella tú , yo desdichado , 
y necio ó tibio , amante confiado. 

Ese joven gallardo , f • 

que paira darme enojos 
roba á tus dulces ojos 

48 




240 ^^^'^^ 

miradas, que yo aguardo, 

me hace temer, que siga ou ventura 
la instable condición de la hermosura. 

Galán y lisonjero , 
habiéndose añadido 
á dichas de admitido 
Ucencias de estranjero, 
va aue no te merezca algún cuidado , 
consigue al menos tu apacible agrado. 

Yo zeloso, afligida 
y amante venturoso , 
que es dos vezes zeloso , 
Y él amante y oido ; 
decide tú si en mi inconstante suerte 
el lograr tu favor es vida ó muerte. 
No es justo ya, que ignore 

si el bien ó el mal me has dado : 

ser debo el envidiado , 

Elisa , y no el que llore : 

6 goze solo yo tu amor entero, 

6 vuelve á darme tu desden primero. 

VII. 

Xh MISMO ASUNTO. 

Imitación de Horacio. 

Cuando tú alabas, Filis, de Cratilo 



r 



AMOROSAS. 241 

el talle airoso y el mirar ardiente 
y la destreí a en someter al freno 
el alazán brioso ; 

Apenas puede el corazón la ira 
contener que lo inflama : demudado 
se inclina mi semblante , y loco y ciego 
con encendido llanto , 

Que las mejillas pálidas inunda , 
del fuego lento que me abrasa el alma ^ 
te doy á^mi pesar, ingrata Filis , 
señales manifestas. 

Ardo , si los colores , que lo adornan ^ 
brillar miro en tu pecho fementido : 
ardo , si entre las vueltas de la danza 
con sus brazos te estrecha. 

Ay ! sus brazos robustos , avezados 
á la sangrienta lid , ofender pueden 
ese florido cuerpo , donde Venus 
todo su encanto puso. 

Ni esperes de él constancia : si indignado 
sueba en el campo el grito de Mavorte , 
vuele el guerrero á la funesta gloria, 
y del amor se olvida. 

Premia , premia el ardor inestinguiblo 
de un tierno pecho , que por ti suspira : 
que en él solo la muerte , dulce dueño , 
podrá bofrar tu imagen. 



A 



242 POESÍAS 

VUI. 

« 

LA ENTRADA DEL IlfVIEMÍO. 

Ya , dako Albino , deshojó el noviembre 
del blando otoño la gentil guirnalda : 
rugen los notos y aquilón envía 
mares de nieve* 
Nace el invierno, hiela con sn aliento 
el m^nte altivo , la mansión de Flora : 
yo con el vino su crueldad sañudo 
burlo y sus iras. 
Ni el grato Baco del Amor suave 
desdeña , al fuego del hogar seguro , 
las dulces flechas, que en tus ojos^ Filia ,^ 
tira á mi pecho. 
Los gratos dones nos prodiga el Lete 
de sus viñedos , ni la hercúlea playa 
ni la fenicia Málaga nos niega 
vino suave. 
Pláticaa largas é inocentes risas 
la noche abrevian : las malvadas horas, 
roban la vida , del placer divino 
randas huyendo. 
Tú de Minerva las sagradas aras 
pisas insomne , y de Cupido y Baco 
la dulce llama , que al mortal recrea^ 
próvido huyes ; 



AMOROSAS. 243 

Y de Sileno la pampínea enseña 
y de Aecidalia los nevados cisnes 
dejas , y al ave signes misteriosa , 
que Palas ama. 
Ta en negra tabla los certeros signos 
copias de Hipatia, del divino Enclídes 
ya las figuras , ^que la inmensa tierra 
miden y el orbe. 
Nuevo Keplero á los etéreos astros 
dictarás leyes ; mientras yo modesto 
y mas felice las de Filis bella 
tierno recibo, 

IX. 

EL AMOR NO CONOCIDO. 

Vuelve , adorada Filis , vuelve al seno 
de los constantes candidos amores : 
vuelve á la orilla , do su nido bicieran , 
del Bétis cristalino. 

Ven ; que el ardiente inestinguible fuego , 
que en el peebo de Anfriso derramaste , 
para exhalarse en férvidas caricias 
espera tu presencia. 

Creció escondido : con el falso nombre 
de la amistad aleve serpeando 
por mis entrañas todas , de repente, 
cual es, se manifiesta. 

18. 




24 4 POJBSÚ» 

. Asi de nieve su elevada cumbre 
corona el Etna , y la mansión severa 
de áspero invierno y de aquilón silboso 
al peregrino anuncia. 

En tanto abrasa el cavernoso abismo 
oculto fuego y y repentino lanza 
por su humeante dividida cimtt 
mares de ardiente lava. 

Rugen los bosques encendidos , ruge 
el hervoroso piélago , bañado 
de llama infausta ; y cárdenas centellas 
vomita al firmamento. 

Ah Filis y Filis ! te engañé : los dulces 
de amistad que me diste , blandos besos , 
para mi fueron las sañudas flechas 
del insano Cupido. 

Maligno sonreía el niño ciego 
y de mi necio orgullo se burlaba : 
<« prueba , » me dice , « prueba de este arco 
la fuerza vencedora. » 

« Aprende á amar á Filis sin peligro : 
aprende á ver sus celestiales gracias , . 
su blanda risa , su colmado seno 
y sus ardientes ojos : » 

« Aprende á ver los bienes mas preciados 
que á sus dulces amantes da Gitéres ^ 
sin sentir del amor y del deseo 
el aguijón sañudo. » 



AMOROSAS. 2^15 

Ya estoy vencido : si ta fleeha esquiva 
sin coQocerla , ay triste I me ha Uagado , 
ya el cuello doblo á tu seguro yugo 
^ imploro tus piedacfes. 

Mas no ; de ti y maligno , nada espero i 
solo espero en tu pecho bondadoso , 
ó dulce Filis , que á mi triste herida 
remedio des suave. 

No pido, que al delirio correspondas ^ 
en que me abraso ; mas concede al menos 
los besos de una amiga compasiva 
al labio de tu Anfriso. 

X. 

EL CONVITE DE ESTÍO. 

Se exhalan ya de mi verjel frondoso 
suavísimos aromas, 
y por las ramas del frutal pomposo 
cuelgan racimos de esmaltadas pomas. 

Venid , dulces amigos : cuando al dia 
venza la noche oscura , 
mas bella luz á la enramada umbrí» 
flará , querida Emilia , tu hermosura. 

Sileno y no del pérsico aparato 
ostentes el tesoro, 

ni el don de la amistad sencillo y grato 
en vasos brindes de funesto oro. 




I 

216 POESÍAS 

Rosa tardía , que entre nieve creo», 
no adorne mi gairnalda ; 
ni el preciado jacinto , qne florece 
del alto Olimpo en la remota falda. 

Has coge, Áristo, el arrayan nativo^ 
que alfombra nuestros prados, 
y el candido jaimin y el lirio altivo , 
de alegre mejorana entrelazados ; 

Y de mi amada la graciosa frente 
ciñan y el albo seno , 
y á sus labios de rosa el fresco ambiente 
lleve el aroma del cercado ameno. 

Cede el calor : el rayo fulminante 
ni aun dora la montaña ; 
y en los profundos piélagos de Atlante 
su carro enardecido Apolo baña. 

Ven , dulce amiga , ven : la vid hermosa 
en su sombra se engríe : 
templa Aristo la Hml armoniosa , 
tu Anfriso canta ya ': Sileno ríe., 

La mesa de sus frutos deliciosos 
A verano rodea : 

mira cómo ea. los vasos anchurosos 
el regalado néctar centellea. 

Bebamos : que tus ojos mas ardientes 
flechará el dulce vino ; 
y entre festivos juegos é inocentes 
la Parca burlaremos y el destino. 



I 

AMOROSAS. 247 

XI. 

A EMILIA. 

Ven , mi pastora : los templados rayos 
del sol de primavera 
fecandan ya nuestra ferai campiña. 
Las rosas vierte el mayo delicioso 
de so lecho florido, 
cuna feliz de amor correspondido. 
Ven : la tórtola amante ya despide 

de su abrasado seno 

el quejido de amor : la selva umbría 

resuena con su arrullo , y el favonio 

lo conduce en sus alas , 

do envidiosas lo escuchen las zagalfs. 
¿ No ves la aurora por el rojo oriente 

derramar esplendores 

al adormido? ¿no respiras 

el ámbar de las flores , que guarnecen 

la esmaltada ribera , 

y el aroma que eihala la pradera ? 
Mira cuál quiebra en la argentada gota 

del matinal rocío 

el sol naciente sus primeros rayos. 

Mira cuál cubren campos y colinas 

las ondeantes mieses , 

y cuál retozan las alegres roses. 




2\% yoEsíjis 

Todo es placer y amer : el ave canta ^ 
y los blandos amores 
en torno vuelan del caliente nido. 
Záfiro , por las yegas discurriendo , 
de ardiente amor suspira : 
naturaleza toda amor respira. 

Ama tú , dulce Emilia : ven , corona 
de tu Anfriso las penas : 
ya las primeras frutas he cogido 
de mi verjel , y entre la» frescas kojas 
las puse en la sombría 
junto á la gruta de la fuente fria. 

Ya despojó las altas rosaleras 
de su fecundo esquilmo : 
ya tejí el venturoso ramillete 
y la guirnt^da , que ^n tu frente y seno 
yo pondré enajenado , 
premiando una sonrisa mi cuidado* 

En tanto tu rebaño desparcido 
por el vecino otero 
despuntará la yerba aljofarada ; 
y cuando baje del zenit ardiente 
la calurosa sieita , 
triscará solazado la floresta. 

Entonces su frescura deliciosa 
nos dará el arroyuelo , 
de perpetuos laureles coronado ; 



AMOROSAS. 249 

y sentada, á la margen floreciente , 

qae besan sus raudales , 

mirarás tu hermosura en los cristales. 

O si ya entre los árboles del bosque 
el ruiseñor lamenta 
su malogrado amor, la grata imagen 
renovarás del llanto afortunado , 
que venció tus desdenes 
y trocó mi penar en dulces bienes. 

O ya del celorin la voz suave 
enajenada oyendo , 

que entre las ramas del frutal se queja, 
suspirarás de amor, y de tus ojos 
el dulce ardor sereno 
lanzará amor á mi encendido seno. 

Cupido sonreirá. Del centro frío 
de la vecina gruta 
nos llamará con voz irresistible. 
Entonces ; ay ! traspasará tu pecho 
su. dardo mas ardiente , 
que amar solo permite á quien lo siente. 

Ay I ven : ya el astro del rosado dia 
la hermosa frente alza 
del seno de la aurora ; y yo inundado 
de la niebla , el lucero todavía 
viva luz destellaba , 
y ya junto á los sauces te esperaba. 



220 ' POESÍAS 

XII. 

LOS ZELOS. 

Esta es la mansa y cristalina fuente. 
Do tantas veces tí mi dulce amada , 
Mientras Febo rayaba el claro oriente , 
Dar envidia á la aurora nacarada. 

Aquellos son los céspedes floridos , 
Do al aura respirando los olores, 
Envenenó mi mente y mis sentidos 
Su tierno canto derramando amores. 

Sentada allí, la tarde ñigitiva 
En deliciosa plática olvidamos : 
Allí la juré amor, cuando festiva 
Ciñó mi frente de olorosos ramos. 

Junto á aquel arrayan coa blando lloro 
Bañó el puro semblante enardecido , 
Y en mis felizes manos el tesoro 
Entregó de su mano apetecido. 

En este bosque de placer sedientos , 
Coronamos á Amor de nuevas glorias : 
Allí y allí... ob lugares ! oh momentos ! 
Dadme á Emilia , ó guardad vuestras memo- 

¿Dónde, perdido bien, de mí volaste? [rias. 
Ay ! vuelve , vuelve al pecho, que te adora. 
Tú, verjel, que feliie me*miraste, 
¿ Dónde ocultas mi amada encantadora ? 



AKOROSAS. 221 

£1 yieoto entre las ramas murmurando , 
« Tras otro amante fué » triste me $oe : 
i>a fuente, sus cristales agitando, 
« Burló,» clama, «tu amor : muere, infelice. » 

Las flores , que su planta embellecía , 
Bora gimen marchitas y llorosas : 
« No precia ya tu amor la ingrata impía : 
Por otro amante anhela y otras rosas, t 

Y ¿esto, Emilia , es amar? ¡y acaso ahora 
En contemplar mis penas te complaces ! 
¡ Y á ese nuevo felis , que te enamora , 
De mi eterno dolor gozar le haces ! 

Oh perfidia! oh baldón! teme, perjura, 
Todo el furor d&na injuriado amante : 
Ittas ay 1 que te defiende mi ternura , 
La ternura , que ultrajas inconstante.' 

¡ Oh , nunca del amor correspondido 
La sonrisa en tus labios sorprendiera ! 
¡ Nunca de tu mirar enardecido 
£1 veneno mortal probado hubiera ! 

Emilia I nombre amable , nombre odioso 
A un alma , que te adora y que atormentas, 
¿Por qué las gracias del semblante hermoso 
Con el engaño y la inconstancia afrentas ? 

Del penar mas acerbo é in<^eraente 
Triste ejemplar al amador ofreaco , 
Áy ! condenado ¿ amar eternamente 
La misma fementida , que aborrezco. 

\9 




222 POXSÍA9 

XIII. 

£L AMOR IVMORTALi^ 

En tas hermosot ojos templar pad<> 
el dios de los amores 
aquel arpón tan dalce como agudo y 
que para herirme eoronó de flores. 

De ese cabello de oro, que enajena 
mi pecho enamorado » 
pudo tejer la plácida cadena, 
que á tus plantiis me tiene aprisionado ; 

O en los lirios del seno, ó ev 1a rosa 
del candido semblante 
pudo labrar la cárcel deliciosa , 
que preparaba á tu feliz amante. 

La juY«n|ttd , la gracia halagadora , 
el talle torneado , 
esa risa más dulce que la aurora^ 
cuando ilumina el soñoliento prado ; 

Tu heohizera mirada , tu festivo 
candor, tu hablar suave 
el corazón mas fiero y mas esquivo 
domar pudieran ; v el Amor lo sabe. 

Mas no con rayo , que mudables vientos 
apaguen , quiso herirme , 
ni en caducos y frágiles cimientos 



k 



ÍUÓR08AS. 225 

labrar una pasión constante y firme. 

To vi en ti el pnrefasilo , do se anida 
la candida inocencia , 
y al blandxjk sentioúento la fe unida , 
y en verde juyentud dócil prudencia. 

Yo TÍ cuan conipasiya é indulgente 
con apacible agrado 
tu hermosa mano alivia al indigente ; 
tu dulce hablar consuela al desgraciado. 

Yó lo vi , y te adoré , y en llama eterna 
el pecho me encendiste : 
^ue la santa virtud, la piedad tierna 
del crudo tiempo al huracán resiste. 

Deshójase la flor de la hermosura , 
se agostan los placeres ; 
y allá en la margen de la tumba oscura , 
deleite encantador, ni aun sombra eres. 

En ti , mi dulce bien , cuando tu aurora 
florece placentera , 
amo el carmin , <|ue no se descolora , 
amo la luz, que siempre reverbera. 

Ay f este amor de mi felize vida 
será el postrer aliento ; 
y su llama inmortal correspondida 
arderá roas allá de aquel momento. 



■ i<a>» 




924 voMMÍÁ» 

XIV. 

XL ftUElfO DEL UrFORTUNIO. 

Simt Itehi^mae reitun» 

VlBAIL» 

Qué horror I La fiera noebo 
Ha triplicado el deaegrido manto 
De tinieblas sin fin . Hliyó del eielo 
£1 nocturno esplendor * no hay una estrella^ 
Que con su yerta amortiguada lumbre 
Hiera la oscuridad del fírmamentOi 
Oscuridad , silencio , del destino 
Imágenes augustas , ¡ cuan terribles 
Acongojáis mi atormentado pecho I 
¡ Cuan bien correspondéis á los latidos 
De mi mal herido corazón ! ... Ya brama 
£1 aquilón sañudo : 
Ya ruge en los lejanos horizontes 
El trueno aterrador... La negra esfera 
Gárdeiio rompe el precursor del rayo , 
Su efímero fulgor mezclando á vezes 
Con la luz de esa lámpara sombría, 
Que á mis cansados ojos roba apenas 
La densa oscuridad... Triste silencio 
Domina infausto esta mansión de llanto : 



Otro tiempo mansión de mi delicia , 
Trono del dulee amor... To tolo felo y 
Solo : y yo tolo peno?... Todos duermen : 
Mas ay 1 qoe no descansan... ¿ Qué suspiro^ 
Encendiendo los vientos á deshora , 
Hiere mi coraion ?..» ¿No le conoces. 
Triste Aníriso t Ah I qne no. Dichosos dias ; 
Qoe en mis brazos la visteis reclinada 
Palpitando de amor y de teninra , 
Entonces sí sn enardecido seno 
Del placer exhalaba los svspiros; 
Has este es de infortunio... i Qaé agitada 
Duerme el único bien del alma mia , 
Hermosa en su dolor, muy mas hermosa , 
Que cuando alegre , satisfecha y tierna 
A mi lado esperó la luz del alba 1 
Duerme, mi bien , mi encanto, mi delicia : 
Dulce como el olor de las praderas 
More el ^efio en tus ojos : duerme , amada : 
Desata , blando Amor, del bosque idalio ' 
Las mas templadas auras, y al oido 
Mi fuego y mi constancia le susurren. 
Halaga entre tus brazos , ó Horfeo , 
Su herido corazón : que se regale 
En la querida imagen de su Anfríso. 
Derramad en su frente atormentada 
Las rosas del placer , y los recuerdos 
De tan gozosos como breves dias , 

49. 



2S6 MUSÍAS 

Que mi ventura fué , que fui la suya ^ 
Dbipen los pesares de su pecho» 
Mas ay) que DO... Cuál gime I cuálpalpiiaí 
^blanco seno I ¡ cuál la linda mano 
Oprime al corazón por sostenerlo I 
Cuál arden sus mejillas ! destrenzada 
Ia hermosa cabellera , cireulanda 
Por el neyado cuello , vaga iiieierta>. 
Pero qué miro ! lloras , dulce Misa l^ 
Lloras, ay ! y envenenad infortunio 
De ese breve descanso los momentos I 
Una lágrima sola se ha escapado 
De sus cerrados párpados ; girando 
Sobre el cavmin do su purpúreo rostro.^ 
Brilla como la perla del rocío 
Entre el matiz de la naciente rosa. 
Bebédla, labios mios; mas no, ay triste I. 
£1 silencio respeta de sus penas ^ 
' Amante corazón. . . Seis vezes Febp 
Trajo la luz al aterido mundo , 
Seis vezes las tinieblas de la noche 
Envolvieron el cielo , mar y tierra ^ 
Y un solo instante la amorosa hija 
£1 lecho de la madre moribunda 
No cesa de regar con tierno llanto* 
Oh piedad filial! toda perdida 
En su amargo pesar , de si olvidada ^ 
De un amante olvidada que la adora , 



AM0B09AS. 227 

Entre el iemor y la esperanza anhela, 
Se agita al lado de la dulce madre, 
Llora y oprime el encendido Ibro 
Por robarlo,á sa vista. Los cariños , 
Que la angustiada enferma le prodiga , 
£1 arpón del dolor clavan mas hondo 
En sa afligido ooracon. Recuerdos 
De la edad juvenil, de la edad tierna f 
La infelize orfandad , que la amenaza ^ 
Cuanto gozó y pend, todo la aflige. 
Alma celeste y pora , hermoso pecho , 
I>o la santa virtud- fij4i su trono, 
Gloria de mi existencia y dulce hechizo , 
Mi bien , mi amor, mi todo , ¡ quién pudiera 
£1 rayo aselador de la. desgracia , 
Quedando libre tú , recibir solo ! 
Hija del infortunio I ¡ quién me diera , 
Qi4e aqueste triste pecha acometido 
De tormentos sin fin , olvido , zelos , 
Desden , desolamon y horror de muerte^ 
Los abatidos ojos levantando, 
Satisfecha y gozosa te mirase ! 
Muriera yo , ay de mi I mas no penaras,. . 
Duerme , mi dulce bien ; duerme, amor mió : 
Ta existencia un momento interrumpida 
Te robará al dolor. .. Recibe ahora 
En este breve y temeroso beso , 
Que apenas hollará tu pura frente^ 



228 M>fi8ÍAS 

Los Totos de im amante enardecida^ 
Él títíó para ti : morir promete 
Por que Tiraf felti. Eepoaa, amada , 
En el regaso plácido del soeño. 
Cesa ya de silbar , ábrego impío : 
Cesa ; horrorosa tempestad : sos alas 
Tiendan el austro y el favoaio blando, 
Que está el bien de mi vida descansando, 

XV. 

A DON DIBGO HOH1XRO , MI jUlIQO. 

Y ti pesar de sa ausencia tí trocafse, 

No en pena, no en concoja,- en cruda muertei 

Y en fuego eterno el alma atormentarse. 

Garcuaso. 

Jlmarua^ 2 ele octuBre de±S.,, 

Aqu{ , do de Yendoma la alta gloria 
El mármol á los siglos ya anunciando 
T del ingles yencido la memoria ; 

Pides, querido amigo , que templando^ 
IHi ya olyidada citara , del viento 
Suspenda el curso con su tono blando. 

Quierds que el ceño adusto maoilent»^ 
De esa montaña lóbrega y sombría 
La suavidad mitigue de mi acento» 



¿Y podfé resonar la lira mía 
En ^ta soledad tan dulcemente , 
Gomo en el Bétis resonar solía ? 

¿Podrá el herido coraron doliente , 
Este sensible coraaon , que llora 
€on lágrimas sin fin so bien ausente? 

¿Podrá exhalar la tos encantadora , 
Que tal TM complacido y satisfecho, 
Me oyó la noche y la naciente aurora ? 

Nó y mi Montero : á un afligido pecho 
Solo gemir , solo penar le es dado , 
En amorosas lágrimas deshecho. 

Tú ignoras en qué abismo quiso el hado , 
Flechando de una yes todas sus iras , 
Precipitar un triste desgraciado. 

Yes el desnudo monte ? ¿ el valle miras ^ 
De donde exhala el lindo torrente 
Las mortíferas auras, que respiras? 

Pues comparado al peso, que inclemente 
£1 corazón me oprime de contino , 
Es dake etwo y prado floreciente. 

Este áspero desierto y sin camino , 
Lleno, solo de sombras funerales , 
Que á la ambidon sacrificó el destino ; 

Es campiña de mieses y rosales , 
Do se goza el abril , si se compara 
A la eterna amargura de mis males. 

Y el cielo abrasador , que nube rara 



250 poesías 

Entolda y y cuyo fuego despiadado^ 
Las árticas montañas liquidara ; 

Es el cielo , que al Tempe regalado 
Cubre , ó al bello Dauro ó Gnadaíra , 
Junto al ardor del pecho atormentado- 
Mi corazón anhela y no respira : 
No es sangre, no, que es fuego el que en mis 
Consumiendo mi ser , violento gira, [venas ^ 

Oye la historia amarga de mis penas; 
Oyek y tiembla , amigo , si algún dia 
Quiere eL Amor que arrastres sos cadenas. 

En la ribera plácida que enfria 
> Guadalquivir, do el sol del occidente 
El postrer rayo de su fuego envía; 

Vi una hermosura en el verdor luciente' 
• De sus floridos años , que el sencida 
Me enajenó festiva é inocente. 

De Minerva y las Musas atraído 
Pasara yo mi juventud dichosa , 
En fáciles cuidados divertido. 

Por vez primera entonces la amorosa 
Llama probó : se decidió mi suerte» 
Y dueño halló mi voluntad ociosa. 

Sentí, ay de mí ! sentí que hasta la muecle 
Sin redenoÍMi estaba ya enredado 
En el lazo tan dulce como fuerte. 

La celeste oci^ion de mi cuidado 
No juveniles grácil^ y hermosura 



AMOROSAS. 231 

Ostentó solo á ún pecho ya entregado ; 

Mas un alma tan firme , tan segura 
De so valor , bondad tan generosa , 
Tan grato hablar , tan tierna risa y pura, 

Qae la fiera, mas fiera y mas sañosa, 
T un corazón de triplicado acero 
Postrara fácil ¿ su planta hermosa. 

¿Quién te podrá decir , dulce Montero , 
Lo que fué de tu Anfriso en el instante 
Que al declarar la pena de que muero , 

£1 pecho, que temí duro diamante , 
Y sin piedad á mi dolor y esquivo , 
Sus lágrimas dijeron , que era amante ? 

Dulce raudal de amor copioso y vivo 
Deslizarse miré por su mejilla , 
Blandos ojos volver á su cautivo ; 

Y aquella blanca mano , á la que humilla* 
La rosa su carmin , su albor la nieve , 
Entre mis manos venturosas brilla. 

Ni el templado favonio^ cuando mueve 
Sus alas entre plácidos olores , 
Ni el puro aljófar ; que la aurora llueve , 

Tan gratos son al prado y á las flores ^ 
Como las bellas lágrimas , que vierte , 
Nuncios de la ternura y los amores. 

En esperanzas mi temor convierte : 
Mi pena en gloria ; y el favor perjuro, 
Simple! aplaudí de la inconstante suerte. 




2S2 POESÍAS 

¡Cuan iaeaalo, ay de mi! canté fogara 
En la lira, ^e Apolo me 6ara , 
Su gracioso desden , su halago paro ; 

Las encendidas rosfs de su cara, 
Stt torneada mano , el dulce beso , 
Dulce siempre , ó lo diera ó lo negara ; 

Su blanda risa y pHUiida , embeleso 
Del ciego corazón , y el tierno llanto , 
Que el fementido Amor bebió travieso ! 

Testigos fueron de mi alegré canto 
La aurora y la tiniebla: el claro dia 
Tendiendo al orbe su rosado manto » 

Los fuegos del ardiente mediodía , 
La f ugitira tardé , todos vieron 
Liundada en placer el alma mia. 

Dies veces la morada enrojederon 
De Aries los febeos esplendores , 
Diei veces el remoto pob hirieron : 

Yo divertido &i pláddos amorás , 
Aquel siglo de gloría ddieioso 
Como el aura fugas pasó entre flores ; 

Y en nn momento el hado envidioso * 
Convirtió de mi dicha el claro dia 

En noche oscura y cielo tempestóse ; 

Y el despiadado Amor , cuya alegría 
Son los ayes , que el mísero suspira , 
Me arrojó, liarte, á tn contienda impía. 

La horrenda enseña de venganta ó ira 




AMOROSAS. 2S5 

Seguí, infelize t lejos de aqaelprvdo , 
Do el blando peeho , en que títí , respira : 

De aquella boca y seno delicado , 
De aquel dulse ademan , de aqadlos ojos. 
Que adora el coraion desyenturado. 

Ah ! ¿ quéá mí con los ásperos enojes 
De la guerra eruel? ¿ cuándo be querido 
Parte , fiera ambición, en tus despojas? 

Allá siga el tirano empedernido 
Las armas sin piedad : siga el estroeado, 
Siga el carro de Marte embravecido t 

Atienda de la trompa el son borrando» 
Gomplásease en el campo ensangrentado, 
Que el cañón de destrozos ya cubriendo ; 

T un tierno eoracoo enamorado» 
Solo placer, -solo respire amores» 
Solo ambicione amar y ser amado. 

Logre trofeos de inocenteaflores, 
Cogidas en el seno de su hermosa, 

Y arrebate dulcísimos favores. 
Dé á la batalla seña sonorosa 

Del blando beso el plácido estallido, 
T él termine la lucha ddieiosa. 

Yo alumno de las Musas y Cupido 
En el campo de horror á mi despecho 
Por la ajena ambición fui conducido : 

Me arrancó airada del paterno techo , 

Y sin ser á otra cosa poderoso, 

20 



J 



2S4 POESÍAB 

Mi adorado placer volé deshecho* 

¿ Por qaé no sttf re el cielo rigoroso, 
Contra el humano miaero indignado, 
Que ningún amador viva dichoeo? 

I Qaién , infeliee ! como yo f aé amado ? 
¿QttiéndiYertido en fáciles placeres 
yiYÍ6 de la ambición mas olndado? 

¿Gnándoalmetal,qnetú, codicia, adquieres^ 
Troqué la pac, ó dulce medianía. 
Ni el bien tranquilo, cuya fuente eres? 

Nada bastó : del claro mediodía 
Hasta los mares lóbregos del polo 
Creció el incendio de la guerra impía: 

A cuantos pueblos ilumina Apolo^ 
Se estendió destructor; y no tocado, 
¿IG humilde techo se librara solo? 

Fué preciso, Montero, que arrancado 
De su firme raia el trono ibero 
T el orgullo francés fuese humillado^ 

Para que de mi sueño lisonjero 
Despertase infelis ; para que huyese 
Aquel asilo del amor sincero ; 
' Para que bajel mísero siguiese 
£1 impulso del viento enfurecido, 
Y entre escarpadas rocas pereciese. 

Y por que muera, ay Diosl tan nbatido 
Cuanto dichoso fui, la cruda ausencia 
Es quien devora fA pecho dolorido : 



AMOROSAS. 2S5 

De cuantos el ameren su inclemencia 
Mon8traosprodace,etmonsti^omas horrendo, 
Que no cede al valor ni á la paciencia. 

Hiere el desden ; y al paso que ra hiriendo, 
Cual la lanza de Aqniles, sanar suele, 
El ofendido otgullo conmoviendo. 

Aunque entre halagos la inconstancia vele 
Su pérfida crueldad, el desengaño 
Destroza el lazo vil, que agrada y duele. 

Sabe sufrir un año y otro año 
Combatiendo al amor el pecho fuerte, 
Que descubrid una vez su torpe engaño; 

Y si tu amado bien robó la muerte, 
Muere y descansa ; que en la muerte acaba 
Todo el poder de la implacable suerte. 

Mas ay ! la ausencia ¿qué dolor no agrava? 
Ni ¿qué dulce esperanza la consuela, 
De la sospecha vil tímida esclava? 

Tal vez injusto el corazón rezela, 
(Perdona, Elisa, á un desgraciado amante) 
Que un amor mas dichoso te desvela ; 
Y tal vez temo, si pasión constante. 
Belleza y juventud yertos despojos 
Fueron ya de la tumba devorante. 
El sospechado mal ciertos enojos 
Me causa, y en mi acerba* desventura 
Cuanto puedo temer, lloran mis ojos. 
Feliz tú, amigo, que en la pena dura 



256 POESÍAS 

De tantw niiserables compañero, 
Tienes cierto consuelo é su amargura. 

De tu esposa el halago placentero» 
Interpoesio al dolor, que te persiga, 
Sus iras quebrará y el golpe fiero. 

¿ Qué puedes, suerte acerba y enemiga, 
.Cuando te ensañas mas, contra un dichoso, 
Que estrecha al seno su adorada amiga ? 

Su bondad dulce y zelo afectuoso 
Te formarán con plácidas caricias 
De ternura y Tirtud el nudo hermoso. 

Hasta las penas te serán propicias : 
Que del amor el beso regalado 
En Tentura las trueca y en delicias. 

Yo en tanto, solo , misero , privado 
De consuelo, lamento con mi pena 
Las de mi ausente bien é idolatrado. 

Cada ay, que exhala á la ribera amena , 
Do otro tiempo el Amor nos sonreía, 
En mi afligido corazón resuena. 

Quizá en el seno de la verde umbría 
Buscas , mi dulce bien, aquella fuente, 
Primer testigo de la gloria núa; 

Y su escondida y plácida corriente 
Llorando aumentas, y al laurel impjrimes , 
Do tu nombre grabé , beso doliente. 

Tal vez, si el llanto tímida reprimes 
Entre el odio^ popular ruido , 



jMonoBÁS. 257 

Con ta mudo pesar el peeho oprimes. 

Desgraciada beldad , si á ta gemido 
Es consuelo saber, que de tus males , 
Más infelice yo, nunca pe olvido ; 

Juro por esos ojos celestiales , 
Hechizo y ya tormento de mi pecho , 
Abrasado con fuegos inmortales , 

Que hasta yacer exánime y deshecho , 
El tierno corazón que en ti viría , 
Penará , siendo tuyo , satisfecho. 

Jo te he enseñado, dulce amada mia , 
La senda del placer : hora te enseño 
A contrastar la adversidad impla. 

Fácil es de la dicha el blando sueño ; 
Mas ¿quién guardó á un ausente fiel memoria, 
Si el destino cruel mu^^stra su ceño? 

Aspiremos, mi bien, á esta victoria : 
Que hay también en las selvatf de Gufñdo 
Para el constante amor laurel de gloria. 

Ya , generoso amigo, ya has sabido 
La acerba causa de mi eterno duelo : 
Gompasioa y amistad solo te pido. 
Pues no es posible 4 mi dolor consuelo. 



20. 



238 POESÍAS 

XVI. 

LA RECONCILIACIÓN IMPOSIBLE. 

Mujer, que destrozó con furia impía 
De unxasi eterno amor los firmes lazos. 
No espere ver amigo entre sus brazos 
Al que engañado amante fué algún dia. 

Puede estimar un triste desdeñado 
El rigor, que se opone á su fineza : 
Que no es culpa el desden en la belleza , 
Ni es ignominia al fin no ser amado. 

Suspéndase á los zelos la venganza : 
Que aunque el berido pecho sienta el daño, 
La prontitud de un útil desengaño 
A perdonar convida la mudanza. 

Mas olvidar un siglo de caricias , 
Dorar con falsedades el olvido. 
Calumniar el amor mas encendido» 

Y acusar como culpas sus delicias; 

¿ Quién lo sufre? La infiel, que cruda hiere 

Y luego injuria , su eentencia escribe : 
Que el amor, que á los zelos sobrevive, 
Bajo la espada del agravio muere. 

Tus perfidias , Elisa , dbiparon 
La ilusión dulce que adoraba ciego ; 

Y ¡ aun buscas necia de amistad el/uego 
En cenizas jd* amor, que ya volaron i 



AMOHOSAS. 259 

Pregauia dónde está mi antigua llama y 
No ¿ mi , sino á ta pecho fementido , 
Qne ya de furias , ya de amores nido ^ 
Jamas conoce si aborrece ó ama. 

De ta incierto cariño é inconstante 
Sufre, necia beldad , la justa pena : 
Que no Yuelve á la pérfida cadena, 
Una yez libre , el injuriado amante. 

Nanea, Elisa falaz, nunca me amaste : 
¿Goándo pecho amoroso fué inclemente? 
¿Por queme heriste, infiel , si era inocente? 
¿ Por qué , si criminal , no perdonaste ? 

O en fin 9 si tan sañuda me aborreces, 
T ta halago en furor lloré trocado , 
¿ Por qué, ya aborrecido é insultado, 
£1 dulce afecto de amistad me ofreces? 

Áh 1 quédate con él : con él convida 
A un alma menos tierna ó mas paciente : 
Ni soy tan nerio yo , que hacer intente 
Amiga fiel de amante enrilecida. 

XVIL 

A SERAFINA. 

Imitación de Horacio. 

Qué lloras , Serafina? el caro esposo, 
que te robé el destino , 



240 FOBSÍAS 

ToWerá á ti mas tierno y amoroao. 

Si Marte despiadado 

de lo8 oampos del Bétia erisiaUao 

á las australes playas lo ha am^ado, 

no tu earifio oMda ; 

que SQ prenda te llama y doSee vida. 

Esgrime contra el fiero independiente , 
mientras que brilla el dia , 
fiel á patria .y á amor» la espada ardiente ^ 
y cuando restituye 

el descanso comoil' la noche «mbria ^ 
el grato sueño de sus ojos huye , 
y en solitario lecho 
tu ausencia gime en lágrtmaa deshecho. 

Al donaire, las gracias, la hermosura 
de mil nuevas beldades 
prefiere de su pena la amargura. 
Ciegas por él suspiran : 
ya con artes de amor , ya con verdades 
al firme coraion flechas le tiran : 
en vano : que al mar fiero 
no es erizado escollo tan entero. 

Tü empero teme , que al audaz Silvano 
mas de lo justo quieras : 
aunque ninguna lira el verde llano 
ni los frescos abrigos 
mejor llene en las vándalas riberas : 
ni alguno entre sus jóvenes amigo» 



ÜMOROSAS. 244 

por el prado ó la selva 
el bridón cordobés mas diestro vuelva. 
Cierra temprana tn modesta puerta , 
ni á su amoroso canto 
dé entrada fácil la ventana abierta : 
ni mires ouidadosa , 

si espera insomne de la aurora el llanto ] 
y aunque al son de la cítara quejosa 
te llame ingrata y fiera , 
en el cauto desden tú persevera. 

xvm. 

EL Ct7MPL£ÍL$0S D£ ZELMIRA. 

Scríbe qaod quaevls nosse puella Tclit» 

PHOKAT. 

Plácido vuelve el delteioso dia , 
que tus floridos afios , 
linda Zelmíra , y tu beldad aumenta ; 
y al despuntar en el rosado oriente , 
con sus trinos suaves 
lo aplaude el coro de las dulces aves. 

Sereno brilla el cielo : el prado ríe : 
rie la fresca selva , 

que de verdor temprano se engalana : 
alegre el claro sol comienza el día 



Á 



242 POESÍA 

tras la rbaeña aurora , 

y el pastor amoroso solo Hora. 

Lágrimas vierte de temara y fuego 
al yer la peregrina 
deidad , que ilustra el oHtoso Bétis ; 
y « ¿ quién , » clama , « los ojos venoedoresi' 
podrá ver de Zelmira , 
sin probar del amor la infausta ira ! » 

« Aquellos labios de rubí encendido» 
los labios son , que Psiquia 
al escondido Amor cedió turbada ; 
y el ondeante y nítido cabello ~ 
es la guirnalda umbrosa , 
que ciñe en el cénit la luna hermosa. « 

« El ámbar puro de su puro aliento 
es la esencia , que roba 
á las rosas, el zéfiro atrevido ; 
y su V02S celestial el dulce canto , 
con qne blandos amores 
Venus inspira al dios de los furores. • 

« Su risa virginal , la lu£ templada , 
que el alba vierta al prado , 
cuando riega las flores : su albo seno y 
doble colina cuya falda cubre 
tesoro apetecido , ^ 

que el mismo Amor contempla «nardecido. • 

« Arded , pastores , ya : cual corre el hielo 
en ondas desatado 



J 



r 



AMOROSAS. 24^- 

ante el sol de caliente primavera , 
así á tu vista el corazón mas duro 
se abrasa en dulce fuego , 
por ti anhela y renuncia á su sosiego. » 

« Dos giros hoy añade ¿ los tres lustros 
de la edad venturosa 
el claro Apolo. Joven azucena , 
que en el pensil de amor brillas temprana , 
quien tu hermosura viere , 
nunca otra vez la libertad espere. » 

Asi llora el pastor. Tu nombre graba 
del álamo en el tronco , 
Y de amorosas quejas llena el viento : 
solo suena en las márgenes del Bétis 
el nombre de Zelmtra , 
y el eco en los collados lo suspira. 

Mas tú gozosa en tu beldad lozana , 
de Amor burlas las iras 
y el arco triunfador : su arpón ardiente 
to perdonó hasta ahora , y á tus juegos 
la inocencia w>nci[e 
y sosegada juventud te engríe. 

Solo te place la rosada mano 
por el blando instrumento 
llevar , enajenada en su armonía ; 
ó bien gozar del baile , tu delicia , 
el rumor placentero, 
moviendo al doloe son el pié lijero. 




344 po£5Us 

\ Ay , cuánto faego emprendes ! bieneiilMes 
el torneado braio 
al feliz compañero ; bien rebuyas 
el lindo cuerpo con dMden natiTO ; 
ó bien sueño amoroso 
finjas sobre su brazo venturoso. 

Tersícore del Bétis I cuantas ninfas 
por sus riberas danzan , 
en aire y gala superior te enridian. 
Ay ! mientras el zagal tus pasos sigoe 
con amoroso anhdo, 
tú descuidada burlas su desTdo. 

No siempre asi será. La pura Dama , 
que tú inspiras , probtuido , 
de dulce amor palpitará tu seno : 
por tu mejilla delicioso llanto 
correrá en blando giro , 
y exhalarás su plácido suspiro. 

Si , Zelmira : las gracias , qoa benigna 
te prodigd natnvay 

no en vano anuncian tu sensible pecbo , 
nacido para amar y ser amado. 
Y ¿ á quién guarda el destino 
de tu dulce ternura el don divino ? 

£1 mismo Adonis le verá envidiosa 
desde el gremio de Vénua : 
Cupido mismo dejará á su Psiquia 
en los laches de Guido sotitaria , 




AMOROSAS. 24S 

y «1 nombre de tu amado 
coronará del mirto enamorado. 

En tanto oye benigna las canriones 
que tu beldad eelebran i 
esta es la lira , que cantó de Elisa 
la constancia y amor , é hizo su nombre 
en el Bétis famoso , 
y del olvido y tiempo victorioso. 

Lira felic , que de laurel eterno 
é inmarcesibles rosas 
Apolo rodeó : su verde mirto 
le ciñó la deidad de loa amores ; 
y de su fuego Uena 
solo ternura , solo amor resuena. 

Hora es tuya. Hermoslaima Zelndra , 
yo vi varías bellesas : 
cuál me hechizó por el mirar sereno 
de sus lucientes ojos : ya en los labios , 
ya en dorado eabdlo 
me hirió el Amor , ó en el tornátil cuello. 

To las canté. De la beldad divina 
amador entusiasta» 

do quier la vi , adoré su pura imagen : 
mas ay ! que solo en ti reunid Cupido 
las gracias celebradas, 
que en mil hermosas brillan separadas. 

Salve , ó beUa : tu nombre repetido 
en las vandalias liras * 

21 




246 POESÍAS 

llenará siempre el delicioso margen 
del claro Bétis : ybrirá wt su yega 
ta querida memoria , 
y crecerá en sus álamos tu gloria. 

XIX. 

LA AUSENCIA. 

Traducción de Leonsrd. 

Partió mi bien á la lejana aldea. 
Ay f ya la seWa umbría 
ó el pintado verjel ¿ á quién recrea ? 
Huyó el campo, desnudo de alegría, 
la madre de las flores j 
y abandona el amor nuestros pastores. 

Entre aquellas colinas , Dóris bella , 
te robaste á mis ojos. 
Zéfiro, si has pasado junto á ella , 
' ven, y consuele al menos mis enojos 
el ámbar regalado y 
que su labio de rosa ha respirado. 

Y ¿ cuál árbol felis hora le ofrece 
su plácida frescura ? 
¿ qué prados su nevado pié florece ? 
¿ en qué fuente contempla su hermosura? 
ó ¿cuál floresta amena 
con su canto dulcísimo resuena t 



\ AMOROSAS. 247 

-'' j Ay , quién fuera la flor de su tocada ! 

ó la cinta que enlaza 
so seno ! ó de su pié blando calzado ! 
ó en sus vestidos ondeante gaza ! 
ó el pajarillo ufano, 
que «Ha besa y regala con su mano ! 

Tú, ruiseñor, al nido delicioso, 
do el placer te conrida , 
vuelas. Ay ! vuela , mientras yo envidioso- 
la prenda lloro de mi amor perdida : 
8Í tuviera tu vuelo , 
¡ cuan pronto fuera donde está mi cielo t 

Ya ¿qué me importan las pintadas florea 
de la verde pradera 
que me vieron feliz ; los resplandores 
del sol , ni la apacible primavera , 
ni el aura que respiro , 
ni cielo y campo , si á mi bien no miro? 

IHas tú , mi amada, entre el rumor nocivo 
de bulliciosas fiestas , 
¿ olvidarás nuestro cantar nativo» 
y el placer que animaba tus florestas , 
y la danza inocente 
y las guirnaldas, que ceñí á tu frente? 

Ay ! no me dejes : moxirá tu amante, 
si la dulce terneza , 

que ardió en tu pecbo, apagas inconstante. 
Puede rendirse esclavo ^ tu belleza 



A 



^ 



248 POK8ÍAS 

un pastor i»a$ hermo$o ; jí 

mas ¿ dónde b hdlarás tao amoroso ? ^ 

Regálate en la imagen de iu: ausente ,, 
cuando el alba «maaesea , 
y al morir y al nacer el sol ardiente : 
que el delicioso sueño te la ofreíoa , 
y que sea , mi i^loria , 
cuando despiertes , tu primer menoría. 
Si adorada ie ves de nueto amante , 

nuestro primer momento 

recuerda : coloraba mi semblante 

la timides , y el corazón sediento 

en mis ojos brillaba 

y en mis trémulos labios palpitaba. 
£1 dulce valle, que moré contigo ^ 

ya es triste y enojoso; 

buyo la vos de mi mejor amigo : 

cuanto amé en otro tiempo , mo es odioso y 

y en tan amargo duelo 

pido mi Dóris al Amor y al cido. 
Estas las flores son do descansabas ; 

cantando aquí á tu lado 

rbueña y cariñosa me mirabas ; 

allí unido parné nuestro ganado; 

allá me despedía 

cuando al ocaso se lanzaba el dia. 
VQlvéd , volved , momentos deliciosos : 

vuelve tú y dulce amada y 






auokosás. 240 

á animar estos bosques stleadosos ; 
y al tono de k flauta eúamorada 
mis cantos de alegría 
despeiiarán los eeos de la umbría. 

XK. 

GELU A AKFRISP. 

Ya, caro Ánfríso, de lá fleeba impía 
Ta tierno coraxon gemiiá herido 
Que destroaó mi rápida alegría ; 

Y el llanto de amistad habrás vertido 
Sobre su tumba, y á la sombra helada 
El homenaje del dolor rendido. 

Y ¿ por qué á esta infeliz desesperada 
En su inclemencia le negó la suerte 
Ver por lo ménes la eenixa amada? 

Yo hubiera con mi abraxo en nudo fuerte 
Su espíritu ligado : yo la presa 
Robado hubiera á la implacable muerte; 

Y sobre el yerto labio , ya pavesa 

De mustia llama , con mi labio ardiente 
La vida del amor dejara impresa. 
Yo penetrara de vigor caliente 
Sus medio helados miembros : yo volviera 
El fresco lirio á k amarilla frente ; 

Y á los ojos, que cubre noche fiera ^ 




250 POESÍA» 

EaTÍdia un tiempo del rosado día , 
La alegre claridad restituyera. 

Compasiva tal Tez la Parca oiría 
Mi angustiado gemir : mi tierno Iknta 
Los reinos del horror conmovería ; 

Y si el lloro de amor no puede tanto, 
Muriera con mi bien : este consuelo 
No negara el destino á mi quebranto. 

Hora solo la imagen de mi duelo 
Y la vez de aflicción desconsolada 
Concede á mi dolojr el crudo cielo. 

En la campiña mustia y apartada 
£1 dirice nombre de mi bi^i perdido 
A los vientos entrego lastimada. 

Murió Alexis , me vuelve en su bramido* 
El silboso aquilón de la montaña : 
Murió , me vuelve el noto enfurecida. 
Tal vez la vista fijo en la campaña 
Que de verdor eterno eorojiaio 
El cristalino Bétis sesgo bsMi : ' 

Allí mi pecho libre y descnidade 
El solaz grato de la edad primera 
Gozó en alegres juegos regalado. 

De la amistad la llama placentera , 
Que brilla sin quemar, y amor paterno 
Único fin de mis cuidados era. 

Ah ! no entonces temí y queen fuego inlerao 
Se abrasaran mis venas , oí el dj^tiao 




AMOROSAS. 281 

Me GondeBAse á suspirar eterno. 

Mas ay ! que cuando el cielo mas benigno 
Me sonrió , 'á desdichas inmortales 
£1 despiadado amor me abrió el camino. 

AUi al aator querido de mis males 
Yi : alli le amé , y amor correspondido 
Nos coronó de rosas celestiales. 

Tú , Anfriso , con los dos en lazo anido 
De amistad generosa , tú notaste 
£1 incendio crecer no resistido. 

¿Por qué, cruel, la llama no atajaste 
En su nacer con oportuno ayiso ? 
¿Por qué el fuego mortífero aprobaifie? 

Mas todo fué para mi mal preciso» 
Si el amor y la suerte conjurados. 
En mi su ira probar el cielo quiso. 

¿ Quién me diera , ó amigo , que inundados 
De las loteas agnas mis sentidos i 
Quedaran tanlos bienes olvidados? 

Dulces bienes^ amor, ¿por qué sob idos? 
Y si sois idos ya , de mi memoria 
Para siemjNTQ Tolád , yolád perdidos. 

Pregunta , Anfriso , mi amorosa historia 
Del verde tronco á la corteza fria. 
Donde impresa á su par creció mi gloria. 

Pregunta al valle, á la enramada nmbriá, 
Al prado , al monte , al rio : todos fneron 
Caros testigos ie la dicha mia. 




252 POESÍAS 

Si las tinieblas lóbregas faayeroa 
De la aactente aurora , Tentorosa 
Mi dulce Alexis celebrar me vieran ; 

Y si cubrió la noche parorasa 
Los cielos , por au ausencia suspirando^ 
Me sorprendió la luna sikneiosa. 

Todo era amor : faTonio susurrando 
Entre las flores; manso el arroyueb 
Las tranquilas riberas halagando ; 

El dulce resplandor del claro cielo , 
El trinar de las aves, la alegría , 
Que vierte el alba en el sediento suelo ; 

Todo haUaba de amor al alma mia; 

Y de mi pecho á U emoción ardiente 
Encantado mi Alexis sonreía. 

Ay ! de tanto placeri cielo inclemente , 
Ya ¿ qué nos resta?... un túmulo lejano ,. 

Y de mis ojos la perene fuente. 

Ni esparcir puede mi amorosa mano 
Las flores dd dolor sobre sk losa y 

Y el dolorido Uanto pierdo en vano. 
¡ Cayera donde mora silenciopa 

en sueño eterno su ceniza cara 
y allí espirara Celia venturosa! 

Mas ^ lo que puedo) i la funesta ara* 
En gemidos sin fin el alma envío , 
Que ya á seguir su sombra se prepara. 

Vuela á su tumba, ió , suspiro mio^. 




AMOHOSAS^ 2^ 

Y clama sin cesar « amor eterno , 
Que anime el polvo del sepulcro frío. » 

En él encerró ya mi afecto tierno 
El malogrado- Alexis : allí viva , 

Y gózelo en olvido sempiterno ; 

Que ya de nnevo amor nueva cautiva ^ 
No me v€rán formar nuevos enlazas , 
De mis primeros nudos fugitiva. 

¿Qué á mí de los pastores los solaies , 
£1 zeloso pesar, ni h alegría , 
Las falsas guerras , ni las blandas pases? 

Dulce y perdido bien del abna mía I 
Si mas allá de la infletiUe muerte 
Dura el ardor, con que me amaste un dia, • 

£1 voto acepta y lágrimas, que vierte, 
Por siempre tuyo, mi amofoso pecha : 
Tus manes adorar será- mi suerte « . 

Y en mi dulce morir, ua misme Iferieobo 
Cubra nuestra ceniza enamorada ; 
Y el peregrino , en lágrimas deshecho , 

Dirá : « de Celia , amante y degradada , 
La Parca marehité la edad florida , 
Mas no el amor ;^asta en la tumba helada 
A, su adorado Aléiis yace unida. » 



254 POESÍAS 



XXL 



A ALETINO, <ÍÜE ABANDONÓ £L £8Tin>TO T 
LAS MUSAS POR EL AMOR. 

Aletino , ya «n fin de amor anlidas 
los pérfidos placeres : 
el fuego devorante , 
que consume tu pecho, en Taño celo»'. 
Ya el hijo de Citares 
arboló contra ti su arpón triunfante y 
y entre ei sumiso hando 
del carro de su gloría Tas tirando. 

Y ¿ de qué rubio y nítido cabello 
se labró tu cadena 

de esclsTitud? ¿cuál mano 

de rosa y de jaimin la echó á tu caelIoT 

que ni la cumbre amena 

visitas ya del Pindó sob^ano ^ 

ni en las qoctornas horas 

el santo numen de Minerva adoras. 

Y ¿ quién negará ya que á la ardoa «erra 
subir pueda el torrente, 

ó Bétis cristalino 

dejar ceñudo la tartesia tierra , 

y su mansa corriente 

llevar al cauce del Jenil divino^ 




AtfOROSAS. 255 

-si las sabiaB tareas 

truecas tú por las lides citereas? 

Ah! mefor prometiste. Vaeke al seno «^ 
de la amiga Helicona : 
la margen esmaltada 
otra vez oorre del Permeso ameno; 
do el laoro y la corona , 
por la dulce Melpómene enlazada 
y enardecido aliento , 
Febo te dio y el plácido instrumento. 

Mas ¿quién podrá la flecha emponzoñada 
del seno desdayarse ? 
¿quién podrá hacer, que olvide 
su dulce error un alma enamorada ? 
Verás al indio helarse 
bajo el fuego inmortal, que Aries despide , 
¿ntes que de sus brazos 
inesperto amador rompa los lazos. 

xxn. 

EL DESEICGAÑO. " 

Renace estación de los amores ¡ 
y el apacible aliento 
del zéfiro yemal la tierra inflama : 
ya la desnuda rama 
ae ciñe de hojaa mil : crecen las flores 




I. 



eireT herboso asiento. 

Survefo ceniciento 

depone la enramada : el alba Únete 

fí£ fecundos aljófares al prado , 

y el cieno destemplado 

duerme en el polo sobre estéril nief e. 

Ves , caro Albino , en la feru eampifia 
la halagüeña esmeralda, 
con qne borda su manto primaTera. : 
% ya conTertirse espera 

en la dorada miea , que á Céres ciña 

mas preciada guirnalda. 

Ta descubre sn espalda 

libre de hielo el monte : ya floreee 

el matizado abril la inculta breña ; 

y ep la tajada peña 

el lentisco oloroso retoñece. 

£1 Cándido rebaño en las praderaa 
pace la yerba fría , 

que esmalta el agua del raudal sonoro : 
en bullicioso coro 
yagan las l^agalejas placenteras 
por la floresta umbría. 
Nace el rosjido dia : 
I de las pintadas alas el roclo 

sacude el aye, y por la selva gira : 

goxo el valle respira , 

gozo resuena el viento ^ ^oao el rio. 



k. 



AMOROSAS. 257 

Días ay de mi ! yo peno. En la natura 
es kolo desdichado 
ta Anfríso. Al fió de la colina verde , 
que eaodalosa muerde 
del padre Bétia la corriente pura ; 
gimo y maldigo el hado. 
Ni el re8|dandor templado , ' 
que Febo enciende en el alegre cielo y 
ni la noche siguiendo por la esfera 
su esmaltada carrera , 
término dan á mi contino duelo. 

Recuerdo triste el curso presuroso 
de mi edad descuidada 
por el injusto amor acelerado i 
tan en balde espera#(| 
el bien , y el mal tan cierto y tan costoso , 
y la pac suspirada 
para siempre ahuyentada 
del corazón. Cual ábrego violento • 
voló el placer de un año y otro a&o, 
y el tardo desengaño 
vino oDi pos de aquel pérfido contento. 

Asi tal vez por calles pedregosas 
corre el turbio arroytielo , 
que al apartado mar raudo se aleja ; 
y cieno ingrato deja , 
mientras sus ondas bajan presurosas, 
en el estéril suelo. 

22 



258 90i:8ÍAS 

Ay ! con lijero vnelo 

pasó la verde juventud : pasaron 

con ella risas, juegos y cantares ; 

y de eternos pesares 

el vestigio infeliz solo dejaron. 

Un tiempo, un tiempo en el amable seno 
de lá inocencia pura 
tranquilo reposé : con faz risueña 
ine acarició halagüeña ; 
y gozé libre y de inquietud ajeno 
su celestial dulzura. 
Mas ay ! con mano dura , 
con mano irresistible al mortal brío , 
me arrancaste, ó amor, de su regazo, 
y en tu funesto lazo 
mi tierno pecho encadenaste impío. 

To , simple , te adoraba , y tus loores 
y tu bálago mentido 
en lira juvenil canté gozoso ; 
mi lira , que amoroso 
el padre Delio enguirnaldó de flores 
y del lauro querido. 
Hora en infausto olvido 
yace , rompido el plectro y cuerdas de oro , 
mustio el laurel, las flores marchitadas 
entre el polvo pisadas, 
y el tñste dueño en miserable Doro. 

Mas tú^ amor, que embelleces la naturt; 



k. 



AMOROSAS. 259 

'y en pez , en ave y fiera 
la delicia y el ser benigno inspiras , 
¿ por qué ejerces tus iras 
solo contra el mortal? Beber procura 
tu copa lisonjera : 
¿ por qué ponzoña fiera 
le das en ella , si el placer brindaste ? 
Hiere blando tu arpón , dulce , apacible 
en la planta insensible : 
\ y al bombre sin piedad lo enherbolaste ! 

Sepultada en el hielo desfallece 
del diciembre nevoso 
la tierna rosa , honor de la pradera ; 
mas si á la primavora 
el amante favonio blando mece 
sa vastago espinoso , 
del soplo cariñoso 
siente la inspiración , y conmovida 
las bellas hojas tímida desplega , 
y á amor so seno entrega , ' 
y es delicia y placer su corta vida. 

Dichosa flor I la juventud de un dia 
gozas brillante , y mueres 
sin ver la tríate hiz del desengaño. 
Yo , infeliz , por mi dado 
tu numen invoqué , razón impía , 
y mas funesta eres 
que los falsos placeres. 




260 POESÍAS 

Tú disipaste el dulce devaneo , 

qae me halagaba y dejas sa memoria 

ó Tuélveme mi gloría , 

ó de goiarla quítame e! deseo. 

xxnr. 



VEfOrS BUSCANDO AL AMOR. 



Tradaocion del Tasso.. 

Reina inmortal de la tercer esfera , 
hoy en la tierra husco 
al fugitivo Amor , mi dulce hijo. 
Jugando ayer en mi encantado gremio, 
ó maligno ó incauto , 
me hirió el coatado con su flecha de oro ; 
y huyendo del castigo , 
pasó los aires súbito volando , 
ni sé dónde se ocuUa mi tesoro. 
Recobrarle es mi afán : i'egBBtré luego . 
todo mi cielo de una en otra parte , 
y la esfera de Marte > 
y cuantas dora con su hermoso fuego 
el gran padre del dia , 
y en ninguna encontré la gloría mia. 
Hora, blandos mortales , pues mil veies 
habita vuestro suelo , 




AMOROSAS. 2fíí 

v«ngo á ver si por dicha aquí há bajado. 
No espero entre vosotras encontrarle , 
ó bellas ninfas ; que aunque osado juegue 
risueño con el oro ensortijado , 
y en torno de las rosas 
del semblante gentil yuele suave , 
y piedades reclama 

y pide albergue , vuestro pecho esquivo • 
rechaza al niño y su sabrosa llama : 
mas los hombres amantes 
en su pecho corteses le reciben. 
Amigos*, ¿dónde está mi Amor amado? 
quien me lo diga , tome de mi boca 
por galardón el beso mas suave , 
que y énus sepa dar ; y el que dichoso 
le vuelva á mi regazo 
de su destierro^vduntario, espere * 
otro premio mayor ; el mas precioso , 
que puedo conceder , aunque conceda* 
del amor la estendida monarquía : 
yo por el lagoestigio> 
juro cumplir la celestial promesa. 
Dónde está Amor? ninguno me responde ?' 
todos callan ? quizá yace escondido : 
quizá del hombro las pintadas alas 
dejó y del brazo el pasador temido , 
y vive entre vosotros ignorado. 
Mas yo sus señas os daré ^ que bastan 

- 22. 



aS2 POESÍAS 

para burlar su astucia. 

Aunque de edad y de perfidia cueAta 

muchos si^os, es niñe, y iao ira?ieso ^ 

que á cada instante muda sitio y forma ^ 

juguetón y Tersátil; mas su ju^o 

lleno está de peligro. Fácilmente 

prende y se apaga su iracundo fuego , 

y casi ai un momento Hora y rie. 

Su cabello , encrespado en risos de oro 

y poblado en la frente , 

como los tiene la Fortuna varia ; 

mas si tuelve la espalda , no faay alguno 

de que asirsde pueda. Sus colores 

mas yivos son que la encendida Ihma : 

su lascivo mirar pérfida risa 

al soslayo derrama : 

siempre en giro veloB los ojos nraeve 

y á fijar las miradas «o se atrevei. 

Su lengua , que parece en miel suave 

bañada de contino » 

forma palabras dulces y graciosas , 

y aunque tal ves truncadas é imperfectas y 

son darás é ingeniosas. 

En sus labios parece blanda risa , 

y la perfidia y los engaños lodos 

aquella risa encubre y 

cual entre ramo y flor fiera serpiente. 

Primero humildemente , 



ceal pobre peregrino , 

pide el niño por graeia ana guarida ; 

mas en el pecho inoaato ya acogido, 

se ensoberbece y manda 

altiyo ó insolente : 

las llaves arrebata 

del corason ; arroja al dncño antiguo , 

y otro nuevo entronisa ^ 

la rason esolaviía ^ 

quita é impone leyes ; 

el que huésped entré > manda tirano ; 

y al que se opone á su sañudo imperio , 

persigue y acongoja el inhumano. 

Os dije ya sus señas : 

si entre vosotros vive , yo es suplica 

que digáis dónde esta. Sigue el silencio ? 

pensáis quisa ocnltarmeb ? ¿ quién pudo 

tener á Amor oculto , simpleeillos ? 

pronto los ojos y la lengua indicios 

darán del huésped pérfido. El insano , 

que en su pecho quisiere 

cruda sierpe esconder ^ con grito agudo 

vendrá al fin lastimado á descubrirla. 

Mas pues aquí no encuentro 

al hijo de mi amor , antes que vuelva 

á la esfera celesta , 

buscarle quiero en apartados climas. 



264 POESÍA? 

XXIV. 

EN LAS BOD&« DE MIRTILA. 

Desde los mares de mi patria suend 
El canto del amor : ¿ qaé ninfa hermosa-, 
Qué celeste beldad hora conduces , 
Alma Yénos, al ara de Himeneo? 
Mirtila , gloria de los dulces prados^ 
Qne dora el sol cayendo al occidente 
€on sonrisa benigna , de Gapido . 
Al fin sintió los pláddos ardores. 
Amor , supremo dueño de los seres , 
Hoy erige su trono entre las hijas 
Del africano mar : islas fdises ,. 
Que veis al astro abrasador del cielo . 
Templar cansado en vuestras frescas ondar 
Su guirnalda de luzes fulminante. 
No envidiéis ya de Chipre ni Gitera< 
Los deleitosos valles. Nuova Psiqnis^, 
Por la que Amor dejara la de Gnido 
En su lecho de aromas , las orillas < 
Del atlántico piélago hermosea.. 
Está en su rostro la brillante nieve. . 
Templada con la rosa : la benigna . 
Luz de sus ojos sobre el campo esparce . 
£1 plácido calor del sol naciente : 



f 



AMOROSAS. 265 

La pura risa de la blanca aurora 
Tiñe sns labios : sn gracioso seno 
£s la GoKna , que en su falda cobren 
Los tesoros de amor : sa hablar suave 
Es d canto de Venus, con qne á Adóni» 
Halagó blanda en su beohisado gremio. 
No ya, felices campos de mi patria ^ 
Veréis yacer en inocencia inútil 
Tan bella flor , ni sola y sin amorea 
Temer del tiempo la fatal guadaña.. 
Mo , Mirtila : la gracia encantadora , 
£1 rostro de beldad , los ricos done», 
Con qne adorné Gopide tu hermosura^ 
No estériles serán. De ardor suave 
Tus ojos se animaron; y aquel fuego ^ 
Que en el pecho del joven venturos<K 
Encendiste , hechizando su existencia ^ 
Por el tuyo de nieve se dilata. 
Entre candidos lirios resplandece 
La rosa del pudor sobre tu rostro, 
Y en tu hablar apacible se desliza 
El gemido de amor : tu tierno pecho 
Bate y suspira, y en los bellos ojos 
Los rayos de Cupido centellean. 
Beldad , tú del hermoso Amor recibes 
Las mas celestes gracias : á él las vuelve. 
Deja, Mirtila, que tus sienes orle 
Su guimalda.de rosas : son cogidas 



266 POESÍAS 

En el verjel de Idalia : con suspiros 

Y lágriinas amantes floreeienm : 
Tejióla amor, y á tos heraiosas planta» 
Los juegos y las risas la presentan. 
Fecundidad sonríe : tu hormosura 
Mirará el genial lecho retratada 

En venturosa prole, que en mil nudos- 
Estrechará los lazos de Himeneo : 

Y amor felix , y amor correspondido, 

Y amor sin fin coronará tos dias. 
Mas dó vuelo? ¿ qué canto desusado 
El pecho herviente llena? Del Permes» 
Miro correr las cristalinas ondas : 
Estas son, Piado, tus umbrosas selvas, 
Aquel el valle de Belieon : la fuente, 
Do reside el espíritu del canto, 

De la castalia cnmbre se desata. 

Tu elogio son, Mirtila, dulces himnos 

Que resuena el Parnaso. £1 dios^ de Délo» 

Así canta en la cítara divina. 

Que enfrena el fiero piélago y del noto 

Acalla el ronco horrísono bramido : 

o Ninfas del Pindó umbroso, entre las llores^ 

Que la guirnalda de la esposa bella 

Tejen, y el mirto de la idalia margen 

Entrebsád el lauro de Belicona. 

Las artes, que otro tiempo su delicia 

Y dulce encanto de su edad primera 



AMOROSAS. 267 

Faeroa, hoy la coronen ; que no en Taño, 

Bella Mirtila, tu naciente seno 

Para el amor formaron. Las lecciones, 

Que al sencillo pastor dictó Cupido 

En el sonido de la ruda avena, 

No en Taño las oíste. £1 euro blando, 

£1 manso susurrar del sesgo rio, 

Záfiro entre las flores bullicioso 

Imagen son de amor. Joven felize, 

No solo el puro rostro de Diana 

Y las gracias de Venus en tus brazos 

Al pecho amante estrechas : cuanto el cielo 
Podo inspirar de sus celestes dones, 
£1 candor virginal, la fe constante, 
La piedad dulce, el ánimo modesto, 
Por las sensibles Musas instruido, 

Y al que no encubre avara sus tesoros 
Naturaleza, un genio sobrehumano 
En tu dichoso seno se recata. 

Ah ! goza : del placer la dulce fuente^ 
Que amor te brinda, agota : sé de amantes 
El modelo y la euTÍdia, y de Mirtila 
Gloria y feUcidad; y antes que el alba 
Colore al Teide de su luz serena, 
Recibe el dulce beso de Himeneo. 




A 



SONETOS, 



I. 

MOISÉS. 

Espoestofué del Nilo en la comente 
El qae á brael intrépido acaadilla , 
Borrando de la faz la vil mancilla 
De esclaYitod á su oprímada gente ; 

T al rey, qoe en la niñez tierna, inocente, 
Ensangrentó la l)árbara enchiUa , 
€on vigor celestial hiere y humilla , 
T sepulta en el piélago inclemente. 

Asi necios los miseros tiranos , 
O mandan que no nazca el pensamiento» 
O qne si nace audaz , al nacer muera ; 

Mas oculto se espone á los humanos , 

Y crece, y llega el vengador momento, 

Y al déspota sumerge la onda fiera. 

II. 



f 



ORESTES. 



Dirige , Atrida , un numen enemigo 
Tu puñal y entre victimas errante 9 

25 



270 SONETOS. 

Y siiBgre broU abierto y ftalpiUnte 

El seno , qae aunque aleye , fué iu abrigo. 

De venganzas argivas ya testígo 
Huye el sol : arde en ira el gran timante ; 

Y no despide el rayo devorante 
Por darte igual al crimen el castigo. 

Vive, y vive á las ferias entregado; 
Que de tu madre el adulterio feo 

Y el bierro infando á tu maldad no aleann 
Y entre cuantos delitos han mancbado 

La casa infame del horrendo Atreo , 
El delito inayor es tn venganza. 

m. 

arIstides. 

Arrojas do tu gremio, pueblo insano , 
Porqué el nombre de justo no te agrada , 
De la virtud la imagen consagrada , 
Gloria y modelo del linaje humano* 

Pronto será , que la homicida mano 
Brille , de ilustre sangre mancillada ; 

Y la teja, ya honrosa y deseada , 
Por la cicuta trocará inhumano. 

Goza Esparta sus héroes : Roma altiva , 
Los triunfos y laureles prometiendo , 
Su feroz prole incitará á adquirirlas; 



SQWETOS. 374 

Y Atenas solo á la virtud esquiva , 
Los varonea ilustres persigoieado , 
Sabe , mas que otro pudi^lo, ¡Hroducirlos. 

IV. 

Rayo de la elocuencia , ¿ por qué truenas ^ 
Si es ya la libertad un nombre vano ? 
Trasibulo , lanzando al espartano , 
No el vicio y la maldad l^anzó de Atenas. 

De tu sublime voz la patria llenas : 
Brillan asta y arnés contra el tirano ; 
Mas ay 1 del griego en la cuidada mano 
Las armas pesan mas que las cadenas. 

Sumido en ocio y en delicias, ¿quieres , 
Que el bierro , de los persas tan temido , 
Contra el astuto macedón esgrima? 

T aunque al tirano venzas , nada esperes : 
Que á un pueblo turbulento y corrompido 
¿ Cuándo falta yn Filipo que lo oprima? 

V. 

FOGION. 

¿ Perdiste , pueblo ingrato , la memoria? 
Ay 1 ese anciano , que ¿ la muerte envías » 



272 SONETOS. 

Por sus hazañas numeró sus días '; 
T te dio en cada hazaña una TÍctoría. 
Con él morirá Atenas i y tu gloria , 
Que solo en sus virtudes sostenías , 
Se enterrará con sus cenizas frías , 

Y en su suplicio acabará tu historía. 
Cuando hubo en ti valor^ no lisonjero 

Demandaste cual ínclitas mercedes 
Tu misma sangre á un bárbaro tirano : 

Y esclayo ya del macedonio fiero , 
Libre y grande te juzgas , porqué aun puedes 
Dar muerte al mas ilustre ciudadano. 

VI. 

VIRGINIA. 

Vuela, Virginia , por la vez postrera' 
De un padre al seno Tíctima adorada : 
La libertad de Roma esclavizada , 

Y el honor y la muerte allí te espera. 
El puñal de Lucrecia otra vez hiera : 

Gorra otra vez la sangre inmaculada, 

Y á los tartáreos dioses consagrada 
Deje , tirano , tu cabeza fiera. 

La Ten , y vuelven del fatal desmayo 
Los tímidos esclaves , ya varones : 
Que al contemplar cuál manóla vertía , 




SONETOS. 27-& 

La oprimida virtud súbito ray» 
Rompe de los airados corazones , 
Y devora la infame tiranía. 

vn. 

MARGO BRUTO. 

I Pensaste y ó Brato, que á nacer volviera. 
La libertad , do Sila no aterrado 
Depuso la segur , de herir cansado , 
Teñida en sangre de la Italia entera? 

¿ De qué al mundo sirvió tu virtud fiera 7 
A un tirano clemente y desarmado 
Dado te fué oprimir; mas no fué dado 
Que libre Roma y corrompida fuera. 

Pérfido Octavio, Antonio sanguinario 
Pendiente de un puñal con mano impía 
Tienen ya esa corona , que aborreces. 

Oh virtud necia ! oh brazo temerario ! 
Si era forzosa ya la tiranía , 
I Por qué á monstruos tan bárbaros la ofreces t 

VHL 

ROMA BAJO LOS C£SAR£S. 

Pan y circenses pide el pueblo fiero , 
Que sometiendo á su constancia el hado , 

25. 



274 soPBTos. 

Al pié del Cq»itolio ¥Íó poslrtdo 
Al peno, al ^o, «1 griego y ti ibero. 

Pony circenses ^iáe 'y y rique eatoro 
No temió á Aníbal, junto á Roma armado, 
Aprende, de sus triunfos ya olvidado, 
A obedecer á nn déspojta altanero. 

Mas de aquella pobreía, que dio leyes, 
De aquel valor, fatal á los humanos, 
que bixo temblar los pueblos y los reyes. 

Conserva aun degradado las señales ; 
Y así tansolo pide á sus tiranos 
Breve alimento y juegos funerales. 



IX. 



TITO. 

Aquí yace el gran Tilo, qae elegido 
Para e<rfmar la tierra de a^gfria y 
Del trono desterra la tiranía, 

Y venerado fué sin ser temido ; 

Y aunque el cetro, á sus manea coneedido^, 
Hasta el linde del orbe se estendia, 
Igualó al cetro la virtud, y el dia, 
Que no hizo un bien, lloré como perdido. 

£1 hierro destructor la Parca esgrime, 

Y sus floridos años inclemente 
Lanió al abismo del sepulcro helado^ 



SDtTBTOS. 27S>^ 

Has d amor universal lo exime : 
Que jamas morirá^ quien justamente 
Delicia áe los hombres fué llamado. 

X. 

MARGO APRELIO. 

A ti, sublime Aurelio, que el romano 
Venera entre sus dioses porprimeno, 
He de cantar ; á ti , del orbe entero 
Padre, moderador y ciudadano. 

Tú áRoma, herencia siempre de un tirano, 
Regbte , á todos blando, á ti severo : 
El cetro de Nerón sañudo y fiero 
Fué adorable y benéfico en tu mano. 

T acusando las bárbaras crueldades, 
Que el poderío y la ambición maquiuan, 
Tu nombre irá diciendo á las edades : 

Que solo imperio justo y justas leyes 
Hay, donde los filósofos dominan 
Q donde son filósofos los reyes. 



XI. 

J^L TRONO. 



De la regia amistad por fruto adquiere 
Arato una pooioña devorante : 



276 SONETOS. 

A Lana ificauto el odio, ya triunfante/ 
Con la segur de la justíeia hiere; ' 

Y la hermosa israelita, que prefiere 
Un rey al cetro y al laurel brillante. 
Casi en los brazos de su augusto amante 
De mil pañales traspasada muere. 

Conoce Arafo á su asesino, y gime : 
Raquel su tierno Alonso en vano nombra : 
A Luna cubre ignoble sepultura. 

Ya el trono ¿ á quién deslumhra^ á quién 

[oprime. 
Sabiendo que es mortífera su sombra 
Al yalor, la amistad y la hermosura ? 

▲ FERNANDO III DE CASTILLA. 

♦ 

Femando, honor del trono, tú el primero 
Su invicta fuerza á úuestra España diste ; 
A la discordia audaz freno impusiste 
Y debelaste al mahometano fiero. 

Padre del venturoso pueblo ibero, 
Aun mas que de tus hijos, tú reuniste 
Virtudes de hombre y rey, y á un tiempo fuiste 
Sabio, legislador, justo y guerrero. 

Dejaste al Bétis tus cenizas caras ; 
Al Bétis, cuyos altos torreones 



SONETOS. 277 

Purgó tu acero ie\ coman tirano ; 

Y 8Í tan pronto al ciáo no Tolaras» 
Hubieras tremolado tos pendones 
En las playas del bárbaro africano. 

xni. 

suLijr* 

Noble SuUy, ih osaste ser bumano 
Junto al altivo trono, y sus favores 
Dispensaste, á pesar de aduladores^ 
Fácil al pobre y duro al cortesano-. 

Fuiste amigo, no esclavo ni tirano 
De un rey ; y á los fanáticos furores, 
De pérfida ambición encubridores, 
La máscara arrancó tu sabia mano. 

Tú á la Buropa, ignorante todavia,^ 
Enseñaste el primero quién conserva 
Mejor que el hierro el solio de los reyes ; 

Y siendo et pro común tu eterna guia, 
Las dádivas de Pluto y de Minerva 
Enlazaste en el cetro de las leyes. 

XIV. 

A ENRIQUE IV DE FAANGIA. 

Mueres, Enrique, y en la tumba encierra 
Fanático furor los bellos dias, 



278 soNXTOs. 

Que á tu patria, á la Europa prometías^ 
Plegado ya d pendón de iobnda guerra. 

Si tu clemencia y tu valor io atwra, 
Sus iras se embravecen mas impíaa; 

Y en vano mil virtudes oponías 

Al monstruo vil, que dominó la tierra. 
Pasó la horrible noche de su gloria; 

Y en el oscuro abismo encadenado 
Ni aguza su puñal, ni sangre vierte; 

Mas aun espanta al mundo sa memoria ; 

Y de tan fieros crímenes culpado, 

£1 mas fiero de todos fué ta muerte. 

XV. 

GONZAU> D£ GÓBSOBA. 

Tú, Gonzalo inmortal, fuiste el primero, 
Que dictó leyes al faror<de Marte: 
Por ti siempre invencible su estandarte 
En ambos orbes tremoló el ibero. 

El altivo francés y el turco fiero 
Probaron ya tu espada, ya tu arte, 
Que de la tierra á la abrasada parto 
Antes lanzara al árabe guerrero. 

Sin dejar de ser fiel, fuiste envidiado 
De tu rey ; y en su tumba, que cercana 
Fijó á la tuya misterioso ^1 hado. 



SONETOS. 279 

Gime al ver qae ta gloría y la española 
CoroDan tu ceniza ; y sombra Tana 
Aun se indigna del Lirí y Geríñola. 

XVI. 

▲ LA MUERTE DE D. RAMOIC DE LA PALIZA, 

MI AMIGO. 

Vive el iniofio, y logra sosegado 
'Be crimenes sembrada su carrera, 
T baria en larga yida y placentera 
La tarda indignación del cielo airado : 

T ^1 justo, cuyo aliento prolongado 
Dulce consuelo de les hombres fuera, 
Baja al sepulcro en su sazón primera, 
De la envidiosa Parca arrebatado. 

Ay ! cuando mas de ti se prometía. 
En tu temprana edad te pierde el suelo, 

Y la fe y la bondad mueren contigo: 
Y robó el hado en tan acerbo dia 

A las virtudes sn mejor modelo, 

Y al triste humano sn mayor amigo. 

XVII. 

A EUTIMIO. 

Suele al mirar la nave zozobrando 
Alegrarse el que hi*ita en '|ia ribera , 



k. 



280 SONETOS. 

No del mal, que á los náufragos espera. 
Sino de la quietud que está él goiando. 

A mí, del crudo piélago escapando, 
En que probé de amor la saña fiera, 
La raion bienhechora, aunque s^era, 
Me da en su seno acogimiento blando. 

Mas defendido con su amparo cierto 
Y asegurado en su eminente abrigo. 
Tiemblo, Eutimio, á la mar embrayecida ; 

Pues al tender la vista desde el puerto. 
Eres tú el que naufragas, dulce amigo, 
Mitad, la que mas amo, de mi vida. 

XVIII. 

9 

A ALGINO. 

El que escapó del piélago violento, 
Habiendo ya bebido la onda fiera, 
Fastidiado vegeta en la ribera, 

Y volver quiere al mar y al crudo viento. 
Mi coraxon tomó, de amor esento 

Y escarmentado, á su quietud primera j 
Mas ay ! ya nada teme, nada espera, 

Y es sinsabor y es tedio cada aliento. 
Detesto la razón : su luz me ofende: 

Amo el placer falaz, que fué mi daüo, 

Y echo menos, ó Amor, tus dulces dones: 



" 



• t 



SONETOS. 281 

Qae nOy mi Alcino, sin dolor se aprende 
Tras tantos siglos de sabroso eagaño 
£1 arte de tívít sin ilusiones. 

XEK. 

A DELÍA. 

Si tí tus ojos, Dalia, y no abrasaron 
Hi corazón en amorosa llama ; 
Si tí tus labros que el abril inflama 
De ardiente rosa, y no me enajenaron ; 

Si tí el seno gentil, ^o se anidaron 
Las gracias, do el carmín^ que Vénos ama, 
Sobre luciente nioTO se derrama, 
É inocentes mis ojos lo miraron : 

1^0 es culpa , no de tu beldad dÍTÍna : 
Culpa es del infortunio, que ba robado 
La ilusión deliciosa al pecho mío. 

Has si en el tuyo la bondad domina , 
Has querrás la amistad de un desgraciado, 
Qu# de un dichoso el tierno desTarío. 

XX. 

LA SOCIEDAD. 

Do el bárbaro habitó choza mezquina 
De sangre y latrocinios siempre ansioso , 

24 



282 «ONETOS. 

Segaro por la ley, qnieto y dichoso 
El hombre en las ciudades se avecina ; 

Y do se alzaba bajo triste encina 
£1 crudo altar del druida espantoso , 
Verjeles pinta el mayo delicioso 

Y recama de mieses la colina. 

Estos son, sociedad , tus gratos dones : 
Tú al placer, tú á la pax, tú alamor santa 
GcnTidas los humanos corazones : 
• Que la perfidia tU, el odio esquivo , 

Y de la envidia el rencoroso llanto 
Reliquias son del boaque primitivo. 

XXI. 

# 

LA ENVIDIA. 

.Dulce es á la codicia, cuando alcanza 
Doblar el oro inútil , que ha escondido ; 
Dulce al amor, feliz ó desvalido, 
Meditar ya el placer , ya la esperanza. 

Dulce es también á la feroz venganza , 
Que no obedece al tiempo ni al olvido , 
Los 8edienU>s rencores , que ha sufrido , 
Apagar entre el fu^ y la matanza. 

A un bien aspira todo vicio humano : 
Teñida en sangre la ambición impía 
Sueña en el inando y el laurel glorioso. 



S01f£T0». 28S 

^ Sola tú, envidia horrenda, monstruo insan», 
Ni conoces ni esperas la alegría : 
Que ¿ dónde irás , que no haya un venturosa ? 

XXII. 

Uk ESPERANZA. 

Dulce esperanza , del prestigio amado- 
Pródiga siempre, qne el mortal adera, 
Ven , disipa piadosa y bienhechora 
Las penas de mi pecho acongojado. 

Vuelve á mi mano el plectro ya olvidado- y. 

Y al seno la amistad consoladora ; 

Y tn voz , ó divina encantadora , 
Mitigue ó venza la crueldad del hada. 

Has ayl no me presentes lisonjera 
Aquellas flores, que cogiste en Guido ,' 
Cuyo jugo es mortal, aunque es sabroso. 

Pasó el delirio de la edad primera , 

Y ya temo el placer, y cauto pido. 
No laíeKeidad, sino el reposo. 

xxra. 

LA RAZÓN IKUTIL. 

Es tarde ya para que amor me prenda 
En su lazo halagüeño y fementido : 



284 sozfJBTO». 

Qoe aunque taf vei de 1» rason me olvido , 
£1 hielo de la edad ¿qoién hay que encienda? 

Es tiempo , ay triste ! que ¿ su voz atienda , 
Hi juYenil esfueno ya perdido , 
Después de haberla insano desoído, 
Cuando ser pudo de mi esfuerzo rienda. 

Asi va : los humanos corazones 
Sufren en la verdad y en el engaño ; 

Y sin gpaar de si ni un solo dia , 
Venden la juventud á las pasiones, 

La edad madura al triste desengaño^ 

Y la vejez á la razón tardía. 

A £USA. 

En. vano, Elisa , describir intento. 
El dulce afecto , que tu nombre inspira; 

Y aunque Apolo me dé sn acorde lira, 
Lo que pienso, diré, no lo que siento. 

Puede pintarse el invisible viento. 
La veloz Uama , que ante el trueno gira , 
Del cielo' el esplendor, del mar la ira ; 
Mas no alcanza al amor pincel ni acento. 

De la amistad la plácida sonrisa , 

Y e^ puro fuego , que en las almas prende-, 
Ni al labio , ni á la citara confio; 



SONETOS. 2fñ 

Mas podrás conocerlo , bella Elisa ^ 
Si ese tu hermoso corazón entiende 
La muda voz , que le dirige el mío. 

XXV. 

D£L AMOR. 

Alcino , quien los ásperos rigores 
De una ingrata beldad vencer procura , 
Ni encantos á la tésala espesura , 
Ni á la remota Coicos pida flores. 

Amar es el hechizo , que en amores 
La victoria y las dichas asegura , 
T somete el pudor y la hermosura , 
Y corona al amante de favores. 

Mas si el vil seductor quie]i*e que sea 
Una impura pasión amor hermoso , 
No se admire de verla desdeñada : 

Que no es amante el que gozar desea , 
Sino el que sacrifica generoso 
Su bien y su placer al de su amada. 

XXVI. 

LA AUSENCIA. 

Nace la aurora, y el hermoso dki 
Brilla de rojas nubes coronado : 

24. 



286 soirnos. 

En mi pedio, de penas abromado , 
La sonroaada hu ea noehe ombría. 

De las aves k plácida armonía 
Es para mí graxnido malhadado , 
Y estroendo ronco y son desconcertado 
£1 blando ruido de la faente fria. 

Brotan rosas el soto y la ribera : 
Para mí solo , triste y dolorido 
Espinas guarda el mayo floreciente ; « 

Que esta es , ó niño dios , tu ley primera : 
No hay mal para el amor correspondido, 
No hay bien, que no sea mal para el ausente. 

XXVII. 

LA DUDA. 

¿ Sí será de amistad , Filis hermosa , 
La grata llama , que en el pecho siento j 
Que como propio tu dolor lamento, 
T soy feliz , cuando eres yenturosa? 

O será amor ? Tu imagen deliciosa 
Grabada está en el alma , y el momento, 
Que obligado la deja el pensamiento , 
Me es ingrato el pensar, la vida odiosa. 

Amor es : este ardor de verte , este 
Inefable placer cuando te veo , 
¿ Quién sino el dulce amor puede inspirarlo ? 



aovMxos. 387 

Kas ay ! es como tú puro y celeste : 
É ignorando los f u^^ dd deseo , 
Halaga el corasen sin abrasarlo. 

IXYIII. 

AUl AMADA, £N £L DU DE SU SANTO. f^| 

Ven r pñoiafera , v^ ; y antes qobe dores 
La benaosa cana , donde nace el dia , 
£1 dulce nominre de la amada mía 
Corona con tus rayos y esplendores. 

Brote la tierra anticipadas flores : 
Sople el aura gentil , que el mayo crift : 
Rebose en sdra y prado la alegría , 
Y el ruiseñor festiiro cante amores. 

Afiade nuevo lustre á la hermosura 
De mi adorado bien, y nuevo encanto 
A aquel mirar, que cuando hiere, halaga f 

Y añade nuevo fuego á la ternura 
De su pasión : que nunca será tanto , 
Que al de mi ansioso pecho satisfaga. 

{*) 19 de marzo. 




t88 SONETOS. 

XXIX. 

LA BELLEZA : TRADUCCIOfT DEL PETRARCA^ 

¿Dónde cogió el Amor ó de qué vena 
£1 oro fino de sn trenza hermosa? 
I En qné espinas hattó la tierna rosa 
Del rostro, ó ftn qné prados la aniiena? 

¿Dónde las blancas perlas, con qne enfrena 
La Toi suaye, honesta- y amorosa? 
¿ Dónde la frente bella y espaciosa , 
Mas que el primer albor para y serena? 

¿De cuál esfera en la celeste cnmbre 
Eligió el dulce canto, que destila 
Al pecho ansioso regalada calma? 

Y ¿de qué sol tomó la ardiente lumbre 
De aquellos ojos , que la pas tranquila 
Para siempre arrojaron de mi ahna? 

XXX. 

LA TIMIDEZ : TRADUCCIÓN DEL PETRARCA*. 

Guando el planeta , que embellece el dia , 
Vuelve á la casa del rosado Toro , 
Y entre las puntas de encendido oro 
Vivificante ardor al suelo envía ; 



No á la faz solo de la tierra fria 
Da en bellas flores nítido decoro , 
Mas de la vida el celestial tesoro 
Lleva del centro á la mansión umbria. 

Así mi hermoso sol su luz me ofrece : 
Me mira ^ y va én.mi seno derramando. 
Be dulce y blando amor llama halagüeña. , 

Mas ay ! mi labio tímido enmudece ; 

Y aquel preeiosafuego malogitndo^ 
Pierdo sin.frulo la estación risueña. 

XXXI. 

I<A QUERELLA : TRADUCCIÓN DEL PETRARCA. 

Cuando Febo en los piólagos^de Atlénle 
Templa su ardor y el aire se oscurece, 
Quejas doy de mi mal , que entikiiees crece , 
A la alba luna, al cido rutilante. 

Mi dolor cuento , simple é ignorantón 
A Amor , que en los rendidos se enfierece ; 
Al adormido mundo , que enmudece , 

Y al dueño esquivo de mi pecho amante. 
De mis cansados ojos huye el sueño : 

Triste suspiro ylamenlable lloro 

En mi rostro y mis labios halla el dia. 

En tanto el alba su esplendor risueño ' 
Difunde hasta el cénit : { y el sol , que adoro-, 
No amanece á^ templar la pena mía! 



290 SONETOS. 

i 

XXXII. 

LA irOGH£ : TRADUCCIÓN DSL PETRARCA. 

Hora que callan cielo , tierra y viento , 
T dnermen sosegados ave y fiera j 
£1 negro carro lleya por la esfera 
La noche , y yace el mar sin moyimiento f 

To solo peno y ardo, y ni un momento 
Desbrava mi dolor, ni tregua espera : 
Mas ay ! que él es de mi existencia entera 
A un tiempo la delicia y el tormento. 

En un raudal cuajado de amargura 
Hi ardiente sed alivio y refrigero ; 
Una es la mano , que me hiere y cura: 

Y asi en el breve término de un día 
Mil vezes , crudo amor, renazco y ranero^ 

Y siempre incierta está la vida mía. 

XXXIU. 

REGALO A UNA NUEVA ESPOSA : TRADUCaON 

DEL BONDi. 

^Bsta , que aun Ueva la encamada espina^ 
Gloria de su verjel , purpúrea rosa , 

Y esta blanca azozena y oloresa , 



SONETOS. 291 

Bañada de la llavia matutina; 

Un pastorcillo á tu beldad divina 
Ofrece , pobre don á nneva esposa ; 
T no mal te convienen , Fili hermosa , 
Guando á adornar tu pecho las destina. 

Ikl virgíneo carmín la rosa llena 
Retrata tu pudor , y en sus albores 
Ta casta fe la candida azusoia ; 

Y ese mirtOy que anuda las dos flores, 
Es , feiises esposos , la cadena , 

Con que os enlaza el dios de los amores. 

XXXIV. 

LA ITEGEDAD : TRADUGCIOIT DEL ITALIANO. 

El duro remo en la cansada mano 

Y SMnetido al látigo inclemente , 
Implora el galeote tristemente 

La libertad, aunque la implora en vano. 
Mas si tal vez la alcanza, luego insano 
De abandonar los mares se arrepiente : 
La dicha de ser libre ya no siente , 

Y en precio vil la vende á su tirano. 
Asi yo delirante , dueño impío , 

Con la argolla fatal mi cuello gravo , 
Aunque logré por tu traición romperla, 

Y ana* es. mayor que su delirio el mió ; 




Pan sin merced ilgana ser taeselaro , 
Es dar la Kb»tad -y no venderla . 



ZL AHOa FEUZCTO ! TRISUCCIOH DEL ÍÁttl. 

Amo á Lencipe : amqné Lencipe ignora 
Hi callada pation , la amo conatante : 
Hi gloria es adorarh : el pecho amaole 
Ni premio anhela , ni piedad implora. 

Y la amo , aunque, gentil ; halagadora , 
A nn dnice ecpoio su belleía encante : 
Qne no el purpúreo celealial semblante , 
Ni el lindo aeno en ella me enamora. 

y la amaré , cuando la pompa verde 
Marchite de «a abril el tiempo odioso : 
Que amo en ella aquel bien que no se pierde. 

T la amaré , cuando eclipsada estrella 
Desfalleica mortal : qne mas hermoso 
Seri entánee»el bien qne adoro en ella. 



ROMANCES. 



( • 



í. 



Á EÜTIMIO , £K LA MV£RT£ DE SU MJLDRE. 

.... ad tmnidimi» TÍridi quem cespite inanem » 
£t geminaf I causam lachrymisy sacraverat aras. 

YaG. 

Si (B8 cierto, qae amiatad blanda 
tristes lágrimas enjuga , 
bien la mano de ta Anfriso 
podrá saayizar las to^yas. 
Ay dulce Eutimio ! si iguales 
nos maltrató la fortuna , 
si iguales en su regazo 
nos acogieron, las Musas , 
y si iguales en tus aras , 
, amable YÍrtud ^ nos juntas, 
¿ por qué , de tu pena avaro ; 
á un tierno amigo la ocultas ? 
£se túmulo , ceñido 
de belecbo y verbena mustia , 
qbe levanta entre cipreses 

2o 




294 ROMANCES. 

sa humilde pompa y oscura ; 
di, ¿qaó cenizas contiene? 
¿es de UB caro amigo tamba , 
ó bien el amor lo erige 
á malograda hermosura? 
Gimes? ¿y á mi vos responden 
ardientes lágrimas mudas? 
¿y los acentos , ^e empietas » 
entre suspiros se anudan ? 
Lo que tú obstinade callaa ^ 
ese mármol lo divulga , 
do de su victima el nombre 
perdonó ta muerte dura. 
De tu dolor el misterio 
la amistad temblando busca : 
A la mejor de la$ madres 
de un fiel hijo la ierffvra. 
Iiifelis ! gime y lattfenta : 
nunca tus lágrimas , útüsUL 
igualarán tu infortunio , 
por acerinas ni por muchas. 
Perdiste una madre! ¡ oh hombre 
de inefable amor, que anuncia 
cuantos afectos á un alma ' 
ó la deleitan ó angustíah ! 
Tal vez la amistad violan 
del insano amor las furias , 
cuyo estrecho lazo rompe 




AOHAÑGES. 295 

la iofidelidad perjura. 
Entre ambiciosas sospechas , 
amor paternal , fluctúas ; 
y un hijo ingrato é indcjicil 
la ley mas sagrada biirla. 
Mas ay ! del pecho materno 
¿ cuándo faltó la ternura? 
ni ¿ qué «irdpr ó.qiié constancia 
podrá igualarse á la suya ? 
Lloremos, mi dulce Eutimio , 
lloramos juntos : ta tamba 
allá en los campos del Bc'tis 
mi adorada madre oculta* 
Y á ti , lejos de tus brajtos 
te la arrebaté sañuda 
la Parca ^ do tus amores 
remato sepulcro cubra. 
¡ Siquier^ el yerto cadáver 
poseyeses^ y en la urna 
su helada ceniza fuera 
testigo de tu amargura ! 
Solo nn túmulo vacío 
consagras, imagen muda 
del dobr , falaz imagen , 
que tus acentos no escucha. 
Este solitario asilo, 
que el sol apenas alumbra , 
y* donde flébil el aura 



Sdd ROMANCES. 

tristes aeentos murmura ; 
esas ramas lastimeras , 
que al suelo bajando mustíajr> 
fúnebre pompa de otoño , 
la muerte del año anuncian ; 
esta fuente , que resbala 
callada por la espesura y 
aquella seha , que aterra 
melancólica é inculta ; * 
ese monte , que amenaza 
con su pesadund)re adusta " 
todo el campo, y que parece, 
támnlo de la natura ; 
albergue de h tristeza * * 
son , y las almas lo buscan , 
que á gemir sin esperanza 
condenó la suerte injusta. " 
Aquf , Euthnio , lamentamos: 
tú mis penas , yo hs tuyas , 
y nuestras lágrimas sean , 
como Ips consuelos , mutuas. 
Tu berida , por ser reciente , 
es quizá la ipas profunda ; 
y quizá al dolor de hijo 
otros recuerdos se unan. 
La pérdida de una madre 
aflige al alma mas dura : 
^ qué será-, cuándo es Rosaujrai, 



ROMAfTCES. 207 

la que el túmulo sepulta ? 

Rosaura , honor de ks playas 

gaditanas , en qiüen }untaft 

por la primer vez se vieron 

ciencia , virtud y hermosura.. 

Aquel corazón , que en balde 

no imploró el infeliz nunca, 

y que en el tuyo la imagen ' 

de su piedad perpetúa ; 

aquel alma noble y sabia , 

que hermanó con la ternura ^ 

de esposa y madre las prendas 

que ¿ una ciudadana ilustran ; 

que de la inocencia hermosa 

conservó la llama pura , 

y agradable á Dios y al hombre 

toda justicia acumula : 

I quién dignamente , mi Eutimio y 

podrá llorarla ? ¿ qué cruda ' 

aflicción, qué acerba pena 

debe igualarse á la tayaf? 

Has oh I perdida es por siempre ? 

I su existencia por ventura 

en el seno de la nada . 

callada sombra se oculta ? 

Ah I que no : vive y gloriosa 

por eternidades triunfa , 

^i es que el Dios de las virtudes 



Á 



298 ROMAMCES. 

que fensiea el justo safra. 
Sá : la tttinlM iaesorable 
podrá «B su tíaíebla oseara 
Gobnr el polTo aterido , 
qae 4hi frágil yinculo añada ; 
mas oo el espírífai faermoao, 
qae altivo y noble se enooBikra 
sobre la regpon etérea 
del solio innaenso á la aUora ; 
y alU «ndl gremio sagrado , 
foenftede amor , do se inunda 
de^eriesliales placeres, 
espera que á él te reanas. 
ÜB tiempoaeré , mi Eotímio , 
qae el orbe estallando «ruja , 
y entre piélagos de laego 
cielos y tierras se hundan. 
El aol yacerá apagado y 
eaerá desliecha la lona , 
y en la confusión prMnera 
se abismará la natura. 
Jinténees sn hermosa alma , 
libre «n ki mansión augusta , 
sobre las ruinas del mondo 
briHaflá candida y pura. 
¿Cuál ^ tu viéloría, ó muerte ,. 
si aun esa ceniaa muaüa , 
en qae te cebas y es fuersa 



ROMANCES. 200 

que el^epulero restituya ? 
Ella desde el alto cielo 
tas légeimaa ye y enjuga , 
dulce aipigo , y se eotecnece 
del 4oJk>r ^pie le iribatas. 
¿ No la sijentes mas suave , 
mas n^adre que lo fué nunca , 
cómo iavisiUe y presente 
tu amargo penar endulza ? 
Ay ! aquellas almas tiernas , 
que en la tiniebla profunda 
ven de clara luz bañadas 
las lóbregas sepulturas) 
cuando las sombras , que adoran , 
se fiparecen*, cuando escuchan 
dulces cantos , que el silencio 
de los sepulcros perturban ; 
sin duda el júbilp santo 
prueban que tú abora , y sin duda 
la fe , el amor y el consuelo 
su exaltada monte ofuscan. 
Dulce ilusión ! ya tus ojos 
en grato lloro se annblan , 
y la ferviente esperanza 
todas tus penas subyuga. 
Gimamos pues y esperemos : 
declina la edad caduca , 
y en la orilla del sepulcro y 



M 



3M ROMANCES. 

flor del placer, yaces, mastiav. 
Cetros , corona» y espad)i9 
en sa abisnio se 8e[»iltan : 
allí calla la elocnencia - 
y se eclipsa la hermosura. 
Solo la virtud ignora 
los horrores de la tumba , 
y en el naufragio del muodo^ 
sobrenadará segura. 
Renunciemos en sus aras 
las brillanles imposturas 
de la vida : el denso velo 
caiga á la maldad' inmunda^ 
Las lágrimas que vertamos , 
santa piedad nos Infundan , 
y la humanidad doliente 
socorramos en su angustia* 
Este de dolor sagrado 
monumento nos reúna , 
donde , ó virtud 1 gozaremos 
tu contemplación profunda. 
Que en las sombras del sepulcro^ 
altos misterios se ocultan : 
más que la vida parlera 
^nseña la muerte muda. 



-^m 




ROMANCES. 501 

n. 

^I. £SqUO. SEÑOR DUQUE DE FRÍAS, Elí LA 
SfUEBTE DE SU ESPOSA, LA ESGlü» SEÍlORA 
BOÑA MARÍA DE LA PIEPAI) ROI4A, DE 
7OGÓRES. {*\ 

,' ^ • 

Donde el re^o Maiusanáres 
con sesgo raudal camina , 
y alcázares y tugurio^ 
en su breve espejo imita , 

Amor y amistad, la venda 
rota , la antorcha estinguida , 
junto á un sepulcro abrazador 
flores y Uantq prodigan. 

AlU oitre el rilencio eterno 
de mustias sombras se eclipsa j. 
astro de virtud y gracia», 
el sol hermoso de Frías. 

Brillante fuego del genio,, 
bondad nunca desmentida, 
tierno pepho que no. suspira 
del infeliz conmovía i 

i 

{*) Hállase este romance en la Corona Junehre 
pn honor de la ^scnuu Sra. duquesa de Frías. ^ 
4in|iresa en Madrid el año de 1830. 

(nota bel editor.} 



502 ROMANCES. 

Dulco eandor , dulce habla , 
oncantadora sonrisa, 
ardientes ojos, do puso 
Véaos todas sus deCcias ; 

A «n soplo del derzo helada^ 
entregaste , acerbo dia , 
y tristes yertos despojos 
son ya de la Parca esquiva. 

A ti y beldad malograda, 
lamenta la humilde umbría, 
do el lloro de la indigencia 
enjugaste compasiva : 

A ti los sacros verjeles, 
que Hipoerene fertiliza, 
á cuyes eísnes canoros 
inspirabas en su orilla. 

Por ti el Támesis nublosos 
y el foosto Sena suspiran , 
y á los ríos de tu patria 
tu cuna j sepulcro envidian. 

Yieiiea los vates de Espafia , 
de ciprés la sien ceñida , 
y en el túmulo deshojan 
laureles , rosa3 y olives : 

Los que del Tuna y del Ebro 
beben ; los que Tórmes erija ; 
por. los que Tajo y Henares 
levantan su frente altiva ; . 




ROMANG2S. 303 

Los del laurífero Bétís, 
Dauro y Jenil , prole antígna 
del arabo ardiente, dumnos 
de 8tt faego y su osadía ; 

Todos ñmeraks himnos 
entonan : todos sn lira 
de helécho fúnebre enraman 
y triste ayes le inspiran. 

Mmióf resuenan de Mantua 
las ealnfodas eotinas : 
Mtaiét repiten las eambres 
da Guadarrama y Fuenfrfa. 

Todo es aflicción : no hay alma 
sin quebranto: no hay mejillas 
que las lágrimas no bañe& : 
no hay coraxon ^e no gimu. 

Has ay ! que entre tantas penas , 
cual cedro é bu^BiMes aristas, 
hay una que >é ttfdas Tsnee 
y ¿ enmudecer las obliga. 

Mirad al huérfano espoto , 
que ya sob tiene rida 
para eMolor: sobre el mámol 
solloia mas que respira. 

T llama ertwl al cielo , 
j á la suerte llama impía : 
del llanto aeeriio testigos 
árboles, fuentes y ninfas. 



504 ROMAI>rC£S. 

Rota en el polvo y sin cuerdast 
yace el arpa , do solía 
de la amenazada patria 
celebrar las nobles iras» 

Las que ciñó en otro tiempo 
palmas de honor merecidas, 
hora despechado arroja 
y entre la arena las pisa. 

« Emblemas de inútil gloria , 
qué valéis , » gimiendo grita , 
« si el bien por que yo os amaba , 
no ha de verla ni aplaudirla? » 

« Sagrados vales de Iberia , 
cantad mi prenda perdida : 
vuestro antiguo compañero 
ya muriendo os lo suplica^ • 

« Si os unió conmigo el dulce 
lazo de amistad sencilla^ 
* y al triunfo de vuestros cantos 
alegre yo sonreía $ >» 

« Si noble rival la cumbre 
pisé de Helicón florida , 
desconocido á las sierpes 
de la ponzoñosa envidia ; » 

« Si la sombra de Batilo, 
del gran Batilo, que anima, 
Febo del Parnaso ibero , ^ 

vuestras canciones y liras, » 




ROMANCES. 505 

' « Consolé , de dos naciones 
ireparando la injusticia , 
cuando salvé del olvido 
sus venerables cenizas : (*) 

« Por los lauros que á sii gloria 
debéis ; por la llama actiya 
del Genio que en vuestros pecbos 
sublime furor incita ; » 

« . Dad á mi querida esposa 
nombre y fama esclarecida , 
sagrados vates de Iberia , 
en cantos que eternos vivan. » 

« Ta triste y mudo habitante 
de esta faueral campiña , 
consonaré á vuestras voses 
solo con lágrimas pias : » 

« Que no el elevado acento 
concede al dolor Polimnia , 
ni roba al laúd sus sones 
la mano desfallecida. » 

a Tal vez en los nuevos troncos 
grabaré su dulce cifra ^ 



{*) España , patria de Meléndez , le debe un se- 
pulcro* Francia > centro de la civilización, no de- 
bió dejaf al restaurador de la poesía castellana en 
la tumba ignoble, de donde le trasladó el duque de 
Frías k un monumento muy decoroso. 

26 




506 ROMAirCES. 

y creoerán , y con ellos 

del pecho amante la herida. » 

« Este Talle solitario 
qne los pesares habitan , 
ó el jnlio ardiente le abrume, 
ó el hielo agudo le oprima , » 

• Será nú asilo postrero , 
donde , sombra fugitiya , 
se oeuHa en la iniausla losa 
el bello sol de mis díasi » 

« En tanto del fiero olrido 
libradla , y por siempre ma 
en la memoria del hombre 
quien no morirá en la mia. » 

Esposo infeha 1 ñ és cierto 
que en las dmas dtrioridas 
sublime y firme esperaoia 
justos d<rfores mitiga ; 

Calma el llanto , y á ese helado 
sepulcro , que la délidia 
de tu juveatud loiaaa 
guarda en míseras roinast 

Pregunta si esconde entero 
todo el bien que fué tu dicha , 
y 8Í de la avara muerte 
nada reserTó la ira. 

Los bellos ojos , las rosas 
del semblante ^ la armonía 




aQXAJNC£5. 307 

de las formas , eon que al maiido , 
beldad e&ioera , hechiías , 

Todo 68 ya polyo : no alcanza 
ni saber , ni f aersa iaTicta , 
ni la bermosora, ni el ceiro 
á evitar la ley pjradsa. 

E&m himiies que á su ^^a 
yates celebras dedÍDan , 
caerán con ellos al seno 
donde los siglos se abisman. 

Hasta el nombre que celebran, 
morirá ; b piedra miaoM, 
en que ta dobr grabare, 
YolTorá el tkmfo en oeniías. 

Solo para los virtudes 
no hay omerie : del délo hijas, 
dan vida eterna en el cielo 
al abua qnKsias coltiva* 

Alza pues los tristes ojos , 
alza á la patria eisogida , 
última patria que al bueno ^ 
la ProviAeneia destina. 

¿ No la yes hollando el orbe 
con firme pié ? ¿no la miras 
ceñir de beneficencia 
las rosas Bunpa marchitas ? 

¿No yes cómo leda abraza 
al hijo que lloró un dia , 



5M BOMANCES. 

sin temer ya qae la muerte 
le arrebate á sus caricias ? 

La bondad y la inocencia 
en celeste lazo unidas 
te esperan : la tumba es puerta / 

y la santa Tirtud guia. 
Gonnerté el fiero quebranto 

en esperania benigna ; 
que el ábrego del sepulcro 
lleva al puerto de la vida. 

Allí se ignoran las penas , 
allí no mienten las dicbas , 
ni el aura de los placeres 
con deioLso aroma fastidia. 

Cuanto el mundo llama bienes , 
que el necio mortal codicia ; 
es nada : virtud y polvo 
son del Yivir las reliquias. 

Ese triste monumento 
con honda atención medita y 
y hallarás el dulce alivio 
de tu mal ; gime y confia : 

Que del sepulcro en el margen 
muere la ilusión mentida , 
y allí, verdad bienhechora , 
(M)míenza tu monarquía. 



BOH^NG£S. 3<ld 

m. , 

Entre las címiis del Alpe 
sobresalen dos. montañas , 
que ccHPonadas de nÍ6Te 
al cíelo sos frientes alzan : 
una al grato mediodía 
presenta la herbosa falda ; 
otra hacia el norte se eleta 
y del aquilón la ampara. 
Yace entre las dos un valle , 
del abril querida estancia , 
y á fecundar sus praderas 
un claro arroyddo baja. 
En estas, sierras mi pad^e 
fijó su humiUle cabana , 
guarida de la inocencia 
y de la virtud morada. , 
Su pajizo techo, espuesto 
al austro que lo regala , 
jamas del noto alterado 
probóla indomable. saña. 
Libre del bóreas , sus hielos 
tarde ó nunca la maltratan , 
y e) astro hermoso del día 

26. 



A 



340 JROllANCEa. 

con blanda lumbre la halaga. 
En la falda , que Yiñtan 
los léfiros , colocada , 
domina el beüqne del Iser 
y del Ródano las playas. 
Ofreeenf esandes prados 
alííaienle á las manadts , 
y las irertíentes «sirio 
de diNNidas mieses enaja. 
Sabrosa é ínoanta pasea 
da el arroyo y dnke agfoa y 
y las brefias de los montes 
fácil y segura casa. 
H rást&eo easerio 
coronan tendidas bayas y 
que para eoi*^'*'^ -mis «flos , 
ó amado padre, plantabas. 
Entre días lósanos ereeen 
cercos de pnra esmeralda , 
adonde el mirto y la rosa 
unen matis y fragancia. 
Mas allá brotan los lientos 
de Vertamno : en iBp quebrada» 
del monte sus Mandas pomas 
el p«oi¿^ otoño aguarda. 
Afli naoi, y alb alegre 
mi simple niñes gozaba , 
suando destrosó mi asile* 




el jnfo de la desgpraDÍa. 
( Feli^ el que nanea ha vkto 
masm que el de su [Mitrki; 
y duerane aciano á la sombra , 
4o peqnefkíelo jngaba ! 
lid Anlop del nniverao 
bendecir la imano sabia 
y amar 4 mi padre, Ineron 
lea cnidndM de mi iafaneia. 
IHoe fuíeo qne mas delicias 
l^nfnran enal sombra vana , 
y fpie desde iiino el cáliz 
del inforinnío probara. 
Ifi padre^ fiador de un pobre y 
sintió la justicia avara 
del aore^dor , y i otro dueño 
pasé nú bomiUe eebafia. 
Ett^a murió , llorando 
mi niñea desamparada , 
y «éntrelas bayas del huerto ^ 
W09B fefia ípw yo, descansa. 
Un anciano virtuoso 
mía Uígrímas enjugaba , 
y de. mi orCandad abrigo 
loé 09 no opulenta casa. 
Dio á mi juventud consejoa , 
ái6t á mis penas esperanza ^ 
y en él un segundo padre 



Z42 AOMAMG£». 

Ja Providencia me guarda. 
Has ay I para mi no hay dicha 
lejos de aquella cahaña , 
aqoel valle, aquella fuente , 
que impresas llevo en el afana. 
¿Qué me importan las ciudades, 
la opulencia , ni las galas , 
de frivolos corazones 
inquietudes adoradas? 
Más quiero el tranquilo ambiente . 
que en mi niñes respiraba , 
que los ámbares del Ganges , 
■i los perfumes de Arabia. 
Más quiero el grato silendo 
de la repuesta enramada , 
solamente interrumpido 
por las fuentes ó las auras , 
que de las soberbias cortes 
las bulliciosas estancias, 
donde todo es impostura , 
todo, hasta el placer, engaña. 
Más quiero el humilde lecho, 
do fácil el sueño halaga, 
que velar medroso y triste 
entre ropas de oro y grana. 
En la dulce mediania 
ini edad dichosa gozara >. 



\ 



ROMANCES. 3j3 

de enifilecida miseria 

libre y de opulencia vana; 

Bajo la pateraa choza 

alegres me despertaran > 

cuando despunta la aurora, 

los trinos- de la alborada. 

Entonces la tarda yunta 

siguiera ; ó si junio alza 

ya de maduras espigas 

la rubia sien coronada , ] 

el dulce esquilmo de Gére» 

á las campiñas robara-, 

é al favor del fresco iriento> • 

hiciera crecer la parra. 

Ya bajo los pies el néctar 

de Baco se deslizartí : 

ya el setiembre de sus frutos* 

me cediera la guírndda. 

Guando abre la puerta al affo 

la prímayera rosada , 

y en el seno de las flores 

moja el Zéfiro sus alas ; 

cuando todo es vida , todo 

placer ; cuando brilla uAina 

la bella naturaleza 

con su mas pomposa gala ; 

del Dios , que anima fes orbes, 



». 



ü 



344 BOM4jreE$< 

la grandtia eonteiBplíara , 
cantando loa b^Mfioioa 
de 8u dieaCra adknma. 
Guando á mi adorado padre 
üñtoú Hanio oonaagrara , 
fuera aa tumba mi tmnplo 
y 8u vida mi «uaeSfw^. 
En el irthljo y deacan^o 
imitándole» ha bayaa, 
que planté , an fresco aksigo 
por la »eaU mo brindaran* 
Así, cq^Udúda fíenle, 
^e fiatfo ndelfasTa^albida ,. 
no conoaidoa 4^1 hombre 
mis duleea «íloa Toaran , 
hasta qu^el glrfpe forao^ 
dieve la fatal g«adad9 1 
y en la tumba de.mi p4dre 
mía aennw r^poyarva. 
¿ Cuándo ilja^im tan ^imable 
veré en realidad iToaad^ » 
oh querida dioaa mía , 
dulce objeto de mia an^aa? 
Dia^ , que 4 oobrar mi hi^rencia 
corta cantidad baatar^ 
de ese metal poroso» 
que. loacindadanoa aman. 
Almas tiernas , que mis males 




RDBIANCES. 'i^ 

escachfistns y m cama , 

vue^ftiHi piedad genei^osa 

un desgmnido redama» 

Pueda una vez la opulencia 

hacer un felis , de tantas 

como oprime al desvalido 

y sus lágrimas ultraja. 

Y pues hay quien mas estima 

«1 dro que mi éábafla , 

y á precio de un vil ndétal 

la felicidad se alcanza ; 

dadttié pata conseguirte , 

que en sietido miá , de eittr4pba8 

Indias las riqueza^ todas 

hollaré con firme planta . 

Asi el Hacedor sopiíemo 

os corone de sos gracias, 

y de pf ole vittttodá 

felizes padres os haga; 

y en Vuestra vejez postrera 

á la paternal morada 

para besaros la mano 

numerosos nietos vayan : 

favoreced mis deseos, 

alentad mis esperanzas : 

que en bt'atdS dé te iktiúd 

la felicidad m^ agttátdá. 

Y el Dios , que protege ai pobre 



346 ROMLAMCES. 

y que la inocencia ampara, 
nús piadosos bienhechores 
premiará coamana larga. 

lY. 

Si quieres Ter , Zaide amigo ^ 
todo el cielo en una bella ^ 
y competirse hermanadas 
-bondad , gracia y genlUeía ; 
no faltarás esta tarde 
del Jenil en la alameda , 
que es la fiesta de Zelima y 
y corren cañas por* ella. 
Zeuma, honor de Granada, 
y de la hermosura reina , 
la adorada de su esposo, 
la celebrada en. la vega. 
No hay dama que. no la envidie, 
no hay moro que no la quiera, 
del Guadalquivir al Dauro 
y del Estrecho á la Sierra. 
Mira ya por el Alhambra 
bajar cuadrülas diversas , 
cuyas la&xas yjgacxotas 
vistosamente se mexdan. 



1 




Ven, y admirarás el fai^o 

de las galas y libreas, 

los recamados jaezes , 

y las afrícaDas yeguas ; 

y en los palacios y huerios , 

que el herboso yalfe cercan , / 

reunida de Andalucía 

la hermosura y la opulencia. 

Has cuando al balcón saliere 

Zelima por rer las fiestas , 

fijarás en dh soh 

tu yista vaga é incierta. « 

Ya no hay ojos para Arminda , 

para Fáiima ó Benzeida ; 

que habiendo visto á Zelima , 

no hay beldad que Ip parezca. 

Correrá el vtío de gasa 

é sus dos claras estrellas , 

y envidia serán del dia , 

y gloria del que las vea. 

Guando el almaizar listado 

á la airosa espalda tienda , 

y en rizos de ébano puro 

suelte la umbrosa madeja , 

guarda «1 corazón, amigo, 

que en aqueUas ledes negras 

no hay alma , que no encad^e, 

ni libertad , que no prenda. 

27 



M8 ^ ROMANCES. 

IWéao» brillará ea 9a f reate 
el cerco de ríeas perlas , 
que en sos mcfillas la rosa 
y en sus manes la azucena. 
Las plumas de sa tarbaato 
no tan gallardas ondean , 
cuando apacible las mece 
el yieato de la ribera , 
como el talle delicado 
inclina afable y naaeña , 
si á saladar se levanta 
á sus amigas y deadas. 
Centro blanco y cabos rojos 
son los colores, que precia , 
porqué significan juntos 
sinceridad y terneía. 
Gomo el sol es so bermosura, 
que hechiza á todos y alegra : 
su familia la idolatra , 
y las demaa la veneran. 
0e amantes hijos cercada ; 
oliva fértil semeja y 
que entre copiosos renuevos 
promete mas á la vega ; 
y si ha podido sus gracias 
decirte mi tosca lengua^ 
las virtudes de su atma 
se sienten , no se celebran. 




I Ves la gloria que la ihiatra , 
ka placeres qae la eereaa , 
sin que el destino qí el tiempo 
á su Tentara se atrevan? 
¿ T entre tantos oeraaones , 
que solo agradarla anhelan ^ 
correr sos felixes dias 
en serenidad perpetna? 
pues en secreto derrama 
piadosas lágrimas^ tiernas, 
( yo lo sé bien , que ^Ha misma 
me honró eon sa confidencia ) 
pos un kif!BtÍ2y que gime 
en la prisión de Baesa , 
do sus contrarios le tienen 
é eon justicia ó sin ella. 
Este infortunio la aflige, 
este tormento la aqueja : 
que no es Zelima dichosa , 
si sabe que hay quien padeica. 
Duke corasen, que sok 
para la virtud alientas , 
cuando tú las Ikras , ama 
•1 desgraciado sus penas. 
Esta angélica ternura 
no es conocida en la tierra , 
que hay piedades que envilecen, 
y consvielos que atmrmentan. 



520 ROBlAirCES. 

Mas Zelima , santos eíelos-t 
cuando aüyia la roíseiia,. 
piden sus modestos ojos 
el perdón de conocerla. 
Al qae blanco de sos iras 
eligió la suerte adrersa , 
le basta ser infelize 
para que su amigo sea. 
€on qué suayidad le wra ! 
¡ cómo se pinta halagCíeña. 
en su apacible sonrisa 
celestial beneficencia ! 
Si en el corason de un hijo 
despunta la flor primera 
de la bondad , y al mendigo 
tiende la mano, aun incierta, 
¡ con qué ardor, coa qué delirio 
al dulce seno la estrecba, 
y en mil regalados besos 
su virtud naciente premia ! 
¡ Si la vieras cuál suspira 
con el triste 1 ] si la vieras 
el secreto de sus males 
arrancar á la indigencia! 
Cuando tormentos mas gravesL 
á un pecho infeliz apremian , 
su elocuencia compasiva 
é (^. suspende , ó los templa 



ROMANCE^. 321 

Dígalo el Cisne del Tajo ; 
á quien dio fortuna ciega 
en cada virtud un riesgo 
y un suplicio en cada idea. 
Lejos de su patria amada - 
gime en indigna cadena : 
solo tu amistad , Zelima , 
sus males adormeciera. 
O yo lo diga : deshecho 
el timón, rotas las velas, 
y destrozado el nayío 
de los mares y las peñas ; 
abortado de las olas 
apenas besé la arena , 
cuando , deidad de infelizes , 
encontré mi puerto en ella;; 
y aunque tú sabes , amigo , 
que no hay remedio 4 mi pena , 
llagas, que halague, mortales 
serán, si no las consuela. 
Dios á la tierra , Zelima , 
te concedió, porqué hubiera 
ángel para el infortunio 
y para el naufragio estrella. 
Tu imaginación ardiente 
otro ensalzará , é la fuerza 

de ese ingenio que te abre 

el imperio de la letras ; 

27. 




322 ROMlirCES; 

Ó ya el delicado instinto 
de lo bello , á quien presentas* 
el sab^ y la armonía 
sos mas preciadas ríqaeras y 
ó tu dcmaire, ó las gracias 
de ta nativa elocuencia , 
ó el no común maridaje 
de la hermosura y modestia. 
Mas cuantos dones prodigan 
fortuna y naturaleza , 
nada son, si no es piadosa 
el alma que los posea. 
Esta es la beldad , que solo 
adoro yo en ti : que esta 
ni el tiempo la descolora , 
ni los cuidados la menguan. 
Mas ya de Sierra-nevada 
el sol á apartarse empieza , 
y las cuadrillas se cruzan , 
y las dulzainas resuenan. 
' Ven conmigo , y tomaremos 

puesto de donde la veas , 
y allí admirarán tus ojos 
mas que te ha dicho mi lengua.— 

Esto á Zaide el desterrado 
del Guadalquivir dijera , 
y hacia el Jenil se encaminan^ 
Iver las cañas por ycrh* 



ROBffAMCfiS. 525 

V. 

BUiUfDA. 

iQné hechizo derrama el cielo , 
hermosa , en tu tos^ divina , 
que ya en las almas no cáhe 
otro placer qne el de mrla ? 
No á la nacarada aurora , 
cuando el oriente ilumina , 
con mas dulzura aplaudieron 
las pintadas aToeiUas : 
no maa lastimera y tierna 
la amorosa tortolilla 
lamentó al perdido esposo 
en las ramas de la umbría : 
no mas grato el arroyuelo , 
saltando entre tersas guijas , 
con blando murmurio halaga 
los zéfiros de la orilla ; 
ni el ruiseñor , si desoye 
su voz la consorte esquiva , 
mas dolorosas querellas 
al eco del valle envía. 
£1 amor , cuando en tu rostro 
sembró la rosa encendida 
del. abril y cuando en tus labios 



su B0IIANCS5. 

destiló la miel del Hibla ; 
por que á ta bermosara no hay % 
libertad , que no se rinda , 
poso en tus ojos su incendio 
y en tu acento sos delicias. 
T en vano , amantes incautos y 
huiréis de su hermosa vista : 
que hay también para el oído 
dulce ineTÍtable herida. 
I Con qué atractiyo donaire» 
con qué graciosa artería 
de amor las plácidas leyes 
tu voz halagií.eña dicta ! 
Ya en Terso elevado y puro 
celebres su blanda risa , 
ó ya en yulgares canciones 
afectos nobles describas ; 
[ cuánto placer mana entonces 
tu boca , cuántas caricias ! 
I con cuánta ilusión los pechos 
enardecidos palpitan ! 
Ya de artificioso amante 
cantas la astucia maligna ; 
ya mas tierna y seductora 
himnos al placer suspiras. 
En tus labios ser y forma 
recibe la simpatía j 
y al dulce lazo de Vémis. 




ROMANCES- ^^ 

la primavera caovidí^. 

Al pescador , ^ae blasfema 

«1 poder de amor , castigas y 

y al que le imite, igual pena 

tus ojos le pronostican. 

Las blandas quejas , las lides 

del desden , sus breves iras , 

y del járdin de Citares 

las deliciosas guaridas , 

¿ quién ) Belinda , las describe 

€omo tú? ¿quién alma y vida 

con mas verdad , con mas gracia 

prestó á la voz fugitiva ? 

Mas ob ! si ee lAgubr^ tonos 

gime enlutada la lira , 

y del amor desgraciado 

la doliente queja imita ; 

no es entonces La belleza , 

que adoramos , no ^ Belinda : 

es con todos sus pnesligios 

la dulce melancolía. 

Es Psiqnis , que el bien perdido 

llora en la escarpada cima ; 

08 Venus , cuando en sus brazos 

el joven amado espira. 

4 Guán lánguidas sus miradas 

desfallecen! j cuál oscila 

^u lindo seno ! ; cuan triste 



528 BOMANCfe^. 

el tierno nombre de amig^. 

Con él burlaré atrevido 

tn furor, oh suerte impía ; 

y este pecho , aunque en sus hierro^ 

el infortunio lo oprima , 

libre y contento á tu lado 

verás que late y respira , 

y la amistad generosa 

halaga su acerba herida. 

Ay I de tan sabrosa llama 

las puras blandas delicias 
• solo es dado el esplicarlas 

á los que saben sentirlas. 
' Si cantas , todas mis penas 

enmudecen : si mé miras , 

huye el dolor de mi pecho , 

vuelve á mi rostro la risa*. 

Así del cantor de Tracía 

la voz oyendo y la lira , 

el reino infausto de Díte 

sintió una vez la alegría. 

Vive feliz : tu belleza 

burle del tiempo las iras, 

y ni el tiempo ni la suerte 

jamas perti^rben tus dichas. 

De las almas tiernas seas , 

cual tá mereces, querida , 

y síerotnre el amor de flores 



B«MAircES. 529 

ia carrera de tus días. 
Esta espresion de mi afecto 
recibe afable , y olvida , 
por ser pura y verdadera , 

lo que pierda por ser mia 

Así el desterrado Anfríso 
dice á la hermosa Belinda , 
cuando sn voz alegraba 
del Gers odioso la orilla. 
Ella sus tiernas razones 
premia con blanda sonrisa , 
y vuelve á cantar , y Anfríso 
enmudece para oírla. 

Vi. 

A LUCINDA. 

Imitación de Horacio. 

Díme por todos los dioses , 
díme , Lucinda , ¿ qué impío 
furor , qué amor malhadado 
te impele á arruinar á Aristo ? 
Ya de la sabia Minerva 
olvida los sacros ritos , 
y evita cual sierpe fiera 
el antes amado libro. 

28 



330 ROMANCE». 

Fué un tiempo, en que corouade 
de oliva y eárdeno lirio , 
del Bétis su toi dif ina 
balayó el margen florido. 
Las bellas ninfas , sacando 
el pecbo del sacro rio , 
pagaban enamoradas 
sus canciones con suspiros. 
¡ Cuántas yeces, liüda Iberia , 
depuesto el pudor altivo , 
por escucbarle bajabas 
al valle de los alisos i 
En vano ; que amor no bd>ta 
su juvenil pecho herido : 
todos sus placeres eran 
con su lira y sus amigos. 
Hora á los ojos se escondo 
de Sileno y de Gratilo , 
ni responde á los acentos 
del tierno cantor de Anfriso. 
Así dicen , que de Tétis 
se ocultó el valiente hijo , 
^ dejando el lauro y la espada 
por femeniles vestidos. 
Mas los brazos de Deidamia 
no fueron seguro asilo ; 
que allí la trompa de fJlises 
despertó su ardiente brío. 




RQMJilfGES. 534 



No espera » falsa Lucinda , 
tenerle siempre escondido ; 
que al grito del desengaño 
liuyen de amor los prestigios. 



VIL 



£L DESPECHO* 



Con horrible agñero fuiste 
plantado y en triste dia, 
tronco infausto ^ do engañado 
grabé el nombro de Lucinda. 
I Qué encantamento funesto 
mis potencias sorprendidas 
pervirtió , cuando á nna ingrata 
di la voluntad cautiva? 
Si es su beldad seductora 
la que rindió el alma mía , 
los ojos , que la miraron , 
debieron perder la vista. ' 
¿Por qué no estalló mi mano j 
cuando en tu corteza fría 
divulgué necio mi oprobio 
y el triunfo de mi enemiga? 
¿ Por qué enamorado quise , 
que crezca su gloria altiva, 
tanto como tú crecieses 



352 ROMANCES. 

en verdor y lozanía ; 

si la ingratitud odiosa , 

que en su aleve pecho habita y 

dejará por siempre al Bétis 

su memoria aborrecida? 

Y aunque en sus hermosos labios 

el clavel del mayo brinda , 

¿qué importa, si fuente son 

de venenosas mentiras? 

No mires , incauto amante , 

aquel seno de delicias ; 

que se oculta entre sus pomas 

el áspid de la pei*fidia. 

Teme , teme de sus ojos 

la mirada dulce y viva , 

que donde hieren , no dejan 

sino incendios y ruinas. 

£1 zéfiro , que lascivo 

su lindo talle acaricia , 

exhala oculto veneno , 

y muere el que lo respira. 

Sí : con hermosos colores 

lar^ú jaspeada brilla 

del tigre , y mueve los ojos 

con aparente alegría ; 

mas las penetrantes garras 

en tanto pérfido afila , 

y á la descuidada presa 




ROMANCES. 555 

con grito horrible se tira. 
Así al amador sencillo 
con tu hermoso rostro hechizas , 
y á un Elisio de placeres 
en tus brazos le convidas. 
Esperas á que á tus plantas , 
ardiendo de amor , se rinda j 
y luego en su pecho clayas 
del desdan la flecha esquiva , 
y en sus acerbos tormentos 
te recreas complacida ; 
y tus juegos y solazes 
son los ayes que suspira. 
Oh furor ! ¿ y yo engañad 
me abrasé en tu amor un dia ? 
¿ y á un alma doble y tirana 
di un alma tierna y sencilla ? 
Huye del tronco , ó funesto 
nombre de la fementida : 
estorba , puñal agudo , 
que en él crezca mi ignominia. 
Y tú y infausto árbol , qaf diste 
á mi amor y sus mentiras 
tu corteza , oprobio seas 
del triste verjel que habitas. 
Jamas se cubran tus ramas 
de verdor : jamas floridas 
gloría del otero sean 

28. 



554 ROMANCES. 

cuajadas de fruta opima. 
Ni de la aurora el rocío 
en blandas perlas recibas , 
ni del fecundo favonio 
el puro aliento de vida. 
£1 ardiente sol te abrase y 
la belada nieve te oprima , 
y nunca el ave amorosa 
por nido tu copa elija. — 

Así enfurecido Aristo 
borra el nombre de Lucinda : 
lo ve la pérfida , y rie 
con desdeñosa sonrisa ; 
y dice : « borra mi nombre , 
que yo lo entrego á tus iras : 
\ fclis y si borrar del pecho 
pudieses la imagen mia ! » 

VIH. 

£L TEMOR D£ LA MUDANZA* 

Reclinado eaiá el amor 
ea el regazo de Celia , 
y entre los lirios del seno 
la blanda mejilla asienta. 
Los brazos de rosa y nieve 
á la cintura rodea , 



^ 



* 



ROHABrC£S. 535 

y con sus divinos labios 

la Cándida mano besa. 

Pone á sus pies el manojo 

de las voncedoras flechas : 

de un rosal dejó pendióles 

con el arco aljaba y venda. 

Sus lindos ojos sonríen 

á los ojos de la bella ; 

y con su beso y sa halago 

olvida ei de Giterea. 

Aléiis mira gocoso 

las deliciosas ternezas , 

con que el amor , que lo abrasa y 

su amante zagala premia. 

Al dulce nido acaricia 

con mano amorosa y tierna : 

el bello rostro le halaga 

y al pecho ardiente io estrecha. 

Alaba los claros ojos , 

que con su llama halagüeña ^ 

en ardor correspondido 

los corazones incendian ; 

ó bien los rosados labios / 

del placer segura prenda , 

ó ya los dulces arpones , 

que al mismo Jove sujetan. 

Mas al descubrir las alas , 

que hora recogidas plega , 



556 ROMANCES. 

y que tendidas al viento 
son de la inconstancia enseña f 
de la infiel mudanza Alexis 
la herida mortal recuerda , 
y con acento turbado 
así le dice á su Celia : 

« ¿Qué importa , que tu favor 
hoy corone mi esperanza , 
si Amor capaz de mudanza 
no puede llamarse Amor ? 
Que pierda, Celia , el volar y 
si quieres dicha segura , 
pues le basta á la hermosura 
su inclinación á mudar. » 

Dijo , y con lijera mano 
las lindas alas desplega , 
y sus varios tornasoles 
ya para cortar se apresta. 
Huye Amor de entre sus brazos , 
y al rosal cercano vuela, 
y asi maligno responde , 
y de su temor se venga : 

n Cuando olvidada de ti < 
mude la fineza suya , 
¿ qué importa que ya no huya, 
si ella me echará de sí? 
Si tu amprosa pasión 
quieres lograr sin rezólo , 




ROMANCES. 557 

no'á mi me quites el vuelo , 
sino á Celia el corazón, i» 

IX. 

£L RESPETO : TRADUCCIÓN DEL INGLES. 

Corazón , guarda tu llama 
en lo mas hondo del pecho ; 
no advierta la bella Elisa 
\ ni aun el humo de su incendio. 
En vano es el llanto , eñ vano 
ardientes suspiros tiernos. 
¿ De qué te sirve la queja , 
si es imposible el remedio ? 
Toda senda á la esperanza 
niega tu adorado objeto : 
para alcanzarlo , es muy alto j 
para olvidarlo, muy bello. 
Muere callando , y tansolo 
se permite á tu deseo 
beber de sus lindos ojos 
el no evitado veneno. 
Distante de su hermosura , 
como el esclavo del dueño , 
ni el menor gemido rompa 
la estrecha ley del silencio. 
Teme ; teme que tus males 



538 BOMANGSS. > 

conoMa la causa de ello» y ' 
y que so burla ó su odio 
castiguen tu atrevimiento. 
Ay I tú verás su hermosura 
entregarla el hado ciego 
á un mortal mas venturoso, 
pero que la adore menos ; 
y en aquel alma divina 
y en aquel celeste cuerpo 
mil gracias , que tú hallarías , 
desconosca tibio ó necio. 
Y poseerá distraido 
tantos heohisos án verlos, 
y ella gemirá quejosa , 
medio gozada , en su seno. 
Elisa ignora , y es fuerza 
que lo ignore , el noble fuego, 
que su belleza y las Musas 
en tu espíritu encendieron. , 
Con su idolatrada imagen 
regala tu pensamiento; 
y halague tu acerba herida 
esto dulce devaneo. 
Siempre al despertar la veas , 
siempre te la ofrezca el sueño ^ 
y guarda en el pecho amante 
8u memoria y tu secreto. 



HOMANGES. 3S9 

X. 

XA VICTORIA m£SF£IU]>A. 

A dios , adorada ingrata : 
quédate con tus desdenes y 
que ya el pecho resistencia 
para sufrirlos no tienó. 
Tres años há que te ^oro , 
desde aquella noche aleve , 
que entre juegos y alegrías 
me diste herida de muerte. 
Y ¿ qué he conseguido ? zelos 
y rigores, sin deherle 
ni áti, ni al Amor, nial hado 
aun la esperanza mas déhU. 
Ya disimular nú puedo 
la pasión que me enloquece : 
tus amigas la murmuran , 
y hasta tu madre la entiende. 
Es público , qne á otro amante 
el don de tu mano ofreces ^ 
todos me miran y ríen, 
y algunos me compadecen. 
Fuerza es morir : mas no vea , 
que hay quien en mi mal se alegre , 
y á mis últimos suspiros 
nupciales cánticos mezcle. 



^ i 




340 ROMANCES; 

Mira cuál es mi suplicio, 
cuando Toluntano ausente 
á mas que á morir me obligo , 
"condenándome á no verte. 
Ni espero , que ausencia ó tiemp» 
tan acerba herida templen : 
que puede partirse Anfriso , 
mas olvidarte no puede. 
Ni temas , que nuevos lazos 
mi desventura consuelen : 
quien te adoró , bella Emilia , 
te adorará hasta la muerte. 
Dulce bien del alma mia, 
á dios , á dios para siempre , 
ya que el destino y los zelos 
y el tirano Amor lo quieren. — 

Así se despide Anfriso 
de la pastora inclemente , 
que á tres siglos de ternura 
opuso un alma rebelde. 
Ella en ignorado fuego 
incendiarse el pecho siente , 
y en su corazón helado 
las vorazes llamas prenden. 
De Anfriso aparta los ojos , 
por si reprimirse puede ; 
mas ay I que á mirar su amante 
mas enardecidos vuelven. 
Hasta que al amor rendida , 



ROMANCES. 541 

N 

arde en su rostro la nieve , 
tímidos suspiros lama , 
y llanto amoroso vierte ; 
y al zagual , que despechado 
buye , y su triunfo no advierte , 
diciéndole « yo te adoro » 
la blanca mano le tiende. 
Anfríso se arroja á ella , 
le imprime besos ardientes , 
á su corazón la lleva , 
y entre las suyas la prende. 
Estrecha su Emilia al seno , 
y entre rosas y claveles 
de la encendida mejilla 
las dulces lágrimas bebe. 
Goza ', pastor , goza el premio , 
que bien merecido tients* : 
un despecho y un suspiro 
hicieron feliz tu suerte. 

XI. 

£L PESCADOR ANFRISO. 

Romances. 
A. 

Amante pastor de Filis , 
cuyos suspiros ardientes 

29 



542 ROMANCES. 

oyó sonar en sus vegas 
la ameoa oritta del Bétís; 
escucha del triste Anfriso 
los cantares con que suele 
/consolar su pena amarga 
de un perdido bien ausente. 
Y ora pidas á tu Kra 
el himno fúnebre , y cerques 
el sepnkro de Norferio 
de rosas y de laureles ; 
ó bien furor mas snUime 
tu agitado pedio Uene y 
y cantes las bellas obras 
de la diertm omnipofaatte; 
no de un inCslix amante 
el tierno llanto deqirecies » 
con quo del Bétss «uniftnta 
la clara y sesga corríanle. 
Que en él tú también llorando 
de Filis las esquiveses / 
quiso Amor que de sus flechas 
la cruda herida sintieses. 

Ta la selya que colmada 
desfrutes brillaba fértil , 
cuando orló otoño de pomas 
la guirnalda de su frente, 
con su triste ausencia queda 
espuesta al hielo y la nieTe/ 




ROMANCES. 543 

y el temido invierno anuncian 
los rigores del noviembre. 
Cubiertos de escarcha fría 
yacen mustios los verjeles , 
que d dulce y florido mayo 
vistió de su pompa verde. 
Del prado desparecieron 
ya las rosas y claveles ; 
y en el aterido suelo 
basta el rudo esjuno muere. 
Su dulce soplo el favonio . 
retira al mar de occidente , 
y de las polares cumbres 
el fiero aquilón desciende : 
sobre los campos y valles 
bate sus alas rugientes j 
y en la empinada montaña 
los duros robles conmueve. 
Cuando embravecido gime 
y en sus copas se enfurece , 
no hay tronco que no sacuda , 
ni peñasco que no tiemble. 
Bétis recibe en su seno 
los ya copiosos torrentes , 
y con el aumento altivo , 
émulo del mar, se tiende. 
Mánchase de pardas nieblas 
su faz tersa y trasparente j 



544 ROMANCES. 

y en vez del nndolo espejo , 
enturbiadas aguas vuelve. 
Con la mudanza alterado 
deja el pez el hondo albergue , 
donde del anzuelo astuto 
las asechanzas no tero 9. 
Cercano al aire enemigo 
el agua mas alta hiende , 
y al pescador cauteloso 
abundante presa ofrece. 
Entrambas orillas corren 
unidos esk tropa alegre 
cuantos el anzuelo enlazan 
y cuantos la red estienden. 
Fórmanse en la abierta margen 
mil cabanas diferentes ; 
y cubren el ancho rio 
remos, barquillas y redes. 
En tanto el joven Anfriso 
de otros cuidados pendiente ^ 
solo en apartada playa 
lloraba su triste suerte. 
Por la ausencia de su Elisa 
amargas lágrimas vierte , 
la mas hermosa zagala 
que vio en su margen el Bétin. 
Con un mismo arpón sus pechos 
el Amor tirano hiere : 



ROMANCES. 345 

Elisa idolatra á Anfriso ; 

por Elisa Anfriso muere. 

Mas viendo que ya el invierno 

muestra la arrugada frente y 

y temiendo que sus iras 

en su manadilla emplee ; • 

en las encumbradas sierras 

contra el hielo las guarece , 

y sin la luz de sus ojos 

la vida de Anfriso es muerte. 

Atada á un desnudo tronco 

la misera barca tiene , • 

el remo en la seca arena 

y al sol tendidas las redes. 

Y el corazón y la vida 

fijos en su bien ausente , 

hacia la envidiada cumbre 

los llorosos ojos vuelve : 

árboles y montes y peñas 

cou su lamento enternece , 

y en triste lloro consume 

la flor de sus años verdes. 

O amor 1 si al que bien te sirve 
con t%nta impiedad ofendes y 
I quién á tu insufrible yugo 
doblará el cuello obediente? 



20. 



346 HOMAHCES. 

2. 

De la mal formada choia 
á su olvidada barquilla 
sale «1 pea eador Anfríto 
al primer albor de un día. 
Tardamente costeaba 
triste y «olo las orillas , 
donde de Itálica nombie 
apenas queda y ceñíais. 
Contempla de su grandeía 
las destroiadas reliquas , 
y dejando aparte el romo, 
asi llorando decía : 
«I \ Oh lamentables despojos 
del tiempo ! «h tristes rainas ! 
infelis y fiel imáf^sp 
sois de la ventara mia. 
Las altas torres, que al cielo 
elevarse presumían , 
al acero y á la llama 
se desplomaran' rendidas* 
De arcos , colunas y esfaituas 
gestados trosos so miran , 
y entre dios la ingrata tierra 
serpientes brota y espinas. 
Yace entre el polvo deshecho^ 



ROMANCES. 547 

tu esplendor , tu pompa antigua ; 
triunfo que reservó el hado 
á la africana cuchilla. 
Así detvaneee el tiempo 
los placeres de la vida , 
y en un momento destriye 
la gloría de muchos dias, 
Ah ! yo , necio , imaginaba , 
cuando gozé mis delicias ^ 
que instantes tan venturosos 
nunca la edad llevaría. 
Pasó derramando amores 
la primavera florida ; 
y mis cantos alegraban 
el ai^fa de las campifias. 
Vino el sediento verano ; 
y el rayo ardiente dd dia 
en la floresta taie hallaba 
defendido de sus iras , 
donde de un amor feKxe 
las ansias correspondidas 
mi tierno pecho llenaban 
de inalterable alegría. 
De pámpanos y racimos 
cubrió el setiembre las viñas ^ 
y entre sus vides Cupido 
nuevos gosos me «Grecia. 
Breves cuanto dullces horas , 



É 



548 AOMAIfCES. 

¿ dó volasteis fugitivas ? 
¿ cuándo volveré á encontrarte , 
ó felicidad perdida ? 
Ahuyentó el sañudo invierno 
la estación de mis delicias , 
y m#Brrebató á los montes ' 
la mitad del alma mia. 
• En duro tormento ahora 
arrastro la odiosa vida , 
acrecentando mia penw 
la memoria de mis dichas. 
¿ Dónde estás , bien adorado , 
que asi de un triste te> olvidas ? 
Misero ! tfnQ mis suspiros 
escachar no puede Elisa ! »> 
Galló ^ y en copioso llanto 
se inundaron sus mejillas : 
las bellas ninfas al verle 
lloraron compadecidas. 
Hacia la pesca su barca 
con las demás encamina ^ 
mas su pena y su zagala 
van en su memoria fijas. 



o. 



Ya el horizonte de nieblas 
cubre el austro silbador , 



ROMANCES. 349 

que de la espumosa Sirte 
el diciembre desató. 
Suben á turbar del día 
el sereno resplandor ; 
y al campo aterido roban 
la luz benigna del sol. -^ 
Torrentes de espesa lluvia , 
que á su seno el mar fió , 
del Tiento agitados vuelan 
en redlolino veloz. 
Entre las aguas el bielo 
«orre en deshecho licor ; 
y ya los cuajados copos 
arroyos de nieve mA. 
Elev^el Bétis sus ondas ; 
y con doblado furor 
ya de las márgenes rompe 
la mal segura prisión. 
De las inundadas vegas 
el zagal medroso huyó , 
y la inútil reja guarda 
el paciente labrador. 
Desde un elevado risco , 
donde el agua no alcanzó , 
mirando el destrozo estaba 
el amante pescador ; 
mas solo afligen su pecho 
las crueldades del Amor ; 



550 ROMANCES. 

y contra él en tri^ acento 

tales quejas pronunció : 

« Oh tirano dio» ! si quieres 

hacerme amable d horror 

que por los campos esparce 

la rilforosa estación ; 

si quieres que no desee 

de abril el plácido sol , 

ay ! Tuelf e , yuelre á mis hmx» 

el bien de mi corazón.* » 



4. 



Precipiuftido sjis ondas 
por entr? oscuras eaña4#s y 
enfurecido un torrente 
de la umbrosa sierra baja. 
Guando los estivos rayes 
el ardiente Can vibraba , 
su raudal sediento apenas 
regó las áridas plantas. 
Mas hora que espesa lluvia 
cubre el campo y la loontaña , 
por las campiñas tendido 
al Bétis lleva sus aguas. 
Junto á su ribera Anfriso 
pensativo renovaba 
de sus perdidos placeres 



k 



triste* memorias y amargas. 

« ¡ Venturoso arroyo , » dice , 
« cuya fuente pura baña 
las altas cumbres que babita 
el dulce bien de mi almat 
cuando á^la tarde r^oja 
tus oTejuelas tusadas , 
ayl tal vez por tufl orillas 
conducirá la manada. 
Y cuando al nacer el dia 
envidia de Febo salga , 
quizá á mirarse en tus ondas 
un breve rato se para. 
Ora en menudos «istales 
lavarás su mana blanca, 
y ora besarás lascivo 
con blando giro sus planta?. 
Tú á su amable vuta siempre 
ufano de verla pasas , 
\ y la dicba que tú logras , 
Á un tierno amante es negada ! 
Dame nuevas de mi ausente : 
gime? ¿ busca solitaria , 
dejando el redil alegre » 
las sombras de la enramada? 
Tal vez hora , dulce Elisa , 
por la misma orilla vagas ; 
y lamentando á tu Anfriso 



J 



552 ROMANCES. 

verterás lágrimas blandas : 
que con las felizes ondas 
al mar correrán mezcladas , 
quedando con tal tesoro 
rica su corriente clara. 
Verted , verted , ojos mio« , 
tierno lloro ; que en las aguas 
quizá se unirá dichoso 
^1 llanto de mi zagala. 
Oh instantes de gloria ! cuando 
en mis brazos enlazada , 
unido tu pecho al mió ^ 
de blando amor palpitaba j 
entonces sintiendo el fuego 
de su mas ardiente llama , 
tus lágrimas y las mias 
en tu rostro se encontraban. 
Oh dulce llanto del gozo! 
Oh lágrimas siempre amadas t 
Ay! ¡si eterna tu corriente 
mis mejillas inundara ! » 

5. 

Pasó del enero frió 
la nieve, y no ya cubierta 
el monte de eterno hielo 
su empinada frente muestra. 




ROMANCES. 58S 

Tal vez el cierzo irritado 

de agitar los troncos cesa , 

y tal , el blando favonio 

por los yermos campos vuela. 

Sintiendo el venir cercano 

de la amable primavera , 

la bella flor del almendro 

sus blancas hojas desplega. ^ 

Del agricultor anima 

la esperanza lisonjera ; 

y las primicias del año 

en temprana pompa ostenta. 

De hojas se pueblan las ramas , 

desnudas antes y yertas ; 

y el frutal de los verjele» 

verde y frondoso descuella. 

Ya en el cáliz su perfume^ 

la timida rosa encierra ; 

y gloría del prado erige 

su vastago la azuzena. 

Mas no del febrero instable 

bonanza fija se espera : 

que tal vez, cuando reía 

el alba mas halagüeña , 

y con su fértil rocío 

alentó Us plantas tierBas , 

por el viento desatando 

lluvia de menudas perlas ; 

50 



3S4 ROMAKCtS. 

entonces pequeña nube , 
al templado rayo opuesta , 
que en el elaro mediodía 
dÍTÍ86 la yiáta apenas ; 
se desenyuelf e oeuUando 
la hermosa las de la esfera f 
y hasta el remoto horusonte 
tiende su infausta tíniebla. | 
Del preñado seno en tanto 
lanza horrorosas ceatrilas , 
que los espacios del aire 
de pálida lumbre llenan. 
Brama el rayo : su bramido 
por valles y cumbres snena ; 
y al centro de las montañas 
huyo asombrada la fiera. 
De helado y rudo granizo 
vierte después llnvia densa , 
que la tieraa.planta oprime , 
y la mies naciente quema. 
En fiero huracán el noto 
ruge indignado en k selva , 
f á su embate sacudida 
la robusta enciiit tiembla. 
Y cuando ya despojada 
de troncos la enmbre deja , 
se lanza precipitado 
sobre el valle y la pradera. 




AOH ARCES. 55B 

Su furia no resistida 
en la humilde choza emplea , 
y en su raudo remolino 
cabanas y establos lleva. 
Mas presto sus senos rompe , 
herida del sol , la niebla , 
y el rayo que la traspasa , 
dora la afligida tierra. 
En partes mil dividida 
desparece : el noto cesa ; 
y vuelve á halagar el aura 
las ramas de la floresta. 
£1 iris de oro y de nácar 
los bellos visos desplega , 
y precursor de bonanza , 
mares y cielo hermosea. 
Anfriso entonces decía : 
« después de cruda tormenta , 
{ cuan dulce es del claro dia 
gozar la lumbre serena ! 
Atento á mejor fortuna 
Sufre el misero sus penas , 
y para aliviar sus males 
la dulce mudanza espera. 
Ay triste ! { que de los mios 
el ansiado fln no llega ! 
; Ay del que Amor despiadado 
ú eterno gemir condena ! » 



556 noiu^ANGES. 

& 

Perdida esperanza mía , 
sin cuyo alivio sentir 
me \ió el Amor sus rigores , 
en una ausencia infeliz ; 
vuelve á mi pecho y alienta : 
que ya el apacible abril 
los amenos campos horda 
de alegre y vario matiz. 
£1 mas infecundo prado 
se viste de flores mil ; 
y rica esmeralda brota - 
la menos fértil raíz. 
Entre la menuda grama 
ya comienzan á lucir 
el albor de la azuzena 
y de la rosa el carmin. . 
Los árboles, que en el Bétis. 
miran su erguida cerviz , , 
la cristalina corriente 
truecan en verde pedísil. 
Alienta , afligido pecho : 
llegó la estación feliz 
que tus lágrimas enjugue 
la zagala mas gentil. 
Ya las altas sierras deja«. 




ROMANCES. 557 

donde se ausentó de mi ; 
y entre los pastos del llano 
fija el nudoso redil. 
Ea breVe , dichosas yegas , 
afrenlar y competir 
veréis su rostro al clavel , 
y sus manos al jazmín. 
Amante corazón mió , 
templa tu acerbo gemir ; 
que presto , presto á tus penas 
llega el anhelado fin. — 
Asi el pescador Anfriso 
cantaba , cuando á reir 
ya serenas empezaban 
las auroras del abril. 



Labradores de estas v^as , 
pastores de estos ribazos , 
decid , ay! siá mi zagala 
habéis visto en vuestros campos. 
Asi las bellas pastoras , 
su altivo desden postrando , 
el dulce yugo de Venus • 
reciban en vuestros brazos. 
Asi gozéis *en perpetuo 
solaz del bien suspirado , 

30. 



338 ROVAMCSS. 

• 

sin que jamas de la ausenei» 
probéia el dolor amargo. 
Hoy es el felíse dia 
en que Amor» meaos tiraao,. 
volver promete á mi vista 
el hermooosd q«e aguardo. 
Si visteis «na lagala , 
con cuya presencia «fanos 
de nueras flores se adaman 
y nuevo verdor los prados ; 
si en stt't^rsa y pora ñmie 
visteis la aurora brillando , 
ó el candido enhiesto cnelio 
vencer de la mero el ampo ^ 
señas son de h que adoro , 
que en mi pastora envidiaroni 
cuantas zagalas ilustran 
la margen del Bétis claro. 
La dulce risa del alba 
baña sus bcrmosos labieB; 
y en s« rostro resplandece 
el sereno sol del mayo. 
En el fuego de sus ejes 
templa Cupido sus dardos; 
y «n sus risos de oro teje 
los mas kalagfiedns lasos. 
Buscando viene á un ámente,, 
de quien se ausentó llorando ; 



ROMANCES. 359 

lágrimas , quo en dulce gozo 
hoy conTertirá eb sas brazos. 
Yo , mísero , corro el valle 
una y otra vez en Taiio , 
desde qne tino el lucero , 
mas que otntó fflafianas tard». 
El puro aljófar dd alim 
mis cabello0 ha boiado ; 
y el prñtter rayo M dia 
me bailó corriendo los campos. 
Masayt ¿no es ella T ¿mi E^, 
que baja de aquel oollado ? 
Oh amor 1 ya en fin mis suspiros 
tu duro pecho apiadaron. -^ 

Dijo , y coB lijera [4«nta 
Tence el interpuesto prado,, 
eual eienro herido dd valle 
busca el profondo remanso^ 
La gentil cágala enlóneeft 
deja el candido rebafia, 
y por do én Al^is0 vie&e , 
vuela amorosa á eneontrarlov 
En daloe nodo se enkaan , 
amantes ya afortwtados; 
y solo un momento premia 
las ansias de todo un afio% 



oM» ROMANCE». 



8. 



Qe los rediles del prado 
á las márgenes del río 
la bella EUsa guiaba 
los sedientos corderillos. 
Tendida la red tenia 
sobre las ondas su Anfríso, 
y en la apacible corriente 
nadaba el batel tranquilo; 
cuando del manso ganado 
oye jos tiernos balidos , 
y de su Elisa en la orilla ^ 
reconoce el blandp silbo. 
Coge la red presuroso ; 
y el remo al agua tendido y 
la barca hasta la ribera 
conduce de un solo g¡ro« 

Elisft, en tanto que al margen 
desciende su ganadillo, 
le espera á la fresca sombra 
de un yerde y frondoso aliso. 
Amoroso le saluda : 
y sobre el césped llorido 
del regalado favonio 
g02an el soplo benigno. 

Ya á descender empezaban 




ROMANCES. 361 

las sombras del monte erguido , 

y ya en los bosques se oía 

de la tórtola el gemido; 

cu«ndo la amante zagala 

repite al dalce querido 

la canción , que á las montañas , 

descendiendo al Bétis , dijo : 
. « A dios. quedad, altas sierras : 

desatado el hi^lOlfrío 

en mansos raudales baña/ 

los pies del musgoso risco. 

De las empinadas cumbres 

huye el invierno aterido , 

y ya su olor á los vientos 
entrega el blando tomillo. 
La zagala , qua llprosá 

tantas veites habéis visto 
cubierta de dura escarcha 
é inundada del roció , 
guiar su pobre manada ^ 
y entre amorosos suspiros 
enseñar á vuestros ecos 
el nombre amado de Anfriso; 
hoy de vosotras se aleja , 
antes que el ardiente estío 
el záfiro que os recrea , 
convierta en soplo encendido. 
Ansiosa busco los prados, 



368 ROMANCES. 

áoaáo ya di mayo benigno 
las flores que al alba nacen , 
tiñe do coloras ñvos : 
los prados qne el claro Béüs 
fertiliza cristalino ; 
y por tns dnlces rediles 
trueco el montaras aprisco. 
á sos orillas me llaman , 
por si enjngarl^ consigo , 
' lágrimas de vn tierno amante ^ 
y cnanto tierno , qnerido. 
A darie la alegro nueya 

volad • volad , vientedllos : 
decidle qne de las sierras. 

ya descender me habéis visto. 

Decidle que ya los valles 

velos en su busca pwo : 

decidle qne ausente muero , 

y que hasta verle no vivo. 

A dios quedad, altas cumbres f 

y así del rayo enemigo 

vuestros verdes faronccs sean. 

siempre respetado asilo ; 

si acaso por vuestra iaUa 

tal ves pasare mi Anfríso , 

decidle que ya su nombre 

conocéis por mis gemidos. » 
Asi canté Ja zagala f ^ 



I 




BOiiANGEs. 365 

y alegres los pajariUos 
la dulce canción aplauden 
volando al caliente nido. 
Envidiosas la celebran 
las bellas ninfas del rio : 
su amante no , que está todo 
solo en mirarla perdido. 



9. 



i>el alto cénit Apolo 
Q¡Í seno de Tétis baja , 
y en el mar dei ocddente 
el dorado carro lara. 
De entre las ondas enría 
rayos de su luz tem^ada , 
que apenas torcidof doran 
Jas cumbres de las montabas. 
Perdido el tibio reflejo 
por el anche viento va^ ^ 
y del incendio del día 
vuela fiogitiva llama ; 
hasta que entre d^isas nieblas 
amortecida se apaga , 
y el imperio de las sombras 
deja á la noehe atewda ; 
á la noche, que rigiendo 
los negros eabrilos posa , 




564 ROHANGE9. 

y opio y beleño sacude 
de sus voladoras alas. 
Ante ella la planta incierta 
perezoso el sueño arrastra , 
á quien las medrosas horas , 
callado coro , acompañan. 
£1 negro manto , que pende 
del cielo en la cumbre alta , 
de uno á otro polo tendido 
entrambos orbes abraza. 
Su tiniebla oscura en tanto 
trémulo esplendor traspasa , 
que en encendidas centellas 
vierte la esfera estrellada. 
Cuál del apacible oriente 
asciende al cénit ufana ; 
y cuál en veloz carrera 
al turbio ocaso se lanza. 
El astro fijo del polo 
arde en su eterna morada, 
y á las sombras del silencio^ 
preside su lumbre clara. 
En tardo curso á su lado 
revolviendo el carro baja , 
y el resplandeciente Arturj^ 
rige sus ruedas nevadas. 
En pos de él girando correii 
las estrelliis mas lejanas > 



ROMANCES. 36IÍ 

y por el callado cielo 
al helado mar resbalan. 
Las aguas del manso río 
con plácido estruendo pasan , 
que la flébil £co lleva 
á las Tecinas montañas. 
Rendidas las flores yacen , 
sus tiernas hojas plegadas , 
que del nocturno rocío 
el fresco zéfíro cuaja. 
£1 prado duerme : las aves 
los calientes nidos guardan ; 
y aterido el mundo espera 
la .dulce risa del alba. 

Solo y despierto, la vista 
tendida á la opuesta playa , 
el amante Anfriso yace 
al umbral de su cabana. 
En la playa , áo amiorosa 
su tierna E^a le aguarda, 
cuando en el cénit del cielo / 

la noche su curso parta. 
¡ Guán perezosas las horas 
para el pescador volaban! 
Ay ! { y cuánto de un amante 
el bien anhelado tarda ! 
Suspira , y ora impaciente 
al crudo Amor quejas daba, 

34 




3i6 ÜOKAITGES. 

y ora la inquietud penosa 
templaba eoa la esperanza. 
« Surta la barqoilb yaee 
en la margen sosegada , 
casi tendida la reía , 
y el remo dad<r á las aguas. 
Deja la choca , y al rio 
con ráfndos pasos bi^a , 
y el ielix instante espera 
que trueque en i^acer sus ansia 
Entre tanto el frió Boótes 
al carro la vuelta daba , 
y al horiionte yecino 
guia el pértigo de escarcha. 
« Por entre pardos celí^ 
oculta su lúa nevada , 
y bajo el brillante polo 
la noche media señala. 
Vuela el pescador enlónees , 
al batel lijero salta , 
la bafiada siega corta , 
la vela estiende á las auras. 
Gozoso y triunfante gira 
b^cia la ribera amada , 
y la interpuesta corriente 
con yeloz oarrora pasa. 
Crece el plácido silencio f 
y en las orillas ealUnlas 







el blando batir del remo 
solo tal vei resonaba. 
Cupido alegre en la popa 
rige la dichosa barca , 
la raano al timoo asida , 
y al aire abiertas las alas. 
En tomo girando ?oela 
de Amores la tropa raga ; , 
y el astro bermoso de Venus 
les destella lumbre blanda. 
De la apacible ribera 
los záfiros se desatan , 
y las esencias de Flora 
sobre las ondas derraman* . 
Benignos y bonancible» 
la tendida vela ensancban , 
y arriba el Mim Anfnso 
al puerto de su esperanza. 
Al tronco de «n verde aliso 
deja la barquilla atada, 
entre mimbreras oculta 
y al abrigo de la playa. 
Be altos darnos y sauces 
densas arboledas pasa , 
y entre las amigas sombras 
busca su Elisa adorada. 
Entro tanto loa rediles 
deja la hermosa zagala, 



3A8 EOUANGE8. 

donde J9L ea tranquilo sueño 
8u manadiUa deseansa. 
Con pió recatado vuela 
por la tendida campaña , 
y del humilde cdlado 
al repuesto soto baja. 
Por entre erguidos laureles 
bullicioso arroja salta, 
que coronado de adelfas 
en busca del Bétis yaga. 
Con vueltas mil serpentea 
por la frondosa enramada , 
y con murmullo suave r, 

el fresco margen halaga. 
A su orilla en greña oscura 
los arrayanes se enlaian , 
y en hondas cuevas ofrecen 
á amantes ninfas morada. 
Su triste querella entona 
Filomena entre las ramas , 
y en el profundo silencio^ 
los tiemes amores canta^ 
Al dulce Anfríso llamando 
su voz. Elisa acompaña, 
y de Anfríso á los oidos^ 
la lleva benigna el aura. 
Del blando acento guiado^ 
vuela á su bella zagala , 



-'^■*>^ 




ROVANGES^. 569 

y entre amorosos suspiro? 
Hega á animar á'sus plantas. 
Ya de la naciente luna , 
que el horizonte dejaba , 
á un tiempo montes y valles 
pálido el reflejo baña. 
Los tiernos amantes mira ; 
y envidiosa y lastimada 
vuelve el hermoso semblante 
del Latmo oscuro á la falda. 

¿Quién tan deKciosa noche ,. 
dulce Amor, á cantar Basta? 
¿ni quién dirá dignamente 
las victorias de tu aljaba? 
Al Niño alado , amadores , 
sin temor rendid las almas f 
que el placer y lá ventora 
bajo su yugo os aguardan. 

40. 

Ya las sombras de la noche^ 
disipa la aurora alegre , 
y de perlas , oro y nácar 
•esmalta el templado oriente; 
La pura luz de sus rayos 
por ambas esferas tiende , 
y del cielo oscurecidas 

54. 



S7<^ «OMAKGESw 

láf estrellas desparecen*. 
£1 prado rie ; las flores 
el blando aéfiro meee , 
y ei néctar de la mañana 
en an lindo seno vierte. 
Despiertan las ayecillas, 
y en bandadu diferentes 
no hay rama donde no pesen , 
ni Talle por do no vuelen. 
Con sonora tos saladaa 
al nuevo sol que amanece , 
y anuncian en sus quejidos 
de Amoríos dulces placeres. 
Amurt Am/or, en las vegas 
canta el pastor inocente ; 
y AwMc la llorosa Eco 
del lejano monte vuelve. 
El pea en el seno undoso 
sus gratos ardores siente ; 
y de blando Amor suspiran 
las rubias ninfas del Bétis. 
Junto é su sagala Animo 
celebraba dulcemente 
el arco , que doma el mundo , 
y el arpón , que dioses hiere. 
Oye desde el fértil Guido 
Amor los biomos fervientes, 
y de su vos invocado 




lya tsk la ribera parece; 
A su TÍsta nueva Uama 
por prado y ^ega se esiiefide, 
y el grito de Amor «nave 
repilo el záfiro leve. 
Paisa la lira : los vieatos 
al sacro aceato eamudocoE, 
y elBétís enajenado 
su se^o vandal detieno* 

« Ams^íies feliies , » capta , 
<( vivid v^niMrosos siempre , 
que y<i oa- preparo benigno 
jsolo delicias y bienes. 
Si el fiero dardo de ausencia 
vuestro pecho l^iiió inclemente ^ 
ya Amor, cuanta fué la pena , 
el blando consuelo ofrece. 
Asi premio á quien constante 
sufre el rigor de la suerte, 
y de invencible temuf a 
su coraron f<NPta)ece. 
Hora de liriea y rosas 
ceñid la gallarda frente : 
no el ábrego W marcbite , 
ni el rayo estivo las queme. 
Gozad ; y en vuestros amores 
de cMi^naia ^emplo quede , 
que después á sus lagalas 



572 ROMAITGEd'é 

los tíenios pastores cuentém » 

« Y vosotras , Gracias bellas ,. 
no cantéis qne alLatma verde , 
ardiendo en mi faego Gintia , 
por Endiosen desciende; 
ni que ai fiero y crudo Marte' 
le desceñí los laureles ; 
ni que el padre de los dioses 
mi temido imperio siente. 
Miáis por que conozca el mundo* 
cuánto mis arpones pueden, 
cantad que ya en los amantes 
la ausencia sus iras pierde. » 

XIL 

%A PRIMAVERA : TRADVCGIOIT DB£ ME^ 

TASTASIO'. 

Ay Dios! ya, mi dulce- am»dov 
la campiña reverdece, 
y ya el aterido bosque 
á Vestir sus ramas vuelve. 
Nuncio de la primavera 
desde el templado occidente 
vuela záfiro importuno , 
que el corazón me entristece*. 
La nueva estación te llama 




BOMAKCES. ^73 

al campo de honor y muerte : 
ay ! y ¿cómo sia tu amante 
vivir podrás , triste Irene ? 
No respires , aura blanda , 
que un alma amorosa hieres : 
no tan plronto , abril florido , 
estiendas tu manto fértil. 
Cada flor que se colora , 
cada renuevo que crece , 
ay de mi ! ¡ cuántos suspiros 
cuestan á mi pecho ardiente! 
¿Quién fué el primer despiadado, 
que hizo el acero inocente 
instrumento de homicidio , 
y para matar dio leyes ? 
Jamas la grata ternura 
8u corazón inclemente 
penetró , ni sintió el crudo 
de Amor los blandos placeres. 
Ay ! qué demencia ! ¿ es posible, 
que por las iras crueles 
de un enemigo , el halago 
de una dulce amante trueques? 
Ay ! no , querido Fileno : 
no , simple , engañarte dejes : 
si es que las guerras te agradan , 
también Amor guerras tiene. 
£1 buen amante es soldado ; 




874 ROMANCES. 

k esperieocia, y el ingenio, 
y el Yalor triunfos le adquieren. 
También Amor dicta ardides, 
espera , asalta , defiende , 
huye y se rinde á partido , 
da pazes y enojos mueve. 
Mas son amables las pi^zes 
y son los enojos breves , 
é igualmente halaga el triunfo 
al yencido y al que vence. 
Asi no hay pena , que en goxp 
benigno el Amor no trueque. 
Mas ay I el fatal instante 
ya la odiosa trompa advierte. 
Tente , ingrato : ¿ por qué huyes t 
no te pido tus laureles : 
poco te pido, hombre duro; 
mírame otra vez, y vete. 
Vete , y conserva en tu vida 
)a de tu infeliz ausente , 
y vuelve , si puedes , mió ; 
pero victorioso vuelve. 
Adonde quiera que vayas , 
lleva mi dolor presente , 
y di : ¿quién sabe si ahora» 
vive mi constante Irene ^ 



i 




ftOMANCES. 375 

XIII. 

LA HISTORIA DEI« AttOR. 

De mil sospechas oereado 
entrp de Amor al verjel, 
como niño en sala oseara, 
que á moTor no acierta el pié. 
Una esperania risnena , 
aunque falas , me encontré , 
y unos bellos ojos fnenm 
de mi libertad la red. 
Negro rizado cabello , 
tornátiles manos , que 

roban al jasmin su albura 

y su carmin al dayel : 

dulce y gracioso donaire ^ 

y un halagüeño desden, 

que esperando ser yencido 

lastima sin ofender ; 

con blandísimas prisiones 

encadenaron mi ser, 

y fui del Amor esclavo , 

y mi eselavitad canté. 

Mas ¿á qaién diáel Niño ciego 

dicha asegurada? ¿ó quién 

no halló al dolor acechando 



570 BOMANC£S. 

sufre el calor y la nicTe; 
en ia senda del placer? 
Hirióme un áspid sañudo 
que entre las rosas pisé : 
llegó el veneno á mi pecho , 
y puso un infierno en él. 
¡ Cuántos siglos de furores 
insano sufrí , hasta que 
me curó con su cauterio 
el desengaño cruel ! 
Mis verdes años marchitos 
y herida el alma, de aquel 
centro de dolo y perfidia 
escarmentado salté. 
Huye y juventud incauta , 
de ese dios , niño y sin fe ; 
que hay áspides en sus flores 
y tiene absintio su miel. 

XIV. 

NARGISA.' 

La bella Narcisa ilustra 
del Ebro la fértil playa , 
y mil corazones vuelan 
adonde pone las plantas. 
De aquellos felizes campos 
la juventud mas gallarda , 



ROMANCES. 377 

á su hermosura rendida , 

]a corteja y acompaña. 

Y en otra parte se llora 

su ausencia , aunque corta » amarga ; 

que ninguna ausencia es corta 

para quien de veras ama. 

Mas la ribera del Ebro 

arde en júbilos y danxas j 

y de pesares ajenos 

su propia ventura labran. 

Narcisa afable y risueña 

los tiernos obsequios paga ; 

pero su hermosura altiva 

domina ; no se avasalla. 

Los maliciosos cavilan , 

y diz que amante y amada* 

algún bien premiado afecto 

dejó en su querida patria. 

Quejosos y tristes gimen , 

y los corazones claman : 

« ¿qué importa que aquí esté ella, 

si dejó en su tierra el alma? » 

Mas no por eso desisten , 

aunque selosos , de amarla ; 

que nunca el Amor fallece 

mientras vive la esperanza. 

£1 desterrado del Bétis 

lo diga , que una mañana 

52 




878 ROMjUrcfis. 

le dejó muerto de amores 
en el btfile áe bis pasreuas ; i 

y eaaiido loco por eOa 
se retiró á ttf posada , 
asi al compañero Elisio < 

turbado le pi^ontabá : 
« La recieiivenidá , 

qae ostenta gallarda: 

el sol eA sus ojos 

y el ma^o en in cttra ; 

dime , (fúéa es ; tittúgo : 

por^é , al mitaffií, 

embalada en düspirOs 

me robó d áliUfl. * 
tf Cóf río pót d tláH 

h mflVko túdnit , 

ftistayoidó 

á un tiempo fattlagabá. 

Yo no sé cttií sentido 

mid mafeá causa : 

solo dé ^e en nté méú&i 

me preúdió el alma, ú 

« Cantó y amorosa 

tetiíóió Átk x&t bknda 

k to2 dé las áveS , 

^6 aúttiíciaií el dba. < 

Yo en sda dulces aceotod 

absorto eitaba ,* 



BOMAMGES. 979 

y aqad pkcer de oir)a , 

me cDst4 el alma. « 

« Sa talle y «os lirazqs 
desplega eo |a ^9am y 
y el pié |e mecían 
Amor y las Qcacias. 
Yo enajenado y piego 
le readi el alma ; 
mtíB ay 1 une A ^ato liechúo 
unam)>4i^U. » 

« lias de sos liados ojos 
si legf^ i|iia mirada , 
g^oriii serán sais pei^s , 
dul^ fJacer mis aasÍAs ; 
que «aa l»ir|^d# imya 
vale mil ^Imüfí. » 

XIV. 

Ya FíHa del Gara odioso 
abandona las riberas : 
á un amante esposo signe , 
y mil üoraiones penan : 
Filis , aquella bermosura , 
que á todos encanta ; aquella , 
que el coraxon mas esento , 
sin saber cómo , sujeta } 



580 ROMANCES. 

la de lo6 lindos cabellos, 
la de la risa halagüeña , 
la que en sos ojos anida 
Amor y dalzura y modestia. 
Guando al delirio del baile 
el airoso talle entrega , 
son de tiernos corazones 
sus hermosos pies cadenas. 
Guando el tono enamorado 
pide á la dulce Tihuela , 
y con los dedos de rosa 
hiere las sonoras cuerdas, 
I cuánto hechizo, cuái^Jo fuego 
derrama ! ¡ cuan halagüeña 
su voz celestial las almas 
tras sí enajenadas lleva ! 
] Y es. fuerza , FíUs divina , 
que al Bétis partas ! { y es fuerza 
que los valles del destierro , 
que alegrabas tá , te pierdan ! 
Tus dulces amigos gimen , 
aunque ta< dicha celebran- ; 
y otros menos generosos 
callan y en secreto penan. 
El desterrado del Bétis , 
cuya amistad pura y tierna 
se iguala al Amor en fuego 
y le escede en la íinneza , 
con mas voluntad que ingenio 



ROMANCES. 384 

la olvidada lira templa » 
y al despedirse de Filis, 
le canta de esta manera : 
» Vé y Filis amada , 
al margen ameno , 
do manso y sereno 
el Bétis se agprada : 
la vega esmaltada 
de eternos colores , 
el mirto y las flores , 
la fuente y el prado 
asilo sagrado 
allí son de amores. » 
« Al nudo amoroso 
alli te convida 
la tierra florida 
y el sol delicioso. 
Alli fué dichoso 
tu mísero amigo : 
perene testigo 
será de su gloria 
la acerba memoria , 
que lleva consigo. • 

« ¡ Oh amada rihera ^ 
del vándalo río ! 
oh bosque sombrío \ 
oh verde pradera ! 

La dicha , que espera , 

32. 



á 



1 



582 ^ ROMANCES. 

da á. vais hermoea : 

mi pena enojosa 

será suspendida : '* ' i 

qa9 aun amo la vida , 

81 es Filis dkhP3&. » 

XYI. 

• « 

• 

Después de ^a^ lavga aiiseneia 
vueWo á tu margen , ó Bétis : 
de mis primer^ amor^ 
guarid«( , sahe v^ü veaes. 

¡ Con qué placer qvv9 4úi^W'^o 

tu oríUa ! ¡ cuan dvloei^^te 

respiro el aur^ apaail>|ei , 

que en tus ál^^no^L se lOAce 1 

si bien un iemw^ imiÁo ,, 

aunque justo , me detÍ99^: 
que quien amores balls^, co^do suelve, 
are en las agua^ y ea ^l v^^fit^ siembre. 
Aquel es ^1 Y^Jpdfi prfdOi 

donde «u^ ojos 9r4í^|es 

me biríeron 1^ i^ prii^ei^ 

de un Avunr y pil diesd^^^s : 

mis enamoras ansias 

le declaifé e« esta fuente ^ 



BDICAKCES. 38S^ 

que sonora y cr¡jat«lu|« 

sa curso entre guijas tuerce. 

Prado y fuente son io9 mismos ; 

amante pecho , ¿ qué temes t 
Más ay! quien halla amores, cuando vuelve ^ 
are en las aguas y en el viento siembre. 
Allí amorosa y benigna 

mitigó sus esquivezes : 

allí enojada á mis quejas 

opusa un alma rebelde. 

Al m^^rgen de aquel arcoy>o 

enlazados blaii^^SB^ttte , 

nos dio su apacible i^go 

la sojpDbn^ de los laureles. 

¿ Góxiv>. tm 4vlces memqriaf 

de Amoe olvi4ar4e p^oden ? 
Mas ayl qqi^a I^Ua anüoi^es , «uai^do vuelve , 
are en las aguas y en d vie^i^t^ siemboe. 
Pero oh dolor ! ^u los troncos , 

que ciñ^i^ el soto alegre, 

de mis amorosas cifráis 

ni aun vest^ioa pBi^maiieoeii; 

y en las ramas, 4o caiitaba 

el ruiseñor d«lcem«ttte , 

miro deshe((hQ» los nidos , 

que respeiaba el imewbf». 

Ya para ti no hary asilo , 

Amor, bien puedes volverte : 



384 ROMANCES. 

4 

no en vano temías 

mudanzas aleves : 
que quien amores halla, euando vuelve , 
are en las aguas y en el viento siembre. 

XVII. 

LA PREGAUCIOIf . 

En vano , traidora Elisa , 
mi antigua pasión reclamas; 
que en la misma tumba yacen 
el Amor y la esperanza. 
Tantos siglos de ternura , 
tanto Amor , tan dulces ansias , 
breves guerras, blandas pases, 
iras, halagos, constancia; 
cuya historia aun se conserva 
en este aliso grabada , 
tú sola en un solo dia 
sepultaste en la mudanza : 
y fué un rival heredero 
de mis dichas y tus gracias , 
y un largo infierno dejaste 
al pecho, que te adoraba. 
Gemí, lloré, todo en vano : 
que en mi penar solazada , 
de tu nuevo amante el triunfa 
«on mi suplicio aumentabas. 



ROMANCES. 585 

RaiOD j desengaño , orgullo 
en curarme se empleaban , 
y el desesperar fué entonces 
la salud de mis desgracias. 
Ya estoy tranquilo : ya puedo 
despreciar la que me agrayia : 
á mi rival compadezco, 
que debe tremblar, si ama. 
Todos los nudos rompiste : 
¿ qué quieres de mí, tirana ? 
si Amor, tú le diste muerte ; 
y s) amistad, tú me engañas. 
Afecto tan noble y puro 
caber no puede en un alma , 
que insultó fiera é impía 
al corazón, que injuriaba. 
A Dios, y no por vengarme , 
tu llanto desprecio, ingrata ; 
que evitar á una enemiga 
es precaución, no venganza. 

xvm. 

A VENUS. 

Imitación de Horacio. 

Las lides, por tantos años 
interrumpidas, renuevas 



586 VOMANCES. 

otra yez, á cruda Yénus , 
y enciendes q1 pecho en guerras. 
Ah 1 perdona á un afligido , 
que de tus arpones tiembla : 
oh tú, de dulces amores 
madre inclemente, ya cesa. 
Ya dies lustros de mi yida 
volaron : no soy cual era 
bajo el imperio do Elisa 
en mÍ9 juventudes tiernas. 
Deja ¿ ua corazón, ya duro 
para tus gratas empresas, 
y en los jóvenes floridos 
que te invocan, triunfa y reina. 
Si quieres un pecho digno 
de tus ardientes saetas , 
á los umbrales de Albano 
tus blancas palomas lleva. 
Allí juveniles brios 
hay, y varonil belleza , 
y eñ breve edad grande ingenio 
y ya madura elocuencia. 
Soldado constante y fuerte 
seguirá tu blanda enseña , 
humillando á sus rivales 
y estendiendo tu potencia. 
El grato incienso de Arabia , 
la dulce y templada avena» 



la. VOZ dé acordada Kra , 
que sólo átnores redüéná ^ 
y el coro sieniprc festivo 
de jóvenes y doiicellás , 
qoe embelesadas las almas 
en suü pies hérfñosds llevan ; 
en solaz siempre perpetuo 
allí tus triunfos renuevan , 
y mas víctimas te rinden 
que Idalia, Gnido y Gitera. 
Mi pecho ya no alborozan 
el vino ni las bellezas , 
ni de Amor correspondido 
las esperanzas lo alientan. 
Huyo las lides de Baco , 
huyo de Venus las flechas , 
ni ya me agrada la frente 
coronar de flores nuevas. 
Más ay 1 ¿por qué , si te veo , 
vuelvo á llorar. Filis bella? 
¿ y en otro tiempo elocuente , 
torpe silencio me hiela? 
Ingrata , en vano me huyes : 
de tus desdenes me venga 
el dulce sueño, y prodiga 
las venturas , que tú niegas : 
y ya en los lechos floridos / 
que pinta la primavera , 



) ROMANCES. 

ya eolre las aguas del rio , 

]■ en el bosque , ya en la seha , J 

pagando mi Amor , snftve 

y amorosa te presenta. 

Iluion es ^ pero amando, >_ 

¿que dicha tiaj que no lo sea? 

í 
\ 



IDILIOS. 



I. 



£L DESDEN. 



Si ta desden , bien mió , 
en dicha taya fuera y 
yo alegre padeciera 
y amara tu desden. 
Mas ay l.¿ qué Tale, hermosa , 
la condición esquiya , 
si á ti también te priva 
del mas preciado bien? 

Tú me adoras : el rostro 
en púrpura encendido y 
brotó mal reprimido 
el amoroso ardor ; 
y tus hermosos ojos , * 
depuestos los desvíos , 
flecharon á los mios 
la llama del amor. 

M venturoso Anfriso , 
correspondido amante , 
vio ^u pasión constante 

33 



5W IDILIOS. 

premiada con tu fé. 

Qaé dicha I todo es mío ^ 

tu coractóft , tü vida ; 

y de mi amor vencida , 

amar tu gloria fué. 

Ay 1 ¿ por ^ué , si ya el cielo 

unió nuestro destino > 

y lazo taudiviflo 

Cupido nos tejió ; 

niegas á mis decios 
' el placer anfaelado , 

y opones á tu amado 

desden , que ya veneió ? 
La flor , ^e vergOniossi 

se cierra á k manaitá , 
del zé&ro tirana 
burlando está el dolor. 
Mas cuaaido ya t«w5Ída 
á amor rinde tributa / 
en cálii , hoja y fruto 
recibe al veneedor. 

¿Vesalavef cuál vaga, 
del amor fugitiva , 
y que al cons(»te esquita y 
le deja padecer? 
Pues pronto I mas benigna 
al amante quejido , 
verás , que el duke nido 




ee cuna del placer. 

Mira la vid frondosa 
del olmo enainoi^ada : ' / 

I no la yes , re«ba»|d^ , 
su asalto renovar? 
Pues pronta amor consUnto 
, domará la ^sp^reaa ; 
y la ruda-corteía 
se dejará ^(írazar. 

Todo , JEUsa, condena 
á un alma ii^asl4 y dura : 
cuanto hay en la natura ,. 
imagen es dé amor. 
Tá sola f. dulce ingrata ^ 
mis ansias no soriegas ^ 
y á Cupido le niegan v 

la prenda d^l favor. 

No es tan duro, bieamio»,, 
tejer hermosos l^^os , 
y á un aspante tna brasos y 
blanda prisión > conir ; 
4 en los sedientos labios 
de un dichoso querido ^ 
de amor correspondido 
dulce sello imprimir. 

No mal , mi bien , de#eanssb 
en Cándida mejilla 
un rostro, donde brilla 



Á 



398 IDILIOS. 

inestinguible ardbr; 
ó en el nevado cuelfo^ 
la enardecida boca , 
cnando á goiar provoca 
el indomable amor. 

Ay bella ! no retardes 
ya mas la dicha mia : ^ 

no espire mi alegría 
en brazos del desden ; 
y si del pecho esquivo- 
logro ya lá victoria , 
á conmar mi gloria 
ven , dulce amada , ven. 

II. 

LA FELICIDAD. 

Modera , dueño mió , 
mi dicha y tus caricias. Ya en mi pecho 
no cabe el alborozo : ya fidlleee 
en amantes desmayos 
al peso del placer correspondido. 
Sí , dulce bien : conserva 
esta vida feliz que te consagro ; 
y no en el fuego ardiente de tus ojos , 
ó en tus blandas palabras ó en la risa 
de tu amorosa boca la consumas : 



IDILIOS. 59$' 

que á un tierno corazón «namorado 

y de tu amor sediento 

el csceso del gozo es un tormento. 

Mas no , mi amada ; 

vueke á mirarme , 

que sin tu halago 

no sé vivir. 

Dulces favores 

no darán muerte 

al que tus iras 

pudo sufrir, 
i Oh gozoso recuerdo 
de nús amargos dias ! \ oh desdenes , 
hora tan dulcemente compensados I 
Oh enamoradas ansias ! ¡ oh tormentos 
de zelosa inquietud ! ¡ oh tristes penas , 
que una mirada tuya trocó en gloria! 
Del abismo profundo 
tus deliciosos brazos me elevaron 
al cielo del amor. Aquel momento , 
que decidió mi triunfo y tu ternura , 
vale una vida entera de amargura. 

Dulce hechizo de un aliña , 

que s¡n ti fallecía ; 

recíbela , no es mia , 

que solo tuya es. 

Logró el constante pecho 

la suspirada gloria : 



394 IDILIOS. 

ta amor es mi victoria ,. 
y amarte mi interés. 

III 

£L REZELO INJUSTO ^ 

Al alma enamorada 
mas que tu halago tierno^ 
es dalce, Elisa roía , 
tu tímido rezelo. 
To lo adoro : es la prenda, 
mas cierta de tu fuego ; 
que de temores \ive 
el firme amor sincero. 
Con tal que la injusticia* 
conozcus, y mil besos, 
ay b^la ! satisfagan 
la injuria de un momeiito. 
De mi constancia eterna 
¿ tú dudas, dulce dueño? 
¿ qué fuerza habrá , que arranque- 
tu imagen de mi pecho ? 
Pregúntale mis ansias 
al bosque , do crecieron 
con sus altivos troncos 
tus cifras y mis versos ;. 
ó al^cristalino rio ,. 



cuyo apacible espejo 
mis lágrimas ardientea 
mil vezes eocendieron. 
La fuente que susurra ,. 
el 2é6ro halagdefio , 
q4ie juguetón me^ea 
ha vams» del otero ; 
las rosas que al aurora 
U prodigó mi huerto , 
y con dichosa mano 
f jé aohro ta seno ; 
de enamoradas ansias 
testigos mudos fueron, 
y ya gratos emblemas 
de mi constante incendio> 
Ay dulce bien I no temas 
mudan2a en mis alectos;, 
que olvidos no conoce 
amor, si es verdadercL 
Mas si tu pecbo asalta 
tal vez algún rezelo, 
confiesa la injusticia, 
y péguenla mil besos. 



596' IDILIOS. 

IV. 

LA TEMPESTAD. 

I Cuál silba ea el otero 
el aquilón furioso ! ¡ con qué saña 
ruge el trueno en el valle y la montaña ! 
Ay ! ¿ qué cárdeno fuego 
rompe las nieblas de la noche oseara? 
EioobraTecido el noto 
contra los riscos de la cumbre alpina ; 
desgaja el roble y la robusta encina. 

¿ No basta , ay Dios ! que gima 
lanzado á tierra ajena? 
¿ Por qué á crecer mi pena 
bramó la tempestad? 
En áspero desierto , 
sin luz y sin camino , 
un triste peregrino 
¿ dónde hallará piedad ? 
No calma el viento airado : 
no calla el ronco trueno.' ) Cuál retumba 
en la lejana cumbre, 
que inunda el rayo de horrorosa lumbre i 
¡ Cuál despiden los cielos 
mares crecidos de violenta lluvia ! 
{ Cuál se lanza orgulloso 
con el aumento e! rápido torrente^ 



miLios. 597 

y ensordece los vaHés su corriente ! 
Piedad , cielos y piedad : perdido vago 
misero y solo por la selva umbría : 
ay I nazca pronto el suspirado dia ! 

Mas ya del oriente 

abres la áurea puerta , 

y naces , dulce aurora y 

á iluminar la esfera. 

Ya cesan los truenos , 

buyen las tinieblas , "" 

y el sonrosado dia 

el mustio campo alegra. 

I Ob blanda mudanza , ^ 

que el mundo recreas , 

y en júbilo conviertes 

la desventura acerba I 

\ Ay de quien fallece 

en continua pena ! 

¡ ay de quien á sus males 

ningún alivio espera t 

V. 

LA AUSENTE. 

Quien las penas de Amor ba sentido , 
en mi acerba aflicción se consuele ; 
que ninguna, ay de mi! tanto duele, 



598 IDILIOS. 

como ver á un amante partir. 
Vivo , y late mi pecho oprimida^ 
y jamas anspirando reposa : 
vivo, y siento la vida enojosa , 
ni es tan daro mil vezas morir. 

Aquel triste y amargo momento , 
que de mi, dulce bien , te robaste , 
no hay gemidos , no hay llanto, que basto^ 
á igualar su tormento y rigor. 
El á dios doloroso tus labios 
balbucientes formar no pudieron { 
mas tos ojos llorando dijeron : 
« seré firme : no olvides mi amor. 9^ 

Tu mirada doliente y suave , 
que mi rostro fijó, parecía 
moribundo reflejo del dia, 
que se eclipsa en las ondas del mar-. 
Al fin partes, y mísera quedo 
en tiniebla horrorosa y oscura i 
ni mis ojos verán la luz pura , 
que otro tiempo los supo alegrar. 

Dulce dueño de un alma cautiva ,. 
que en tus lazos el cielo encadena , 
no rezóles que olvide tq pena : 
es mi gloria que penes por mí. 
Si tú gime^ mi pecho aiqoroso 
corresponde á tu tieruo quelirantp : 
no hay placer , quf se iguale á mi 119010* y, 
pues lo vierto , mi amado , por ti. 



IBILTOS. 509 

VI. 

A UN ÁRBOL : TRADUCCIÓN DSL rRAIfCES. 

Tronco infeliz ; desnudó y sin yerdura , 
imagen fiel de mi mortal dolor, 
« marchitó el inTÍemo tu hermosura , 
ayl yo probé la^ it*ás del Atnor. 

Mas tú, al réir la dulce primavei*a, 
gloria serás del plácido verjel : 
mi corazón ningUn lilirio espera , 
ni majo habrá para mi mal cruel. 

No des jamas tu soihbra ó tu corteza 
á infiel beldad , á pérfido amador ; 
y el que á engañar se atreva lá terneza , 
conserve en ti renombre de traidor. 

To huiré de ti , de tu enramada umbrosa , 
que un tiempo dio su asilo á mi placer ; 
mas al morir tu primavera hermosa , 
tú me verás contigo padecer, 

VII. 

A MI ÁVStVTS. f £N STT BTA. 

Pide al viento sus alas , 
y vé, suspiro mió , 



40Q IDILIOS. 

adonde el hado impío 

me nie^a á mí volar : 

qae si á mi herniosa halagas 

el labio sonrosado, 

cuál pecho te ha eihalado , 

no puede^ no, dudar. 

El fuego, que me abrasa , 
ardiendo va contigo ; 
y el de su pecho amigo 
podrás también crecer : 
que allí puro y constante 
Amor sus alas mueve, 
y aquella hermosa nieve 
no sabe mas que arder. 

Díle , que sufro y lloro 
las iras del Destino : • 
que un pecho diamantino .. 
labrara mi gemir; 
y que es en tantas penas 
la mas acerba y dura 
estar de su hermosura 
ausente , y no inorir. 

¿ Por qué la injusta suerte , 
qne me robó mi gloria , 
no arranca la memoria 
* de aquel perdido bien ? 
Y así de pena esento, 
y esenfo ¿e alegría , 



IDILIOS. 401 

del hado burlaría 
el áspero desden. 

Mas ay ! antes que olvide 
y tanto amor ofenda , 
el rayo , dulce prenda , 
se lauze sobre mi. 
De clima en clima errante , 
desconsolado y triste , 
el alma, en que viviste , 
es siempre para ti. 

Adonde el sol ardiente 
los rostros descolora , 
ó adonde muere Flora 
y brama el aquilón : 
bajo la hoguera estiva , 
ó entre el agudo hielo , 
serás gloria y consuelo 
del tierno corazón. 

Por ti suspira^ cuando 
llorosa el alba nace ; 
por ti , si Febo yace 
y el mundo duerme ya. 
£1 sueño con tu imagen 
engaña mi deseo : 
cuando despierto « creo 
que huyendo de mi va. 

Vegas, dogozé un tiempo 
caricias adoradas , 

54 



40B IDILIO». 

donde no eran soñada» 
las dichas del amor ; 
en vuestro seno Hora 
á su infeliz ausente , 
y á la emboscada fuente 
confia sn dolor. 

VueWe el ya ingrato dia , 
cual antes ventaroso , 
en que tu nombre hermoso y 
bien mió , celebré : 
en la estación amena 
de plácidos amores , 
que dio la tierra flores 
hollada por tu pié. 

¡ Ay, cuánta dicha el cielo , 
mi Elisa, prodigaba 1 
I cuan grato nos brindaba 
Cupido su favor I 
Todo de amor hablaba 
al tierno pecho mió : 
el prado , el monte , el río 
brotaban dulce amor. 

¿ Qué nos quedó de tanta ^ 
de tan fugas ventura? 
una infeliz ternura , 
como infeliz, leal. 
Mas ella , vida mia, 
' es mi existencia entera , 




imLios. 405 

Y entre la pena fiera 
consuelo celestial. 

Que si lloré en un dia 
perdido mi tesoro , 
pues me amas y te adoro , 
no todo lo perdí. 
El corazón , huyendo 
del aire que respiro , 
se exhala en un suspiro , 
y vuela librea ti. 

Recíbale piadoso , 
mi bien, mi dueño amado y 
el seno regalado , 
donde feliz vivió ^ 
y en él su pena esquiva 
consuela enamorada , 
que aun lleva atravesada 
la flecha , que lo hirió . 

Yin. 

\ 

£X. TUMinUO. 

Ayl ¿ dónde huyeron 
los bellos dias , 
que de alegrías 
colmaba amor ? 
Solo un sepulcro 



4M iDaio». 

perdonó el hado , 
templo adorado 
de mi dolor. 

La muerte fiera « 
dulce bien mío , 
con brazo impío 
te arrebató. 
Robó á mi pecho 
todas sus {^lorias : 
tristes memorias 
solo dejó. 

Por ti gimiendo » 
sombra querida , 
mi edad florida 
consumiré. 
Ni en la pradera 
cantaré amores , 
ni entre las flores 
me adormiré. 

A la adorada 
ceniza fría 
el alma mía 
se exhalará ; 
y allí estrechando 
lazo constante , 
¿ quién , dulce amante , 
lo romperá? 

Cuando el sep\ikra 



I 




IDILIOS. 405 

reguéis, pastores, 
de mustias flores, 
fúoebré honor $ 
voKéd diciendo 
con voz llorosa : 
« bajo esta losa 
respira amor. » 

IX. 

LA JARDINERA : ANACREÓNTICAS. 

Del álamo de Alcides 
y de laurel ceñida , 
para cantar las guerras 
templaba ya mi lira. 
La diosa de Gitera 
del brazo me ta qui^ , 
y afable sonriendo 
en blando amor la hechiza. 
« ¿ Por qué tu dulce acento , » 
me dice , «r lo dedicas 
á las marciales lides , 
si puedes á las mias ? 
Cuando los bellos ojos 
([le la sin par Miitila 

34. 



406 IDILIOS. 

abrieron en tu peeho 
la mas sabrosa herida , 
sintiendo amores , ¿ cómo 
celebrarás las iras? 
Canta, canta sos gracias j 
canta la blanda risa , 
que en sos purpúreos labios 
al tierno amor convida. 
Canta de sus jardines 
las plácidas delicias , 
las Yenturosas flores y 
que crecen á su vista , 
y éel Vendado Niño 
victorias y caricias. 

Dijo , y en vei dd lauro 
ciñó á mi humilde lira 
de su pensil de Idalia 
la rosa y clavellina. 
Ya solo de tí canto , 
ay jardinera mia ! 
amor el premio sea 
de versos , que amor dicta. 

2. 

Guando disipa el alba 
la fúnebre tiniebl^i , 
y hermosa precursora 




IDILIOS. 407 

del $ol , eL nrando alegra j 
a sus Terjeles sale 
mi amada jardinera y 
mas que la aurora linda , 
y mas que Apolo bella. 
Las flores al mirarla , ^ 
nueva beldad ostentan, 
y al aura , que las mucfe , 
de mil olores llenan. : 
En la floresta umbrosa 
dulce alborada suena , 
con que las tiernas aves 
saludan su belleza. 
Con la nevada mano 
las blandas flores riega , 
y del estivo rayo 
piadosa las preserva. 
AyHirtilal ¿tansolo 
piedad merecen ellas? 
¿ por qaé del fuego mió 
no calmas la violencia? 



3. 



Ayer me dio Mirtila 
un oloroso ramo , 
que de diversas flores 
tejió con diestra mano ; 



Á 



408 IDILIO». 

y al dármele sa rostro 
se abrasa en fuego blando» 
y flores su mejilla 
mas lindas rosearon. 
Ay ramo ! tú lo sabes : 
cuando felix y ufano 
en su mano te hallaba», 
díme ¿ suspiró acaso ? 
¿ te besó cariñosa 
y al seno delicado 
te llevó ? ¿ lo sentiste 
de goso palpitando? 
Díme , díme qué ardores 
^ al darte la agitaron : 

si no es amor , yo muero ; 
si es amor, yo me abraso. 



;, No ves aquella rosa , 
que con beldad loxana 
el lindo seno ofrece 
al zcfiro del alba ? 
Pues aun no bien las sombras 
del alto monte caigan , 
cuando su pompa hermosa 
mustia verás y ajada. 
No pierdas , no , Mirtiia , 



IDILIOS, 

tu plácida mañana : 
la mas brillante rosa 
al otro sol no alcanza. 

5. 

Oh Amor I así de Psíquis 
el blando beso logres, 
sin que envidiosa Venus 
se ofenda ni lo estorbe i 
así del alto Olimpo 
por dueño te corones , 
y tus arpones rindan 
al padre de los dioses : 
(|ue cuando de Mirtila 
la bella luz adore , 
inspires tú benigno 
mis perturbadas vozes. 
Al labio da osadía, 
si al pecho diste ardores : 
que no hay piedad ni cura 
á heridas que se esconden. 
Mira qué hermosa viene 
coronada de flores , 
en su amor abrasando 
desde la orilla al monte, 
Bé propicio , ó Cupido , 
y en eternos loores 



409 



410 IDILIOS. 

sobre mi duloe lira 
resoaará tu nombre. 
Mas ay ! que cuantas fuerzas 
para decirla amores 
me das , en solo amarla 
el corason las pone. 



6. 



Era la siesta cuando , 
el sol ardiente abrasa 
con devorantes rayes 
verjeles y montañas. 
Amor quemando el pecho 
con maa activa llama, 
al huerto de MirtUa 
mis pasos arrebata. 
Por él mi amada prenda 
airosa caminaba , 
venciendo snhermosara 
la los del cielo clara. 
Bate favonio dulce 
sus vagarosas alas, 
y en giros mil lascivo 
el lindo talle halaga. 
AI bosque de los mirtos 
mueve la bella planta i 
y callado la sigo 




IDILIOS. 4H 

entre amorosas ansias. 
En íiu retiro umbroso 
se recuesta y descmsa 
sobre florido lecho 
que euTÍdian los de Idalia 
Suspira , y sus ardientes 
suspiros lleva el aura , 
y delicioso llanto 
su tierno rostro bafia ; 
y corriendo lijero 
en perlas desatadas , 
con ellas enriquece 
del césped la esmeralda. 
Arrebatado entonces 
llego , y con toz turbada 
piadoso le pregunto 
de su dolor la causa. 
Gime; y k» dulces ojos 
de mí tímida aparta , 
y el semblante colora 
de rosa , nieve y nicar. 
Maligno Amor reía : 
y de la ardiente aljaba 
la mas aguda flecha 
al blanco seno clava . 
£1 fuego por sus venas 
triunfante se derramó , 
y dice « yo te adoro » 



449 IDILIOS. 

con voies desmayadas ^ 
Oh dios de los amores ! 
á tus divinas aras 
mi corazón rendido 
por siempre se consagra. 
Vosotras, que felize 
me veis ^ hermosas Gracias , 
decid , decidle á Venus « 
que ya Mirtila ama. 

7. 

I>e las preciadas flores , 
que en su jardín cultiva , 
una guirnalda hermosa 
entretejió Mirtila. 
De púrpura y de nácar 
las unas van teñidas , 
y á cual de la inocencia 
el puro albor cubría ; 
y en lazos de geranio 
y verde mirto unidas , 
con elLa ornó mi frente , 
ya tierna, ya festiva. 
Pues victima á tus aras 
bien raio , me destinas , 
desde que fué el amarte 
la vida de mi vida ] 




IDILIOS-; 415 

ya coronada tienes 

la víctima ofrecida : 

I por qué , di , no la* hieres, 

si está en morir su dicha ? 



A un eminente olmo f 
honor de la pradera , 
entrelazó Mirtila 
las ramas de una yedra. 
De los tenazes brazos, 
que el duro tronco cercan-, 
la altiva copa cede 
á la amorosa fuerza. 
De su constancia el triunfo 
tú misma roe celebras , 
in[]rrata , y á la mía 
el dulce premio niegas. 



9. 



¿ No ves la luna hermosa 
qué clara , qué tranquila 
por el cénit del cielo 
el albo carro guia ! 
¿ No yes cómo la noche , 
de beleño ceñida , 



5S 



414 IDILIOS. 

• 

espanto peretoso 
al ancho mondo inspira ? 
Allí de los amores 
el astro puro briHa y 
que en benévolo rayo 
su tierno influjo envía. 
Reguemos pues las flores : 
el aura fugitiva 
con apacible soplo 
al riego nos convida. 
Y en tanto qué la aurora 
con dulce y grata risa 
de nácar y do parias 
no siembre la colina ; 
en unión venturosa , 
del blando Amor delicia , 
reguemos los jardines 
hasta que venga el dia. 
No quede flor sin riego j 
por alta ó escondida : 
la flor, que ño se riega , 
ay! morirá marchita. 

40. 

Amor, deja tus flechas, 
depon la venda hermosa , 
y al Cándido Himeneo 




cnciéudele la antorcha. 
La frente^de Mirilla 
unidos ya coronan 
de la constancia el lirio 
y del pudor la rosfi. 
De su pensil las florea 
lecho nupcial le forman : ^ 
por la que yo suspiro , 
es linda sobre todas. 
Ven, Himeneo, ^uela; 
que Apolo ya las ondas 
del piélago de ocaso 
con tibio rayo dora. 
Y tú , mi duke lira , , 
celebra armoniosa 
del mas ardiente afecto 
la mas felia victoria; 
y cuando nazca el alba , 
las ayes bulliciosas 
imiten en sus nidos 
tus cantos y mis glorias. 



X. 



EL SUEÍÍO: TRADUCCIOW DEL FRANCÉS. 

En los jardines do Gnido 
contigo el sueno me unió, 




446 IDILIOS. 

y un arrayan escondido ' 
su amiga sombra nos dio. 
Oh qué beldad! no tan pura 
comienza el alba á reir. • 
Tú cediste á mi ternura : 
yo iba en tu seno á morir. 

Mas ay ! Cupido envidioso 
velaba: yo desperté: 
solo en mi pecho amoroso 
tu imagen querida hallé. 
Con mi dulce sueño huíste, 
y de aquel dichoso error 
nada mas me queda, ay triste! 
que tu hermosura y mi amor. 

Ya solo, amada delicia, 
la vida espero de ti: 
que siéndome tú propicia , 
¿ qué puede Amor contra mi? 
Haz, que el hijo de Gitéres 
trueque, movido á piedad, 
tantos soñados placeres- 
4 un momento de verdad. 

\ 

MI DESEO. 

¿ Sabes , ' hermosa Emilia , 
cuál es el bien que ansio, 



IDILIOS. 4^7 

y cuyo ardiente voto 
los dioses me inspiraron? 
No son , no , los tesoros 
del Ganges celebrado , 
ni el oro y las riquezas 
del opulento Graso. 
Ni de Marte en las lides 
brillar funesto rayo, ' 
ni que mi frente ciñan 
laureles sanguinarios. 
Tampoco los favores 
del necio procer amo , 

ni jnnto al trono fiero 
mandar esclavizado. — 
^ Acaso te deslumbra 

la gloria de los saBios. — 
No : lejos de mi vista 

los ¿riunfos literatíos. 

¿ Yo de opinión agena 

viviera? ¿ yo temblando 

del ignorante vulgo 

comprara el torpe aplauso? — 

Quizá en el blando vino 

sepultas tus cuidados, 

V signes con Sileno 

la enseña del gran Baco. — 

Es cierto, que algún dia 

bebí su partidario; 

35. 



448 IDILIM» 

y no , no poca gloría 
sus lides me aleaniaron. 
Mas ya del traidor néctar 
detesto el dulce engaño : 
que sin razón no hay hombre , 
ni gozo en el letargo. 
Tú callas, bella Emilia: 
mas tu silencio es vano , 
que no ana vez mis ojos 
mi pecho té mostraron. 
Artera , tú sonríes : 
ya tu malicia alcanzo : 
lo que mis ojos dicen , 
repetirán mis labios* 
Con tal que des en paga 
un beso anticipado : 
por él de mis deseos 
sabrás el grande arcano ; 
y te diré, mi Emilia, 
cuál es el bien que ansio , 
y cuyo ardiste voto 
los dioses me inspiraron. 

XII. 

LA ENTREVISTA. 

Cuando el rigor ^ bien mió ^ 
nos separó del hado, 




UMUOS. 41 d 

tu rostro vi inundado 
en lágrimas de amor. 
¿ Por qué , si mas benigno ^ 
nos ooneedió un momento , 
este fugaz contento 
me amarga tu dolor ? 

Mas ay I no alivia el verte 
mi acerba desventura , 
pues miro ea tu hermosura 
mi ya perdido bien. 
Tormento son del alma 
tus gracias celestiales : 
á dar fin á mis males , 
sañuda muerte, ven. 

Porqué , ay de roí ! ¿ qué vale 
gloria pasada á un triste? 
Ya , Elisa , me perdiste : 
ya Anfriso te perdió. 
¿ Qué vale en pena tanta , 
amor correspondido , 
que ni desden ni olvido 
un punto perturbó ? 

¿ Qué vale la constancia y 
el tierno llanto , el ruego , 
el amoroso fuego 
y el misero gemir , 
si inexorable el hado 
juró nuestra ruina , 



420 1D1U09» 

y su impiedad coatina 
B06 obligó á sufrir ? 

¿ Por qué miré esos ojos y 
fuuestos como bellos ? 
¿ Por qué de tus cabellos 
prisiones me labré ? 
¿ Por qué mi pecho , Eüsa , 
con tu desden no heriste ? 
¿ Por qué correspondiste 
con dulce amor mi fe? 

Oh furia ! ¡ yo apartado 
del bien del alma mía ! 
yo , que por ti vivía , 
ay 1 moriré sin ti. 
Lloras ? Amor tirano , 
si la crueldad le agrada , 
tu flecha emponzoñada 
dispara contra mí. 

Mas deja libre á Elisa 
de tu furor sañudo : 
¿ en qué ofenderte pudo 
' su Cándida i)eldad ? 
en qué el pudor ingenuo ? 
en qué el ardor constante ? 
es infeliz y amante , 
é implora lu piedad. 

Mas lloras.... ay Elisa ! 
llora. Tu amargo llanto 



I01LIOS. 424 

le pide al cielo santo 
venganza contra Amor. 
Verted pues y ojos mios , 
las lágrimas de muerte , 
Tertcd , y de la suerte 
cedamos al rigor. 

Dulces ojos , deidades 
que en mi infortunio adoro , 
unamos nuestro lloro 
y crecerá el sentir ; 
y de tan dura pena 
contento el hado esquivo , 
nos dará compasivo 
la dicha de morir. 

XIII. 

£L PRIMER AMOR : TRADUCCIÓN DEL 

« 

METASTASIO. 

I Qué bien dijo , Amor , quien dijo 
que tu primer llama era , 
si una vez prendió en el pecho , 
entre cenizas centella , 
y oculta esperando que el aura la mueva , 
al mas leve soplo levanta une hoguera ! 

Dígalo yo , que si miro 
tal vez mi enemiga bella , 
de su perfidia me olvido , 



482 IDILIOS. 

contemplando su belleía : 

de nnoTo amoroso suspiro por ella , 

y es Nise de nuevo mi gloria y mi pena. 

N¡ tan solo es alimento 
del fatal delirio el yerla ; 
que en todas partes encuentro 
de mi perdición la senda : 
el monte y el río , el prado y la selva 
heridas mal sanas de amor me renuevan. 

Alli me rindió : este prado 
la vio premiar mi terneía : 
junto á aquel bosque la ingrata 
se burló de mis querellas ; 
y fieles testigos de pazes y guerras , 
las fuentes y troncos su historia conservan. 

Digo amores á las ninfas 
por divertirme con ellas ; 
mas si en Clori ó Silvia admiro 
el donaire y gentileza , 
y en cantar sus gracias mi lira se emplea , 
ol alma suspira : mi Nige es ma$ hdla. 

Del amor, dulce bien mió , 
por ti conocí la fuerza : 
por ti sola vivir quiero , 
ó morir, si tú lo ordenas ; 
,y al pecho afligido dé alivio en sus penas , 
que tú de mi suerte el arbitro seas. 



iDiuos. 423 

XIV. 

£L PnEMIO. 

Estos son los preciosos momentos , 
que concede la suerte á un amante : 
ya cansada la diosa inconstante 
terminó mi infelii sus^rar ; 
y al rigor , los desdenes , los zelos , 
que afligieron mi pecho amoroso , 
ya sucede el placer delicioso » 
dulce premio á mi triste penar. 

Bellos prados de grata verdura , 
que regó tantas vezes mi llanto , 
hoy veréis cómo viene mi encanto , 
y os florece sn amable reir : 
y tan tierna , benigna y graciosa , 
como esquiva otro tiempo y tirana , 
volverá cariñosa y ufana ^ 

gozo y gloria mi eterno gemir. 

Lindas flores , que al zcfiro blando 
prodigáis los nativos olores , 
la fragancia de poros amores , 
cuando venga mi duefio ^ esparcid : 
vientecillos , veníd-deJ^ selva , 
do cultiva sos mirtos Cupido , 
y asaltando líjeros su oido , 



424 IDILIO». 

las lecciones de amor repetid. 

Clara fuente , que riegas el prado 
dividida en perenes raudales , 
¡ cuántas yeces tus puros cristales 
de mis ojos el llanto enturbió I 
Guando venga á mirarse en tus. ondas , 
y retrates su gracia y lindeía , 
di también : • por amar tu belleza 
un amante mi curso aumentó. i> 

Mas ay' cielo I que viene mi Elisa , 
dando envidia á la candida aurora. 
Cuántas gracias su rostro atesora ! 
cuántos rayos esparce de. amor ! 
Fuentes , flores , arroyos y vientos , 
regalad cariñosos mi amada : 
cantad , aves , mi prenda adorada , 
mientras premia de Anfriso el ardor. 

XV. 

LA LIBERTAD. 

Feliz el alma que huye 
de tus cadenas , Amor , 
y para siempre deja 
tu lóbrega prisión. 

Ni grillos , ni argolla siento 
libre nací , libre soy ] 




IDILIOS. . 425 

y libre gozo , oh dia , 
ta pláeido esplendor. 

Ni aun la señal de los hierros 
en pié ó en. mano quedó : 
ini frente no del sello 
€onser?a ya el borrón. 

Tan osado el desengaño 
la fatal cárcel rompió , 
que yió Amor mi fuga , 
y no lanzó su arpón. 

Ya de mi antiguo tirano 
me burlo tan sin temor , 
que á sus agudas flechas 
espongo el corazón. 

De la amistad su enemiga 
la enseña siguiendo voy ; 
y á mi placer blasfemo 
de aquel mentido dios. 

No hay beldad, por mas que ostente 
en rostro y cuello el albor , 
la aurora en la sonrisa 
y en el cabelló el sol ; 

Que merezca otro cuidado 
á mi libre desamor » 
que el de cantar sus graeias 
tranquilo y sin pasión. 

Ni temo crudos desdenes , 
ni ardo en zeloso furor j 

36 



42S miLios. 

ni 8u funesta venda 
roe pone la ilusión. 

Amo solo por mi gusto : 
oWido cuando hay rason ; 
y á la amistad le pido 
las dichas del amor. 

Y tú , inooQsU&te hermosura , 
cuya mudanxa aca}>ó 

con solo un desengaño 
mi gloria y mi dolor} 

No temas, no, qpfi te ultraje 
injusta y libre mi tos, 
ó que tu nombre manche 
con áspero baldón* 

Insulte un débil amante 
la belleza que adoró ; 
y exhale en duras quejas 
el no estinguido ardor. 

Nadie tus divinas gracias 
celebrará mas que yo : 
las dichas , que te debe , 
mi pecho no olvidé ; 

Y si mi penar fué largo , 
y el placer sombra vdos , 
culpa es de Amor y mia , 
no es culpa tuya , no. 

Tú estas inocente^ Emilia * 
ese vendado traidor 




ipiLios. 427 

fué quien , ardiendo el mío , 
tu fuego consumió. 

O mas bien, yo fui tan loco, 
qué me persuadí, oh error! 
que en pecho de una bella 
durara- la pasión. 

Guantas penas tu inoonstaneia 
no esperada me causó , 
de aquerdelirío insano 
la medicina son. 

Cualquier hermosa la diera ^ 
mas de tu mano es mejor: 
que al fin, mas blanda hiere 
la que rendida amó. 

De aquel amor tierno , de esta 
saludable curación, 
Emilia hermosa, quedo 
dos yexes tu deudor. 

XVI. 

FILIS, SEPAIUDA Dfe SU AMANTE. 

Invierno eriíado , 
que enlutas el cielo , 
y cubres do hielo 
las almas y el prado ; 

por ti los raudales 



'428 ID1U09, 

su curso entorpecen » 
por ii languidecen 
los tiernos frutales. 

Le robas sus flores 
al margen del río , 
y al bosque sombrío 
sus nidos y amores : 
Su grata verdura 
al Talle aterido, 
su pasto al ejido , 
y á mi mi ventura. 
Perdí á tu venida 
mi amante, mi amado, 
mi tierno cuidado, 
mi gloría y mi vida. 
Imploro doliente 
al bado y al cielo ; 
mas no dan consuelo 
á penas de ausente. 

La misma esperanza 
mis males aumenta ; 
que amor siglos cuenta 
en brete tardanza : 

Y allá , cuando dieres ^ 
gentil primavera, 
fulgor á la esfera 
y al mundo placeres , 
Verá el alma mii^ 



iDiuos. 429 



al dueño que adora : 
I cuan lenta es la aurora 
de aquel feliz dia ! 

El soplo suave 
del zéfiro blando , 
la seWa brotando, 
los cantos del ave ; 

Pradera halagñefia 
de amor y recreo 
mi ardiente deseo 
las finge ó las sueña. 

Si tal vez depone 
el monte su nieve, 
y ¿ abrirse se atreve 
laflordeDíone, 

Aquel breve rayo 
engaña el sentido, 
y ¿ enero le pido 
las flores de mayo. 

Mas viene á deshora 
el noto irritado , 
y roba al collado 
la luz, que lo dora. 

Al prado se lanza, 
la rosa fallece : 
con ella fenece 
mi breve esperanza. 

Perdida alegría 



3G. 



4S0 IDILIOS. 

de un alma dolieBte, 

8Í ol hado iademeiilo ^ 

de ti me desvia, 

Borrar tu memoria 
del pecho no puede: 
que amor nunca cede , 
y amarte es mi gloria . 

Ni temas que huya 
tu dulce cadena : 
que alivio mi pena, 
pensando ea la tuyu ; 

Y ¿ pechos leales , 
Amor , les previenes , 
que esperen los bienes , 
si sufren los males. 

Su ley, dulce amado, 
constantes guardemos ^ 
y así triunfaremos 
del tiempo y del hado. 

XVII. 

Al dios celebremos, 
que alegre y festivo 
difunde en las almas 
su dulce furor; 




IDILIOS, 451 

y dando benigno 
delicia sin pena , 
la flecha sañuda 
despunta de Amor. 

Al dios celebremos , 
que al Bétis florido 
trajeron las naves 
del fiero Albion : 
que tal vez el suelo , 
fecundo de males , 
produce á los hombres 
benéfico den. 

De palma remota . 
corona su frente : 
su rostro iracundo 
enseña á reir. 
£1 vaso espumante ^ 
henchido «nía mano , 
su voz poderosa 
debemos oir. 

No temas , mi Filis , 
su fuego nativo : « 
que templa su fuego 
el blando azahar. 
Gozemos del dia 
bi'iUantc y sereno : 
que os necio el que espera 
pudiendo gozar. 




432 ID1LIQ9. 

XVIII. 

LA SIMPAtU. . 

Rayo de amor , celeste simpatia , 
Fuego inmortal , qae abrasa sin dolor; 
Llama felis, que al de su amante envía 
Un corazón con dividido ardor ; \ 

Tu lumbre fué la favorable estrella , 
Que me guió á los pies de Filis bella. 

Tú , blanda paz del mundo y de los seres ,, ' 

Ligas al sol el astro matinal : 
Por ti el león suspira los placeres , 

Y unen por ti dos fuentes su raudal : ' 
Por ti , al mirar de Filis la hermosura , 

Del tierno Amor probé la llama pura. 

En tierra , mar y viento tú dominas i 

Al bruto , al pez , al pájaro fugaz : 
La linda flor hacia la flor inclinas , 

Y al duro imán el hierro montaraz : 
Tu lazq fué , divina simpatía , 

£1 que me unió con la adorada mia. * 

XIX. 

AL CUMPLEAÑOS DE EMILIA. 

Es hoy el fausto dia , 

que á tus floridos años ^ 

1 



iMLios. 435 

un nuevo ^giro añade 
«I padre de los astros. 
Y aunque de mustia escarcha 
yace cubierto el campo , 
y á la prisión de hielo 
el manso arroyo atado ; 
alegra nionte y valle 
no sé qué nuevo encanto , 
y dulce primavera 
halaga los collados. 
La flor, que de la nieve 
temía los estragos , 
al viento y luz descubre 
el cáliz esmaltado. 
Galla el furioso sopb 
del aquilón insano , ' 
y va por los oteros 
el zéfiro jugando* 
No ya la aurora nieva 
entre celajes pardos : 
que vierte en los pensiles 
el akli del mayó. 
Las aves , que perdieron ^ 
nidos y sombras, cuando 
el rígido diciembre 
taló su pompa al árbol j 
ya bulliciosas vuelven , 
y animan selva y prado , . 



454 IDILIOS. 

y cantan sus amores , 

y oye el Amor sns cautos. 

Méñcé adusta alca 

su fax el Itii^te cano , 

y nítida esmeralda 

matiza su costado. 

Todo es placer : él délo 

sereno brilla y cfóro , 

y brota en las praderas 

abril anticipado. 

Si, hermosa Emilia : hoy Vuelve » 

el Bétis alegrando , 

la luz , én que nácistó 

á ser de Amor milagro. 

Venid, pastores : sea 

júbilo y danza el prado , 

y nuestra dult^ amiga 

gozosos aplandamoü. 

Desprecia yé , Silettd , 

de Amor «I ¿ero dátido ; 

que si en la cera encarna ^ 

se embotará eü el mármol. 

Baña áé ttlegi^ risa 

los juvelkileé labios , 

aunque tu risa ofenda 

al flechiGtdór tirano. 

Y tú , de las pastoras y 

Aristo fiel, cilidado, 




IDILIOS. 435 

tu blanda lira pulsa 
quo vence suspirando. 
El son de la ternura 
al aire dé su encanto , 
é del Ampr triunfante 
el plácido desplayo. 
Así en tu edad florida 
trocabas sollozando 
de tu inconstante Iberia 
las quejas en bálagos. 
Óyelos tú gozosa , 
divina Emilia, en tanto 
que digna voz á Apolo 
pide tu Anfriso amado. 
Y si mis versos^pqeden , 
en Helicón grabados , 
al golfo del olvido 
sobrenadar uCanos ; 
irá de gente en gente 
tu nombre idolatrado , 
ni tu amable memoria 
marcbitarátt los años. 
Mas vivirá balagueña , 
mientras istl sol de ocaso- 
derrame sobre el Bétis 
sus moribundos rayos. 
Vive feliz , delicia 
de tus amigos caros , 



436 IDILIOS. 

y BUS sencillas flores 
recibe con agrado» 
Ihis si el Amor se ocultt» 
artero en algún ramo , 
con solo que lo aceptes , 
ya queda bien plremiadov 

XX. 

LA QUERELLA INÚTIL- 

Si ardientes suspiros , 
si lágrimas tiernas 
vencer no pudieren 
tu cruda fiereza r 
del pecho brotaron, 
al pecho se yuelVan . 

Un tiempo mi afecto 
premiaste risueña : 
trocó tu mudanza 
mis glorias en quejas : 
mas ay ! pues son vanas , 
al petho se vuelvaB. ' 

Mas fácil lanzada 
se para ia piedra-, 
que escuche los ruegoa 
mudable belleza ; 




IDILIOS, 437 

inútiles ruegos 
al pecho se vaelvan. 
Los necios rivales 
tu oWido celebran , 
y escuchan riendo 
mis tristes querellas : 
del pecho salieron ; 
al pecho se yueWan. 

XXI. 

liA MUDANZA. 

Lamento , infiel , lamento , 
aun mas que tu mudanza 
el yer sin esperanza 
y eterna mi pasión ; • 
que cuantío tu perfidia 
herido y triste lloi^ ^ 
perdido bien t% adora 
el tierno' corazón. 

Y cual la vid podada 
con mas vigor recrece , 
y herido retoñece 
el alto ciclamor; 
así cuando en tu pecho 
las iras son mayores , 
levanta mas ardores 
mi inestijBgQible amor. 

57 



438 IDILIOS. 

Aj I ¿ quién , tormeoto tiiío , 
asi pudo trocarte ? 
¿ es delito el átnarte , 
óloes amaHefb? 
Mas tú de mi delito , 
crael , la colpa tienes. 
¿Por qué brota desdenes 
un pecho , que yá ftinó ? 

¿ Quién convirtió en desvíos 
aquellos dulces lazos? 
I quién me cerró los brazos , 
en que feliz tíyí ? 

¿Por qué murió en tu boca 

d beso regalado ? 

¿por qué ttt kbio helado 

ya es mudo para mí? 
Perdí el mirar snate , 

perdí d suspiro ardiente , 

y en mi gemir doliente 

te gozas desleal. 

¿ Por qué la muerte impía 

no acaba mis dolwes , 

y sacia sus furores 

la causa de mi mal? 
Mas tú , mi dulce Emilia , 

entonces ay ! piadosa 

sobre mi helada losa 

llorarás tu rigor ; 



i.' 

\ 




luuos. 439 

y tarde arrepentida 
del duro ceño impío , 
dijeras : « él fué mió 
CQii terdadero amor. » 

Hora , que aun vivo y puedo 
gozar de tus piedades , 
depon fieras crueldades 
y al tierno pecho ven. 
Consuele en él tu halago 
cuanto tu cedo ha herido ^ 
y vuelve, amor perdido, 
^ser su dulce bien. 



XXII, 

AL AMOBv 

Amojh^ 44v>iéi^ entiende tu« fieros engaños, 
Tus pazes , tus guerras , tu falsa dulzura , 
£1 plácido hálito , la acerba amargura , 
Que tejen la vidájel triste amador? 
£1 sol mas luciente. le nace riendo , 

Y logra dichoso tus.blandos favoresj 

Mas súbito un áspid le muerde entre flores , 

Y abrasa sus venas zeloso furor. 
Amante de Emilia probé su desvío : 

Su ingrata belleza dejaba indignado : 
Vencerla no pude lloroso y postrado ^ 

Y solo un enojo domó su desden» 



440 IDILIOS. 

Goié sus favores , gemí sus mudanzas , 
Rompí mi cadena , toIví á sus caricias , . 
Lloré mil pesares , canté mil delicias , 

Y fué de mis ailos la pena y el bien. 

La ausencia y los zelos con furia doblada 
Mi pecbo afligieron sensible y amante : 
Mis tristes querellas burló la inconstante , 
Gozándose en verme rendido al dolor. 
Busqué en la mudanza remedio á mis males ^ 

Y el mismo remedio mis males aumenta ; 
T siempre asaltado de nueva tormenta , 
£1 piélago airado surqué del amor. 

Y cuando en el templo del fiel desengaño* 
La tabla be fijado del aáufrago leño , 
La ingrata me balaga , y al áspero oeño 
Sucede la risa del dulce querer. 
Amor , te conozco : hi ingrata bermosura 
Reparte contigo los crudos arpones : 
Que solo os agrada prendtir corazones , 

Y si buyen h pena , brindáis el placer. 

XXIII. 

LA AMISTAD. 

Filis , tu amistad bicíera 
mi tierno pecbo feliz , 
si al fuego suave, que sientcsyé inspiras , 
Amor no mezclara su llama sutil. 



IDILIOS. 441 

¡ Cuan gallardo crece el lirio , 
gala del templado abril , 
si el soplo del euro conmueve sus hojas f. 
y riega la fuente su verde raíz ! 

Mas si ardiente el sol de junio 
sobre él t:omienzaá blandir 
el férvido rayo , que abrasa los caropos^,. 
y trueca en incendios el claro cénit ; 

Lánguido y mustio fallece y 
é inclinada la cerviz , 
el vastago seco , marchitas las hojas , 
de tristes ruinas alfombra el pensil. 

Amor , tiránico dueño , 
me ha condenado á gemir 
la dicha , que logro , gozando tu afecto : 
que tú amas tranquila , y yo ardo por ti. 

Si miro tus bellos ojos 
á los mios sonreír , 

y el beso apacible de amiga me ofreces , 
yo loco el de amante quisiera imprimir. 

Tus miradas , tus caricias , 
tus juegos , toda tú dn ñn 
la imagen me ofreces del puro cariño ; 
y yo suspirando lo gozo infeliz. 

Cese- ya el engaño : ó ama 
como yo y ó huye de mí : 
que humanas- venturas las mide el desea, 
y gozo no entero no es gozo , es morir. 

57. 



M 



442 IDILIOS. 

XXIV. 

£|i JE8CARMIENT0. 

Amor , ya libre resjpito 
de tu piélago efpantoto ; 
ya en el seguro repoio 
de las orillas me miro. 
Si aun suspiro } 

no es de amante , es de cansado : 
que quien en el trance airado 
con yida escapó de Marte, 
aun sueña que sigue el fiero estandarte y. 
y tiembla el peligro después de pasado.. 

La bermosura encantadora 
que aprisionó mi albedrio , 
de mi ciego desvarío 
se burla ingrata y traidora. 
Fué señora 

de mi amor, y aun lo seria , 
si tan necia como impía 
creyendo eterno su imperio , 
no hubiese rompido del yil cautiverio» 
los vínculos fuertes su indigna falsía.. 

I Dicbosos los desconsuelos , 
que tu rigor me ba costado I 
I dichoso el llanto, el cuidada, 




IDILIOS. A4S 

Í4 agiUeioD y los desvelos , 

y aun los zelos ! 

que en tu mudanza ó desden 

hoy recibo el parabién 

de cuantas penas mi vida 

por ti atormentaron : quoasí| fementida,. 

á fuerza de males labraste mi bien. 

Y tú , flechero vendado » 
que un tierno pecho engañaste , 
á dios para siempre : baste 
lósanos que me has robado.. 
Su sagrado 

la amistad roe brinda abierto : 
|a ocupo tranquilo el puerto : 
Filis y Eoterpe me ofrecen 
los sacros laureles , que siempre florecen , 
y el puro cariño , que nunca es incierto. 

Ati MISMO ASUNTO. 

Injusto es tu enojo , querido bien mió : 
si yo desconfío del Niño vendado, 
también he probado su falsa esperanza, 
su triste mudanza. 

Yo náufrago he visto la mar alterada ^ 
t» nave azotada tocar las estrellas, 



444 IDILIOS. 

y raudas ccatellas el piélago horrendo 
y el aire encendieiido. 

To yi peregrino , la senda perdida , 
en fiera avenida crecido el torrente 
cubrir dique y puente , y el campo inundado» 
de yerto ganado. 

De Yiolas y rosas el prado florido 
gozé dÍTertido ; cogí las más bellas , 
y un áspid entre ellas vertió por mi seno 
su ardiente veneno. 

No estrafies , que turbe el fiel escarmiento 
la gloria que siento ^ tu rostro adorando : 
que es necio el que amando , del dios que lo 
las artes no entiende. | enciende , 

XXVI. 



£L DESEO. 

Ya de fulgentes flores se adorna primavera: 
el záfiro apacible discurre por el prado : 
verdura deleitosa el plácido collado 
y mirto florecido corona la ribera. 
La edad de los amores 
ya vuelve : el dios vendado su cierto arpón 

[envía : 
ya abrasa en vivo fuego zagalas y pastores : 




IDILIOS. 445 

^a vuelo á tus rediles, amada Filis mia. 

No aljofarada yerba del rencental querida, 
ni tanto al seco arbusto la lluvia es deliciosa , 
ni de cobarde gamo la loba deseosa , 
ni de repuesta fuente la cierva malherida , 
cual yo de tu semblante 
busco la luz hermosa , que afrenta la del dia : 
si el aterido invierno me vio gemir constante , 
ya vuelo á tus rediles , ya vuelo , Filis mia. 

Llevaba mis suspiros el aquilón silboso 
del Nemon nublado al Ebro floreciente : 
de su feliz ribera y de mi amada ausente , 
mil vezes acusaba al mayo perezoso. ' 
Guando el agudo hielo 
la tierra marchitaba , el aire entorpecía ; 
y de agrupada nieve cubrió su faz el cielo , 
por ti f mi dulce Filis , el corazón ardía. 

Ta traspongo lijero los cántabros collados : 
del alabes tranquilo discurro las montañas : 
diviso allá á lo lejos las plácidas campañas 
y de abundantes mieses los rios coronados. 
'Desciendo al Ebro hermoso ; 
y busco en su ribera mi gloria y mi alegría. 
Allí están sus rediles : Amor, ya soy dichoso, 
que ya vuela á mis brazos la amada FíNs mia. 



446 imLios. 

XXVII. 

LA ESPERANZA AMOROSA». 

No hay diosa, qae iguale 
mi dulce adorada; 
ni aurora rosada , 
ni sol cuando sale. 
Dale , Venus , dale 
la poma de oro , 
que es Filiel tesoro 
mas lindo de Amor : 
Filis bella es la gloria del Ebroy 
y de la hermosura la gala y la flor. 

£1 ahna arrebata 
su blauclo desTío : 
hirió el pecho mió 
severa, no ingrata. 
Si tal vex maltrata 
osados desvelos , 
con dulces ojuelos 
mitiga el dolor : 
Filis bella es lá gloria del Ebro , 
y de la hermosura la gala y la flor. 

Si el mirto y la rosa 
los huertos florece , 
guirnaldas le ofrece 



IDILIOS. ^^*^ 

X 

mi mano amorosa : 
^u frente graciosa 
eon ellas cifiendo , 
mi amada riendo 
•aumenta mi ardor : 

robo un beso á sus labios divinos, 

y no se me enoja del Ebro la flor. 
Mi afecto constante 

su nieye ya inflama , 

'y dnlce me llama 

su amado y su amante. 

Y cuando brillante 

robare el estío 

las ondas al rio 

^ al prado el color , 

será mia la gloría del Ebro , 

ly de la hermosura la gala y la flor. 

xxvm. 

>£L BESO. 

Cual suele irenciendo su margen riscoso 
lanzarse á las tierras 
soberbio el torrente , é inunda prímero 
la humilde pradera ; 

T luego crecido con lluvia incesante 
no admite riberas , 



449 IDILIOS. 

y chotas y establos , ganados y puentes 
las ondas se llevan : 

Del súbito estrago el rústico huyendo 
se acoge á la sierra , 
y allí guarecido los turbios raudales 
seguro contempla : 

Asi los furores del Niño vendado , 
que Jove respeta , 

al ver que domina con pérfido cetro 
entrambas esferas ; 

Burlé asegurado , buscando en tu pecho , 
ay FíUs 1 centellas 

del fuego inocente, que enciende las almas 
con llama halagüeña. 

Amiga constante , premiando mi afecto 
gozosa y risueña , 

en plácidos juegos , en puras caricias 
y en pláticas tiernas 

Las horas sabrosas fugazes volaban , 
la vida con ellas , 

de Amor ignorando la risa dañosa ; 
la ardiente saeta. 

Mas ay ! que en el pecho sintiendo á deshora 
cual sierpe encubierta , 
la herida funesta probé de su aljaba y 
que mata y rerea. 

Al bosque apacible de altivos laureles, 
ay Filis ! ¿ te acuerdas ? 



IDILIOS. 449 

huyendtf de Febo llevónos un día 
la férvida siesta. 

Allí recostados al margen florido 
de faente encubierta , 
que en mansos raudales los mirtos y rosas 
halaga parlera ; 

i>e tórtola amante Jiirió nuestro oido 
la ardiente querella , 
y en trinos suaves su fuego amoroso 
lanzó Filomena. . . 

No sé qué torrente de llama sabrosa 
corrió por mis venas , 
y en dulce esperanza de nuevos placeres 
mi pecho enajena. 

Ansioso te pido el beso de amiga ; 
y tú blanda y tierna 
mi ardiente mejilla con boca inocente 
buscabas contenta. 

¿ Por qué ya sedientos* de gozos acerbos ,. 
te di en vez de ella 

mis labios ^que osaron sellar por su daSo 
la rosa entreabierta? 

¿Por qué, respirando su aroma divino, 
gusté de entre' perlas 
la .miel destilada , que fiera ponzoña 
ya el alma me quema ? 

Después de aquel día , mi pecho encendido 

sosiego no encuentra , 

58 



430 iDn.ios. 

ni el campo me grada , ni basco del Bélti 

las plácidas yegu. 

Dejé loa amigf» : Im libros me enfadm , 
y , FÜii , tú rnesma 
coD blando* afecloa , con pnrai caricias 
mi pecho atormentat. 

T al mal qne padenib , querido bien mío, 
remedio no queda , 

■i no bacM , qae al beso que fué mi ruina 
mil besos sacodan : 

Al nombre de amigo , delitíoa uñantes-, 
y al prado y la telva , 
el Ukmo blando, la antorcha feconda , 
qne aniMea sosiwa. 



EPIGRAMAS. 



I. 



A vxmís. 



Beja I ó madre del Amor « 
/ las bellas selvas de Gnido : 
ven á mi jardín , te ¡údo , 
con el nifio fleahador. 
Venga el no agreste pudor, 
qae florea temblando pisa , 
las gracias , la blanda risa f 
y en tan delicioso alarde , 
si ba de ser felis la tarde , 
Venus , qpe no falte Elisa. 

II. 

£L DESPEDIDO : THADVCdON DEL FRANGES. 

Me amaba ayer ton fwnr , 
según dijo , mi querida ; 
y hoy en carta muy cumplida 
se despide de mi amor. 



452 EPIGRAMAS. 

Venid , felix sucesor , 
estos efectos tomad , 
la copia de sa beldad , 
sos billetes mas de cientr ^ 
su pelo y su juramento 
de eterna fidelidad. 

LA FÁCIL : TRADUCCIÓN DEL FRANGES. 

Al primer asalto mia ? 
Por Dios que esto ya , señora , 
mas pronto que yo quería. 
Si ba de durar mas de un dia , 
resistid siquiera una hora. 

IV. 

BELDAD PERFECTA. 

Un retrato formó el cielo 
de belleía celestial : 
carmin , nácar y cristal 
dieron color al modelo : 
su risa fué la que al suelo - 
derrama el alba graciosa : 
talle y mirar de una diosa y 




EPIGRAMAS. 455 

y añadió á tanta hermosura 
un alma modesta y pura', 
y le dio por nombre Rosa. 

V. 

LA TARDE. 

Ya el rayo declina , ya Febo el último oter» 
Con lumbre plácida desde el ocaso dora. 
Záfiro , dejando alegre la apacible floresta , ■ 
Arbitro del mayo , por la pradera ríe. 
Al laurel agita , al árbol sacro á Minerva y 

Y á ti^ del margen verde corona , tilo. 
Las claras ondas su hermosa copa retratan, 

Y nuevo encanto da retratada al río ; 

Mas záfiro, el margen, los troncos, verde 

[pradera 

Y pura linfa , que entre la grama huye , 
Todo lo vence Filis ; que amante al son de mi 
A mis rediles su manadilla guia. [avena 

VI. 

A FILIS. 

Filis, tus adoradores 
burlas alegre y festiva , 

38. 



454 KTMIUXAS. 

cual la miilt fiigiliTa » 

que jaega oon k» Amaras. 

Joven beldad » ka ardores i 

qae inspiras , aun no has sentido ; ' 

mas enando prenda Cupido 

en tu coraion su fuego , 

Teres cuan serio es el juego ! 

que empiesa con un gemido. 

VII. 

< 

AL AMOR : TRADUCCIÓN D£L ITALIANO» 

¿Por qué no tienes ojos , dulee nlfio , ^ 

mas bello que los dioses mas hermosos? 
Responde Amor : « los cielos 
me los dieron yifaies y graciosos, 
Y á mis hijos los di , que son los jselos. » 

vm. 

AL AMOP. 

I 

Tal vez, amor, bajo el sagrado vel» 

de la amistad enaobres tu furor : 
el corazón se entrega sin rezelo , 
y en él clavas la flecha á tu sabar. 
Tirano dios, cuya perfidia lloro , 



EPIGAAVAS. 455 

el infortunio ma enseñó á temer ; 
mas ay de mí I si mi peligro adoro , 
¿qué vale , Amor , tu astucia conocer? 

IX. 

Lazo de blandas flores 
me tejió el Amor : 
yo recibí inocente 
la suave prisión. 

Mas al romperlas , 
ay de mí ! que las flores 
ya eran cadenas. 

Ruiseñor amoroso , 
vuela, y no temas, 
vuela , y no te acobarden 
balas ni flecbas. 

Bame tus alas , 
verás si á mi me asustan 
flechas ni balas. 

XI. 

Amante pecho mío , 
ya llegó el tiempo 



456 EPIGRAMAS. 

de olvidar, que pudiste 
romper tus hierros : 
Que Amor decreta 
á esclavo fugitivo 
doble cadena. 

XII. 

Tú del bien de mi vida 
el seiio adornas , 
ó rosa I donde muero , 
mueres dichosa : 

Que de ese cielo 
te consume la envidia 
y á mí el deseo. 

XIII. 

Me agraviaste y pretendes , 
que yo me rinda : 
tú , que el puñal clavaste , * 
sana la herida : 

Que es ci^o fuerte 
querer , que un, ofendido '^ 
quejoso ruegue. 

XIV. 

Amoroso suspiro , 
vuela á mi bella ; < 




EPIGRAMAS. 

iruela tan silencio, 
qne no te sienta : 
Y si te siente y 
dile que eres suspiro ^ 
no de quién eres. 

XV. 

Tiende, noche benignct,. 
tu oscuro velo , 
que me importa la vida 
ver á mi cielo ; 

Y Amor me dice , 
que tu sombra y su venda 
me harán felize. 

XVI. 

Nunca espere»^ ingrata , 
pazes conmigo : 
desengañado amante 
no es buen amigo : 

Que aunque" mi|s nobles , 
la amistad también tiene 
sus ilusiones. 

XVII. 

No te contentes, Fabia, 
con ser querido : 



457 




camina á la tiataría , 
púas ya hay aamíoe. 
Machoa ae piavdaa 
por donnine á U aambra 
d^ana laarelaa. 

XVIH. 

Jaan, Filia barmoaa t 
aaré ta dueño i 
maa ai tu lo em mQ^ 
yiyo contento : 

Qae en nobUa abnas 
el mereoer la diaha , 
casi ea gosarla. 

XIX. 

Yo daadedé adoao 
au tierno hali^ ; 
y ella loa dnlaaa «^oa 
Tolvió llorando : 

Y jnea loa aaloa , 
ella fué lainoaente, 
y yo fui el reo. 

XX. 

Van f hermoaa aerrana , 
ven á mi selva , 



KNGAAMA8. 459 

que el sol par cios carópos 
tu rostro quema : 

Ven y no Urdes , 
que aqoi hay faenlea y «NAiNras , 
y Amor y amanten 

XXI. 

Si me úeíaa k dkha 
de poseerte , 
la gloria de adorarle , 
•mi bien , no pueden. 

Y no la diera 
oi aun por la nñsoBia dkdia ^ 
que se me niega. 

XXII. 

Borrar dd peeho q«taei 
fiera , tu imagen ; 
y ya easi me alq)[ra 
de no olvidarte : 

Que es tu reeoerdt 
el mas aegnio avise 
del escarmiente. 

XXIIL 

Deja siempre una parte 
libre del pecho , 



460 ZPIGRAMAS. 

y no , Filis ineaata , 
lo des entero. 

Ten un asilo , 
donde, si Amor te ofende ^ 
puedas hairlo. 

XXIV. 

Un desden agradable , 
Filis, no daña, . 
caando de ser vencido 
deja esperania ; 

Y es el mas sabio 
el que al amor aviva 
sin injuriarlo. 

XXV. 

f( Sofríste mis desdenes 

tierno y constante , 
y á olvidarme aprendiste , 
cuando yo á amarte. 

¿ Cuál es tu dicha , 
ingrato , si al gozarla , 
ya no la estimas ? 

FIN. 




ÍNDICE. 



'Dedicatoria ¿ Albino. 



F&ff. 
5 



POESUS SAGRADAS. 

I. La muerte de Jesús 7 

II. La resurrección de ntro. Señor . 40 

m. La ascensión de nuestro Señor. 45 

IV. Al santísimo Sacramento. . . 46 

y. La nati^idad de nuestra Señora. 48 

VI. La concepción de nuestra Señora. 20 

VII. Al nacimiento de nuestro Señor. 55 

VIII. La conversión de los godos en el 

reinado de Kecaredo 57 

IX. El sacrificio de la esposa ... 40 

X^ Bl canto del Esposo 46 

XI. £1 cántico de Zacarías .*.... 54 

XII . A SiWio : en la muerte de su hija . 55 

XIII. La ProTidencia . . . ' 58 

LÍRICAS PROFANAS. 



I. A la restauración de Buenos- 
Aires en 4806. . 64 

II. La Tictoria de Bailen 66 

III. A las ruinas de Sagunto. ... 75 

IV. En loor de Druso 74 

V. A Baco 78 

59 



í 



442 ÍNOKX. 

VI. Viaje de Virgilio 80 

VII. Á la lira 82 

VIII. A las Musas 84 

IX. A la juventud estudiosa de ۇdis. 8S 

X. En loor de don Juan Meléndez 
Valdes , restaurador de k poesía 
española en el siglo XVIII. . . 89 

XI . A la muerte de don Juan Meléo- 

dei Valdes 97 

XII. Elogio de Fileno W^ 

XIH. A Dalmiro : el genio de su ami- 
go Anfriso no es para la poesía 
sublime 405 

XIV. A Dalmiro : imitación de Ho- 
racio . . 408 

XV. A Aristo : la tranouilidad de 

los alumnos de las Musas. . . 440 

XVI. A Etttimío : que disipe los pe- 
sares con el vino 442 

XVII. La seguridad 445 

XVIII. Al sueño : «1 himno del desgra- 
ciado #46 

XIX. El mediodía 420 

XX. La Tegetacion 422 

POESÍAS FILOSÓFICAS. 

I. La beneficencia 427 

n. La bondades natural al hombre. 437 

III. La amistad 445 

IV. Al mismo asunto 447 

V. Los s^timientos de la faumam- 




iiioicB. 4fS 

Fas. 
BO 84N1 iocompttílileft con 
la profesión militar : á don 
FraQCÍ9co Javier de Bore. . • 449 

VI. |La mañana 435 

VII. 1 AJfeÍBo 4!» 

Vm. A la sabiduria 460 

IX. A]Berilo, fogándokeqveTtttlTa 
al Bétis á los braao» áe bum 

amigoa 4dS 

X. La yida hiiwiMrt. 465 

XI. A Tirsi : el temar d« 1» fstni- 

dero ea inútil 469 

XII. A Dalmiro : deben abandonarse 

k» enídadof 471 

XIII. A Albino : la felicidad conásto 

en la moderación de loa deaaos. 475 

XIV. Invocación del poooM de Lucre* 

cío de rerum notara t 474 

XV. Poder de la imaginación en el 

aneñe 476 

XVL AAlbino 47S 

XVU. A Fileno^ : al soaiege de la 

virtud 4M 

XVIII. La gloria de loa hombres benéfi» 

cea 482 

XIX. La felicidad pública 488 

XX. El triunfo de la tolerancia . .495 

lOESÍAS AMOROSAS. 

I. La primavera 499 

II. A Elisa 200 

UL £1 convite del pescador. . . . 202 



464 ÍNBICE. 

Pm. 
lY. Debe goianedela juTentiid. 204 

Y. La lona 205 

YI. La qaeja 208 

YIL Al mísnio asante 240 

Yin. La estrada del myierao. ... 842 

IX. El amor no conocido 245 

X. £1 convite de estío. * . . . . 245 

XL A EmiUa . 247 

XIL Losielos 220 

Xm. £1 amor inmortal 222 

XIY. £1 sueño del infortanio. . . . 224 
XY. A don Diego Montero , mi ami- 
go. .. . 22S 

XYI. La reconciliación imposible. . 23S 

XYH. A Serafina 259 

XYm. £1 cumpleaños de Zehnira . . 244 

XIX. La ausencia 246 

XX. Celia á Anfriso 249 

XXI. A Aletino , que abandonó el es- 
tudio y las Musas por el amor. 254 

XXU. Eldesengaño . 255 

XXIII. Yénus- bascando al' Amor. . .260 
XXIY. En las bodas de Mirtila. . . 264 

SONETOS. 

I Moisés 269 

II. Oréstes 269 

III. Arístides 270 

lY. Demóstenes 271 

Y. Focion 271 

VI. Yirginía 272 



ÍNDICE. 465 

Fág. 

VII. Marco Bruto. . 275 

VIII. Roma bajo los Césares. . . . 273 

IXw'Tito .... 274 

X. Marco Aurelio 275 

XI. El trono 275 

XII. A Fernando lU de Castilla. . 276 

XIII. SuUy. . 277 

XIV. A Enrique IV de Francia. . . 277 
XV. Gonzalo de Córdoba 27S! 

XVI. A. la muerte de don Ramón de • 

la Paliza , mi amigo 279 

XVII. A Eutímio . 279 

XVIII. AAlcino 280 

XIX. A Delia 281 

XX. La sociedad 284 

XXI. La envidia • • . « 282 

IXXII. La esperanza 285 

XXIII. La razón inútil .285 

XXIV. A Elisa í. . . .- 284 

XXV. Delamor 285 

XXVI. La ausencia 285 

XXVII. La duda 286 

. XXVIII. A mi amada , en el dia de su 

santo 28T 

XXIX. La belleza 288 

XXX. La timidez 288 

XXXI. La querella !Í89 

XXXII. La noche 290 

XXXIII. Regalo á una nueva esposa . . 290 

XXXIV. Lanecedad 294 

XXXV. El amor perfecto 292 



466 iiTDicr. 

lOBKJUrCES. 



J 



I. AEotimia, ea la muerte de su 

madve 29$ 

IL AlEsGino.Sr. duque de Frfas, 
ett k uMefto de fa c^mmmi k 
Esema. Sra. DonaMariadsk 
PMadmoeadeTaedres. . . 504 
lU. La cabaia*- ......... S09 

IV. Relima. . SW 

y. Belinda. .......... 525 

VI. A Lucinda. ......... 529 

VIL £1 despecho 551 

Vm. El temor de la mndaasa. . . 554 

IX. El mpeto 557 

X. La¥Íctoria inespenda. . . . 559 
XI. ElpeacadorAnlnie: romancea.. 541 

Xn. La primavera 572^ 

Xin. La matoriádelAmer. .... 575 

XIV. NaíCMa. . 576^ 

XV. Filis . JPa 

XVI. £1 agüero. . .^ 5S2 

XVH. La preeawiouk 5S4 

XVIII. A VéBua 58S 



^ SBSUOS^ 



1. EIdesden. 38» 

li. Lafelicidad 992 

lIL' El reielo injusto. 594 

'!¥. Jiatempestad 596 

V. La ausente. 597 

VI. Aun árbol .•.-...•• 59^ 



« 




íwDKaE. 4(7 

Yn. A roí úiúseúie , en su día* . . 599 

yin. El túmulo 405 

iX. La jardinera: aoacreikilíeas. • 405 

t. El sueño. . . ^ ♦ . . ^ . . • 445 

XI. Mi deseo. • . ^ • , . « , « 446 

^11. La entreyista» « . • « • » « 445 

XIII. El primer amor. . • • « « • ^4 

XIV. El premio 425 

XV. La libertad 424 

XVI. Filis, separada de su amante. 427 

XVU. El ponche 450 

XVIII. La simpatía 452 

XIX. Al cumpleaños de Emilia. • 452 

XX. La querella inútil 456 

XXI. La mudanza 457 

XXII. Al Amor 459 

XXIÍI. La amistad. . ' 440 

XXIV. El escarmiento •^442 

XXV. Al mismo asnnto. ...... 44S 

XXVI. El deseo 444 

XXVII. La esperanza amorosa. *. . . 446 
XXVIII. El beso . 447 

EPGRAMAS. 

I. A Venus « « . 454. 

II. El despedido 454 

fli. La fácil 452^ 

IV. Beldad perfecta } , , 4£2 

V. La tarde 455 

VI. A Filis . 455 

VIL Al Amor 454 



4M 



1N0ICE. 



vm. Al kvm 
" *" IX. X. XI. 



« 

* 



• xu. xni. XIV 1. ! 1 ! ♦ * 
XV. XVI. xvn. , . .'. 1 

XVHI. XK. XX. . . « . . 
. XXI. XXII. XX|D. » . « . 



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. 457 
. 458 
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